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sábado, 29 de agosto de 2026

Conservar el paisaje, nueve años después: Barbastro entre 1956-1957 y 2026

Conservar el paisaje, nueve años después

Barbastro como ejemplo de un paisaje que cambia

Paisaje de Las Chesas con El Pueyo al fondo
Recreación a partir de una fotografía de Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Un paisaje cercano que también ha ido cambiando.

En 2017 publiqué en Caminos de Barbastro una reflexión titulada Conservar el paisaje . Aquel artículo formó parte del trabajo con el que ese mismo año recibí el Primer Premio Félix de Azara de Medios de Comunicación Social .

La fotografía que utilicé entonces mostraba un paisaje muy cercano para mí: Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Nueve años después, también aquel lugar ha cambiado. Quizá por eso me ha parecido un buen momento para volver sobre aquella reflexión y hacerme de nuevo una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué significa realmente conservar un paisaje?

El paisaje nunca ha permanecido inmóvil. Cambian los cultivos, los caminos, los pueblos, las carreteras, los usos del suelo e incluso nuestra manera de relacionarnos con el territorio. Pero muchos de esos cambios se producen poco a poco y, al suceder durante nuestra propia vida, apenas somos conscientes de ellos.

Solo cuando encontramos una fotografía antigua, regresamos a un lugar después de muchos años o comparamos imágenes tomadas en épocas diferentes comprendemos hasta qué punto el territorio se ha transformado.

Para hacerlo visible he elegido un lugar cercano que muchos lectores de Caminos de Barbastro conocemos bien: Barbastro. No porque sea un caso excepcional, sino precisamente porque reconocer el territorio nos permite percibir cambios que seguramente pasarían inadvertidos si observáramos un lugar desconocido.

Barbastro, 1956-1957 y 2026

Dos ortofotos separadas por casi siete décadas muestran prácticamente el mismo territorio. El río Vero, los altozanos y las grandes formas del relieve siguen permitiéndonos reconocer Barbastro, pero el paisaje construido y utilizado por las personas es profundamente diferente.

Ortofoto de Barbastro en 1956-1957
Barbastro, 1956-1957. Imagen coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.
Ortofoto de Barbastro en 2026
Barbastro, 2026.

En 1956-1957 destacan a simple vista tres grandes elementos. Barbastro es todavía una ciudad muy compacta, concentrada principalmente en la margen derecha del río Vero y en torno a la actual avenida de la Merced. En la margen izquierda, la acequia de San Marcos riega una extensa superficie ocupada por un mosaico de pequeñas huertas. Alrededor de la ciudad, los altozanos están cultivados principalmente con almendros, olivos y campos de cereal.

En 2026 la situación es muy diferente. La expansión urbana ha ocupado buena parte de aquella huerta y las parcelas que permanecen tienen una presencia mucho menor y más fragmentada. Parte de los antiguos espacios agrícolas próximos a la ciudad están ahora ocupados por polígonos industriales, urbanizaciones, instalaciones deportivas y otros equipamientos. También destacan grandes infraestructuras inexistentes en la ortofoto de 1956-1957, como la canalización del río Vero y las variantes norte y sur de la ciudad.

Transformación de Barbastro entre 1956-1957 y 2026
Barbastro, 1956-1957 y 2026. La superposición de ambas ortofotos permite apreciar la transformación del paisaje durante casi siete décadas. La imagen histórica ha sido coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.

No solo somos más: vivimos de otra manera

Podríamos pensar que esta transformación responde simplemente al aumento de población. Hacia 1956-1957 Barbastro tenía unos 10.100 habitantes; el censo de 1960 registró 10.227. En la actualidad la ciudad se aproxima a los 17.850 habitantes.

La población ha aumentado alrededor de un 77 %. Sin embargo, al comparar las dos ortofotos, la superficie ocupada por la ciudad parece haber crecido proporcionalmente mucho más. No solo somos más: también ocupamos el territorio de otra manera.

Necesitamos viviendas, industrias, colegios, instalaciones deportivas, carreteras, aparcamientos, comercios y servicios que hace sesenta o setenta años ocupaban mucho menos espacio o simplemente no existían. El cambio del paisaje no depende únicamente de cuántos somos, sino también de cómo vivimos.

Un paisaje construido durante siglos

Sería un error pensar que el paisaje de 1956-1957 era un paisaje natural que había permanecido intacto desde tiempos remotos. También era un territorio profundamente transformado por las personas. Las acequias, las huertas, los olivares, los almendros, los campos de cereal, las terrazas y los caminos eran el resultado de siglos de trabajo y de adaptación al medio.

