domingo, 30 de agosto de 2026

Castillo de Artasona: una torre sobre el encinar y el valle del Cinca

El castillo de Artasona: una torre sobre el encinar y el valle del Cinca
Historia, paisaje y comunicación visual en uno de los rincones menos conocidos del Somontano.

En el centro de Artasona, en el entorno del valle del Cinca y rodeado por las viviendas que fueron creciendo a su alrededor, se conserva uno de esos edificios que ayudan a comprender no solo la historia de un pueblo, sino también el territorio en el que nació. La gran torre cuadrada del castillo-palacio continúa sobresaliendo sobre un caserío de calles estrechas, arcos y pasadizos. No estamos ante una fortaleza aislada en la cima de un monte: el propio pueblo terminó desarrollándose alrededor del castillo, utilizando incluso algunos de los antiguos muros defensivos como parte de construcciones posteriores. La documentación patrimonial describe precisamente un núcleo compacto cuyo trazado quedó condicionado por la fortificación y por la iglesia de la Purificación de Nuestra Señora, de estilo gótico.

Artasona al atardecer con la torre del castillo-palacio y el campanario de la iglesia
Artasona al atardecer. Sobre el caserío destacan la torre del castillo-palacio, a la derecha, y el campanario de la iglesia parroquial. Recreación mejorada mediante inteligencia artificial a partir de una fotografía publicada en Turismo Somontano, donde aparece sin indicación de autor.

Artasona y el encinar

Una de las interpretaciones tradicionales del nombre de Artasona lo relaciona con la encina y el encinar. Esa relación con el paisaje se percibe especialmente bien cuando se baja desde La Puebla de Castro, aunque el territorio actual es bastante más complejo. Hoy el pueblo aparece rodeado principalmente por campos de cultivo, resultado de siglos de roturaciones y aprovechamiento agrícola.

Sin embargo, desde la carretera de La Puebla la perspectiva cambia: los encinares de las laderas y de las zonas más elevadas forman el fondo visual de Artasona y, en determinados puntos, el castillo parece surgir entre la masa verde de los árboles. Entre el mosaico de campos, monte y encinar sobresale entonces el tono pardo de sus muros. Esa imagen ayuda a imaginar un territorio en el que el bosque debió de tener una presencia mayor antes de que generaciones sucesivas fueran ampliando las superficies destinadas al cultivo.

Un territorio recorrido mucho antes del castillo

La importancia de este lugar no comenzó en la Edad Media. Cerca de Artasona discurría el corredor que comunicaba el valle del Cinca con Labitolosa, la ciudad romana situada junto a la actual La Puebla de Castro. Durante los primeros siglos de nuestra era, las terrazas del Cinca fueron ocupándose por explotaciones agrícolas y villas, algunas documentadas en lugares próximos como San Vicente, Cuadradones o San Martín, en el entorno de El Grado, y Las Huertas, en Olvena.

Aquel paisaje combinaría zonas de monte y encinar con superficies progresivamente abiertas para la agricultura, explotaciones rurales y caminos que permitían desplazar personas y productos entre el Cinca y los núcleos del interior. Muchos siglos después, ese mismo corredor continuaría teniendo importancia, aunque las formas de controlarlo serían diferentes. Donde en época romana encontramos caminos, campos y explotaciones agrícolas, durante la Edad Media aparecen fortalezas desde las que vigilar el territorio.

Somontano romano

De la fortificación medieval al castillo-palacio

Las fuentes patrimoniales sitúan ya en 1094, durante el reinado de Sancho Ramírez, la existencia de un recinto fortificado en Artasona. Para entender realmente el significado de esa fecha conviene recordar primero cómo funcionaba aquella frontera.

La frontera no estaba permanentemente en guerra

El cine y la literatura pueden hacernos imaginar la frontera medieval como un territorio sometido a una guerra continua. La realidad era bastante más compleja. Durante largos periodos existían pactos, treguas, pagos de tributos y relaciones entre ambos lados de la frontera, mientras la población continuaba cultivando los campos, criando ganado y utilizando los caminos.

Cuando se rompía ese equilibrio eran frecuentes las incursiones o razzias. Su objetivo no siempre consistía en conquistar definitivamente un territorio. Podían buscar botín y cautivos, destruir cosechas, incendiar poblaciones o debilitar las defensas del adversario.

En Ribagorza conocemos algunos episodios que ayudan a comprender esta realidad. Hacia 908, el caudillo musulmán Muhammad al-Tawil, señor de Huesca, penetró en el condado y atacó Roda de Isábena y otras posiciones de la frontera. Años después los ribagorzanos recuperaron parte del territorio perdido. La tradición histórica sitúa en 914 el enfrentamiento de Soperún, en el que murió al-Tawil.

La frontera de Ribagorza Batalla de Soperún, 914

Casi un siglo después, en 1006, una nueva expedición dirigida por ʿAbd al-Malik al-Muzaffar, hijo de Almanzor, penetró profundamente en Ribagorza. Roda de Isábena fue saqueada y destruida y su propio obispo fue hecho prisionero. No se trataba de establecer una ocupación permanente, sino de una gran campaña destinada a golpear y debilitar el territorio cristiano.

Estos episodios ayudan a comprender por qué durante los siglos X y XI se reforzaron castillos, pasos y posiciones de vigilancia. La frontera podía permanecer tranquila durante años y, sin embargo, una incursión podía atravesarla rápidamente y penetrar decenas de kilómetros en territorio enemigo.

Durante el siglo XI el equilibrio comenzó a cambiar. Los reinos cristianos avanzaron hacia el sur y aumentaron también sus relaciones con los territorios situados al norte de los Pirineos. En 1064, un ejército con una importante participación de combatientes procedentes de fuera de la Península conquistó temporalmente Barbastro en la expedición tradicionalmente conocida como Cruzada de Barbastro. La ciudad sería recuperada por los musulmanes al año siguiente.

Cruzada de Barbastro

Recreación de la batalla de Soperún de 914 en la Sierra de Sis
Recreación gráfica de la batalla de Soperún (914), situada por la tradición histórica en la Sierra de Sis. El episodio ayuda a imaginar el tipo de incursiones que durante siglos atravesaron la frontera de Ribagorza.

Cuando llegamos a 1094, por tanto, Artasona aparece en una frontera que llevaba generaciones alternando periodos de relativa estabilidad con incursiones, conquistas y recuperaciones de territorio. Pero precisamente en esos años el equilibrio estaba cambiando con rapidez.

1094: Artasona en una frontera que avanza hacia Barbastro

Para comprender la existencia de una fortificación en Artasona hacia 1094 hay que situarse en uno de los momentos de mayor transformación de la frontera entre los territorios cristianos y musulmanes del Alto Aragón. Barbastro continuaba siendo una importante ciudad musulmana, pero las posiciones cristianas avanzaban desde Sobrarbe y Ribagorza y el espacio que la rodeaba se iba reduciendo.

EL AVANCE HACIA EL SOMONTANO

1064 — Barbastro es conquistada por primera vez por un ejército cristiano.
1065 — Los musulmanes recuperan Barbastro.
1067 — Alquézar pasa a manos cristianas.
1083 — Graus y El Grado quedan en poder cristiano.
1089 — Primera conquista cristiana de Monzón, aunque la frontera oriental seguirá siendo inestable.
1094 — ARTASONA

Está documentada la existencia de su recinto fortificado.
Barbastro y Huesca todavía permanecen en poder musulmán.
EL CERCO SE CIERRA

1096 — Pedro I conquista Huesca.
1097 — Estada queda definitivamente en manos cristianas.
1100 — Barbastro es conquistada definitivamente por Pedro I.
LA FRONTERA CONTINÚA HACIA EL ESTE Y EL SUR

1118 — Alfonso I conquista Zaragoza.
1141 — Monzón queda definitivamente en manos cristianas tras sucesivas pérdidas y recuperaciones.
1149 — Binéfar y Lleida pasan a dominio cristiano.

Artasona aparece, por tanto, en plena tierra de frontera: entre las posiciones cristianas del norte y una Barbastro musulmana cada vez más aislada.

