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sábado, 29 de agosto de 2026

Conservar el paisaje, nueve años después: Barbastro entre 1956-1957 y 2026

Conservar el paisaje, nueve años después

Barbastro como ejemplo de un paisaje que cambia

Paisaje de Las Chesas con El Pueyo al fondo
Recreación a partir de una fotografía de Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Un paisaje cercano que también ha ido cambiando.

En 2017 publiqué en Caminos de Barbastro una reflexión titulada Conservar el paisaje . Aquel artículo formó parte del trabajo con el que ese mismo año recibí el Primer Premio Félix de Azara de Medios de Comunicación Social .

La fotografía que utilicé entonces mostraba un paisaje muy cercano para mí: Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Nueve años después, también aquel lugar ha cambiado. Quizá por eso me ha parecido un buen momento para volver sobre aquella reflexión y hacerme de nuevo una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué significa realmente conservar un paisaje?

El paisaje nunca ha permanecido inmóvil. Cambian los cultivos, los caminos, los pueblos, las carreteras, los usos del suelo e incluso nuestra manera de relacionarnos con el territorio. Pero muchos de esos cambios se producen poco a poco y, al suceder durante nuestra propia vida, apenas somos conscientes de ellos.

Solo cuando encontramos una fotografía antigua, regresamos a un lugar después de muchos años o comparamos imágenes tomadas en épocas diferentes comprendemos hasta qué punto el territorio se ha transformado.

Para hacerlo visible he elegido un lugar cercano que muchos lectores de Caminos de Barbastro conocemos bien: Barbastro. No porque sea un caso excepcional, sino precisamente porque reconocer el territorio nos permite percibir cambios que seguramente pasarían inadvertidos si observáramos un lugar desconocido.

Barbastro, 1956-1957 y 2026

Dos ortofotos separadas por casi siete décadas muestran prácticamente el mismo territorio. El río Vero, los altozanos y las grandes formas del relieve siguen permitiéndonos reconocer Barbastro, pero el paisaje construido y utilizado por las personas es profundamente diferente.

Ortofoto de Barbastro en 1956-1957
Barbastro, 1956-1957. Imagen coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.
Ortofoto de Barbastro en 2026
Barbastro, 2026.

En 1956-1957 destacan a simple vista tres grandes elementos. Barbastro es todavía una ciudad muy compacta, concentrada principalmente en la margen derecha del río Vero y en torno a la actual avenida de la Merced. En la margen izquierda, la acequia de San Marcos riega una extensa superficie ocupada por un mosaico de pequeñas huertas. Alrededor de la ciudad, los altozanos están cultivados principalmente con almendros, olivos y campos de cereal.

En 2026 la situación es muy diferente. La expansión urbana ha ocupado buena parte de aquella huerta y las parcelas que permanecen tienen una presencia mucho menor y más fragmentada. Parte de los antiguos espacios agrícolas próximos a la ciudad están ahora ocupados por polígonos industriales, urbanizaciones, instalaciones deportivas y otros equipamientos. También destacan grandes infraestructuras inexistentes en la ortofoto de 1956-1957, como la canalización del río Vero y las variantes norte y sur de la ciudad.

Transformación de Barbastro entre 1956-1957 y 2026
Barbastro, 1956-1957 y 2026. La superposición de ambas ortofotos permite apreciar la transformación del paisaje durante casi siete décadas. La imagen histórica ha sido coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.

No solo somos más: vivimos de otra manera

Podríamos pensar que esta transformación responde simplemente al aumento de población. Hacia 1956-1957 Barbastro tenía unos 10.100 habitantes; el censo de 1960 registró 10.227. En la actualidad la ciudad se aproxima a los 17.850 habitantes.

La población ha aumentado alrededor de un 77 %. Sin embargo, al comparar las dos ortofotos, la superficie ocupada por la ciudad parece haber crecido proporcionalmente mucho más. No solo somos más: también ocupamos el territorio de otra manera.

Necesitamos viviendas, industrias, colegios, instalaciones deportivas, carreteras, aparcamientos, comercios y servicios que hace sesenta o setenta años ocupaban mucho menos espacio o simplemente no existían. El cambio del paisaje no depende únicamente de cuántos somos, sino también de cómo vivimos.

