Mostrando entradas con la etiqueta somontano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta somontano. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de octubre de 2026

Camino de San Ramón: trazado histórico y rutas para recorrerlo hoy

En 2012 comencé a investigar el Camino de San Ramón, también conocido como Camino del destierro de San Ramón, intentando reconstruir los antiguos caminos relacionados con la salida del santo desde Barbastro hacia Roda de Isábena.

Aquel trabajo fue creciendo durante los años siguientes. En 2016 reuní en un libro el recorrido entre Barbastro y el Hospital de Vielha, prolongando el camino hacia el Pirineo. Finalmente, en 2019, continué la investigación al otro lado de la cordillera hasta Saint-Bertrand-de-Comminges.

Con el tiempo, una parte de aquellos recorridos terminó formando parte también del GR-17 Vía Arán-Pirineos, aunque este gran recorrido sigue en algunos sectores una lógica diferente a la utilizada en la reconstrucción del Camino de San Ramón.

Más de una década después de comenzar aquella investigación, me ha parecido interesante volver sobre el trabajo realizado y reunir en un único mapa los diferentes recorridos entre Barbastro y Roda de Isábena.

Al hacerlo aparece con claridad una cuestión importante: el camino histórico y el camino que actualmente podemos recorrer con seguridad no siempre coinciden.

Esto se aprecia especialmente en la bajada de Figueruelas y el paso del río Cinca, pero también en algún punto del recorrido entre Capella y Roda de Isábena.

Para conocer con más detalle el Camino de San Ramón

En las entradas anteriores dedicadas al Camino de San Ramón y en la guía que puede descargarse desde ellas se recoge con mayor detalle el trabajo realizado durante aquellos años: la investigación histórica, la descripción de los distintos tramos y los trazados GPS que utilicé entonces para recorrerlos.

Algunos sectores pueden haber cambiado con el paso del tiempo y aquellos GPS deben entenderse como los recorridos realizados en su momento, pero siguen siendo una referencia útil para conocer cómo se reconstruyó el camino, por dónde discurría y la historia que hay detrás de cada etapa.

El Camino de San Ramón entre Barbastro y Roda de Isábena

He reunido ahora en un mismo mapa los diferentes trazados para poder comprender mejor tanto el camino histórico como las alternativas actuales.

Camino de San Ramón entre Barbastro y Roda de Isábena. El mapa permite activar y desactivar los distintos recorridos.

Cómo leer el mapa

Amarillo: Camino de San Ramón. Trazado histórico reconstruido entre Barbastro, Estada, Aguinaliu, Capella y Roda de Isábena.

Naranja: alternativa actual entre Barbastro y Estada por Costeán y Enate, utilizando el GR-17 y el antiguo GR-45.

Rojo: recorrido actual del GR-17 por El Grado y La Puebla de Castro hacia Capella y, desde allí, hacia Roda de Isábena.

El mapa permite conservar dos realidades al mismo tiempo: el camino que hemos reconstruido históricamente y los caminos que hoy permiten recorrer el territorio con mayor seguridad.

El trazado amarillo, por tanto, no significa que todo el Camino de San Ramón pueda recorrerse actualmente en buenas condiciones. Una de las finalidades del mapa es precisamente conservar también aquellos sectores del recorrido histórico que han ido perdiéndose o que hoy presentan dificultades.

Figueruelas: el camino hacia el Cinca

El tramo más delicado aparece poco después de salir de Barbastro. El antiguo camino llega hasta Las Canteras, aproximadamente en el kilómetro 5,2, y desde allí comienza a descender hacia Figueruelas buscando el antiguo paso del río Cinca.

En el mapa he señalado dos puntos que permiten delimitarlo: el inicio de la bajada histórica hacia Figueruelas y el final del antiguo paso del Cinca.

El primero tiene, además, un significado que va más allá de la propia dificultad del recorrido.

Desde el comienzo de la bajada se abre una magnífica panorámica sobre el valle del Cinca. Para quien conoce la historia del destierro de san Ramón, llegar hasta este punto permite contemplar el paisaje con una perspectiva diferente.

Es el lugar donde el camino comienza a abandonar el entorno inmediato de Barbastro y desciende hacia el Cinca en dirección a Estada y, posteriormente, hacia Aguinaliu, Capella y Roda de Isábena.

El inicio de la bajada de Figueruelas conserva un especial valor simbólico. Desde allí se contempla el valle del Cinca y puede entenderse mejor lo que suponía abandonar Barbastro siguiendo el camino hacia Roda de Isábena.
Torre de Figueruelas y valle del Cinca

Torre de Figueruelas y valle del Cinca. Vista desde el inicio de la bajada del antiguo Camino de San Ramón, con la Sierra de la Carrodilla al fondo.

A partir de este punto comienza también uno de los principales problemas para recuperar hoy el recorrido como itinerario senderista.

La antigua bajada hacia Figueruelas resulta actualmente difícil de seguir si no se conoce previamente el terreno. Algunos sectores han perdido continuidad y el recorrido que todavía puede reconocerse no siempre coincide exactamente con el antiguo camino.

Trazado histórico y recorrido actual en la bajada de Figueruelas

Bajada de Figueruelas. En amarillo, el trazado histórico del Camino de San Ramón; en naranja, el recorrido que actualmente he podido seguir sobre el terreno.

El antiguo paso del Cinca

La principal dificultad aparece al llegar al río.

El antiguo camino hacia Estada cruzaba el Cinca mediante un vado, una solución lógica cuando buena parte de los desplazamientos se realizaban andando o a caballo.