Vista desde este contexto, la existencia de una fortificación en Artasona hacia 1094 adquiere otro significado. No estamos contemplando un castillo levantado en un territorio ya pacificado, sino una posición situada en una frontera activa, en unos años en los que castillos, caminos y puntos de comunicación visual podían desempeñar un papel fundamental en el control del territorio.

Sin embargo, el edificio que contemplamos actualmente no corresponde íntegramente a aquella primera fortaleza. La mayor parte de la fábrica conservada pertenece a transformaciones posteriores, especialmente del siglo XVI, aunque en la base de la torre aparecen diferencias de aparejo y una puerta situada en altura que algunos autores relacionan con su origen medieval.

Con el paso del tiempo, el castillo fue perdiendo el carácter de una fortaleza exclusivamente militar y se transformó en una residencia señorial fortificada. El conjunto quedó formado por dos grandes cuerpos unidos: una casa-palacio de planta rectangular y, adosada a su muro oriental, una poderosa torre cuadrada. Esta conserva tres plantas, aunque perdió el remate superior, que pudo constituir un nivel adicional. Desde el primer piso del palacio se accedía directamente a la torre mediante una puerta elevada, mientras las aspilleras y otros elementos defensivos recuerdan que, pese a convertirse en residencia nobiliaria, el edificio seguía manteniendo una clara función defensiva.

Castillo-palacio de Artasona
El castillo-palacio de Artasona. La torre cuadrada conserva tres plantas, aunque ha perdido su remate superior.

El plano publicado por Adolfo Castán ayuda a comprender muy bien esta organización. Palacio y torre forman prácticamente una única construcción, mientras a su alrededor las viviendas fueron ocupando progresivamente el espacio del antiguo recinto. Esa evolución explica que hoy resulte difícil separar visualmente el castillo del propio pueblo: Artasona creció con él y alrededor de él.

Planta del castillo-palacio de Artasona
Planta del castillo-palacio de Artasona según Adolfo Castán Sarasa. El palacio rectangular aparece unido a la torre cuadrada situada en su lado oriental.

Los Claramunt: de Artasona a Barbastro

La historia del edificio quedó especialmente vinculada a los Claramunt o Claramonte. Patrimonio Cultural de Aragón sitúa en 1390 el comienzo de su relación con Artasona, y todavía hoy uno de los elementos más visibles de aquella presencia familiar permanece sobre el arco de entrada al recinto: el escudo de los Claramunt, rematado por una cruz. Tras aquella puerta se accedía al espacio fortificado que conducía hacia el patio de armas, el palacio y la torre.

Arco de acceso al recinto del castillo de Artasona
Arco de acceso al antiguo recinto fortificado. Sobre la entrada se conserva el escudo de los Claramunt.

La historia de esta familia se extendía mucho más allá del pequeño núcleo de Artasona. Los Claramunt quedaron emparentados con los Pérez de Suelves, reuniéndose con el tiempo ambos linajes y señoríos. En Barbastro, el apellido Suelves continúa resultando familiar por las conocidas Huertas de Suelves, mientras que los propios Claramunt dejaron también una importante residencia urbana.

Hace años dedicamos una entrada de Caminos de Barbastro al Palacio Claramunt de Barbastro, y ambos edificios pueden contemplarse ahora como partes de una misma historia: el castillo-palacio ligado al señorío de Artasona y la residencia urbana de la familia en Barbastro.

Palacio Claramunt de Barbastro

Con el paso de las generaciones, el nombre de aquella pequeña población acabaría llegando incluso a la nobleza titulada mediante el Marquesado de Artasona. No es necesario reconstruir aquí toda la genealogía; quizá resulte más interesante comprobar cómo nombres que todavía permanecen en el paisaje —Artasona, Claramunt o Suelves— continúan enlazando lugares que hoy parecen historias independientes. Es curioso que el poblado de colonización de Artasona del Llano creado en 1957 deba su nombre a la marquesa de Artasona, quien vendió los terrenos en los que posteriormente se construyó la localidad.

Una torre que miraba al Cinca

Al estudiar el castillo surgió una pregunta que no aparecía directamente en las fuentes: ¿qué territorio podía verse desde su torre?

La respuesta comenzó sobre el propio terreno. Desde las afueras de Artasona se distingue claramente, hacia el norte, la pequeña torre medieval de Torreciudad, situada junto al actual embalse del Grado. En la misma panorámica aparece, mucho más arriba, el moderno santuario, pero es la pequeña fortificación próxima al Cinca la que nos interesa en esta historia.

Torre medieval de Torreciudad vista desde Artasona
Vista desde Artasona hacia Torreciudad. Junto al embalse se distingue la pequeña torre medieval; más arriba, a la derecha, aparece el actual Santuario de Torreciudad.

Esa observación nos llevó a estudiar, mediante observación sobre el terreno y perfiles de elevación de Google Earth, la relación de Artasona con otras fortificaciones. El resultado dibujó una geografía bastante clara. Hacia el norte existe comunicación visual directa con Torreciudad y, hacia el sur, con el castillo de Estada. En cambio, las elevaciones situadas hacia La Puebla de Castro impiden la visión directa tanto de Muñones como del castillo de Castro.

A partir de Estada, la red visual puede seguirse en dos direcciones. Hacia el oeste alcanza El Pueyo de Barbastro. Esta conexión resulta especialmente significativa porque Barbastro se encuentra asentada en la hoya del Vero y su núcleo urbano no dispone de visión directa sobre el corredor del Cinca. El Pueyo, elevado sobre la ciudad, permite en cambio dominar visualmente ambos territorios.

Hacia el sur, la comunicación continúa desde Estada con el castillo de Figueruela, situado sobre las elevaciones que separan los valles del Vero y del Cinca. Desde allí existe línea visual con el castillo de Castejón del Puente y, desde este, con el castillo de Monzón.

👁️ Una cadena visual por el valle del Cinca
🏰 Samitier

🏰 Torreciudad

🏰 Artasona

🏰 Estada

🏰 Figueruela

🏰 Castejón del Puente

🏰 Monzón
↙️ Desde Estada, otra línea visual alcanza El Pueyo de Barbastro, enlazando el corredor del Cinca con Barbastro.

El caso de Castejón del Puente resulta especialmente revelador. Tras su conquista por Pedro I en 1099, la documentación histórica señala que allí se establecieron tenentes con la misión de vigilar el puente sobre el Cinca en dirección a Monzón. La posición de estas fortificaciones no respondía únicamente a la posibilidad de divisarse entre sí: permitía también controlar caminos, pasos y lugares estratégicos del valle.

Vista en conjunto, esta distribución ayuda a comprender el papel del valle del Cinca como gran corredor natural de comunicación. Las posiciones fortificadas se suceden de norte a sur y, al mismo tiempo, aparecen conexiones laterales como la de El Pueyo, que permitían relacionar ese corredor con Barbastro, principal centro urbano del Somontano durante buena parte de la Edad Media.

Mapa de las relaciones visuales estudiadas entre Samitier, Torreciudad, Artasona, Estada, Figueruela, Castejón del Puente, Monzón y El Pueyo de Barbastro. Las líneas representan relaciones de visibilidad directa comprobadas mediante perfiles de elevación de Google Earth y, cuando ha sido posible, mediante observación sobre el terreno.

La visibilidad entre los puntos enlazados en el mapa está comprobada. Esto no significa necesariamente que todos ellos formaran, en un mismo momento histórico, una única red organizada de transmisión de señales. Para demostrarlo sería necesaria documentación específica para cada relación. Lo que sí muestra el relieve es un conjunto de posiciones estratégicas visualmente conectadas capaces de controlar amplios sectores del Cinca, sus caminos y algunos de sus principales pasos.

Una forma medieval de comunicar el territorio

Al prolongar el estudio hacia el norte aparece otro detalle interesante. La torre medieval de Torreciudad no mantiene comunicación visual directa con Abizanda, ya que las elevaciones intermedias impiden la visión entre ambos puntos. Las comunicaciones no seguían, por tanto, necesariamente una línea continua por el fondo del valle. Pero sí tendría comunicación directa con la cercana actual ermita de San Salvador.

Sin embargo, desde Torreciudad sí existe comunicación visual directa con el castillo de Samitier, un conjunto fortificado del siglo XI situado en una extraordinaria posición elevada sobre el Cinca y el Entremón.

