Torreciudad desde el Obispado
La historia que empezó antes del gran santuario
Torreciudad puede contarse desde distintos puntos de partida. En Torreciudad antes de Torreciudad seguimos el camino que, a partir de los años cincuenta, llevó desde la recuperación de la antigua ermita hasta el gran santuario actual. Primero se pensó en restaurar lo que existía, después en levantar una casa para actividades, más tarde una pequeña iglesia y finalmente un gran centro de peregrinación. Pero la misma historia puede recorrerse en sentido contrario.
Cuando aquel proyecto comenzó, Torreciudad no era simplemente una ermita deteriorada esperando que alguien la recuperase. Detrás había siglos de historia religiosa vinculada a la diócesis de Barbastro: una Casa-Santuario, hospedería, bienes, sacerdotes priores y peregrinaciones procedentes de distintos territorios del Alto Aragón.
Vista desde el Obispado, por tanto, la pregunta cambia:
¿Qué ocurrió con aquella antigua realidad mientras nacía y crecía el nuevo Torreciudad?
Esta entrada reconstruye la historia desde la perspectiva del Obispado de Barbastro-Monzón. Cuando un mismo documento o acontecimiento admite interpretaciones diferentes, se incorpora también la lectura del Opus Dei para que pueda entenderse dónde se encuentra realmente el desacuerdo.
Torreciudad antes del gran Torreciudad
Durante siglos, la pequeña ermita situada sobre el Cinca formó parte de una realidad religiosa más amplia. Torreciudad estuvo estrechamente relacionado con Bolturina, pero tenía también una organización propia dentro de la diócesis de Barbastro. Un documento de 1794 permite conocer bastante bien aquella estructura. El obispo Agustín de Abbad y Lasierra nombró entonces a José Faro vicario perpetuo de la Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad. La expresión resulta significativa: Casa y Santuario.
No había únicamente una ermita. Existía también una hospedería para atender a quienes llegaban hasta aquel lugar, bienes destinados a su sostenimiento y un sacerdote encargado de su vida religiosa. Los inventarios posteriores muestran incluso la dimensión cotidiana de aquella realidad: camas, alimentos, animales y utensilios domésticos convivían con los objetos destinados al culto. Torreciudad era pequeño, pero no era un lugar sin organización. A comienzos del siglo XX seguía siendo un centro mariano conocido más allá del entorno inmediato. Se celebraban ejercicios espirituales, confesiones y peregrinaciones procedentes de diferentes zonas de la diócesis.
Cuando las fuentes antiguas utilizan la palabra santuario, conviene introducir una precisión: esa denominación histórica y devocional no debe identificarse automáticamente con la figura jurídica de santuario regulada actualmente por el Código de Derecho Canónico.
Mucho antes de existir el gran Torreciudad, aquel lugar ya tenía una identidad religiosa propia dentro de la diócesis de Barbastro.
1936: cuando se rompe una continuidad
La Guerra Civil alteró profundamente aquella realidad. El último prior residente, José Muzás Lalueza, tuvo que abandonar Torreciudad en 1936 y posteriormente fue asesinado. La ermita y la casa fueron saqueadas y la propia imagen de la Virgen estuvo en peligro, aunque pudo salvarse. Después de la guerra sobrevivieron la devoción y el cuidado del lugar, pero no volvió a recuperarse de la misma manera la estructura anterior. Ya no encontramos aquella continuidad formada por prior residente, Casa-Santuario, hospedería y vida cotidiana alrededor de la ermita.
La Guerra Civil no dañó solamente unos edificios. Rompió también una forma tradicional de organizar Torreciudad.
1956: recuperar una realidad antigua
Cuando en 1956 personas vinculadas a Josemaría Escrivá volvieron su mirada hacia Torreciudad, encontraron una ermita deteriorada y una antigua estructura religiosa muy debilitada. Pero encontraron también una devoción que había sobrevivido. Aquí comienzan a encontrarse las dos historias. Desde la perspectiva del Opus Dei, 1956 marca el inicio del camino que acabará conduciendo al gran santuario. Desde la perspectiva del Obispado, inicialmente se trataba de recuperar y asegurar el futuro de un antiguo lugar mariano perteneciente a la diócesis. Y conviene recordar algo que hemos podido comprobar al reconstruir la evolución arquitectónica:
En 1956 todavía no existía el proyecto del gran santuario actual.