La existencia de este antiguo paso queda también reflejada en la cartografía histórica. En la primera edición del MTN50 de 1930 puede verse el camino de Figueruelas descendiendo hasta el Cinca y su continuidad en la otra margen del río.

Paso histórico del río Cinca en la primera edición del MTN50 de 1930

El paso histórico del Cinca. El mapa muestra el camino de Figueruelas llegando al río y su continuidad hacia la otra margen. Fuente: Instituto Geográfico Nacional, primera edición del MTN50, 1930.

La comparación con la situación actual permite comprobar hasta qué punto ha cambiado este sector.

El antiguo vado dejó de funcionar como paso habitual y hoy puede reconocerse otro recorrido por la zona del azud.

En la ortofoto he diferenciado ambos recorridos: en amarillo, el antiguo paso asociado al vado; en naranja, el recorrido actualmente reconocible por la zona del azud.

Este segundo paso permite comprender cómo puede atravesarse físicamente hoy este sector, pero no debe considerarse una solución senderista segura ni una propuesta de recorrido recomendado.

Antiguo vado del Cinca y paso actual por la zona del azud

Paso del río Cinca. En amarillo, el antiguo trazado del Camino de San Ramón, que cruzaba el río por un vado; en naranja, el recorrido actualmente reconocible por la zona del azud. Este último no se plantea como itinerario senderista seguro.

El trazado histórico permanece en el mapa, pero la bajada de Figueruelas y, especialmente, el cruce del Cinca no deben interpretarse como un itinerario senderista actualmente recomendable.

Cuando el puente de Las Pilas cambió los caminos

Durante siglos, el paso más directo desde Barbastro hacia Estada y Estadilla podía realizarse descendiendo por Figueruelas y atravesando el Cinca mediante un vado.

La construcción del puente de Las Pilas, hacia 1912, modificó progresivamente esta forma de comunicación.

La historia de este puente y de los antiguos pasos del río Cinca la recogí con más detalle en una entrada anterior:

Puentes históricos sobre el río Cinca

El tránsito de carros y posteriormente de automóviles fue concentrándose en el nuevo puente, mientras que el antiguo paso por Figueruelas y el vado del Cinca fueron perdiendo utilidad y deteriorándose.

El puente solucionó el problema de atravesar el río para los nuevos medios de transporte, pero no se encontraba necesariamente en continuidad con el antiguo camino directo entre Barbastro y Estada.

Los caminos tradicionales tenían otra organización. El camino hacia El Grado, por ejemplo, discurría desde Barbastro por Costeán.

Por eso, cuando dejó de utilizarse habitualmente el vado de Figueruelas, no apareció automáticamente un nuevo camino tradicional Barbastro–Estada que simplemente utilizara el puente de Las Pilas.

El puente de Las Pilas solucionó el cruce del Cinca, pero también cambió la lógica de los caminos.

Una alternativa actual entre Barbastro y Estada

Si queremos conservar el camino histórico, debemos mantener en el mapa Figueruelas y el antiguo paso del Cinca.

Si queremos, en cambio, llegar caminando hasta Estada evitando este sector problemático, es necesario buscar otra solución.

Una posibilidad consiste en aprovechar recorridos que ya existen o han existido como senderos de gran recorrido.

Desde Barbastro puede seguirse el GR-17 hasta Costeán, un recorrido de aproximadamente 7,98 kilómetros.

Desde Costeán puede continuarse por el antiguo trazado del GR-45, pasando por Enate hasta llegar a Estada, aproximadamente 8,68 kilómetros.

El recorrido completo suma unos 16,66 kilómetros, frente a los aproximadamente 13,5 kilómetros del antiguo camino por Figueruelas y el vado del Cinca.

La diferencia es de unos 3,2 kilómetros, una distancia razonable si permite evitar una bajada actualmente difícil de seguir y, sobre todo, un cruce del río que no reúne condiciones adecuadas de seguridad.

Comparación entre el trazado histórico y la alternativa por Costeán y Enate

Alternativa actual entre Barbastro y Estada. En amarillo, el trazado histórico por Figueruelas; la línea blanco-naranja muestra la alternativa por Costeán y Enate, que permite evitar la bajada problemática de Figueruelas y el cruce inseguro del Cinca.

¿Por dónde discurría el Camino de San Ramón?
El camino histórico nos lleva por Figueruelas.

¿Por dónde podemos llegar hoy hasta Estada evitando el paso problemático del Cinca?
Una posible solución nos lleva por Costeán y Enate.

La solución del GR-17: cruzar por El Grado

El GR-17 Vía Arán-Pirineos resuelve el problema del cruce del Cinca de una manera diferente.

En lugar de dirigirse hacia Estada, desde Costeán continúa hacia El Grado, donde atraviesa el río por un puente. Desde allí prosigue hacia La Puebla de Castro y después hasta Capella.

En el mapa este recorrido aparece en rojo. El trazado que hemos reunido entre Barbastro y Capella tiene aproximadamente 45,84 kilómetros.

Su lógica territorial es distinta de la del Camino de San Ramón. El GR-17 respondió a la creación de un gran recorrido senderista y a su conexión con el Camino de Santiago, mientras que la reconstrucción del Camino de San Ramón buscaba seguir los caminos y lugares relacionados con la memoria del santo.

El recorrido histórico se dirige hacia Estada y Aguinaliu. El GR-17 se desplaza hacia El Grado para encontrar un paso seguro sobre el Cinca y continúa después hacia La Puebla de Castro.

Ambos itinerarios vuelven a encontrarse en Capella y continúan desde allí hacia Roda de Isábena, aunque tampoco coinciden exactamente en todo este último tramo.