El relieve ayuda así a comprender cómo podían organizarse estas comunicaciones. Determinados castillos situados en grandes alturas permitían salvar obstáculos y mantener contacto visual con puntos estratégicos separados por varios kilómetros.

Más al norte conocemos además una red medieval de torres visualmente comunicadas. En otra entrada de Caminos de Barbastro estudiamos las torres de Escanilla, Abizanda, Samitier, Clamosa, Olsón o Troncedo. Su emplazamiento aprovechaba las alturas para controlar el territorio y facilitar la transmisión de avisos.

Recreación gráfica de una comunicación mediante señales entre Escanilla y Abizanda
Recreación gráfica de cómo pudo realizarse una transmisión de señales entre las torres de Escanilla y Abizanda, fortificaciones con comunicación visual directa.

No pretendemos incluir automáticamente Artasona, Estada, Figueruela, Castejón del Puente o Monzón dentro de una única red histórica documentada. Lo interesante es comprobar que todas estas posiciones responden a una lógica territorial semejante: ver, vigilar y ser visto, aprovechando el relieve para controlar caminos, pasos y valles.

Torres de comunicaciones del siglo XI

De residencia señorial a ruina

El castillo-palacio atravesó todavía varios siglos de historia antes de alcanzar el estado en el que lo encontramos actualmente. Patrimonio Cultural de Aragón señala que sufrió graves daños durante la Guerra de la Independencia. Con el progresivo abandono desaparecieron los pisos interiores, algunos muros quedaron integrados en las viviendas próximas y el antiguo recinto defensivo terminó confundiéndose con el caserío.

Cuando en 2012 se realizó la ficha del Inventario de Fortificaciones Aragonesas, el conjunto era descrito ya en estado de ruina avanzada. La torre mantenía sus grandes muros exteriores, pero había perdido los pisos interiores, mientras que del palacio permanecían fundamentalmente las paredes.

Restos del castillo-palacio de Artasona
Los restos del palacio y de la torre permanecen completamente integrados en el actual caserío de Artasona. Autor: Javier Blasco. Fuente: Gobierno de Aragón – DARA.

A pesar de ello, su tamaño sigue impresionando cuando se recorre Artasona. Torre, palacio, iglesia y viviendas forman un conjunto compacto que conserva todavía la estructura del núcleo histórico.

Desde 2006 el castillo-palacio forma parte de la relación de fortificaciones aragonesas consideradas Bien de Interés Cultural, una protección acorde con la importancia histórica de un edificio que, aun arruinado, continúa explicando el origen y la evolución del pueblo.

Lo que más me ha sorprendido

Dos cosas me llamaron especialmente la atención al visitar Artasona.

🏰 La altura de la torre del castillo.
Ya es una construcción considerable, pero al encontrarse completamente encajada entre las casas del pueblo parece todavía más alta. Desde las calles estrechas, al levantar la vista, sus grandes muros se elevan casi directamente sobre las viviendas y producen una sensación muy diferente a la de otros castillos situados de forma aislada sobre una colina.

🌄 Las vistas hacia el río Cinca.
Desde Artasona se contempla el valle desde una perspectiva poco habitual, diferente de la que tenemos desde las carreteras y lugares más conocidos. El río, las terrazas agrícolas y las montañas que cierran el horizonte permiten comprender mejor la posición estratégica del pueblo y por qué este lugar tuvo importancia durante tantos siglos.

El paisaje todavía conserva las respuestas

Quizá lo más interesante de Artasona sea que su historia no termina en los muros del castillo. Para comprender realmente el lugar hay que volver a mirar alrededor. El antiguo encinar permanece fragmentado entre los campos y las laderas; el corredor que comunicaba el Cinca con Labitolosa sigue siendo reconocible en el territorio; el castillo continúa sobresaliendo sobre las casas y, hacia el norte, todavía podemos distinguir la pequeña torre de Torreciudad.

A lo largo de los siglos cambiaron los habitantes, los caminos, los usos agrícolas y las propias funciones del castillo. La fortificación medieval se convirtió en residencia señorial, los Claramunt dieron paso a nuevas generaciones y una parte importante del bosque fue sustituida por cultivos. Sin embargo, la relación entre el castillo y el paisaje continúa siendo visible. Más de nueve siglos después de sus primeras referencias documentales, todavía podemos comprender por qué aquel edificio se levantó precisamente allí.

Artasona es, además, uno de esos lugares a los que hay que ir expresamente. La carretera termina en el pueblo y quizá por eso, a pesar de encontrarse a muy pocos kilómetros de El Grado, continúa siendo relativamente desconocido. Al llegar sorprende sobre todo la tranquilidad: las calles estrechas alrededor del castillo, el silencio y hasta los gatos, que apenas se inmutan ante la presencia del visitante y se dejan acariciar con una docilidad poco habitual.

Una vez en Artasona merece la pena acercarse también a la iglesia de la Purificación de Nuestra Señora, donde los domingos se celebra misa a las 10 de la mañana, y detenerse después en el mirador sobre el valle del Cinca. Desde allí se contempla una perspectiva diferente del territorio, probablemente desconocida para muchas personas que nunca han llegado hasta este pequeño núcleo.

Y quizá el momento que mejor resume la visita llega al atravesar el arco de entrada del antiguo recinto fortificado. Al adentrarnos bajo aquella puerta, coronada todavía por el escudo de los Claramunt, parece que durante unos instantes retrocedemos varios siglos y volvemos a entrar en la Artasona medieval.

Tal vez esa sea la mejor forma de terminar el recorrido. Después de seguir caminos romanos, castillos medievales, linajes nobiliarios y antiguas líneas de comunicación visual, Artasona continúa allí, al final de la carretera, entre los campos, el encinar y el Cinca, conservando en su paisaje buena parte de su historia.

Dos rutas para completar la visita

Si disponemos de algo más de tiempo, podemos completar la visita a Artasona recorriendo algunos lugares próximos que ayudan a comprender todavía mejor el paisaje y las distintas épocas históricas que hemos seguido a lo largo de esta entrada.

Ruta 1 · Labitolosa, Castro y Olvena

Si tenemos una mañana o una tarde, podemos comenzar acercándonos a Labitolosa. Antes de llegar merece la pena detenerse en la ermita de San Roque, desde donde se disfruta de una magnífica vista sobre el valle y se percibe especialmente bien la presencia del encinar que caracteriza estas laderas.

Después podemos continuar hasta la iglesia y el castillo de Castro, otro emplazamiento elevado estrechamente relacionado con el control del territorio. Finalmente, podemos subir hasta Olvena, desde donde obtenemos una perspectiva diferente de este mismo espacio y volvemos a encontrarnos con dos de los grandes hilos de este recorrido: la presencia romana y la frontera medieval.

De esta forma, en pocos kilómetros podemos recorrer un paisaje que conserva testimonios de más de dos mil años de historia: desde la ciudad romana de Labitolosa hasta los castillos y fortificaciones levantados durante los siglos de la frontera medieval.

Ruta por Labitolosa Ver ruta en Google Maps


Ruta 2 · Torreciudad y Estada

Si disponemos de menos tiempo, podemos hacer una ruta más corta siguiendo precisamente las comunicaciones visuales que hemos estudiado desde Artasona. Al salir del pueblo en coche y mirar hacia el norte destaca la gran silueta del actual Santuario de Torreciudad y, mucho más pequeña junto al embalse, la antigua torre medieval.

Podemos acercarnos a la ermita de Torreciudad. Desde este entorno se obtiene una nueva perspectiva sobre el valle y podemos volver la mirada hacia Artasona, comprendiendo sobre el propio terreno la relación visual entre ambas posiciones. También es un buen lugar para observar cómo la comunicación continúa hacia el norte, en dirección a las fortificaciones que dominaban el Cinca.

Ermita de Torreciudad

Si todavía disponemos de tiempo y ganas, podemos continuar hasta el castillo de Estada. Desde allí tendremos otra perspectiva del río Cinca y podremos comprobar visualmente el amplio territorio que domina esta posición, tanto hacia el norte como hacia el este y el sur.