Lo que existía era una antigua ermita que necesitaba ser recuperada.
1962: poner por escrito aquella recuperación
El 24 de septiembre de 1962 se formalizó mediante escritura pública un acuerdo para la recuperación y conservación de Torreciudad. La diócesis conservaba el dominio directo y mediante un censo enfitéutico se cedía el dominio útil del antiguo conjunto. Entre las condiciones figuraba una que adquiriría mucha importancia décadas después: la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad no debía retirarse de la ermita. Pero debemos situarnos en 1962 y evitar leer aquel documento desde el conflicto actual. Cuando se firma la escritura, el gran santuario todavía no estaba proyectado en la forma que conocemos hoy. El acuerdo se refiere fundamentalmente al Torreciudad que entonces existía.
1963–1967: el proyecto cambia de escala
La transformación no ocurrió de una sola vez. En 1963, Heliodoro Dols recibió inicialmente el encargo de proyectar una pequeña casa destinada a actividades cerca de la antigua ermita. Las dificultades físicas del lugar llevaron a trasladar el proyecto hacia una explanada cercana. Después apareció una pequeña iglesia. En 1966 la documentación habla ya de un «nuevo Santuario». Y hacia 1967 Josemaría Escrivá impulsa una escala mucho mayor: un gran centro capaz de recibir importantes peregrinaciones.
Esta evolución puede seguirse con más detalle en Torreciudad antes de Torreciudad. Vista ahora desde el Obispado, plantea otra cuestión. El acuerdo de 1962 había nacido alrededor de la antigua ermita. El proyecto de finales de los sesenta era ya algo completamente distinto en dimensión y función. A medida que el proyecto cambiaba de escala, también fueron apareciendo nuevos acuerdos y soluciones jurídicas para una realidad que ya no era la misma de 1962.
1966: un documento y dos interpretaciones
El 15 de julio de 1966 se documentó un acuerdo en el que intervino el obispo Jaime Flores y que conocemos actualmente a través de un testimonio notarial expedido el 8 de septiembre de aquel año. El texto es importante. Reconoce que la antigua ermita era insuficiente para atender adecuadamente a los peregrinos y contempla la construcción de un «nuevo Santuario» próximo a ella. Y establece expresamente que en él:
«reciba culto y veneración la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad».
También contempla que la antigua ermita y los terrenos del nuevo santuario constituyan un único recinto. Para el Opus Dei, el significado resulta bastante claro: el obispo conocía y aceptaba el nuevo proyecto y que la imagen recibiera culto allí. El Obispado actual introduce, sin embargo, otra cuestión. El documento hoy conocido es un testimonio notarial que da fe de otro documento privado. Ese original de julio de 1966 no se ha hecho público y la diócesis afirma que no dispone de él. Eso no convierte el testimonio notarial en un documento carente de valor. Pero deja abierta una pregunta que hoy resulta fundamental:
¿Autorizar que la Virgen recibiera culto en el nuevo santuario significaba también autorizar que abandonara definitivamente la antigua ermita?
1970–1975: se construye el gran Torreciudad
La mayor parte de las obras del nuevo complejo se desarrolló durante el episcopado de Damián Iguacen. En 1973, el nuevo templo quedó configurado canónicamente como oratorio semipúblico de un centro del Opus Dei, con licencia del obispo de Barbastro. Eso significa que el nuevo templo tenía una situación canónica concreta y conocida. Pero no había sido erigido jurídicamente como santuario.
Torreciudad fue conocido y vivido durante décadas como santuario, aunque el nuevo templo hubiera nacido canónicamente como oratorio semipúblico.