El mapa muestra distintas respuestas a un mismo territorio: el antiguo paso por Figueruelas y el vado del Cinca, una posible alternativa actual hacia Estada por Costeán y Enate y el recorrido senderista del GR-17 por El Grado y La Puebla de Castro.

Entre Capella y Roda: el GR-17 y el trazado original

Entre Capella y Roda de Isábena, el actual GR-17 sigue en buena parte un recorrido muy próximo al que había planteado anteriormente para el Camino de San Ramón.

Para quien quiera realizar hoy esta etapa, la opción aconsejable es seguir el GR-17, porque se encuentra señalizado y su trazado ha sido acondicionado como sendero de gran recorrido.

Al diseñarlo se realizaron limpiezas y se acondicionaron algunos sectores, de modo que en determinados puntos no sigue exactamente los caminos que había utilizado en mi reconstrucción original. En general, estas diferencias no alteran demasiado el sentido del recorrido.

Hay, sin embargo, un lugar cuya exclusión siempre me pareció especialmente desafortunada: Casa Sierra y el entorno de la ermita de la Sierra.

Este sector tiene una vinculación directa con la tradición de san Ramón. Según el relato conservado en la zona, durante su camino el santo pidió agua y sus criados le dijeron que no había. San Ramón les pidió que volvieran a buscarla y, según la tradición, entonces encontraron agua.

Cuando trabajamos en la recuperación del Camino de San Ramón se llegó incluso a colocar una imagen del santo en ese lugar para recordar el episodio y señalar su relación con el camino.

Además, la cercana ermita de la Sierra quedó consagrada bajo la advocación de san Ramón.

Por eso mi trazado original buscaba expresamente pasar por este sector. Cuando posteriormente se definió el GR-17 se optó por un recorrido algo más directo y Casa Sierra quedó fuera del itinerario.

Casa Sierra en el trazado original del Camino de San Ramón

Casa Sierra. El trazado original del Camino de San Ramón pasaba por este sector, relacionado con la tradición del milagro del agua y con la cercana ermita de la Sierra.

Por ello, aunque el GR-17 sigue siendo actualmente el recorrido que recomiendo para caminar entre Capella y Roda de Isábena, por encontrarse señalizado, merece la pena conservar en el mapa el antiguo paso por Casa Sierra y explicar por qué formaba parte del trazado original del Camino de San Ramón.

Entre Capella y Roda, el GR-17 es hoy la opción recomendable para caminar. El trazado original del Camino de San Ramón se conserva en el mapa porque pasa por Casa Sierra y la ermita de la Sierra, lugares especialmente vinculados a la memoria del santo.

Recorridos para conocer el Camino de San Ramón

Con motivo del 900 aniversario de la muerte de san Ramón, este año se está propiciando también un mayor conocimiento del camino relacionado con su destierro.

No es necesario recorrer todo el itinerario entre Barbastro y Roda de Isábena para acercarse a su historia. Propongo tres recorridos de distinta longitud, dificultad y significado, que permiten conocer algunos de los lugares más representativos del Camino de San Ramón.

1. De Barbastro a Las Canteras – 5,2 km

Es un recorrido corto que permite conocer el inicio del camino del destierro de san Ramón.

Comienza en la catedral de Barbastro, continúa hasta la ermita de San Ramón, lugar tradicionalmente relacionado con la despedida del santo de su pueblo, y sigue después por el antiguo camino de Figueruelas hasta llegar a Las Canteras, donde comienza la bajada hacia el valle del Cinca.

Desde este último punto se contempla una amplia panorámica del valle y puede comprenderse especialmente bien el paisaje que se abría ante quien abandonaba Barbastro camino de Roda de Isábena.

Son aproximadamente 5,2 kilómetros. El recorrido transcurre por la ciudad y posteriormente por pistas agrícolas. No está señalizado, por lo que es aconsejable realizarlo con el trazado GPS.

El recorrido termina precisamente antes del sector más problemático de la bajada de Figueruelas, por lo que permite conocer el comienzo del Camino de San Ramón sin entrar en el tramo actualmente más difícil.

2. Del puente de La Colomina a Roda de Isábena – 6,5 km

Este recorrido permite conocer el tramo final del Camino de San Ramón.

Parte del entorno del puente de La Colomina, sigue la cabañera, cruza el puente y asciende después hasta la catedral de Roda de Isábena.

Es un recorrido especialmente agradable junto al río Isábena, combinando pista y sendero. Durante buena parte del trayecto, Roda de Isábena aparece en lo alto, dominando el paisaje y marcando visualmente el final del camino.

Roda de Isábena desde el camino junto al puente de La Colomina

Roda de Isábena desde el tramo final del camino. La población aparece en lo alto mientras el recorrido avanza junto al río Isábena hacia la catedral.

Tiene aproximadamente 6,5 kilómetros y actualmente forma parte del GR-17, por lo que se encuentra señalizado.

3. De Capella a Roda de Isábena – 21,4 km

Para quien quiera realizar una etapa senderista más completa, una de las opciones más interesantes es el recorrido entre Capella y Roda de Isábena.

Son aproximadamente 21,4 kilómetros por pistas y senderos, siguiendo actualmente el trazado señalizado del GR-17.

El recorrido se aproxima al itinerario de la tradicional romería de Capella a Roda de Isábena, realizada durante siglos, y permite atravesar a pie una parte importante del territorio relacionado con el Camino de San Ramón.

Por su longitud y características, es una propuesta pensada para senderistas acostumbrados a realizar etapas de varias horas.