Esta segunda ruta permite convertir en paisaje real buena parte de lo estudiado en el mapa: Artasona, Torreciudad y Estada dejan de ser puntos aislados y pasan a entenderse como posiciones relacionadas por la propia geografía del valle.

Ver ruta Artasona · Torreciudad · Estada


Fuentes y documentación consultada

Patrimonio Cultural de Aragón: Castillo-Palacio de Artasona .
DARA / SIPCA: Castillo-palacio de los Claramonte .
Inventario de Fortificaciones Aragonesas (A.R.C.A.), ficha del Castillo de Artasona, 2012.
Castán Sarasa, Adolfo: Torres y castillos del Alto Aragón.
SIPCA: Castillo de Figueruela .
Patrimonio Cultural de Aragón: Castillo de Castejón del Puente .
Patrimonio Cultural de Aragón: Castillo de Samitier .
Patrimonio Cultural de Aragón: Castillo de Monzón .
Ayuntamiento de Barbastro: Historia de Barbastro .
Reino de Monzón , para las sucesivas conquistas y pérdidas de Monzón.
Cruzada de Barbastro .

Para el estudio de la visibilidad se han utilizado observaciones realizadas sobre el terreno y perfiles de elevación de Google Earth.

Contenido elaborado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información, análisis cartográfico y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2026

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sábado, 29 de agosto de 2026

Conservar el paisaje, nueve años después: Barbastro entre 1956-1957 y 2026

Conservar el paisaje, nueve años después

Barbastro como ejemplo de un paisaje que cambia

Paisaje de Las Chesas con El Pueyo al fondo
Recreación a partir de una fotografía de Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Un paisaje cercano que también ha ido cambiando.

En 2017 publiqué en Caminos de Barbastro una reflexión titulada Conservar el paisaje . Aquel artículo formó parte del trabajo con el que ese mismo año recibí el Primer Premio Félix de Azara de Medios de Comunicación Social .

La fotografía que utilicé entonces mostraba un paisaje muy cercano para mí: Las Chesas, con El Pueyo al fondo. Nueve años después, también aquel lugar ha cambiado. Quizá por eso me ha parecido un buen momento para volver sobre aquella reflexión y hacerme de nuevo una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué significa realmente conservar un paisaje?

El paisaje nunca ha permanecido inmóvil. Cambian los cultivos, los caminos, los pueblos, las carreteras, los usos del suelo e incluso nuestra manera de relacionarnos con el territorio. Pero muchos de esos cambios se producen poco a poco y, al suceder durante nuestra propia vida, apenas somos conscientes de ellos.

Solo cuando encontramos una fotografía antigua, regresamos a un lugar después de muchos años o comparamos imágenes tomadas en épocas diferentes comprendemos hasta qué punto el territorio se ha transformado.

Para hacerlo visible he elegido un lugar cercano que muchos lectores de Caminos de Barbastro conocemos bien: Barbastro. No porque sea un caso excepcional, sino precisamente porque reconocer el territorio nos permite percibir cambios que seguramente pasarían inadvertidos si observáramos un lugar desconocido.

Barbastro, 1956-1957 y 2026

Dos ortofotos separadas por casi siete décadas muestran prácticamente el mismo territorio. El río Vero, los altozanos y las grandes formas del relieve siguen permitiéndonos reconocer Barbastro, pero el paisaje construido y utilizado por las personas es profundamente diferente.

Ortofoto de Barbastro en 1956-1957
Barbastro, 1956-1957. Imagen coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.
Ortofoto de Barbastro en 2026
Barbastro, 2026.

En 1956-1957 destacan a simple vista tres grandes elementos. Barbastro es todavía una ciudad muy compacta, concentrada principalmente en la margen derecha del río Vero y en torno a la actual avenida de la Merced. En la margen izquierda, la acequia de San Marcos riega una extensa superficie ocupada por un mosaico de pequeñas huertas. Alrededor de la ciudad, los altozanos están cultivados principalmente con almendros, olivos y campos de cereal.

En 2026 la situación es muy diferente. La expansión urbana ha ocupado buena parte de aquella huerta y las parcelas que permanecen tienen una presencia mucho menor y más fragmentada. Parte de los antiguos espacios agrícolas próximos a la ciudad están ahora ocupados por polígonos industriales, urbanizaciones, instalaciones deportivas y otros equipamientos. También destacan grandes infraestructuras inexistentes en la ortofoto de 1956-1957, como la canalización del río Vero y las variantes norte y sur de la ciudad.

Transformación de Barbastro entre 1956-1957 y 2026
Barbastro, 1956-1957 y 2026. La superposición de ambas ortofotos permite apreciar la transformación del paisaje durante casi siete décadas. La imagen histórica ha sido coloreada de forma orientativa para facilitar la comparación.

No solo somos más: vivimos de otra manera

Podríamos pensar que esta transformación responde simplemente al aumento de población. Hacia 1956-1957 Barbastro tenía unos 10.100 habitantes; el censo de 1960 registró 10.227. En la actualidad la ciudad se aproxima a los 17.850 habitantes.

La población ha aumentado alrededor de un 77 %. Sin embargo, al comparar las dos ortofotos, la superficie ocupada por la ciudad parece haber crecido proporcionalmente mucho más. No solo somos más: también ocupamos el territorio de otra manera.

Necesitamos viviendas, industrias, colegios, instalaciones deportivas, carreteras, aparcamientos, comercios y servicios que hace sesenta o setenta años ocupaban mucho menos espacio o simplemente no existían. El cambio del paisaje no depende únicamente de cuántos somos, sino también de cómo vivimos.

Un paisaje construido durante siglos

Sería un error pensar que el paisaje de 1956-1957 era un paisaje natural que había permanecido intacto desde tiempos remotos. También era un territorio profundamente transformado por las personas. Las acequias, las huertas, los olivares, los almendros, los campos de cereal, las terrazas y los caminos eran el resultado de siglos de trabajo y de adaptación al medio.

Barbastro había ido creciendo alrededor de su núcleo histórico siguiendo el río, los caminos y las necesidades de cada época. Podríamos hablar de un crecimiento orgánico, en el que cada generación modificaba el territorio apoyándose en las estructuras que había recibido de la anterior. El paisaje cambiaba, pero lo hacía lentamente y mantenía una cierta continuidad.

Si pudiéramos retroceder varios siglos desde la ortofoto de 1956-1957, probablemente seguiríamos reconociendo muchos de sus elementos esenciales: el núcleo compacto de la ciudad, el río Vero, las huertas, las acequias, los caminos y los cultivos adaptados a los altozanos.

Lo que sucede durante la segunda mitad del siglo XX no es, por tanto, que el paisaje empiece a cambiar. El paisaje siempre había cambiado. Lo que cambia profundamente es la velocidad y la escala de la transformación.

En apenas unas décadas aparecen polígonos industriales, urbanizaciones, grandes instalaciones deportivas, nuevas carreteras, variantes y amplias superficies urbanizadas. Muchos de esos nuevos usos ya no se incorporan simplemente al paisaje anterior, sino que en determinados lugares lo sustituyen.

¿Hasta dónde debe crecer una ciudad?

El crecimiento de Barbastro hacia el sur y el este permite observar además otra cuestión interesante. Cuando se construyó la variante, esta se planteó como un límite al crecimiento de la ciudad. En la ortofoto actual se aprecia bastante bien cómo la carretera actúa como frontera entre el espacio urbano y el territorio agrícola.

Dentro de ese límite han ido apareciendo viviendas, equipamientos, instalaciones deportivas y otros usos urbanos, mientras que al otro lado permanece todavía una parte importante del paisaje agrícola. La variante no solo sirve, por tanto, para desviar el tráfico: también dibuja sobre el territorio una línea que separa dos formas diferentes de utilizarlo.

Esto introduce otra dimensión de lo que significa conservar un paisaje. Conservar también consiste en decidir hasta dónde queremos transformar. Una ciudad necesita crecer y adaptarse a nuevas necesidades, pero ese crecimiento no tiene por qué extenderse indefinidamente.

Durante siglos los límites de las ciudades estuvieron muy condicionados por la propia geografía, las distancias que podían recorrerse y las necesidades agrícolas. Hoy disponemos de muchos más medios para modificar el territorio y, precisamente por eso, somos nosotros quienes debemos decidir qué límites queremos establecer.