Mientras tanto, la diferencia entre los dos espacios se hacía enorme. La antigua ermita seguía existiendo, restaurada, pero unos cientos de metros más arriba estaba naciendo un complejo capaz de recibir a miles de personas. El nuevo Torreciudad no hizo desaparecer físicamente al antiguo. Pero cambió completamente su escala y su centralidad.
1975: ¿dónde debía quedarse la Virgen?
En 1975 el gran proyecto se hizo realidad. El 26 de mayo, Josemaría Escrivá visitó el nuevo Torreciudad prácticamente terminado. Falleció un mes después, el 26 de junio. El 7 de julio comenzó la actividad del nuevo templo. La imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad quedó instalada allí. Desde la perspectiva del Opus Dei, aquello culminaba un proceso desarrollado durante casi veinte años. El testimonio de 1966 recogía expresamente que la Virgen recibiría culto en el nuevo santuario. Pero el actual Obispado reconstruye aquel momento de otra manera.
Según la documentación que ha dado a conocer en 2026, Ambrosio Echebarría, recién llegado a la diócesis, consideró que la permanencia de la imagen en el nuevo templo no contaba con autorización suficiente y reclamó a Florencio Sánchez Bella su regreso a la antigua ermita.
El Obispado afirma que Ambrosio Echebarría reclamó ya en 1975 el regreso de la Virgen a la antigua ermita. Hasta el momento, la carta original en la que se habría formulado esa reclamación no se ha hecho pública. Por ello, esta entrada atribuye expresamente esta información a la reconstrucción documental ofrecida por la diócesis.
Cuatro documentos, cuatro momentos
Escritura pública del censo enfitéutico sobre el antiguo Torreciudad.
Testimonio notarial sobre el nuevo santuario y el culto de la imagen.
Configuración canónica como oratorio semipúblico con licencia episcopal.
Comienza la actividad del gran Torreciudad y la imagen permanece en él.
Ninguno de estos momentos explica por sí solo toda la situación actual. El desacuerdo surge precisamente al determinar cómo se relacionan entre ellos.
1975–2020: una larga normalidad pastoral
Sería, sin embargo, un error saltar directamente desde aquella posible discrepancia de 1975 hasta el conflicto actual. Entre ambos momentos transcurrieron aproximadamente cuarenta y cinco años. Y durante esas décadas encontramos una relación pastoral ampliamente normalizada. Los obispos de Barbastro acudieron a Torreciudad, presidieron celebraciones y reconocieron públicamente su importancia religiosa. Para peregrinos, medios de comunicación, responsables eclesiásticos y la propia diócesis, Torreciudad era habitualmente el santuario de Torreciudad. Pero jurídicamente el templo seguía teniendo otra configuración.
Durante décadas esa diferencia apenas tuvo consecuencias visibles. El lugar funcionaba, los peregrinos acudían, el Opus Dei desarrollaba allí su actividad y los obispos participaban normalmente en su vida religiosa. La antigua ermita, mientras tanto, había perdido su antigua centralidad. La Virgen original estaba en el nuevo templo. Las grandes celebraciones se desarrollaban allí. Los nuevos accesos conducían fundamentalmente al gran complejo. Sin necesidad de una decisión explícita que la relegara, la antigua ermita había pasado de ser Torreciudad a convertirse en la antigua ermita de Torreciudad.
La aceptación pastoral del nuevo Torreciudad fue muy clara. Eso no demuestra, por sí solo, que todas las cuestiones jurídicas hubieran quedado definitivamente resueltas.
2020: revisar una situación que llevaba décadas funcionando
En 2020, el propio Opus Dei planteó actualizar algunos aspectos jurídicos de Torreciudad. El Obispado reconoce que recibió primero una petición verbal y después una solicitud escrita de novación del marco existente. No había comenzado todavía el conflicto público. En principio se trataba de adaptar una realidad nacida décadas atrás a las circunstancias jurídicas y canónicas actuales. Pero hacerlo obligaba a volver a los documentos: qué seguía significando la escritura de 1962, qué había modificado realmente el acuerdo conocido mediante el testimonio de 1966, cuál era exactamente el estatuto del nuevo templo, qué competencias correspondían a cada parte y qué ocurría con la imagen original.