Tres formas de acercarse al Camino de San Ramón

Barbastro – Las Canteras: conocer el comienzo del destierro y el paisaje de Figueruelas.

Puente de La Colomina – Roda: recorrer el tramo final y la llegada a Roda de Isábena.

Capella – Roda: realizar una verdadera etapa senderista siguiendo actualmente el GR-17.

Un camino histórico no desaparece porque ya no pueda recorrerse entero

Después de volver sobre estos caminos tantos años más tarde, quizá ésta sea la principal conclusión.

El antiguo paso de Figueruelas puede resultar hoy difícil de seguir. El vado del Cinca ha dejado de ser una solución razonable para atravesar el río y los puentes, las carreteras, la agricultura y los nuevos usos del territorio han modificado profundamente las comunicaciones.

Pero eso no significa que debamos borrar el antiguo camino del mapa.

Documentar dónde estaba, conservar su trazado y explicar por qué dejó de utilizarse es también una forma de conservar el patrimonio.

Conservar un camino histórico no significa necesariamente poder recorrer hoy cada uno de sus metros. También significa saber por dónde pasaba, comprender por qué seguía ese recorrido y documentar cómo el territorio lo ha ido transformando.

La piedra de San Ramón en Capella

Hay lugares en los que no hace falta recorrer una etapa completa para acercarse al Camino del destierro de San Ramón. Uno de los más sencillos y, al mismo tiempo, más evocadores se encuentra en Capella.

Junto a la ermita dedicada a san Ramón se conserva la conocida como piedra de San Ramón. Según la tradición, el santo se detuvo allí a descansar durante su camino de destierro hacia Roda de Isábena.

Piedra de San Ramón de Capella

Piedra de San Ramón, en Capella. La tradición sitúa aquí uno de los descansos del santo durante su camino de destierro hacia Roda de Isábena.

El lugar se encuentra a pocos metros de la carretera y es muy fácil acercarse hasta él, incluso en coche. Precisamente por esa facilidad de acceso puede ser una buena forma de conocer uno de los lugares vinculados directamente con la memoria del camino.

La piedra, la cercana ermita dedicada a san Ramón y el paisaje que las rodea permiten recuperar de una forma muy sencilla la dimensión humana del relato: imaginar al santo deteniéndose allí antes de continuar su camino hacia Roda de Isábena.

La piedra de San Ramón, en Capella, es uno de los lugares más accesibles para acercarse al Camino del destierro. No hace falta realizar una larga caminata: basta con acercarse a la ermita y a la piedra para recordar la tradición que ha vinculado este lugar con el paso del santo.

Volver hasta Figueruelas

Hay además un lugar de todo este recorrido que, por sí mismo, merece conservarse en la memoria del Camino de San Ramón.

Desde Barbastro todavía podemos llegar hasta el inicio de la bajada de Figueruelas.

Allí, antes de comenzar el descenso, se abre una amplia panorámica sobre el valle del Cinca.

Para quien simplemente pasea puede ser un magnífico lugar desde el que contemplar el paisaje. Pero para quien conoce la historia del destierro de san Ramón tiene también otro significado.

Desde allí puede imaginarse el momento en que el camino abandona Barbastro y comienza a descender hacia el Cinca para continuar después hacia Estada, Aguinaliu y Roda de Isábena.

No hace falta atravesar hoy el río para comprender ese paisaje.

A veces basta con llegar hasta allí, detenerse y mirar.

Porque los caminos no son solamente líneas que unen dos lugares. También son una forma de conservar la memoria de quienes los recorrieron y de comprender cómo ha cambiado el territorio con el paso del tiempo.

El camino continúa hacia el Pirineo

La investigación del Camino de San Ramón no terminó en Roda de Isábena. Con los años fui prolongando aquel trabajo hacia el norte, primero hasta el Hospital de Vielha y posteriormente, al otro lado del Pirineo, hasta Saint-Bertrand-de-Comminges.

Aquellos recorridos forman hoy parte de una propuesta más amplia: una Transpirenaica central entre Zaragoza y Toulouse, construida mediante la unión de caminos y senderos ya existentes.


Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo
Caminos de Barbastro
Octubre de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)





lunes, 28 de septiembre de 2026

¿Quién mantiene el GR-17?

Cinco años después de su creación, la Vía Arán-Pirineos empieza a perder continuidad a su paso por Barbastro.

Hace apenas cinco años se terminó de señalizar el GR-17 Vía Arán-Pirineos, una gran ruta transfronteriza que atraviesa el Pirineo central y comunica Francia con Aragón a través del Valle de Arán, Ribagorza, Graus, Barbastro y Berbegal a lo largo de 246 kilómetros. Creo que no se ha dado suficiente protagonismo precisamente a ese carácter de gran ruta transfronteriza.

Conozco bien este proyecto porque participé directamente en una parte de su desarrollo, buscando la continuidad del recorrido desde Roda de Isábena hacia el sur. Por eso estos días he querido volver a recorrer su paso por Barbastro.

Lo que he encontrado me lleva inevitablemente a otra pregunta: ¿quién mantiene el GR-17?

Entrar en Barbastro y perder el camino

El recorrido llega a Barbastro desde Costean. En la entrada de la ciudad, una de las señales que debería recibir al caminante se encuentra actualmente caída entre la vegetación. Alguien que entrara en Barbastro siguiendo la ruta no sabría cómo continuar. El problema es que la señal lleva ya muchos meses en esta situación.

Señal del GR-17 caída a la entrada de Barbastro desde Costean
Entrada del GR-17 en Barbastro desde Costean. La señal se encuentra caída entre la vegetación desde hace meses.