El paisaje de mi infancia

Hay además una transformación que las ortofotos no pueden explicar completamente: la desaparición de buena parte del paisaje cotidiano que recuerdo de mi infancia.

Cuando era niño, al salir de Barbastro aparecían enseguida las huertas, los caminos, los campos de cereal, los almendros y los olivos de los altozanos. La transición entre la ciudad y el campo era muy rápida. Bastaba caminar un poco para encontrarse fuera del espacio urbano y entrar en un paisaje agrícola abierto.

Hoy esa distancia se ha alargado. Antes de llegar al campo tenemos que atravesar urbanizaciones, polígonos, carreteras, rotondas, instalaciones deportivas y otras infraestructuras. La naturaleza y el paisaje agrícola no han desaparecido, pero se han alejado de la ciudad.

Cuando observo la ortofoto antigua no veo solamente un Barbastro diferente. Reconozco todavía parte del paisaje de mi infancia: una ciudad que terminaba y que, casi inmediatamente, daba paso a las huertas y a los campos.

De algunos de aquellos lugares todavía conservamos imágenes. En este vídeo pueden verse las antiguas huertas situadas junto al puente del Portillo, un paisaje que durante mucho tiempo formó parte del entorno cotidiano de Barbastro y que hoy resulta mucho más difícil reconocer sobre el terreno.

Antiguas huertas junto al puente del Portillo. Ver vídeo en YouTube .

La fotografía de Las Chesas con la que comenzaba aquella reflexión de 2017 representa precisamente esa relación. No era un paisaje excepcional ni un espacio protegido. Era uno de esos lugares próximos a la ciudad por los que podíamos caminar y desde los que reconocíamos nuestro territorio. También ese paisaje ha ido cambiando.

Quizá esto nos obliga a ampliar lo que entendemos por conservación. No se trata únicamente de proteger grandes espacios naturales, monumentos o lugares especialmente bellos. También puede significar conservar paisajes cotidianos, esos espacios cercanos que permiten salir de una ciudad y, después de caminar unos minutos, encontrarse entre huertas, árboles, campos y caminos.

Conservar no significa congelar

Sería demasiado sencillo mirar las dos ortofotos y concluir que el paisaje de 1956-1957 era mejor. Barbastro tenía que crecer. Necesitaba viviendas, industria, centros educativos, instalaciones deportivas, carreteras y servicios que han mejorado nuestra calidad de vida.

No tendría sentido pretender regresar al Barbastro de 1956-1957. Conservar el paisaje no significa congelarlo.

Cada generación tiene derecho a transformar el territorio para responder a sus necesidades, pero al mismo tiempo recibe un paisaje construido durante siglos y tiene una responsabilidad sobre aquello que transmitirá a la siguiente. Quizá conservar consista precisamente en buscar ese equilibrio: permitir que el paisaje siga evolucionando sin que cada nueva transformación borre completamente las huellas de las anteriores.

Mantener algunas huertas, acequias, caminos, cultivos tradicionales, árboles, topónimos o espacios abiertos puede parecer algo pequeño frente a las grandes decisiones urbanísticas. Sin embargo, son precisamente esas huellas las que nos permiten seguir leyendo la historia de un territorio.

Algunos ejemplos concretos de estas transformaciones pueden verse en la entrada Cambios en el paisaje de Barbastro , donde se recogen distintas modificaciones recientes del territorio que muestran cómo el paisaje continúa evolucionando ante nuestros ojos.

Una fotografía que todavía no existe

Entre las dos ortofotos de Barbastro han pasado casi 70 años. Podemos hacer ahora un pequeño ejercicio de imaginación y preguntarnos qué veremos si alguien toma otra fotografía aérea dentro de otros 67 años, hacia 2093.

Probablemente seguiremos reconociendo el río Vero y las grandes formas del relieve, pero muchas otras cosas habrán cambiado. Quizá algunos de los campos actuales hayan desaparecido y otros se hayan recuperado. Cambiarán las carreteras, las viviendas, la vegetación y seguramente también nuestra relación con el agua, la agricultura y el clima.

No podemos saber cómo será aquella fotografía. Pero una parte de ella se está construyendo ahora, con las decisiones grandes y pequeñas que tomamos sobre el territorio.

En 2017 escribía que somos únicamente inquilinos temporales del paisaje. Nueve años después sigo pensando lo mismo. Ahora quizá añadiría que cada generación tiene derecho a transformar el paisaje, pero también la responsabilidad de dejar suficientes huellas para que quienes vengan después puedan comprender de dónde vienen.

Cuando alguien compare algún día las ortofotos de Barbastro de 1956-1957, 2026 y 2093, la verdadera pregunta será:

¿Qué nos gustaría que todavía pudiera reconocer?

Y si el paisaje inevitablemente cambia, al menos deberíamos intentar conservar su memoria. Ese ha sido también uno de los fines de Caminos de Barbastro: mantener esa memoria de país, como decía mi tío José María. Los caminos, las acequias, las huertas, las fotografías, los nombres de los lugares y las historias de quienes los habitaron forman parte de esa memoria.

Durante años, Caminos de Barbastro ha intentado reunir pequeñas piezas de ese paisaje que cambia para que algunas de ellas no desaparezcan también de nuestro recuerdo.

Quizá no podamos conservar intacto el paisaje que recibimos, pero sí podemos evitar que desaparezca sin dejar memoria.


Contenido desarrollado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para asistencia en la redacción, tratamiento de imágenes y elaboración de recursos visuales.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2026

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viernes, 28 de agosto de 2026

Graus contra toda España: la historia de El Mejor Rincón 2015

Cómo la Plaza Mayor de Graus llegó a disputar una final nacional a Los Barruecos y lo que aprendí participando en aquella campaña.

Plaza Mayor de Graus

La Plaza Mayor de Graus. En 2015 fue finalista de El Mejor Rincón de España y terminó en segundo lugar, por detrás de Los Barruecos.

Cuando Graus se atrevió a competir con toda España

En 2015 la Plaza Mayor de Graus se atrevió a competir para convertirse en El Mejor Rincón de España.

No era uno de tantos concursos que proliferaban entonces en Internet. Lo organizaba la Guía Repsol, una marca con una enorme notoriedad en España y estrechamente vinculada al turismo, los viajes y la gastronomía.

Para una localidad como Graus, llegar lejos suponía mucho más que conseguir un título. Durante varias semanas miles de personas podían descubrir su Plaza Mayor, situar Graus en el mapa y conocer también Ribagorza y esta parte del Pirineo aragonés.

Y el reto era considerable.

Extremadura había demostrado una extraordinaria capacidad para movilizarse en este concurso. La Iglesia de la Magdalena de Olivenza había ganado en 2012; en 2014 el Puente romano de Alcántara fue proclamado vencedor ex aequo junto a la ermita de San Felices de Haro; y en 2015 otra candidatura extremeña, Los Barruecos, acabaría encontrándose con Graus en la final.

Graus se enfrentaba, por tanto, a una competición en la que otros territorios acumulaban ya una importante experiencia de movilización. Pero llegó hasta allí.

Cuatro años buscando el Mejor Rincón de España

El concurso se celebró durante cuatro ediciones consecutivas:

2012: Iglesia de la Magdalena, Olivenza.
2013: Cueva de Pozalagua, Karrantza.
2014: Puente romano de Alcántara y ermita de San Felices de Haro, ganadores ex aequo.
2015: Monumento Natural de Los Barruecos, Malpartida de Cáceres.

La edición de 2014 ya había mostrado algunas de las dificultades que podía generar una competición basada en cientos de miles de votos por Internet.

El ex aequo no se produjo porque ambas candidaturas terminaran exactamente con el mismo número de votos. Guía Repsol decidió excepcionalmente reconocer a las dos después de una final marcada por una enorme movilización y por problemas técnicos en la votación.

Un año después llegaría la cuarta edición. Y también la última.

El camino de Graus hasta la final

El recorrido era largo. En 2015 se propusieron inicialmente más de mil lugares de toda España. Después llegaron las diferentes selecciones y eliminatorias hasta que Aragón quedó representado por la Plaza Mayor de Graus.