Un paisaje construido durante siglos

Sería un error pensar que el paisaje de 1956-1957 era un paisaje natural que había permanecido intacto desde tiempos remotos. También era un territorio profundamente transformado por las personas. Las acequias, las huertas, los olivares, los almendros, los campos de cereal, las terrazas y los caminos eran el resultado de siglos de trabajo y de adaptación al medio.

Barbastro había ido creciendo alrededor de su núcleo histórico siguiendo el río, los caminos y las necesidades de cada época. Podríamos hablar de un crecimiento orgánico, en el que cada generación modificaba el territorio apoyándose en las estructuras que había recibido de la anterior. El paisaje cambiaba, pero lo hacía lentamente y mantenía una cierta continuidad.

Si pudiéramos retroceder varios siglos desde la ortofoto de 1956-1957, probablemente seguiríamos reconociendo muchos de sus elementos esenciales: el núcleo compacto de la ciudad, el río Vero, las huertas, las acequias, los caminos y los cultivos adaptados a los altozanos.

Lo que sucede durante la segunda mitad del siglo XX no es, por tanto, que el paisaje empiece a cambiar. El paisaje siempre había cambiado. Lo que cambia profundamente es la velocidad y la escala de la transformación.

En apenas unas décadas aparecen polígonos industriales, urbanizaciones, grandes instalaciones deportivas, nuevas carreteras, variantes y amplias superficies urbanizadas. Muchos de esos nuevos usos ya no se incorporan simplemente al paisaje anterior, sino que en determinados lugares lo sustituyen.

¿Hasta dónde debe crecer una ciudad?

El crecimiento de Barbastro hacia el sur y el este permite observar además otra cuestión interesante. Cuando se construyó la variante, esta se planteó como un límite al crecimiento de la ciudad. En la ortofoto actual se aprecia bastante bien cómo la carretera actúa como frontera entre el espacio urbano y el territorio agrícola.

Dentro de ese límite han ido apareciendo viviendas, equipamientos, instalaciones deportivas y otros usos urbanos, mientras que al otro lado permanece todavía una parte importante del paisaje agrícola. La variante no solo sirve, por tanto, para desviar el tráfico: también dibuja sobre el territorio una línea que separa dos formas diferentes de utilizarlo.

Esto introduce otra dimensión de lo que significa conservar un paisaje. Conservar también consiste en decidir hasta dónde queremos transformar. Una ciudad necesita crecer y adaptarse a nuevas necesidades, pero ese crecimiento no tiene por qué extenderse indefinidamente.

Durante siglos los límites de las ciudades estuvieron muy condicionados por la propia geografía, las distancias que podían recorrerse y las necesidades agrícolas. Hoy disponemos de muchos más medios para modificar el territorio y, precisamente por eso, somos nosotros quienes debemos decidir qué límites queremos establecer.

El paisaje de mi infancia

Hay además una transformación que las ortofotos no pueden explicar completamente: la desaparición de buena parte del paisaje cotidiano que recuerdo de mi infancia.

Cuando era niño, al salir de Barbastro aparecían enseguida las huertas, los caminos, los campos de cereal, los almendros y los olivos de los altozanos. La transición entre la ciudad y el campo era muy rápida. Bastaba caminar un poco para encontrarse fuera del espacio urbano y entrar en un paisaje agrícola abierto.

Hoy esa distancia se ha alargado. Antes de llegar al campo tenemos que atravesar urbanizaciones, polígonos, carreteras, rotondas, instalaciones deportivas y otras infraestructuras. La naturaleza y el paisaje agrícola no han desaparecido, pero se han alejado de la ciudad.

Cuando observo la ortofoto antigua no veo solamente un Barbastro diferente. Reconozco todavía parte del paisaje de mi infancia: una ciudad que terminaba y que, casi inmediatamente, daba paso a las huertas y a los campos.

De algunos de aquellos lugares todavía conservamos imágenes. En este vídeo pueden verse las antiguas huertas situadas junto al puente del Portillo, un paisaje que durante mucho tiempo formó parte del entorno cotidiano de Barbastro y que hoy resulta mucho más difícil reconocer sobre el terreno.

Antiguas huertas junto al puente del Portillo. Ver vídeo en YouTube .

