En estos días he visitado una exposición dedicada a Lucien Briet en Huesca. Al recorrerla comprendí que aquellas fotografías no solo muestran cómo era el Alto Aragón hace más de un siglo. También nos ayudan a interpretar el paisaje que hoy contemplamos cuando recorremos estas montañas.
Cuando Briet llegó a estas tierras, entre 1904 y 1911, fotografió pueblos, puentes, barrancos, ríos y glaciares. Lo hizo movido por su pasión por la montaña y por el deseo de dar a conocer un territorio que todavía era poco conocido fuera del Pirineo.
Probablemente nunca imaginó que, más de 120 años después, aquellas imágenes tendrían un valor añadido: permitirnos comparar dos épocas y descubrir cómo ha cambiado el paisaje.
Con esta idea he preparado siete comparaciones entre las fotografías de Lucien Briet y diferentes imágenes actuales. No siempre ha sido posible repetir exactamente el mismo encuadre. En algunos casos lo impide la vegetación; en otros, el paisaje ha cambiado tanto que ya no es posible situarse en el mismo lugar.
El paisaje cambia, pero no siempre por la misma razón
Lo primero que llama la atención es que no existe una única explicación para los cambios que observamos.
Hay lugares donde la transformación ha sido consecuencia de las grandes obras públicas. En otros, la desaparición de antiguos usos agrícolas y ganaderos ha permitido que los árboles y los arbustos ocupen espacios que hace un siglo permanecían abiertos.
En las cumbres del Pirineo, por el contrario, el retroceso de los glaciares muestra cómo el clima también está modificando profundamente el paisaje.
Aínsa
El crecimiento de una población
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| Aínsa en 1904 y en la actualidad. Fotografía histórica de Lucien Briet. |
La fotografía de Briet muestra el puente sobre el río Ara y, al otro lado, apenas unas pocas construcciones, entre ellas el antiguo mesón de Aínsa.
Hoy ese espacio se ha convertido en un barrio completo. El antiguo puente fue volado durante la Guerra Civil y en su lugar se construyó un nuevo paso que comunica las dos orillas y da acceso a la población.
El paisaje continúa siendo reconocible, pero la función del lugar ha cambiado por completo. Donde antes se extendía un espacio abierto junto al río, hoy encontramos viviendas, hoteles, calles y servicios.
Briet no pudo cruzar el puente sobre el río Cinca que se inauguró en 1914. Ver entrada Puentes históricos sobre el río Cinca.
Entremón
Cuando el agua transforma un valle
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| La salida del Entremón fotografiada por Lucien Briet en 1904 y en la actualidad. |
En 1904, el río Cinca discurría libre por el desfiladero del Entremón. Para comunicar las dos orillas se utilizaba una barca.
Actualmente, las aguas de la cola del embalse de El Grado llegan hasta este lugar. El antiguo paso en barca ha desaparecido y un puente une ahora las dos márgenes.
La roca permanece prácticamente inalterada, pero la relación con el río ha cambiado por completo. Donde Briet contempló un cauce natural, hoy vemos una lámina de agua regulada por una gran obra hidráulica.
Cuando Briet estuvo no estaba realizada la senda que atraviesa el congosto. Ver entrada Entremón.
El puente colgante de Jánovas
El paisaje que estuvo a punto de desaparecer
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| El puente colgante de Jánovas fotografiado por Lucien Briet el 22 de octubre de 1911. |
El puente colgante que fotografió Lucien Briet en 1911 continúa uniendo las dos orillas del río Ara más de un siglo después.
Sin embargo, durante décadas, tanto el puente como el pueblo estuvieron condenados a desaparecer bajo las aguas de un embalse proyectado que finalmente nunca llegó a construirse.
Si aquel proyecto se hubiera llevado a cabo, hoy no podríamos realizar esta comparación. El puente habría quedado sumergido y Jánovas habría desaparecido bajo las aguas.
Actualmente, el pueblo recupera poco a poco su vida y el puente se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de su resistencia y su recuperación.
Cuando Briet visitó Sobrarbe mi abuelo todavía estaba trabajando en la central de Seira. Llegó en 1918. Muchas de sus historias que me contó me recuerdan aquella comarca que empezaba a transformarse. Ver entrada La Tartana de Turmo.
El puente de Villacantal
Cuando la vegetación cambia nuestra mirada
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| El puente de Villacantal, en Alquézar, fotografiado por Lucien Briet y visto en la actualidad. |
A primera vista parece que el puente apenas ha cambiado. También el caudal del río Vero resulta similar en las dos imágenes.