Lo que comenzó como una actualización jurídica fue sacando a la superficie cuestiones que durante décadas no habían impedido el funcionamiento cotidiano de Torreciudad.
2022–2024: de la negociación al conflicto
En diciembre de 2022, según la cronología difundida posteriormente, la diócesis cuestionó formalmente la continuidad del antiguo censo enfitéutico y reclamó la restitución de la imagen y del antiguo conjunto. Pero aquello no terminó inmediatamente con las conversaciones. Todavía a comienzos de 2023 ambas partes seguían buscando un nuevo marco contractual. El conflicto se hizo público en julio, cuando el obispo nombró un rector diocesano para Torreciudad y el Opus Dei recurrió la decisión ante la Santa Sede.
A partir de entonces comenzaron a avanzar dos planos distintos: por un lado, la vía canónica, relacionada con el estatuto del templo, el rector y la autoridad pastoral; por otro, la vía civil, relacionada con el censo enfitéutico, la ermita y la imagen. Y, aun así, siguieron existiendo intentos de acuerdo. En agosto de 2023, el Opus Dei presentó una propuesta que contemplaba incluso convertir el nuevo templo en santuario diocesano. Eso demuestra que, incluso entonces, el desacuerdo no consistía en decidir si Torreciudad debía seguir existiendo. El problema era cómo regularlo y qué derechos conservaba cada parte.
Finalmente, el 25 de septiembre de 2024, el Obispado anunció que confiaba a la Santa Sede la solución de las diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral del complejo. El 9 de octubre de 2024, el papa Francisco nombró a Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana, comisario pontificio plenipotenciario y delegado de la Santa Sede para Torreciudad.
El nombramiento de Arellano marca un cambio decisivo. Ya no se trata únicamente de una negociación bilateral entre el Obispado y el Opus Dei: la Santa Sede encomienda a un comisario pontificio plenipotenciario la misión de buscar una solución a sus diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral de Torreciudad. Desde entonces, ambas partes han manifestado su disposición a colaborar con él y a esperar la resolución de la Santa Sede.
Dos maneras de leer la misma historia
| Momento | Desde el Obispado | Desde el Opus Dei |
|---|---|---|
| 1962 | Se cede el uso de una realidad diocesana conservando derechos y obligaciones sobre la ermita y la imagen. | Se establece un marco duradero para recuperar y desarrollar Torreciudad. |
| 1966 | Se acepta un nuevo santuario y el culto de la Virgen allí, pero se discute que eso implique su traslado definitivo. | Jaime Flores acepta el nuevo santuario y que la imagen reciba allí culto y veneración. |
| 1975–2020 | La normalidad pastoral no supone necesariamente que hayan desaparecido todos los derechos anteriores. | Casi medio siglo de funcionamiento público y normal confirma la estabilidad de la situación. |
| 2020–2024 | La regularización hace aflorar cuestiones jurídicas que seguían pendientes. | Una actualización jurídica termina cuestionando una realidad consolidada durante décadas. |
Las dos partes comparten buena parte de los hechos. Lo que cambia es el significado jurídico que atribuyen a algunos de ellos.
Junio-julio de 2025: Arellano intenta acercar posiciones
El trabajo de Alejandro Arellano no quedó limitado a su nombramiento. En junio de 2025 comenzaron a circular informaciones según las cuales el comisario pontificio estaba preparando una posible salida para Torreciudad. Algunos medios llegaron a hablar de un principio de acuerdo sobre el gobierno del santuario, el nombramiento del rector y la relación de la imagen original con la antigua ermita.
Sin embargo, el 24 de junio de 2025 el Opus Dei salió públicamente al paso de aquellas informaciones. En un breve comunicado negó que existiera un acuerdo cerrado y precisó que seguía «a la espera de la resolución que proponga el comisario pontificio, Mons. Arellano». El dato es importante: demuestra que en aquel momento ya existía un trabajo de mediación avanzado, pero también que la Prelatura no consideraba aprobada como definitiva ninguna de las soluciones que estaban circulando.