La fotografía de Las Chesas con la que comenzaba aquella reflexión de 2017 representa precisamente esa relación. No era un paisaje excepcional ni un espacio protegido. Era uno de esos lugares próximos a la ciudad por los que podíamos caminar y desde los que reconocíamos nuestro territorio. También ese paisaje ha ido cambiando.

Quizá esto nos obliga a ampliar lo que entendemos por conservación. No se trata únicamente de proteger grandes espacios naturales, monumentos o lugares especialmente bellos. También puede significar conservar paisajes cotidianos, esos espacios cercanos que permiten salir de una ciudad y, después de caminar unos minutos, encontrarse entre huertas, árboles, campos y caminos.

Conservar no significa congelar

Sería demasiado sencillo mirar las dos ortofotos y concluir que el paisaje de 1956-1957 era mejor. Barbastro tenía que crecer. Necesitaba viviendas, industria, centros educativos, instalaciones deportivas, carreteras y servicios que han mejorado nuestra calidad de vida.

No tendría sentido pretender regresar al Barbastro de 1956-1957. Conservar el paisaje no significa congelarlo.

Cada generación tiene derecho a transformar el territorio para responder a sus necesidades, pero al mismo tiempo recibe un paisaje construido durante siglos y tiene una responsabilidad sobre aquello que transmitirá a la siguiente. Quizá conservar consista precisamente en buscar ese equilibrio: permitir que el paisaje siga evolucionando sin que cada nueva transformación borre completamente las huellas de las anteriores.

Mantener algunas huertas, acequias, caminos, cultivos tradicionales, árboles, topónimos o espacios abiertos puede parecer algo pequeño frente a las grandes decisiones urbanísticas. Sin embargo, son precisamente esas huellas las que nos permiten seguir leyendo la historia de un territorio.

Algunos ejemplos concretos de estas transformaciones pueden verse en la entrada Cambios en el paisaje de Barbastro , donde se recogen distintas modificaciones recientes del territorio que muestran cómo el paisaje continúa evolucionando ante nuestros ojos.

Una fotografía que todavía no existe

Entre las dos ortofotos de Barbastro han pasado casi 70 años. Podemos hacer ahora un pequeño ejercicio de imaginación y preguntarnos qué veremos si alguien toma otra fotografía aérea dentro de otros 67 años, hacia 2093.

Probablemente seguiremos reconociendo el río Vero y las grandes formas del relieve, pero muchas otras cosas habrán cambiado. Quizá algunos de los campos actuales hayan desaparecido y otros se hayan recuperado. Cambiarán las carreteras, las viviendas, la vegetación y seguramente también nuestra relación con el agua, la agricultura y el clima.

No podemos saber cómo será aquella fotografía. Pero una parte de ella se está construyendo ahora, con las decisiones grandes y pequeñas que tomamos sobre el territorio.

En 2017 escribía que somos únicamente inquilinos temporales del paisaje. Nueve años después sigo pensando lo mismo. Ahora quizá añadiría que cada generación tiene derecho a transformar el paisaje, pero también la responsabilidad de dejar suficientes huellas para que quienes vengan después puedan comprender de dónde vienen.

Cuando alguien compare algún día las ortofotos de Barbastro de 1956-1957, 2026 y 2093, la verdadera pregunta será:

¿Qué nos gustaría que todavía pudiera reconocer?

Y si el paisaje inevitablemente cambia, al menos deberíamos intentar conservar su memoria. Ese ha sido también uno de los fines de Caminos de Barbastro: mantener esa memoria de país, como decía mi tío José María. Los caminos, las acequias, las huertas, las fotografías, los nombres de los lugares y las historias de quienes los habitaron forman parte de esa memoria.

Durante años, Caminos de Barbastro ha intentado reunir pequeñas piezas de ese paisaje que cambia para que algunas de ellas no desaparezcan también de nuestro recuerdo.

Quizá no podamos conservar intacto el paisaje que recibimos, pero sí podemos evitar que desaparezca sin dejar memoria.


Contenido desarrollado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para asistencia en la redacción, tratamiento de imágenes y elaboración de recursos visuales.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)




lunes, 26 de junio de 2017

Azud de San Marcos

Ruta de 10,6 kilómetros (unas 3 horas) con 300 metros de desnivel de subida y bajada yendo por la Senda del Vero hasta el Azud de San Marcos y volver por el Camino de la Ferrera.