Durante aproximadamente tres kilómetros no hay ninguna señal y no se vuelve a localizar una referencia hasta la zona de Santa Bárbara.

Señalización del GR-17 en la zona de Santa Bárbara de Barbastro
La señalización vuelve a aparecer en la zona de Santa Bárbara, después de atravesar Barbastro sin indicaciones.

Quien conozca Barbastro puede continuar sin demasiados problemas, y quien lleve previamente el recorrido cargado en un teléfono o en un GPS tampoco tendrá grandes dificultades. Pero no debería ser necesario. Una ruta señalizada tiene precisamente la función de permitir que alguien que llega a un territorio que no conoce pueda seguirla.

Desde Santa Bárbara vuelve a aparecer la señalización, aunque también encontramos algunos postes caídos —alguno de ellos aparentemente afectado por trabajos de limpieza o acondicionamiento— y faltan indicaciones en lugares donde es necesario decidir por dónde continuar. Esto ocurre, por ejemplo, al llegar a la carretera en dirección a El Pueyo y nuevamente después de atravesar la N-240.

Punto del GR-17 en dirección a El Pueyo donde falta una indicación
Llegada a la carretera en dirección a El Pueyo. Ha desaparecido la indicación para continuar el recorrido hacia Berbegal.
Cruce de la N-240 en el recorrido del GR-17
Después de atravesar la N-240 vuelve a faltar una referencia del GR-17. La señal ha desaparecido y no se ha repuesto desde hace meses.

Vistas aisladamente son incidencias pequeñas: una señal caída, un poste tumbado o una indicación que falta en un cruce. Sin embargo, un sendero de largo recorrido depende precisamente de la continuidad de esas pequeñas referencias. Además, para quien lo recorre, la consideración como Sendero Turístico implica la expectativa de encontrar un itinerario señalizado, fácil de seguir y adecuadamente mantenido.

Si empezamos a asfaltar las pistas rurales, poco a poco les estamos quitando parte de la esencia que tenían como caminos. En este caso, el caminante que llega a Barbastro tiene que atravesar ahora unos 5 kilómetros por asfalto, cuando antes eran 3. Por la misma regla de tres, los propietarios de fincas situadas junto al camino de Costean podrían pedir al Ayuntamiento su asfaltado durante otros 3 kilómetros más, de forma que acabarían siendo 8 kilómetros.

De ahí la importancia de preservar, siempre que sea posible, el carácter no asfaltado de los caminos por los que discurren los grandes recorridos: se trata también de evitar que caminar por un GR acabe convirtiéndose en caminar durante kilómetros sobre asfalto.

Una ruta que costó mucho crear

Conozco especialmente bien el esfuerzo que hubo detrás del GR-17, presentado también como Camino de Santiago Arán-Pirineos, porque participé en una parte de su desarrollo. La idea inicial procedente del Valle de Arán pretendía recuperar la conexión histórica con Roda de Isábena, y mi participación comenzó precisamente allí, intentando encontrar una continuidad hacia el sur que permitiera atravesar Ribagorza y el Somontano hasta llegar finalmente a Berbegal.

Conforme avanzó el proyecto fue adquiriendo una dimensión cada vez más turística y también jacobea. Se enlazaron caminos de distinto origen hasta conseguir una gran ruta continua a través del Pirineo central. No se estaba recuperando un antiguo Camino de Santiago que históricamente hubiera seguido exactamente todo el trazado actual, pero sí se consiguió algo difícil: crear una gran ruta transfronteriza de más de doscientos kilómetros y conectar territorios muy diferentes.

Mapa general del GR-17 Vía Arán-Pirineos
Recorrido general del GR-17 Vía Arán-Pirineos.

Cinco años después, aquella dimensión jacobea no parece haberse consolidado con un flujo importante de peregrinos. En Berbegal pregunté a la persona responsable del albergue por quienes habían llegado siguiendo la Vía Arán-Pirineos desde el Valle de Arán y no recuerda, entre las personas alojadas durante estos años, ninguna que haya manifestado haber realizado todo ese recorrido. La mayoría procede del Camino que llega desde Barcelona.

Esto no significa que el GR-17 no se utilice, sino que no parece haberse consolidado como un itinerario jacobeo con un flujo apreciable de peregrinos. Pero creo que su futuro no debería depender de eso. El resultado del proyecto fue también una gran ruta senderista transfronteriza y, solo por ello, merece ser conservada.

¿Quién mantiene el GR-17?

La creación de una ruta de esta longitud necesitó la participación de diferentes administraciones, territorios y entidades. Esa colaboración permitió sacar adelante un proyecto complejo, aunque posiblemente también haga menos evidente quién debe ocuparse después de las pequeñas incidencias que aparecen con el paso de los años.

No pretendo resolver aquí el reparto de responsabilidades entre unas administraciones y otras. La pregunta del título quiere plantear algo mucho más sencillo: ¿quién se ocupa de que el GR-17 siga pudiendo recorrerse?

Actualmente, a su paso por Barbastro, bastaría con una revisión relativamente sencilla:

  1. Recuperar la señal caída de la entrada desde Costean.
  2. Dar continuidad a la señalización durante la travesía urbana o, al menos, indicar claramente que el recorrido continúa en la Cruz de Santa Bárbara.
  3. Revisar los postes existentes y reponer o reparar los que estén caídos o deteriorados.
  4. Reponer las tres placas indicadoras que actualmente faltan.
  5. Realizar una revisión mensual del recorrido para comprobar que la señalización continúa en buen estado.