En junio de 2025 se habló públicamente de una posible fórmula de acuerdo, pero el Opus Dei negó que estuviera cerrada y remitió expresamente a la futura resolución de Arellano. Conviene, por tanto, distinguir entre las soluciones que se estaban estudiando o filtrando y una resolución formal del comisario, que todavía no se había producido.
Una semana después, el 1 de julio de 2025, el Obispado hizo pública su propia propuesta a la Santa Sede. Planteaba que el nuevo Torreciudad, que seguía teniendo jurídicamente la condición de oratorio semipúblico, fuera reconocido como Santuario Internacional directamente dependiente de Roma; que el Opus Dei pudiera designar libremente al rector; que el complejo tuviera independencia económica respecto de la diócesis; y que la imagen original de la Virgen regresara a la antigua ermita.
La propuesta mostraba hasta dónde estaba dispuesto a llegar entonces el Obispado: renunciaba al gobierno ordinario y a cualquier beneficio económico derivado del gran santuario, pero mantenía como cuestión esencial la devolución de la imagen. El Opus Dei respondió que continuaba a disposición del comisario pontificio y a la espera de su resolución.
Este episodio resulta importante porque evita imaginar que entre 2024 y 2026 Arellano permaneció simplemente a la espera. Hubo una mediación activa y se estudiaron fórmulas concretas, pero ninguna quedó consolidada como solución definitiva. Precisamente esa falta de cierre ayudará a entender la escalada pública que se produjo pocas semanas después.
8 de septiembre de 2025: Francisco entra públicamente en el conflicto
Hay un momento anterior a la publicación de las cartas que conviene señalar porque marca una verdadera escalada del conflicto. El 8 de septiembre de 2025, durante la homilía de la Natividad de Nuestra Señora en la catedral de Barbastro, el obispo Ángel Pérez Pueyo hizo pública por primera vez de manera muy directa la intervención personal del papa Francisco en Torreciudad.
Hasta entonces se sabía que la Santa Sede estaba interviniendo y que Alejandro Arellano había sido nombrado comisario pontificio, pero Pérez Pueyo dio un paso más: afirmó que Francisco había apoyado su posición y reveló la existencia de cartas manuscritas del pontífice. Citó la expresión «Ángel, no cedás», de una carta de 2023, y explicó que en otra, fechada el 13 de octubre de 2024, Francisco le había advertido sobre las que denominaba «intrigas mafiosas» en torno al conflicto.
La homilía del 8 de septiembre de 2025 cambió la dimensión pública del conflicto. Por primera vez el obispo no sólo defendía su interpretación histórica y jurídica, sino que presentaba abiertamente al papa Francisco como respaldo de su posición y cuestionaba que una solución diferente respetara la voluntad del pontífice fallecido. Desde ese momento, el conflicto dejó de ser únicamente una discusión entre el Obispado y el Opus Dei sobre documentos, competencias e imagen: entró también en juego la interpretación de cuál había sido la voluntad de Francisco.
Aquel día las cartas todavía no se publicaron íntegramente. Pérez Pueyo habló de ellas, citó algunos de sus pasajes y manifestó que estaba dispuesto a mostrarlas. La existencia de esos documentos quedó así incorporada al debate público, pero su contenido completo seguía sin poder ser examinado directamente.
3 de septiembre de 2026: las cartas salen a la luz
Casi un año después, el 3 de septiembre de 2026, El País publicó las dos cartas manuscritas hasta entonces inéditas que Francisco había enviado a Ángel Pérez Pueyo durante el conflicto. La revelación permitió comprobar directamente aquello que el obispo había adelantado en su homilía del año anterior.
La carta del 13 de julio de 2023 contenía la expresión «¡No cedás!». La del 13 de octubre de 2024 mostraba igualmente que Francisco conocía de primera mano la tensión existente y seguía personalmente la evolución de Torreciudad.
8 de septiembre de 2025: Pérez Pueyo revela públicamente que Francisco le había escrito y cita algunos de sus mensajes.
3 de septiembre de 2026: las cartas se publican y pueden ser conocidas directamente.