Mapa de la ruta

Comienza la ruta en el Puente de Hierro de Barbastro siguiendo la Senda del Vero que se describe en la entrada Virgen del Plano.

Luego seguimos hasta el kilómetro 3 de la entrada Pueyet. Aquí, nos encontramos una gran viña. La bordeamos por la izquierda (junto al río) hasta llegar al final en el kilómetro 3.53 donde sigue la senda.

La senda desciende hacia el río entre chopos para luego subir hasta el Pueyet en el kilómetro 4. Desde lo alto vemos todo el rato la Bodega Lalanne, la antigua Torre del Americano.
Bodega Lalanne

El sendero luego desciende al río y llegar al Azud de San Marcos en el kilómetro 4,5. Primero nos encontramos una parte y luego la más grande.

Primera parte del Azud de San Marcos

El azud de San Marcos sólo se puede pasar cuando se encuentra muy seco el dique, sino es muy peligroso cruzarlo por peligro de resbalarse y caer. 

Paso del dique del azud
 
Cascada de la acequia del Azud

Pasado el dique bordeamos por la derecha una viña para llegar a la carretrera en el kilómetro 4,8. Seguimos dirección oeste 200 metros para coger una pista que nos lleva hasta el Molino de San Marcos en el kilómetro 5,4. En la entrada del blog Acequia de San Marcos se explica la importante acequia que movía este molino y regaba la mayoría de la huerata de Barbastro.

Almacenes, cuadras y molino de San Marcos

Bordeamos el molino por arriba para coger una pista que nos lleva hasta la carretera de Salas en kilómetro 5,7. La atravesamos para coger una pista que nos lleva hasta coger el Camino de la Ferrera en el kilómetro 6,4. Durante dos kilómetros tenemos un espectacular paisaje bordeando campos de viñas y cereales. Al norte Burceat, al sur El Pueyo y enfrente, Barbastro.

Luego bajamos el altiplano para encontrarnos la acequia de San Marcos en el kilómetro 8,4. Y seguidamente recorrer la huerta árabe para retornar al Puente de Hierro pasando por el Molino de la Parra.

Se puede consultar y descargar la ruta en wikiloc


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Daniel Vallés Turmo, 26 de junio de 2017




sábado, 28 de febrero de 2015

Pozán de Vero

Pozán de Vero es una población del Somontano situada a 10 kilómetros de Barbastro dirección a Alquezar. Se propone hacer una ruta circular utilizando dos caminos tradicionales que actualmente están señalizados: Ruta de las ermitas (San Macario y San Fabián) y Ruta de ras Valls.

Ruta de Pozán de Vero en mapa de 1930

Se propone una ruta de 8,78 kilómetros, 150 metros de desnivel y 2 horas de duración que se puede consultar y descargar en wikiloc. El primer tramo hasta Castillazuelo es pista y luego senda. Es ciclable con BTT.



Se adjuntan un foto satélite y un mapa con la ruta que se propone.

Ruta Satélite con la ruta propuesta
Mapa con la ruta propuesta

1 San Macario

Comenzamos la ruta en Pozán de Vero donde encontramos el panel informativo de la ruta de la ermitas en la parte noroeste de la población. Seguimos los indicadores que nos hacen subir altura contemplando una vista del pueblo.

Dejando Pozán de Vero

En el kilómetro 0.7 tomamos el desvío hacia la Ermita de San Macario. Nos sorprende un bonito camino amurallado entre almendros.

Hacia San Macario

En el kilómetro 1.7 llegamos a la ermita de San Macario. (Santo anacoreta egipcio del siglo IV) Está dedicada al patrón de Pozán de Vero que se celebra el 2 de enero. Fue construida en el año 1.767 junto al antiguo camino que iba de Barbastro a Alquezar. 
Personas de Guardia me comentaron que en esta ermita se encuentran los santos de la iglesia de dicha población despoblada. Tengo pendiente fotografiarlos. (Ver ruta Guardia)

San Macario

2 San Fabián

Seguimos por el antiguo camino de Barbastro a Alquezar antes que se construyera la carretera. El recorrido es llano por un altozano (partida de Los Sasos) que nos permite una vistas de los pueblos de Salas y Hoz.