Barbastro había ido creciendo alrededor de su núcleo histórico siguiendo el río, los caminos y las necesidades de cada época. Podríamos hablar de un crecimiento orgánico, en el que cada generación modificaba el territorio apoyándose en las estructuras que había recibido de la anterior. El paisaje cambiaba, pero lo hacía lentamente y mantenía una cierta continuidad.

Si pudiéramos retroceder varios siglos desde la ortofoto de 1956-1957, probablemente seguiríamos reconociendo muchos de sus elementos esenciales: el núcleo compacto de la ciudad, el río Vero, las huertas, las acequias, los caminos y los cultivos adaptados a los altozanos.

Lo que sucede durante la segunda mitad del siglo XX no es, por tanto, que el paisaje empiece a cambiar. El paisaje siempre había cambiado. Lo que cambia profundamente es la velocidad y la escala de la transformación.

En apenas unas décadas aparecen polígonos industriales, urbanizaciones, grandes instalaciones deportivas, nuevas carreteras, variantes y amplias superficies urbanizadas. Muchos de esos nuevos usos ya no se incorporan simplemente al paisaje anterior, sino que en determinados lugares lo sustituyen.

¿Hasta dónde debe crecer una ciudad?

El crecimiento de Barbastro hacia el sur y el este permite observar además otra cuestión interesante. Cuando se construyó la variante, esta se planteó como un límite al crecimiento de la ciudad. En la ortofoto actual se aprecia bastante bien cómo la carretera actúa como frontera entre el espacio urbano y el territorio agrícola.

Dentro de ese límite han ido apareciendo viviendas, equipamientos, instalaciones deportivas y otros usos urbanos, mientras que al otro lado permanece todavía una parte importante del paisaje agrícola. La variante no solo sirve, por tanto, para desviar el tráfico: también dibuja sobre el territorio una línea que separa dos formas diferentes de utilizarlo.

Esto introduce otra dimensión de lo que significa conservar un paisaje. Conservar también consiste en decidir hasta dónde queremos transformar. Una ciudad necesita crecer y adaptarse a nuevas necesidades, pero ese crecimiento no tiene por qué extenderse indefinidamente.

Durante siglos los límites de las ciudades estuvieron muy condicionados por la propia geografía, las distancias que podían recorrerse y las necesidades agrícolas. Hoy disponemos de muchos más medios para modificar el territorio y, precisamente por eso, somos nosotros quienes debemos decidir qué límites queremos establecer.

El paisaje de mi infancia

Hay además una transformación que las ortofotos no pueden explicar completamente: la desaparición de buena parte del paisaje cotidiano que recuerdo de mi infancia.

Cuando era niño, al salir de Barbastro aparecían enseguida las huertas, los caminos, los campos de cereal, los almendros y los olivos de los altozanos. La transición entre la ciudad y el campo era muy rápida. Bastaba caminar un poco para encontrarse fuera del espacio urbano y entrar en un paisaje agrícola abierto.

Hoy esa distancia se ha alargado. Antes de llegar al campo tenemos que atravesar urbanizaciones, polígonos, carreteras, rotondas, instalaciones deportivas y otras infraestructuras. La naturaleza y el paisaje agrícola no han desaparecido, pero se han alejado de la ciudad.

Cuando observo la ortofoto antigua no veo solamente un Barbastro diferente. Reconozco todavía parte del paisaje de mi infancia: una ciudad que terminaba y que, casi inmediatamente, daba paso a las huertas y a los campos.

De algunos de aquellos lugares todavía conservamos imágenes. En este vídeo pueden verse las antiguas huertas situadas junto al puente del Portillo, un paisaje que durante mucho tiempo formó parte del entorno cotidiano de Barbastro y que hoy resulta mucho más difícil reconocer sobre el terreno.

Antiguas huertas junto al puente del Portillo. Ver vídeo en YouTube .

La fotografía de Las Chesas con la que comenzaba aquella reflexión de 2017 representa precisamente esa relación. No era un paisaje excepcional ni un espacio protegido. Era uno de esos lugares próximos a la ciudad por los que podíamos caminar y desde los que reconocíamos nuestro territorio. También ese paisaje ha ido cambiando.

Quizá esto nos obliga a ampliar lo que entendemos por conservación. No se trata únicamente de proteger grandes espacios naturales, monumentos o lugares especialmente bellos. También puede significar conservar paisajes cotidianos, esos espacios cercanos que permiten salir de una ciudad y, después de caminar unos minutos, encontrarse entre huertas, árboles, campos y caminos.