Graus fue superando fases y terminó alcanzando la semifinal frente a Santa María de Zumarraga La Antigua. El 18 de agosto concluyó aquella ronda con 38.146 votos y consiguió clasificarse para la final.

Los contadores volvieron entonces a ponerse a cero. A un lado estaba Graus. Al otro, el Monumento Natural de Los Barruecos, en Malpartida de Cáceres.

La final comenzó el 19 de agosto y terminaría el 10 de septiembre. Durante esas semanas se produjo una de las movilizaciones más intensas que recuerdo alrededor de una candidatura turística de la provincia de Huesca.

Vídeo de presentación de la candidatura de Graus a El Mejor Rincón de España 2015.

Votar no era precisamente sencillo

Una característica condicionaba por completo la competición: se podía votar todos los días.

No bastaba con convencer a una persona una vez. Había que conseguir que se registrara y, después, que recordara volver a votar cada día hasta terminar el concurso.

Además, registrarse por primera vez era bastante engorroso. Había que crear un nombre de usuario y una contraseña con determinadas condiciones, introducir datos personales y correo electrónico, confirmar posteriormente el registro y, finalmente, validar el voto mediante un código enviado al teléfono móvil.

El procedimiento era tan complicado que publiqué en Caminos de Barbastro un tutorial completo con capturas de pantalla para ayudar a quienes querían votar.

Una vez realizado el registro inicial, votar los días siguientes era mucho más sencillo: identificarse, solicitar el código al móvil, introducirlo y confirmar el voto.

Terminaba aquel tutorial insistiendo en lo fundamental: VOTAR CADA DÍA hasta el 10 de septiembre.

De Internet a la calle

La movilización terminó saliendo de las pantallas.

Se instalaron puntos con ordenadores y voluntarios para ayudar a las personas a registrarse y votar. Participaron instituciones, asociaciones y numerosos vecinos. La campaña llegó también fuera de Graus.

Punto de ayuda para votar por la Plaza Mayor de Graus

Punto instalado en Huesca para facilitar el registro y la votación por la Plaza Mayor de Graus. La campaña había salido de Internet para llegar también a la calle.

Las fotografías que se conservan de aquellos días resultan hoy muy expresivas: ordenadores sobre las mesas, voluntarios ayudando y ciudadanos acercándose para participar.

Aquello empezaba a parecerse menos a un concurso turístico y más a una pequeña campaña electoral.

Y tenía su lógica. Cada nueva persona que conseguía completar aquel complicado registro podía convertirse después en un votante diario.

El voto delegado

Dentro de esa enorme movilización apareció lo que entonces conocíamos como voto delegado.

Han pasado once años y no recuerdo exactamente todos los detalles de su funcionamiento. Mi recuerdo es que se ayudaba a crear cuentas de votantes y algunas quedaban gestionadas por la organización de la candidatura. Para completar posteriormente el voto seguía siendo necesaria la validación mediante el código que Guía Repsol enviaba al teléfono móvil de aquella persona.

Lo que sí conserva mi tutorial de entonces es la mecánica técnica: para cada voto había que solicitar un código al teléfono e introducirlo posteriormente para validarlo.

Mientras aquella forma de organización funcionó, Graus consiguió mantener un extraordinario ritmo de voto. Después acabaría convirtiéndose en uno de los puntos decisivos de la final.

Una final que Graus podía ganar

El 26 de agosto apareció una imagen difícil de olvidar:

Graus: 14.661 votos.
Los Barruecos: 14.661 votos.

Exactamente empatados.

Utilicé aquel marcador en Facebook porque transmitía mejor que cualquier explicación una idea sencilla: cada voto podía importar.

Durante los días siguientes Graus consiguió ponerse por delante y llegó a alcanzar ventajas superiores a los 1.500 votos.

La Plaza Mayor tenía posibilidades reales de ganar. Pero al seguir el marcador con mayor detalle empecé a observar algo que me llamó especialmente la atención.

Lo que ocurría de madrugada

Durante las primeras horas del 2 de septiembre Graus perdió prácticamente toda la ventaja que había conseguido durante el día.

Según los datos que anoté entonces, en dos horas Graus sumó alrededor de 104 votos, mientras Los Barruecos consiguió aproximadamente 1.039.

Me pareció suficientemente llamativo como para prestar todavía más atención durante la noche siguiente.

Y volvió a suceder. Durante las dos primeras horas del 3 de septiembre, Graus consiguió 154 votos y Los Barruecos 905.

El documento que preparé aquellos días conserva todavía esas cifras: a la una aparecían 144 votos para Graus frente a 569 de Los Barruecos; a las dos, 154 frente a 905.

Aquellos datos no permiten afirmar que existiera ninguna irregularidad. Pero sí justificaban preguntarse qué estaba ocurriendo.

Durante el día Graus recuperaba terreno. En determinadas horas de la madrugada lo perdía con enorme rapidez.

El 3 de septiembre cambia la final

A pesar de aquella madrugada, Graus volvió a remontar durante la mañana.

Hacia las dos de la tarde estaba nuevamente por delante, con aproximadamente 318 votos de ventaja.

Fue entonces cuando, según recuerdo, Guía Repsol dejó de admitir el procedimiento de voto delegado que estaba utilizando la candidatura de Graus.

Coincidiendo con aquel cambio, la evolución del marcador se modificó de forma muy rápida.

Al terminar el día, Graus perdía ya por alrededor de 1.300 votos.

En unas diez horas había pasado aproximadamente de +318 a −1.319.

Evolución horaria de la ventaja de Graus el 3 de septiembre de 2015

Evolución horaria de la ventaja de Graus el 3 de septiembre de 2015. Después de volver a ponerse por delante durante la mañana, la tendencia cambia bruscamente a partir de las 14 horas. Fuente: Guía Repsol. Elaboración: Caminos de Barbastro.

El cambio no se aprecia únicamente en la ventaja acumulada.

También puede observarse en los votos obtenidos cada día. Hasta comienzos de septiembre Graus todavía mantenía una capacidad de movilización muy elevada. Después del cambio producido el día 3, su ritmo cae claramente, mientras Los Barruecos consigue mantener durante varios días cifras mucho mayores.

Votos diarios de Graus y Los Barruecos

Votos diarios obtenidos por Graus y Los Barruecos entre el 1 y el 10 de septiembre de 2015. Fuente: Guía Repsol. Elaboración: Caminos de Barbastro.

El resultado acumulado permite ver todavía mejor cómo fue separándose la final. Tras unos primeros días muy igualados, Los Barruecos fue ampliando progresivamente la diferencia hasta alcanzar los 84.207 votos, frente a los 71.544 de Graus.

Evolución acumulada de los votos de Graus y Los Barruecos

Evolución acumulada de los votos de Graus y Los Barruecos durante los últimos días de la final. Fuente: Guía Repsol. Elaboración: Caminos de Barbastro.

La última semana: como una maratón

Viéndolo ahora, la carrera final del concurso se parece bastante a una maratón.

A comienzos de septiembre las dos candidaturas llegaron prácticamente juntas al tramo decisivo. Graus había sido capaz de mantenerse a la altura de Los Barruecos e incluso de situarse por delante en distintos momentos.

Pero en la última semana cambió el ritmo de la carrera. Los Barruecos mantuvo durante buena parte de aquellos días una media cercana a los 4.500 votos diarios, mientras Graus quedó aproximadamente entre los 2.500 y 3.000.

Fue como llegar juntos a uno de los últimos kilómetros de una maratón y comprobar que uno de los corredores todavía podía mantener el ritmo mientras el otro empezaba a perderlo.

Publicación Toca remontar de la campaña de Graus Mejor Rincón 2015

4 de septiembre de 2015. Después del cambio de tendencia, la campaña entró en una nueva fase: ya no se trataba de mantener una ventaja, sino de intentar recuperar los votos perdidos.

A partir de ahí, cada jornada añadía una nueva diferencia y la recuperación se fue haciendo cada vez más difícil.

No podemos saber qué habría ocurrido si las condiciones de votación hubieran permanecido iguales hasta el final. Los Barruecos era un rival muy fuerte. Pero el cambio de tendencia fue evidente y se produjo precisamente en el momento decisivo de la competición.