Camino de Barbastro a Alquezar

En el kilómetro 2.6 pasamos al término de Castillazuelo.  Llegando a la Ermita de San Fabián en el kilómetro 3.9. Se encuentra junto al cementerio. San Fabián fue un papa mártir del siglo III. Su fiesta se celebra el 20 de enero.



3 Castillazuelo

Atravesamos Castillazuelo para atravesar el río Vero y coger la ruta marcada de ras Valls (kilómetro 4.6) que va por la orilla del río con paneles interpretativos sobre la naturaleza. Este tramo ya lo hemos recorrido en la ruta Azudes del Vero alargando hasta el azud superior de Pozán.

Castillazuelo

4 Salto de Pozán

El elemento más significativo es el Salto de Pozán en el kilómetro 7. Es un azud donde comienza la Acequia de San Marcos, cuyo recorrido se explica en una entrada del blog.


Salto de Pozán

5 Pozán del Vero

Seguimos hacia Pozán de Vero por senderos y pistas atravesando campos de cultivos y muchas huertas regadas con las acequias provenientes del azud. 

Camino junto a campos y huertas

Vamos viendo la población cada vez más cerca hasta que llegamos.


Daniel Vallés Turmo, 1 de marzo de 2015


domingo, 6 de julio de 2014

Acequia de San Marcos

La acequia de San Marcos regaba tradicionalmente la mayor parte de las huertas de Castillazuelo y Barbastro en su recorrido de 14 kilómetros. Su trazado actual completo es del siglo XVI. Las obras del sistema de riegos del Cinca la han ido transformando hasta que, posiblemente, la integre en pocos años.

Dado la longitud de la ruta y la dificultad de acceder a algunos tramos de la acequia, no se ha planteado una ruta lineal, sino que se describe su recorrido a partir de 10 visitas aconsejables.

Ruta de la Acequia de San Marcos

Tramo 1: Castillazuelo

Tramo de Castillazuelo

1. Azud de Pozán

La acequia comienza en el Azud de Pozán construido en el siglo XVI en piedra.

Azud de Pozán

Podemos aparcar junto a la carretera, un poco antes del kilómetro 8. También podemos acceder desde Castillazuelo andando recorriendo la ruta de los azudes (descrita en este blog).

 2. Acueducto
A pocos metros de comenzar la acequia en el azud, atraviesa a la otra margen a través de un acueducto de piedra del siglo XVI.

Acueducto

El trazado de la acequia es tradicional hasta que llega a Castillazuelo y encontramos un tramo de cemento, además del  paso de la carretera.

Paso carretera en Castillazuelo

 3. Molino de Castillazuelo

Se encuentra en el kilómetro de 6 en el Barrio de Las Forcas.

Desvío del agua a la acequia

La acequia se encuentra protegida por un lienzo de unos 50 metros de piedras hasta llegar a la balsa de entrada.

Entrada molino

El molino contaba con un parte de molino y otra dedicada a panadería.

Salida molino

En Castillazuelo se encuentra un centro de interpretación del río Vero.

Tramo 2: San Marcos


 4. Molino de San Marcos

Se encuentra en el término de Barbastro, en una confluencia de barrancos. Se puede acceder por una pista que parte un poco antes del kilómetro 5.

Molino de San Marcos

El conjunto cuenta con dos edificios, uno dedicado para el cuidado de los animales y otro como molino.

Acceso al molino

Podemos dar la vuelta al molino para ver tanto la entrada del agua al molino, como la salida.

Salida molino

Se aprovecha el barranco para desviar agua a la presa donde surge la acequia del Moliné en el Río Vero. Un moderno acueducto atraviesa el barranco. Para atravesarlo a pie se colocó una chapa de hierro y una baranda. El óxido la ha inutilizado, siendo peligroso pasar.
Servía para llegar desde la carretera de Salas a la tajadera del molino, a apenas 40 metros de distancia tras la pasarela.

Acueducto barranco en San Marcos

La acequia continua paralela a la carretera hasta que llega a Bodega Lalanne donde atraviesa la carretera.

 5. Bodegas en San Marcos

En la partida de San Marcos nos encontramos 4 bodegas. La más antigua es Lalanne fundada en el 1842. De origen francés fue pionera en plantar la variedad Cabernet Sauvignon. Es una zona tradicional del viñedos.