La primera fecha marca la escalada pública del conflicto; la segunda modifica de nuevo el relato porque permite comprobar documentalmente el respaldo personal de Francisco al obispo.
Las cartas no resolvían jurídicamente la disputa ni demostraban por sí solas que todas las tesis del Obispado fueran correctas. Pero sí hacían visible algo que hasta entonces sólo conocíamos por las declaraciones del propio Pérez Pueyo: Francisco había respaldado personalmente al obispo y había seguido directamente el conflicto. Su publicación reforzó, por tanto, la posición del Obispado en el terreno del relato público y modificó la forma en que muchos observadores interpretaron la intervención de Roma.
La reacción fue inmediata. Ese mismo 3 de septiembre, el Opus Dei defendió públicamente que el traslado de la imagen al nuevo templo había contado con la aceptación del obispo Jaime Flores y volvió a apoyarse en la documentación de 1966. La publicación de las cartas, por tanto, no cerró la discusión: añadió una nueva capa al conflicto, porque a los documentos históricos de 1962, 1966 y 1973 se incorporaba ahora una pregunta distinta: qué peso debía tener la voluntad expresada por Francisco en una controversia que todavía esperaba una resolución definitiva de la Santa Sede.
5 de septiembre de 2026: la Virgen vuelve por un día a la ermita
Dos días después de la publicación de las cartas de Francisco se produjo otro momento significativo. El 5 de septiembre de 2026, con motivo de la 47.ª Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles regresó por un día a la antigua ermita. El traslado desde su camarín en el nuevo templo había sido solicitado por el obispo y autorizado por el comisario pontificio, Alejandro Arellano.
La jornada comenzó precisamente en la ermita, donde la Virgen recibió a las distintas advocaciones marianas. Después, la celebración continuó en el santuario moderno. Esa secuencia tenía una fuerte carga simbólica: durante unas horas, los dos Torreciudad quedaban unidos en una misma celebración, primero en la pequeña ermita histórica y después en el gran templo construido en el siglo XX.
La homilía de Ángel Pérez Pueyo resultó especialmente importante porque introdujo un tono diferente al de los días más duros del conflicto. El obispo reconoció expresamente el bien realizado en Torreciudad durante décadas: habló de confesiones, conversiones, vocaciones, familias que habían recuperado la fe y personas que habían encontrado a Jesucristo de la mano de María. La propia información diocesana destacó su agradecimiento por «todo el bien realizado por la Prelatura del Opus Dei en Torreciudad a lo largo de los años».
El núcleo de la homilía no fue negar la obra realizada por el Opus Dei, sino situarla dentro de una relación eclesial más amplia. Pérez Pueyo expresó su deseo de que Torreciudad siguiera siendo un gran foco de evangelización y pastoral familiar, pero «plenamente integrado en la diócesis». Esa fórmula resume bastante bien la posición episcopal que aparece al final de todo este proceso: continuidad de la misión de Torreciudad, sí; pero integrada en la Iglesia particular de Barbastro-Monzón.
Ese matiz es importante porque evita reducir la posición del Obispado a una reclamación patrimonial o a la ubicación de la Virgen. En la homilía del 5 de septiembre aparece con claridad una cuestión de fondo que atraviesa todo el conflicto: cómo encajar el gran Torreciudad dentro de la estructura diocesana sin borrar la identidad y la labor pastoral desarrolladas allí por el Opus Dei.
2026: el conflicto termina concentrándose en la Virgen
A medida que avanzaba la mediación, la posición del Obispado fue quedando cada vez más concentrada en un punto. La diócesis aceptaba que el gran Torreciudad pudiera convertirse en santuario internacional dependiente de la Santa Sede, que el Opus Dei mantuviera allí su misión pastoral e incluso que pudiera designar al rector. También manifestó su disposición a renunciar al gobierno del nuevo complejo, a compensaciones económicas y a cualquier responsabilidad sobre sus bienes y cuentas.