Mi aportación desde Caminos de Barbastro

Yo no formaba parte de la organización de la candidatura. Me uní al proyecto en la fase final.

Mi participación fue independiente, desde Caminos de Barbastro, utilizando una herramienta que entonces conocía bastante bien: las redes sociales.

No me limité a compartir el enlace de votación. Durante aquellas semanas fui siguiendo el marcador, preparando imágenes, modificando los mensajes según evolucionaba la final y promocionando algunas publicaciones para intentar llegar mucho más allá de mis seguidores habituales.

Resumen de la campaña de Caminos de Barbastro en Facebook

Campaña independiente realizada desde Caminos de Barbastro entre el 25 de agosto y el 10 de septiembre de 2015.

Entre el 25 de agosto y el 10 de septiembre realicé 17 promociones, financiadas con 195 euros de mi propio bolsillo.

Las publicaciones alcanzaron un total acumulado de 199.180 y obtuvieron 4.717 “me gusta” y 1.221 compartidos.

Pero el dato que realmente me interesaba era otro.

Aquellas publicaciones generaron 3.401 accesos a la página de Guía Repsol.

Eso no significa que consiguiera 3.401 votos.

Algunas personas entrarían y no completarían el proceso; otras podían registrarse a partir de aquel acceso y continuar votando después durante varios días.

Lo que sí sabemos es que 3.401 accesos al lugar donde se podía votar procedieron directamente de aquella campaña.

Convertir los datos en mensajes

No publicaba todos los días el mismo cartel. Intentaba observar qué estaba ocurriendo en la competición y convertirlo en un motivo para participar.

Cuando el 26 de agosto Graus y Los Barruecos aparecieron exactamente empatados a 14.661 votos, preparé una imagen mostrando ambos marcadores.

Aquella publicación transmitía por sí sola que la final estaba completamente abierta.

Fue además una de las que mejor funcionó: alcanzó a más de 19.000 personas y generó 443 accesos a Guía Repsol.

Empate entre Graus y Los Barruecos a 14.661 votos

26 de agosto de 2015. Graus y Los Barruecos estaban exactamente empatados a 14.661 votos. Aquella publicación generó 443 accesos a la página de votación.

Pero no todas las publicaciones se basaban en cifras. Uno de los grandes problemas era conseguir que la gente recordara volver a votar todos los días.

Graus está especialmente vinculada a su longaniza y se me ocurrió utilizarla para representar los días que quedaban hasta terminar el concurso. Sobre un plato fui colocando trozos de longaniza con pequeñas banderas correspondientes a cada jornada.

El mensaje era muy directo:

«Vota cada día».

Campaña Vota cada día con longaniza de Graus

Los días que quedaban hasta el final del concurso representados con trozos de longaniza, uno de los productos más conocidos de Graus. Una forma sencilla de recordar que había que votar cada día.

Era una creatividad completamente artesanal: un plato, unos trozos de longaniza, palillos y pequeñas etiquetas.

Pero representaba bastante bien la forma en que trabajábamos entonces en las redes: buscar una idea sencilla y reconocible, vinculada al territorio, que consiguiera llamar la atención.

Conforme cambió el marcador, también cambió el tono.

«No dejemos que la suerte decida».
«Toca remontar».
«Difícil pero no imposible».

Y cuando la diferencia empezó a hacerse demasiado grande, el objetivo dejó de ser solamente que siguieran votando quienes ya estaban movilizados.

Había que encontrar nuevos votantes. Visto ahora, aquella forma de trabajar tenía una lógica bastante sencilla:

mirar el marcador → entender qué estaba ocurriendo → buscar un mensaje → intentar movilizar → volver a mirar el marcador.

No lo llamaba estrategia de comunicación. Simplemente intentaba ayudar a Graus a ganar.

Buscar votos fuera de Graus

Había además un límite evidente:

Graus no podía ganar una final nacional únicamente con los votos de Graus.

Era necesario ampliar la campaña hacia Ribagorza, Huesca, Zaragoza y, en la medida de lo posible, convertir la Plaza Mayor en una candidatura de todo Aragón.

Facebook permitía entonces segmentar geográficamente las promociones. Uno de los ejemplos que conservo estaba dirigido específicamente hacia Zaragoza.

Utilicé una imagen de la Plaza Mayor de Graus junto a la Aljafería y una referencia histórica a la conquista de Zaragoza de 1118:

«Si hace 900 años, los ribagorzanos lo dieron todo en la reconquista de Aragón, ahora necesitamos el apoyo.»
Campaña de Facebook dirigida a Zaragoza para apoyar a Graus

Una de las promociones dirigidas hacia Zaragoza. La intención era ampliar la movilización y convertir la candidatura de Graus en una candidatura de Aragón.

La intención era utilizar una referencia compartida para que la candidatura dejara de percibirse como algo exclusivamente local.

Recuerdo haber planteado que se destinara un presupuesto de alrededor de 2.000 euros para ampliar las campañas segmentadas y captar nuevos votantes. No se hizo. Según recuerdo, entonces se confiaba mucho más en la capacidad de movilización que estaba proporcionando el voto delegado.

Por mi parte continué financiando las promociones realizadas desde Caminos de Barbastro. No podemos saber qué habría ocurrido con una inversión mayor, pero los resultados de aquellos 195 euros permiten comprobar que Facebook era una vía eficaz para conseguir nuevos accesos a la votación.

Cuando cambió la situación del voto delegado, captar nuevos votantes adquirió mucha más importancia. Pero entonces quedaba muy poco tiempo.

Mucho más que 195 euros

El dinero es fácil de contabilizar. El tiempo, no.

Detrás de aquellas cifras hubo muchas horas consultando el marcador, anotando resultados, preparando imágenes, escribiendo publicaciones, siguiendo las estadísticas de Facebook, actualizando el blog y pensando cuál podía ser el siguiente mensaje.

También había preparado el tutorial para facilitar un procedimiento de votación especialmente engorroso.

Y terminé siguiendo el marcador hora a hora. Aquello permitió observar no solamente quién estaba ganando, sino cómo se estaba produciendo el resultado.

Un informe en un momento delicado

Ese seguimiento horario adquirió especial importancia cuando surgió el conflicto relacionado con el voto delegado.

Recuerdo que llegó a plantearse la posibilidad de que Graus pudiera tener problemas graves para continuar en el concurso.

Preparé entonces un informe comparando la evolución horaria de ambas candidaturas.

Mi intención era sencilla: si se iba a analizar la forma en que estaba votando Graus, parecía razonable observar también algunos movimientos muy llamativos en la candidatura contraria.

1:00 h — Graus 144 / Los Barruecos 569
2:00 h — Graus 154 / Los Barruecos 905

Aquellas cifras no demuestran ninguna irregularidad.

Pero sí justificaban pedir que se analizara el conjunto de la votación antes de adoptar una decisión extrema contra una candidatura.

Según recuerdo, envié aquel documento al responsable de Graus. No conservo el correo. Han pasado más de diez años y hace tiempo que eliminé aquellos mensajes. Por eso no puedo demostrar documentalmente que aquel informe fuera determinante para que Graus continuara participando.

Sí puedo demostrar algo más limitado: el informe existió y aquellos datos fueron registrados durante la propia competición. Finalmente Graus siguió hasta el último día.

Los Barruecos ganan

La remontada no llegó.

El 10 de septiembre de 2015 terminó la final de El Mejor Rincón de España.

1.º Los Barruecos: 84.207 votos
2.º Plaza Mayor de Graus: 71.544 votos

La Plaza Mayor de Graus terminó en segundo lugar y fue finalista de El Mejor Rincón de España 2015. La diferencia con Los Barruecos fue de 12.663 votos.

Pero esa cifra necesita ponerse en contexto.

En este concurso una misma persona podía votar una vez cada día. Por tanto, esos 12.663 votos de diferencia no equivalían a 12.663 personas distintas.

Si tomamos como referencia aproximadamente los seis días efectivos que quedaban después del cambio producido el 3 de septiembre, la diferencia final equivale a unos 2.100 votos diarios.

Dicho de otra manera, para neutralizar aquella distancia habría sido necesario recuperar del orden de 2.000 votantes diarios adicionales durante la última parte de la competición.