No estamos hablando de una gran obra ni de recuperar un sendero desaparecido. Precisamente ahora, cuando los problemas todavía son pequeños, es cuando resulta más fácil intervenir. Una señal puede reponerse, un poste puede levantarse y un cruce puede volver a indicarse. Si dejamos pasar los años, esas pequeñas deficiencias pueden terminar convirtiéndose en la pérdida de continuidad del recorrido.

El GR-45, los Caminos Naturales y la nueva Vía Verde

Muy cerca tenemos un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando dejamos pasar el tiempo. En la explanada del Santuario de El Pueyo todavía permanece un antiguo panel del GR-45.

Panel del antiguo GR-45 en el Santuario de El Pueyo
Panel del antiguo GR-45 en la explanada del Santuario de El Pueyo. El panel permanece, pero el recorrido ha perdido prácticamente su continuidad como sendero señalizado. Apenas quedan señales residuales.

El panel continúa allí, pero hoy resulta difícil reconocer sobre el terreno aquel itinerario como un gran recorrido señalizado hace décadas. Seguramente no hubo un momento concreto en el que alguien decidiera que debía desaparecer. Estas cosas suelen ocurrir lentamente: una señal deja de reponerse, después otra, un tramo pierde continuidad y, poco a poco, el sendero termina existiendo más en los mapas y en el recuerdo que sobre el terreno.

Y, sin embargo, el GR-45 sigue apareciendo señalado en mapas y referencias como las del IGN, Wikipedia o los senderos de la FAM, aunque hoy resulte muy difícil seguirlo sobre el terreno sin recurrir a un GPS.

Ha habido intentos de evitar que desaparezca por completo. En 2019, por ejemplo, Montañeros de Aragón de Barbastro trabajó en la recuperación del Sendero del Somontano. Pero el estado actual de la señalización demuestra hasta qué punto resulta difícil recuperar una ruta cuando durante años no ha tenido un mantenimiento continuado.

El GR-17 está todavía muy lejos de esa situación. Precisamente por eso merece la pena actuar ahora, cuando mantenerlo continúa siendo relativamente sencillo.

En el Somontano tenemos además otro antecedente. El Camino Natural del Somontano de Barbastro fue acondicionado hace años dentro del Programa de Caminos Naturales del Ministerio de Agricultura. Cuando recorrí parte de este itinerario mientras preparaba mi libro sobre Guara encontré algunas de sus infraestructuras muy deterioradas o desaparecidas, a pesar de que habían supuesto actuaciones importantes y costosas.

Aquella experiencia me hizo pensar en un problema que vuelve a aparecer ahora: crear una ruta puede resultar relativamente sencillo cuando existe un proyecto y financiación, pero lo verdaderamente difícil comienza después, cuando hay que mantener durante años las señales, paneles, pasarelas, áreas de descanso y demás elementos instalados. Si ese mantenimiento falla, una inversión importante puede ir desapareciendo poco a poco.

Esta reflexión llega en un momento especialmente oportuno porque dentro de pocos meses Barbastro dispondrá del Camino Natural Vía Verde de Barbastro-Castejón del Puente-Monzón, otra importante infraestructura para caminar y desplazarse en bicicleta.

Su propia denominación refleja una situación peculiar. El proyecto nació sobre el antiguo trazado ferroviario Barbastro-Selgua y fue planteado como Vía Verde. De hecho, la Fundación de los Ferrocarriles Españoles redactó el proyecto constructivo para acondicionarlo como Vía Verde. Posteriormente, su ejecución se integró en el Programa de Caminos Naturales del Ministerio de Agricultura, de donde procede la denominación actual de Camino Natural Vía Verde.

Camino Natural Vía Verde entre Barbastro y Monzón
El Camino Natural Vía Verde de Barbastro-Castejón del Puente-Monzón recupera parte del antiguo trazado ferroviario y permitirá ampliar las posibilidades para caminar y desplazarse en bicicleta.

La nueva ruta conserva, por tanto, su carácter de Vía Verde, pero administrativamente forma parte también de otro programa y está previsto que su mantenimiento posterior recaiga sobre los municipios que reciben los distintos tramos. Eso vuelve a situarnos ante la misma cuestión que plantea el GR-17: una infraestructura no termina cuando se inaugura. Su verdadero futuro depende de lo que ocurra durante los años siguientes.

El Camino Natural Vía Verde y el GR-17 son proyectos distintos, con señalizaciones diferentes, y no tendría sentido intentar uniformarlos. Pero eso no impide que puedan complementarse. Lo interesante sería que quien llegue a Barbastro por uno de ellos pueda conocer la existencia del otro y continuar su recorrido si lo desea.

También se ha planteado la posibilidad de continuar el Camino Natural hacia Alquézar, pero de nuevo nos encontramos con la creación de nuevas redes de caminos con señalizaciones distintas. El reto no debería ser únicamente seguir creando nuevos recorridos, sino conseguir que se conecten entre sí y que todos ellos puedan mantenerse en el tiempo.

Los proyectos nuevos concentran lógicamente más atención, inversión e ilusión, pero una ruta no demuestra su verdadero valor el día que se inaugura. Lo hace cinco, diez o veinte años después, cuando alguien que nunca la ha recorrido todavía puede seguirla. Por eso sería una pena inaugurar ahora una magnífica infraestructura mientras una ruta creada apenas cinco años antes comienza a perder su continuidad.

Barbastro debe implicarse en su conservación

El Camino Natural Vía Verde de Barbastro-Castejón del Puente-Monzón nace con un compromiso de mantenimiento por parte de los municipios. Creo que esa misma preocupación debería existir con el GR-17 a su paso por Barbastro.