Conservar no significa congelar

Sería demasiado sencillo mirar las dos ortofotos y concluir que el paisaje de 1956-1957 era mejor. Barbastro tenía que crecer. Necesitaba viviendas, industria, centros educativos, instalaciones deportivas, carreteras y servicios que han mejorado nuestra calidad de vida.

No tendría sentido pretender regresar al Barbastro de 1956-1957. Conservar el paisaje no significa congelarlo.

Cada generación tiene derecho a transformar el territorio para responder a sus necesidades, pero al mismo tiempo recibe un paisaje construido durante siglos y tiene una responsabilidad sobre aquello que transmitirá a la siguiente. Quizá conservar consista precisamente en buscar ese equilibrio: permitir que el paisaje siga evolucionando sin que cada nueva transformación borre completamente las huellas de las anteriores.

Mantener algunas huertas, acequias, caminos, cultivos tradicionales, árboles, topónimos o espacios abiertos puede parecer algo pequeño frente a las grandes decisiones urbanísticas. Sin embargo, son precisamente esas huellas las que nos permiten seguir leyendo la historia de un territorio.

Algunos ejemplos concretos de estas transformaciones pueden verse en la entrada Cambios en el paisaje de Barbastro , donde se recogen distintas modificaciones recientes del territorio que muestran cómo el paisaje continúa evolucionando ante nuestros ojos.

Una fotografía que todavía no existe

Entre las dos ortofotos de Barbastro han pasado casi 70 años. Podemos hacer ahora un pequeño ejercicio de imaginación y preguntarnos qué veremos si alguien toma otra fotografía aérea dentro de otros 67 años, hacia 2093.

Probablemente seguiremos reconociendo el río Vero y las grandes formas del relieve, pero muchas otras cosas habrán cambiado. Quizá algunos de los campos actuales hayan desaparecido y otros se hayan recuperado. Cambiarán las carreteras, las viviendas, la vegetación y seguramente también nuestra relación con el agua, la agricultura y el clima.

No podemos saber cómo será aquella fotografía. Pero una parte de ella se está construyendo ahora, con las decisiones grandes y pequeñas que tomamos sobre el territorio.

En 2017 escribía que somos únicamente inquilinos temporales del paisaje. Nueve años después sigo pensando lo mismo. Ahora quizá añadiría que cada generación tiene derecho a transformar el paisaje, pero también la responsabilidad de dejar suficientes huellas para que quienes vengan después puedan comprender de dónde vienen.

Cuando alguien compare algún día las ortofotos de Barbastro de 1956-1957, 2026 y 2093, la verdadera pregunta será:

¿Qué nos gustaría que todavía pudiera reconocer?

Y si el paisaje inevitablemente cambia, al menos deberíamos intentar conservar su memoria. Ese ha sido también uno de los fines de Caminos de Barbastro: mantener esa memoria de país, como decía mi tío José María. Los caminos, las acequias, las huertas, las fotografías, los nombres de los lugares y las historias de quienes los habitaron forman parte de esa memoria.

Durante años, Caminos de Barbastro ha intentado reunir pequeñas piezas de ese paisaje que cambia para que algunas de ellas no desaparezcan también de nuestro recuerdo.

Quizá no podamos conservar intacto el paisaje que recibimos, pero sí podemos evitar que desaparezca sin dejar memoria.


Contenido desarrollado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para asistencia en la redacción, tratamiento de imágenes y elaboración de recursos visuales.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)




sábado, 12 de julio de 2025

Barbastro necesita suelo industrial

El Polígono Industrial Valle del Cinca ya no cuenta con suelo industrial disponible para la atracción de industrias. Pero es necesario pensar en una ampliación del mismo.

El cultivo de viñas intensivo hasta el límite de Castejón del Puente suponen casi 1.000 hectáreas. Actualmente la viña ya no es un activo seguro y se está vendiendo. Por lo que podría pensarse en tener suelo disponible industrial en este área. Porque es necesario tener suelo industrial, sino nunca vendrá ninguna empresa, ni poder pensar en algún proyecto agroalimentario o logístico.

Terreno disponible al sur del polígono industrial Valle del Cinca de Barbastro

Barbastro no contó con las posibilidades de ampliación de plataformas logísticas que se hicieron en Huesca y Fraga con fondos del Gobierno de Aragón.