La condición que Pérez Pueyo presentó como irrenunciable era otra: la imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad debía regresar a la antigua ermita. De esta manera, un conflicto que había comenzado alrededor de contratos, estatuto canónico, rector, competencias y propiedad fue reduciéndose progresivamente hasta quedar simbolizado en la ubicación habitual de la Virgen.
Esta evolución se produce siempre dentro del marco abierto por Arellano. Las propuestas de 2025 y 2026 no sustituyen su intervención: forman parte precisamente del escenario que el comisario pontificio debe ordenar y sobre el que la Santa Sede tendrá que pronunciarse.
En septiembre de 2026 las dos partes han expuesto públicamente sus argumentos esenciales. El Opus Dei sostiene que los acuerdos de 1962 y 1966 legitiman la permanencia de la imagen en el nuevo templo. El Obispado de Barbastro-Monzón considera que ninguno de esos documentos acredita una cesión permanente del derecho a disponer de la talla.
Ambas partes remiten ahora, desde posiciones distintas, a la resolución de la Santa Sede.
De unir dos Torreciudad a volver a distinguirlos
Aquí aparece una curiosa paradoja histórica. En 1966 se intentaba integrar la antigua ermita y el nuevo santuario dentro de una misma realidad. Sesenta años después, la propuesta episcopal vuelve a distinguirlos. Arriba, un gran santuario internacional, con su enorme capacidad pastoral y vinculado a la misión desarrollada por el Opus Dei. Abajo, la antigua ermita diocesana, que recuperaría la presencia habitual de la imagen original.
En 1966 se intentó hacer de los dos Torreciudad una unidad. En 2026 el Obispado propone reconocer nuevamente sus diferencias.
Dos Torreciudad, una historia compartida
En Torreciudad antes de Torreciudad vimos cómo una pequeña ermita terminó dando origen, paso a paso, a un gran centro de peregrinación. Vista desde el Obispado, la misma historia plantea una pregunta diferente:
¿Qué ocurrió durante aquella transformación con la antigua ermita, con su Virgen y con los derechos que la diócesis considera que conservó sobre el lugar del que había partido todo?
Las dos historias no se excluyen. Sin Josemaría Escrivá difícilmente existiría el Torreciudad moderno. Sin la antigua ermita, su Virgen y los siglos de devoción anteriores, tampoco habría existido el proyecto que Escrivá decidió impulsar. El gran Torreciudad no apareció de una sola vez ni nació de un único documento. Fue creciendo mediante decisiones sucesivas: acuerdos civiles, autorizaciones canónicas, proyectos arquitectónicos y una práctica pastoral consolidada durante décadas.
El problema de Torreciudad no nace de que faltara todo marco jurídico, sino precisamente de lo contrario: existen varios marcos nacidos en momentos distintos y no todos producen hoy la misma interpretación.
Vista desde el Opus Dei, esta historia explica cómo la antigua ermita dio origen a un gran santuario. Vista desde el Obispado, plantea otra pregunta:
¿Qué debía conservar aquella ermita después de haber dado origen a algo mucho mayor que ella?
Quizá ahí siga estando, setenta años después, una de las claves para entender Torreciudad.
Desde octubre de 2024 la búsqueda de una solución está encomendada por la Santa Sede a Alejandro Arellano Cedillo, comisario pontificio plenipotenciario para Torreciudad. En septiembre de 2026 no se ha hecho pública una resolución definitiva. La publicación de las cartas de Francisco el 3 de septiembre cambió de forma importante la percepción pública del conflicto, pero no sustituyó la decisión pendiente. El problema ya no depende solamente de que el Obispado y el Opus Dei alcancen por sí solos un acuerdo: está encauzado a través de la intervención de la Santa Sede y del comisario nombrado para buscar una solución.
Para seguir recorriendo Torreciudad
Torreciudad antes de Torreciudad
Cómo una pequeña ermita terminó convirtiéndose, paso a paso, en el gran santuario actual.
Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
La transformación del lugar desde la antigua ermita sobre el Cinca hasta el actual santuario junto al embalse.
Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto
La relación de Josemaría Escrivá con Barbastro y el papel del Obispado en una historia mucho más antigua que la disputa actual.