Puede que el Ayuntamiento no sea el responsable directo de cada señal ni de todas las actuaciones necesarias en este sendero. Pero el GR-17 atraviesa el municipio, forma parte de sus posibilidades senderistas y turísticas y no debería ir deteriorándose sin que se actúe. Si una reparación corresponde a otra administración, el Ayuntamiento puede comunicar la incidencia y procurar que se resuelva; y si existen actuaciones que puedan realizarse directamente, facilitar que se hagan.

Resulta llamativo que se esté realizando una inversión importante en el nuevo Camino Natural Vía Verde mientras siguen pendientes pequeñas actuaciones de mantenimiento del GR-17 que permitirían recuperar fácilmente la continuidad de la ruta.

Lo importante es que la complejidad administrativa no termine convirtiéndose en falta de mantenimiento. Barbastro debería implicarse en vigilar el estado del GR-17 y procurar que conserve su continuidad, del mismo modo que deberá cuidar el nuevo Camino Natural Vía Verde.

No se trata de elegir entre caminos nuevos y caminos antiguos. Barbastro dispone de caminos rurales, un sendero de gran recorrido como el GR-17 y pronto tendrá también el Camino Natural Vía Verde. Su potencial senderista y turístico no depende solamente de seguir creando nuevas rutas, sino también de conservar las que ya existen y facilitar que puedan conectarse entre ellas.

En el caso del GR-17, lo verdaderamente difícil ya está hecho: se consiguió establecer una continuidad a través del Pirineo central, conectar territorios muy diferentes y señalizar una gran ruta transfronteriza. Hoy, a su paso por Barbastro, los problemas son todavía pequeños y fácilmente corregibles.

Lo difícil fue atravesar el Pirineo; lo que no debería resultar difícil es atravesar Barbastro.

Porque un camino no existe solamente porque aparezca dibujado en un mapa. Un camino existe mientras pueda seguirse.


Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo
Caminos de Barbastro
Septiembre de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)





viernes, 11 de septiembre de 2026

Torreciudad desde el Obispado: la historia que empezó antes del gran santuario

Torreciudad desde el Obispado

La historia que empezó antes del gran santuario

Antigua ermita de Torreciudad sobre el embalse
La antigua ermita de Torreciudad, origen de una historia mucho más antigua que el gran santuario actual.

Torreciudad puede contarse desde distintos puntos de partida. En Torreciudad antes de Torreciudad seguimos el camino que, a partir de los años cincuenta, llevó desde la recuperación de la antigua ermita hasta el gran santuario actual. Primero se pensó en restaurar lo que existía, después en levantar una casa para actividades, más tarde una pequeña iglesia y finalmente un gran centro de peregrinación. Pero la misma historia puede recorrerse en sentido contrario.

Cuando aquel proyecto comenzó, Torreciudad no era simplemente una ermita deteriorada esperando que alguien la recuperase. Detrás había siglos de historia religiosa vinculada a la diócesis de Barbastro: una Casa-Santuario, hospedería, bienes, sacerdotes priores y peregrinaciones procedentes de distintos territorios del Alto Aragón.

Vista desde el Obispado, por tanto, la pregunta cambia:
¿Qué ocurrió con aquella antigua realidad mientras nacía y crecía el nuevo Torreciudad?
Una precisión sobre el enfoque
Esta entrada reconstruye la historia desde la perspectiva del Obispado de Barbastro-Monzón. Cuando un mismo documento o acontecimiento admite interpretaciones diferentes, se incorpora también la lectura del Opus Dei para que pueda entenderse dónde se encuentra realmente el desacuerdo.

Torreciudad antes del gran Torreciudad

Durante siglos, la pequeña ermita situada sobre el Cinca formó parte de una realidad religiosa más amplia. Torreciudad estuvo estrechamente relacionado con Bolturina, pero tenía también una organización propia dentro de la diócesis de Barbastro. Un documento de 1794 permite conocer bastante bien aquella estructura. El obispo Agustín de Abbad y Lasierra nombró entonces a José Faro vicario perpetuo de la Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad. La expresión resulta significativa: Casa y Santuario.

No había únicamente una ermita. Existía también una hospedería para atender a quienes llegaban hasta aquel lugar, bienes destinados a su sostenimiento y un sacerdote encargado de su vida religiosa. Los inventarios posteriores muestran incluso la dimensión cotidiana de aquella realidad: camas, alimentos, animales y utensilios domésticos convivían con los objetos destinados al culto. Torreciudad era pequeño, pero no era un lugar sin organización. A comienzos del siglo XX seguía siendo un centro mariano conocido más allá del entorno inmediato. Se celebraban ejercicios espirituales, confesiones y peregrinaciones procedentes de diferentes zonas de la diócesis.

Cuando las fuentes antiguas utilizan la palabra santuario, conviene introducir una precisión: esa denominación histórica y devocional no debe identificarse automáticamente con la figura jurídica de santuario regulada actualmente por el Código de Derecho Canónico.

Mucho antes de existir el gran Torreciudad, aquel lugar ya tenía una identidad religiosa propia dentro de la diócesis de Barbastro.
Antigua ermita de Torreciudad antes de la transformación del paisaje
La antigua ermita de Torreciudad antes de la transformación del paisaje. Durante siglos, este pequeño conjunto fue el centro de una devoción vinculada a la diócesis de Barbastro.

1936: cuando se rompe una continuidad

La Guerra Civil alteró profundamente aquella realidad. El último prior residente, José Muzás Lalueza, tuvo que abandonar Torreciudad en 1936 y posteriormente fue asesinado. La ermita y la casa fueron saqueadas y la propia imagen de la Virgen estuvo en peligro, aunque pudo salvarse. Después de la guerra sobrevivieron la devoción y el cuidado del lugar, pero no volvió a recuperarse de la misma manera la estructura anterior. Ya no encontramos aquella continuidad formada por prior residente, Casa-Santuario, hospedería y vida cotidiana alrededor de la ermita.