De niño, hacia 1976, le llamábamos la Torre el Americano. Entonces los niños barbastrenses comprábamos el vino a granel en las tabernas al grito de "a por vino". También estaban las garrafas de 4 litros de la cooperativa, la actual Bodega Pioneras.
Con el despegue de la Denominación de Origen Somontano, se establecen en esta partida Viñas del Vero (en la foto) y Blecua.

Bodega Viñas del Vero

La acequia se encuentra entubada todo el recorrido de la bodega.

 6. Torre Gómez (Blecua)

Donde estaba la Torre Gómez (que contaba con capilla) se encuentra la Bodega Blecua. En este tramo la acequia está limpia y fácilmente accesible.

Bodega Blecua

Podemos ira andando paralelo a la acequia hasta llegar al camino de la Ferrera.

Tramo 3: Huertas

Tramo de Ferrera
 
7. Huertas de Ferrera

Al llegar al Camino de la Ferrera (las viñas), la acequia da una vuelta para mantener la altitud. Aquí comienza un tramo donde se encuentran muchas huertas. Aunque hay muchas abandonadas, también se ven muchas plantaciones dedicadas al tomate rosa.

Huertas de Ferrera

Para evitar la vuelta, se ha realizado un pequeño viaducto en cemento.

Acueducto en Ferrera

La acequia está encerrada por las cañas. Lejanos quedaron los años en que se utilizaban para hacer cañizos. Seguimos por el camino de la Ferrera, para luego subir hacia una pista que va paralela a la acequia hasta llegar a la carretera de Gregenzán. Aquí, nos encontramos un moderno sifón realizado para atravesar la carretera.

Sifón en la carretera a Gregenzán

Tramo 4: Barbastro

Tramo de Barbastro
 
8. Huertas de Suelves

El sitio más accesible desde Barbastro está encima del Colegio Altoaragón en las Huertas de Suelves. Estas huertas pertenecían al Marqués de Artasona, cuyo palacio estaba donde la cafetería El Cortes.

La acequia corre paralela a la Calle Rafael Alberti. Donde había huertas nos encontramos casas, aunque aún podemos encontrar alguna. La foto está tomada pasado el camino de la alberca.

Huertas de Suelves
 
9. Huertas de Vacamuerta

En la vega de este barranco nos encontramos otro grupo de huertas. 

Huertas de Vacamuerta

Cogemos una pista en la confluencia de las calles Rafael Alberti y Ordesa paralela a la acequia. Nos lleva a un moderno acueducto que evita dar una vuelta mayor a la acequia.

Acueducto en Vacamuerta

Seguimos por una senda paralela a la acequia antigua que sube hasta una zona industrial. Continuamos por la calle para bajar a la calle Ainsa. Aquí vemos de nuevo la acequia con sus cicatrices de tramos entubados y desplomes. 

Vemos las huertas hacia la calle Graus donde estaba la hermosa Huerta de los Palacín, cuya torre sigue en pie, que llegaba hasta el convento de los Capuchinos. En la foto, la acequia bordeando una torre en la calle Ainsa, que continua paralela a la calle Boltaña hasta cruzar la carretera de Graus.

Torre bordeada por la acequia

La acequia está entubada el tramo que bordea las huertas de Alfajarín y el Parque Municipal.

Huertas del barranco de Alfajarín

Tramo 5: Desembocadura 

Tramo de la desembocadura
 
10. Desembocadura en el Vero

La acequia vuelve a la luz en el Camino de la Barca, en la partida de San Ramón. Nos encontramos que se vuelve a entubar en una viña, aunque previamente desemboca toda su agua en un acequia que va al Vero.

Desembocadura en un acequia

Para pasar "la variante" de Barbastro se realizó una canaleta que está inutilizada.

Paso de la variante

La acequia, tras la variante, recoge aguas de la acequia izquierda del Vero (proveniente del Canal del Cinca). Vemos a Barbastro a lo lejos.

Barbastro desde la acequia

Finalmente, la acequia desemboca en un barranco que va a parar al río Vero, un poco más abajo del Molino de la Penilla (ruta en el blog).

Desembocadura de la acequia en el Río Vero

Imagen Satélite de 1957

Imagen satélite de Barbastro de 1957

Imagen satélite de Barbastro de 1957

Imagen Satélite actual

Imagen satélite de Barbastro de 2026

Imagen satélite de Barbastro de 2026


Daniel Vallés Turmo