Torreciudad: una solución para que nadie tenga que desaparecer
Una propuesta personal para intentar compatibilizar el futuro del gran santuario con la recuperación de la antigua ermita.
Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino
La antigua relación de Torreciudad con Bolturina y con un territorio transformado después por el embalse y las nuevas carreteras.
Fuentes y documentación
Para reconstruir esta historia se han utilizado documentos históricos, fuentes del Obispado de Barbastro-Monzón y del Opus Dei, así como documentos y comunicaciones publicados durante el conflicto. No todos los textos tienen la misma naturaleza jurídica ni el mismo valor probatorio.
El antiguo Torreciudad
Resulta especialmente útil la documentación sobre el nombramiento de José Faro en 1794, donde aparece la expresión «Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad», junto con información sobre la residencia del sacerdote, bienes y rentas vinculados al lugar. Se han utilizado también documentación histórica sobre los antiguos priores, la Casa-Santuario y la hospedería, información patrimonial de SIPCA y estudios sobre José Muzás Lalueza y los acontecimientos de 1936.
De la recuperación de la ermita al nuevo Torreciudad
Para el periodo iniciado en 1956 se han utilizado las reconstrucciones históricas publicadas por Torreciudad y el Opus Dei, la escritura pública de 24 de septiembre de 1962 y el testimonio notarial de 8 de septiembre de 1966, relativo al acuerdo fechado el 15 de julio de aquel año. La evolución arquitectónica del proyecto entre 1963 y 1975 puede seguirse también mediante el documental dedicado a la construcción del nuevo Torreciudad.
El nuevo templo y el conflicto contemporáneo
Para el estatuto del templo y el conflicto posterior se han contrastado las comunicaciones oficiales del Obispado de Barbastro-Monzón, las explicaciones jurídicas publicadas por el Opus Dei, la documentación relativa al nombramiento del rector, las propuestas de regularización y la intervención de la Santa Sede.
Enlaces principales consultados
- José Faro, prior de Torreciudad: documentación de 1794.
- Opus Dei: preguntas y respuestas sobre la situación jurídica de Torreciudad.
- Testimonio notarial de 8 de septiembre de 1966.
- Obispado de Barbastro-Monzón: comunicado sobre Torreciudad.
- Obispado: elevación de la regulación de Torreciudad a la Santa Sede (2024).
- Vatican News: nombramiento de Alejandro Arellano Cedillo como comisario pontificio.
- Obispado: propuesta sobre el futuro del complejo de Torreciudad (2025).
- Opus Dei: aclaración del 24 de junio de 2025 sobre el supuesto acuerdo y la resolución pendiente de Arellano.
- Cadena SER: propuesta del Obispado del 1 de julio de 2025 para un Santuario Internacional.
- Obispado: comunicado sobre el regreso de la imagen a la ermita-santuario (2026).
- Diócesis de Barbastro-Monzón: crónica de la romería del 5 de septiembre de 2026 y síntesis de la homilía.
- Cadena SER: crónica de la romería y autorización de Arellano para el traslado temporal de la imagen.
- Obispado de Barbastro-Monzón: homilía y posición pública de Ángel Pérez Pueyo del 8 de septiembre de 2025.
- El País: publicación de las cartas inéditas del papa Francisco a Ángel Pérez Pueyo (3 de septiembre de 2026).
- El País: respuesta del Opus Dei publicada el mismo 3 de septiembre de 2026.
- Opus Dei: precisiones sobre Torreciudad (3 de septiembre de 2026) .
- Obispado de Barbastro-Monzón: aclaraciones sobre la titularidad, posesión y disposición de la imagen original (septiembre de 2026) .
La reconstrucción realizada por el Obispado en 2026 menciona una carta del obispo Ambrosio Echebarría a Florencio Sánchez Bella reclamando el regreso de la imagen. Al cierre de esta entrada no he localizado la publicación del documento original, por lo que cualquier referencia a su contenido se atribuye expresamente a la versión ofrecida por la diócesis.
Daniel Vallés Turmo
Septiembre de 2026
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