Y ahí estuvo uno de los principales problemas de Graus. Según recuerdo, al dejar de utilizarse el sistema de voto delegado se perdió una base de alrededor de 3.000 votantes que venían participando regularmente.

Durante los días que quedaban no se consiguió reconstruir por completo aquella capacidad de movilización mediante nuevos votantes.

Los 12.663 votos finales parecen una gran distancia.
En una votación diaria equivalían, aproximadamente, a unos dos mil votantes mantenidos durante los últimos días.

Mi última publicación decía: «Enhorabuena Graus: Finalista #MejorRincon2015. No ha sido posible ganar, pero muchísima gente conoce lo bonita que es la Plaza Mayor de Graus.»

Publicación final de Caminos de Barbastro sobre Graus Mejor Rincón 2015

10 de septiembre de 2015. La última publicación de la campaña: Graus no había ganado, pero había llegado a la final y durante semanas su Plaza Mayor había conseguido una enorme difusión.

Hubo decepción, naturalmente. Después de varias semanas siguiendo diariamente el marcador y de haber llegado a estar por delante, perder la final resultó difícil.

Pero también quedó en Graus la sensación de haberlo intentado de verdad. La Plaza Mayor había llegado hasta una final nacional, había movilizado a miles de personas y durante semanas había conseguido que se hablara de Graus dentro y fuera de Aragón.

El concurso no se ganó, pero la campaña sí había cumplido otro de sus objetivos: promocionar Graus y dar a conocer su Plaza Mayor.

El último Mejor Rincón de España

La edición de 2015 fue la cuarta y última del concurso. No he encontrado una explicación pública de Guía Repsol que permita saber con seguridad por qué el certamen no continuó.

En 2014 hubo una final problemática que terminó excepcionalmente con dos ganadores después de una movilización enorme y de problemas técnicos en la votación.

En 2015 volvió a producirse una final extraordinariamente disputada y, durante su desarrollo, hubo cambios en la forma en que se admitían determinados procedimientos de voto.

En 2016 ya no hubo concurso.

Hoy tampoco existe aquella página de votación. Quedan algunas noticias en la hemeroteca, pero buena parte de la memoria de aquella competición ha desaparecido.

¿Tendría hoy sentido un concurso así?

Visto desde 2026, resulta interesante preguntarse si un concurso como El Mejor Rincón de España funcionaría hoy de la misma manera.

En 2015 todavía era relativamente posible movilizar a una comunidad alrededor de una página de Facebook, un blog, una asociación o un territorio. Una publicación podía circular durante días mediante compartidos, comentarios y recomendaciones entre personas.

Hoy el escenario es mucho más fragmentado. Facebook ha perdido parte de aquel papel central, Instagram y TikTok funcionan con otras lógicas y una parte importante de la comunicación cotidiana se ha desplazado hacia WhatsApp, Telegram y otros espacios privados.

En un mundo digital cada vez más global resulta también más difícil mantener durante días una movilización local. Las personas reciben continuamente llamadas a votar, compartir, firmar o apoyar iniciativas. La atención se ha convertido en un recurso escaso.

Y existe además un problema todavía más importante: cómo saber qué representa realmente un voto.

En este tipo de concursos aparece una dificultad que podríamos describir como la de los «votos fantasma»: un contador puede mostrar miles de votos, pero desde fuera no siempre es posible conocer cuántas personas distintas hay realmente detrás, cómo se han organizado esos votos o hasta qué punto determinados sistemas pueden multiplicar la capacidad de participación.

Eso no significa que podamos atribuir una irregularidad concreta a una candidatura. Los movimientos llamativos de un marcador no demuestran por sí solos que existan votos falsos.

Pero sí muestran una debilidad importante de estas votaciones: podemos conocer cuántos votos registra una plataforma, pero no necesariamente cuántas personas reales y autónomas representan esos votos ni cómo se han generado.

En 2015 nosotros mismos utilizábamos sistemas muy intensivos de organización, como el voto delegado, que permitían mantener diariamente a miles de personas dentro de la competición. Al observar únicamente el contador de otra candidatura era imposible conocer con la misma precisión cómo estaba consiguiendo sus votos.

Si se permite votar repetidamente, adquiere mucho peso la capacidad de organización de cada candidatura. Si se exige registro, teléfono móvil y verificaciones complejas, se dificulta la participación. Y si votar es demasiado sencillo, aumenta el riesgo de cuentas múltiples, automatización o sistemas capaces de generar una apariencia de movilización mayor que la real.

Cuanto más fácil es votar, más difícil puede resultar garantizar la fiabilidad.
Cuanto más segura es la votación, más difícil puede resultar movilizar a la gente.

Hoy esa dificultad sería todavía mayor. Las herramientas de automatización son mucho más accesibles que hace una década y cualquier concurso basado fundamentalmente en un contador público necesitaría sistemas de comprobación mucho más sofisticados.

También cabe preguntarse qué mide realmente un concurso popular de este tipo.

No necesariamente cuál es objetivamente el rincón más bonito, sino qué candidatura consigue organizar mejor a su comunidad, mantenerla movilizada y convertir esa movilización en votos.

Eso no le resta valor. Al contrario: puede convertirse en una extraordinaria herramienta de promoción territorial. Pero conviene entender qué es lo que realmente se está midiendo.

La experiencia de Graus en 2015 lo mostró con bastante claridad. La Plaza Mayor no se volvía más o menos hermosa según subiera o bajara el marcador. Lo que cambiaba cada día era la capacidad de dos territorios para movilizar personas alrededor de un lugar que querían dar a conocer.

Al perder, dejó de importar

Después del 10 de septiembre todo terminó muy deprisa.

Las mesas desaparecieron, las redes dejaron de pedir votos y las instituciones pasaron a otros asuntos.

Yo mismo dejé de pensar en ello durante años. Pero había guardado los archivos.

Las hojas de cálculo.
Las capturas de Facebook.
Los marcadores horarios.
El tutorial.
Los gráficos.
El informe.

Once años después, esa documentación permite reconstruir con bastante precisión una historia que, de otro modo, habría quedado reducida a una sola frase:

Graus fue finalista de El Mejor Rincón de España 2015.
Y ocurrió mucho más que eso.

Una derrota de la que aprendí mucho

Graus no ganó. Pero aquella campaña me enseñó que una red social podía utilizarse no solo para comunicar, sino para movilizar.

Aprendí a medir qué mensajes funcionaban, a segmentar territorialmente una campaña y a comprobar cuántas personas llegaban realmente al lugar donde queríamos que actuaran.

Aprendí también que un marcador servía para algo más que conocer quién iba ganando.

Y, sobre todo, aprendí a mirar cómo se producía el resultado y no solamente el resultado final.

Seis años después, Lecina

En 2021 apareció otra historia: la candidatura de la Carrasca de Lecina al Árbol Europeo del Año.

Era otro concurso, con otras reglas y otro contexto. Pero ahora, al comparar ambas campañas, veo muchas similitudes.

Volví a observar marcadores. Volví a comparar ritmos de voto. Volví a utilizar las redes sociales para movilizar personas.

Esta vez el resultado fue diferente. La Carrasca de Lecina ganó con 104.264 votos.

Once años después, al recuperar todos estos archivos, comprendo mejor que algunas de las cosas que utilicé en aquella campaña de 2021 las había aprendido seis años antes.

En 2015 Graus no ganó El Mejor Rincón de España. Pero allí aprendí una forma de observar, comunicar y movilizar que volvería a utilizar años después.

Todo había comenzado cuando Graus se atrevió a competir contra toda España.

Plaza Mayor de Graus

Once años después, el concurso ha desaparecido. La Plaza Mayor de Graus sigue allí.


Esta entrada reconstruye la campaña de 2015 a partir de documentación, gráficos, estadísticas y publicaciones conservadas por el autor. Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida e inteligencia artificial.

Entradas relacionadas:

📖 Plaza de Graus, Mejor Rincón 2015 — entrada publicada durante la propia campaña de 2015.

🌳 La Carrasca de Lecina: anatomía de una victoria colectiva — la campaña de 2021, reconstruida cinco años después.

Daniel Vallés Turmo

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