En Huesca, la iniciativa Walqa y PLHUS suponen 230 hectáreas urbanizadas.

Iniciativas Walqa y PLHUS en Huesca

En Fraga, el Gobierno de Aragón invierte en la Plataforma Logística de Fraga, creando 165 hectáreas de suelo urbanizado.

Plataforma Logística de Fraga

En Monzón, no hay ayudas públicas significativas y es la iniciativa privada que se hace cargo de su dos polígonos.

El polígono de La Paúles de Monzón, más cercano al núcleo de la población cuenta con 111 hectáreas y posibilidades de expansión.

Polígono de Las Paules de Monzón

El polígono de la Armentera de Monzón cuenta con 365 hectáreas y posibilidad de expansión.

Polígono de la Armentera de Monzón

Binefar ha tenido su ampliación industrial en el Polígono del Sosal con casi 100 hectáreas y muchas posibilidades de expansión.

Polígono del Sosal de Binefar

Desde Binefar a Lleida todas las poblaciones cuentan con nuevas inversiones. El proyecto emblemático es Ponentia La Melusa en Tamarite de Litera con una urbanización de 140 hectáreas para crear la terminal ferroviaria que permitirá la carga y expedición de mercancías a nivel internacional, principalmente relacionadas con el sector de producción agroalimentario, de gran importancia en la zona, contribuyendo al objetivo de la UE de reducir su dependencia de materias primas del exterior y promoviendo un cambio modal de la carretera al ferrocarril.

Estación intermodal de Tamarite de Litera

Así, vemos que la parte oriental de la provincia de Huesca está teniendo un crecimiento orgánico (con capital propio), mientras que a Huesca capital se le ha dotado de suelo industrial y ayudas del Gobierno de Aragón para atraer empresas.

Barbastro ha quedado alejada de estas dinámicas. No cuenta con suelo industrial significativo y no ha contado con el apoyo del Gobierno de Aragón como ha ocurrido en Huesca y Fraga.

Pero estratégicamente debería pensar en el aprovisionamiento de al menos 100 hectáreas de suelo industrial al sur del actual Polígono Valle del Cinca para afrontar nuevas posibilidades y compensar el excesivo uso del suelo para viñedo dentro del ayuntamiento de Barbastro, por si en el futuro hubiera que diversificar.








martes, 8 de julio de 2025

Qué hemos hecho mal con el barrio de San Hipólito

El 5 de junio cerró definitivamente la Carnicería Bernard en la calle Monzón (Joaquín Costa). Tras 40 años de apertura.

Cierre Carnicería Bernad

Este hecho me ha hecho reflexionar en 2 aspectos:

  1. Fracaso urbanístico económico social del área del casco antiguo del barrio de San Hipólito.
  2. Demora de la urbanización del lado sur de la Avenida de La Merced.


1) Fracaso urbanístico económico social del área del casco antiguo del barrio de San Hipólito.

Desde el año 2020 hago un seguimiento de los cambios de negocios de la Calle Monzón. Yo viví gran parte de mi infancia en este entorno y lo conozco como una zona muy activa, cosa que ha ido deviniendo a menos año tras año. Siendo su comercio existente casi un testimonio de lo que fue.

Hice una entrada Por qué no resurge la calle Joaquín Costa de Barbastro. En la que se ve como ha fracasado el intento de dar estímulos a este barrio, quedando como una zona destinada a personas que buscan alquileres bajos sin importar el estado de la vivienda. Un gueto sin control.

Ha ganado Corona de Aragón y General Ricardos

De forma privada, únicamente ha habido dos inversiones nuevas de viviendas para alquilar en la calle Joaquín Costa. Y una casa de viviendas a la venta en la calle Oncinellas. Además de una remodelación en Almacenes San Juan.

Viviendas de alquiler en la Calle Joaquín Costa

Fue de destacar la implementación de la Oficina Delegada del Gobierno de Aragón en este barrio, pero no ha servido como motor del barrio, ya que no ha venido acompañado de un Plan Urbanístico del Área con pretensiones de cambio.

Delegación del Gobierno de Aragón en Barbastro

Estamos hablando de una zona de 6 hectáreas que se desarrolló principalmente en el siglo XIX.

Barrio San Hipólito en el centro de Barbastro

Posiblemente, la peatonización sea una medida adecuada en zonas ya consolidadas comercialmente. En el caso de la Calle Joaquín Costa ha sido su muerte definitiva. Podemos compararlo con la Calle Argensola que no está peatonizada y va manteniendo pobremente su actividad comercial. También hago un seguimiento de esta calle durante años, porque también viví en ella y la recuerdo como un hervidero de personas.