Sin embargo, el entorno es completamente distinto.
En la fotografía histórica pueden verse los dos arcos del puente, una amplia zona de gravas y unas laderas con muy poca vegetación. En la actualidad, los árboles y los arbustos han ocupado las orillas y las pendientes, ocultando uno de los arcos.
El crecimiento de la vegetación impide reproducir la perspectiva de Lucien Briet. El puente sigue en el mismo lugar, pero nuestra forma de contemplarlo ha cambiado.
Este puente era imprescindible en el camino hacia Lecina.
El Delfín de Mascún
Un paisaje casi igual, visto de otra manera
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| El Delfín de Mascún, 120 años después. |
El espectacular arco de roca conocido como el Delfín de Mascún conserva prácticamente el mismo perfil que admiró Lucien Briet en 1904.
La diferencia más visible está en la vegetación. En la fotografía actual, los árboles y arbustos ocupan zonas que hace más de un siglo aparecían mucho más abiertas.
La imagen de Briet fue tomada desde un punto algo más retrasado, pero la comparación permite apreciar cómo la vegetación ha ido colonizando las paredes y el fondo del barranco.
Son cambios lentos, casi imperceptibles durante una sola generación, pero muy claros cuando observamos dos fotografías separadas por 120 años.
Resulta sorprendente que Briet fotografiara este lugar icónico de la Sierra de Guara. Sin duda, sus fotografías ayudaron a que muchos franceses quisieran conocer estas tierras.
El Camino de las Pardas
El paisaje permanece, el camino desaparece
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| Camino de la Pardas |
Estas dos imágenes muestran el mismo rincón del Valle de Barrosa con más de un siglo de diferencia.
En la fotografía de Lucien Briet a comienzos del siglo XX, la cascada y el Camino de las Pardas formaban parte del recorrido habitual por el valle. Este sendero, construido para dar servicio a las minas, discurría excavado en la roca bajo los grandes paredones calizos.
La imagen actual demuestra que la montaña apenas ha cambiado. La cascada sigue cayendo por el mismo lugar y el paisaje conserva prácticamente el mismo aspecto que conoció Briet. Sin embargo, el camino ya no puede recorrerse: los desprendimientos han obligado a cerrar uno de los itinerarios históricos más espectaculares del Pirineo.
El glaciar de Monte Perdido
El tiempo también transforma las montañas
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| El glaciar de Monte Perdido fotografiado a comienzos del siglo XX y en la actualidad. |
De todas las comparaciones, probablemente esta sea la más impactante.
Aquí no han cambiado únicamente los caminos, las comunicaciones o la vegetación. Ha cambiado el propio hielo.
El glaciar superior ha perdido una parte muy importante de su grosor y de su superficie. El glaciar inferior ha reducido de manera notable su extensión y aparece hoy mucho más fragmentado.
Además, el gran serac que en la fotografía histórica descendía casi hasta la cubeta ha desaparecido por completo.
En apenas 120 años, el glaciar de Monte Perdido, el segundo del Pirineo en extensión tras el del Aneto, ha sufrido una transformación extraordinaria. Y, posiblemente, desaparecerá en apenas unas décadas.
Aprender a mirar el territorio
Mientras preparaba estas comparaciones recordé una conversación reciente con un alcalde de la zona.
Hablábamos de algunos de los problemas actuales del mundo rural: la vivienda, el empleo, la despoblación y el futuro de nuestros pueblos. Entonces pensé que quizá merece la pena volver a observar el territorio con los ojos de Lucien Briet.
No para sentir nostalgia ni para afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Se trata de comprender de dónde venimos, qué decisiones han transformado el paisaje y qué elementos queremos conservar para las generaciones futuras.
Aínsa nos habla del crecimiento urbano y de las comunicaciones. Entremón, del impacto de los embalses. Jánovas, de un paisaje que estuvo a punto de desaparecer. Villacantal y Mascún muestran cómo la vegetación ha recuperado espacios antes desnudos. Monte Perdido nos enfrenta al rápido retroceso de los glaciares por el cambio climático.
Cada paisaje ha seguido un camino diferente, pero todos comparten una misma enseñanza: el territorio nunca permanece inmóvil.
Quizá ese sea el mayor legado de Lucien Briet. Sus imágenes nos obligan a detenernos, comparar y mirar con más atención.
Las fotografías históricas pertenecen a la obra de Lucien Briet. Las imágenes antiguas coloreadas son recreaciones digitales realizadas con fines comparativos y divulgativos.
Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción y tratamiento de imagen asistido.
Daniel Vallés Turmo
Julio de 2026
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