Igualmente, los solares que llevan años sin construcción, que hacen que se degrade la calle. Sería necesario tomar medidas para que eso no ocurra. Porque si no, el futuro se ve claro: cuando una casa esté a punto de demolición, otro solar vacío para acabar denigrando más el área. Lo mismo ocurre en otras calles de este barrio. Vamos viendo como los solares vacíos van incrementándose año tras año, sin que el ayuntamiento haga nada.

Análisis sesudos que han hecho especialistas universitarios sobre este barrio para su urbanización (y el tiempo no les ha dado la razón), no han sido más que una tomada del pelo para quienes conocemos el barrio y el tejido económico social de la ciudad. A su favor, decir que no es fácil una solución, pero es necesaria que la hagan gabinetes serios, por favor, y que hayan tenido resultados en sus planes.



2) Demora de la urbanización del lado sur de la Avenida de La Merced.

Otro punto negro en el barrio de San Hipólito es la no urbanización de lado sur de la Avenida de la Merced, que hubiera supuesto un repulsivo para el barrio y para Barbastro, para tener otra calle alternativa entre el Paseo del Coso y la Avenida de La Merced.

Urbanización del lado sur de la Avenida de La Merced

Son más de dos hectáreas de urbanización con la prolongación de la calle Santiago desde la carretera de Huesca hasta el inicio de la Avenida de La Merced en una zona céntrica de Barbastro.

Se ha priorizado otra zona cercana como La Millera, que no ha tenido hasta el momento buena aceptación para la creación de viviendas. En la entrada se explica alguno de los motivos. Únicamente se ha creado el centro comercial de Lidle. Y uno de los motores del proyecto, el nuevo colegio de los Escolapios era un proyecto que ya no tenía ni viabilidad educativa ni económica desde su inicio, no se ha llevado a cabo, utilizándose como gancho para que se priorizara su urbanización.

Es necesario un Plan Urbanístico serio a medio plazo para no consolidar este barrio en un gueto y abrirlo a nueva vivienda dado que se sitúa en una zona céntrica de gran atractivo, además de priorizar la urbanización del lado sur de la avenida de La Merced en su plan original con una calle Santiago desde la carretera de Huesca hasta la Plaza de la Tallada. Un verdadero reto para los políticos locales. Porque Barbastro tiene futuro.

Posiblemente has leído en este blog artículos que llaman a la sensibilización y a la dinamización:

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025













sábado, 10 de octubre de 2020

Cicatrices en la ciudad

Nuestras poblaciones son como seres vivos a lo largo de la historia. Animo a contemplar donde vivimos y percibirnos de cicatrices como las cinco que muestro en Barbastro como ejemplo.

1) Abordaje de una casa

En la calle Ordesa, cerca de la iglesia de San Francisco, podemos contemplar como la terraza de un edificio aborda la terraza de una casa más antigua.


2) Casa sin entrada

En la calle Lacorte, perpendicular a la calle Joaquín Costa, el número 23 da entrada a dos casas que no tenían entrada. Lo hace por un hueco en otra casa.


Hace unos años no había puerta. Luego hay un pasillo en el que hay dos puertas. La de la izquierda, para la casa que no tenía entrada y la del frente para la que tiene dos entradas, una por esta calle y otra por la avenida de La Merced. En la fotografía siguiente, vemos la casa sin entrada.


Posiblemente, la entrada la tenía por la calle Ramón Palacio, llamada también calle del Saco. Tras la puerta de la fotografía, ahora hay una huerta.


3) Piso y local en dos casas

En la calle General Ricardos, esquina con Joaquín Costa hay una casa que parte del bajo y el primer piso tienen entrada por otra casa, como podemos ver en la fotografía.


4) Portal compartido por dos casas

En la calle General Ricardos los números 24 (Farmacia Sesé) y el 22 comparten portal. Tal vez, cuando se remodeló la farmacia, se quitó la puerta.

5) Cepa saliendo de fachada

En la calle Esperanza, en el Entremuro, podemos ver como una cepa sale de la fachada.


casa barrio Entremuro, Barbastro

6) Calle cortada

En la esquina de la calle Santiguardia había una calle que comunicaba con la calle Graus, pero se cortó con la construcción de una casa.


Calle Santiguardia, Barbastro

Esta entrada forma parte de la serie Caminos de Vida.


Daniel Vallés Turmo