La Guerra Civil no dañó solamente unos edificios. Rompió también una forma tradicional de organizar Torreciudad.

1956: recuperar una realidad antigua

Cuando en 1956 personas vinculadas a Josemaría Escrivá volvieron su mirada hacia Torreciudad, encontraron una ermita deteriorada y una antigua estructura religiosa muy debilitada. Pero encontraron también una devoción que había sobrevivido. Aquí comienzan a encontrarse las dos historias. Desde la perspectiva del Opus Dei, 1956 marca el inicio del camino que acabará conduciendo al gran santuario. Desde la perspectiva del Obispado, inicialmente se trataba de recuperar y asegurar el futuro de un antiguo lugar mariano perteneciente a la diócesis. Y conviene recordar algo que hemos podido comprobar al reconstruir la evolución arquitectónica:

En 1956 todavía no existía el proyecto del gran santuario actual.

Lo que existía era una antigua ermita que necesitaba ser recuperada.

1962: poner por escrito aquella recuperación

El 24 de septiembre de 1962 se formalizó mediante escritura pública un acuerdo para la recuperación y conservación de Torreciudad. La diócesis conservaba el dominio directo y mediante un censo enfitéutico se cedía el dominio útil del antiguo conjunto. Entre las condiciones figuraba una que adquiriría mucha importancia décadas después: la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad no debía retirarse de la ermita. Pero debemos situarnos en 1962 y evitar leer aquel documento desde el conflicto actual. Cuando se firma la escritura, el gran santuario todavía no estaba proyectado en la forma que conocemos hoy. El acuerdo se refiere fundamentalmente al Torreciudad que entonces existía.

1963–1967: el proyecto cambia de escala

La transformación no ocurrió de una sola vez. En 1963, Heliodoro Dols recibió inicialmente el encargo de proyectar una pequeña casa destinada a actividades cerca de la antigua ermita. Las dificultades físicas del lugar llevaron a trasladar el proyecto hacia una explanada cercana. Después apareció una pequeña iglesia. En 1966 la documentación habla ya de un «nuevo Santuario». Y hacia 1967 Josemaría Escrivá impulsa una escala mucho mayor: un gran centro capaz de recibir importantes peregrinaciones.

Restaurar la ermita → casa de actividades → pequeña iglesia → nuevo santuario → gran centro de peregrinación

Esta evolución puede seguirse con más detalle en Torreciudad antes de Torreciudad. Vista ahora desde el Obispado, plantea otra cuestión. El acuerdo de 1962 había nacido alrededor de la antigua ermita. El proyecto de finales de los sesenta era ya algo completamente distinto en dimensión y función. A medida que el proyecto cambiaba de escala, también fueron apareciendo nuevos acuerdos y soluciones jurídicas para una realidad que ya no era la misma de 1962.

1966: un documento y dos interpretaciones

El 15 de julio de 1966 se documentó un acuerdo en el que intervino el obispo Jaime Flores y que conocemos actualmente a través de un testimonio notarial expedido el 8 de septiembre de aquel año. El texto es importante. Reconoce que la antigua ermita era insuficiente para atender adecuadamente a los peregrinos y contempla la construcción de un «nuevo Santuario» próximo a ella. Y establece expresamente que en él:

«reciba culto y veneración la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad».

También contempla que la antigua ermita y los terrenos del nuevo santuario constituyan un único recinto. Para el Opus Dei, el significado resulta bastante claro: el obispo conocía y aceptaba el nuevo proyecto y que la imagen recibiera culto allí. El Obispado actual introduce, sin embargo, otra cuestión. El documento hoy conocido es un testimonio notarial que da fe de otro documento privado. Ese original de julio de 1966 no se ha hecho público y la diócesis afirma que no dispone de él. Eso no convierte el testimonio notarial en un documento carente de valor. Pero deja abierta una pregunta que hoy resulta fundamental:

¿Autorizar que la Virgen recibiera culto en el nuevo santuario significaba también autorizar que abandonara definitivamente la antigua ermita?
Torreciudad 1957 y actualidad
Entre estas dos imágenes no cambió solamente el paisaje. Cambió la escala de Torreciudad y también la relación entre la antigua ermita y el nuevo santuario.

1970–1975: se construye el gran Torreciudad

La mayor parte de las obras del nuevo complejo se desarrolló durante el episcopado de Damián Iguacen. En 1973, el nuevo templo quedó configurado canónicamente como oratorio semipúblico de un centro del Opus Dei, con licencia del obispo de Barbastro. Eso significa que el nuevo templo tenía una situación canónica concreta y conocida. Pero no había sido erigido jurídicamente como santuario.

Torreciudad fue conocido y vivido durante décadas como santuario, aunque el nuevo templo hubiera nacido canónicamente como oratorio semipúblico.

Mientras tanto, la diferencia entre los dos espacios se hacía enorme. La antigua ermita seguía existiendo, restaurada, pero unos cientos de metros más arriba estaba naciendo un complejo capaz de recibir a miles de personas. El nuevo Torreciudad no hizo desaparecer físicamente al antiguo. Pero cambió completamente su escala y su centralidad.

1975: ¿dónde debía quedarse la Virgen?

En 1975 el gran proyecto se hizo realidad. El 26 de mayo, Josemaría Escrivá visitó el nuevo Torreciudad prácticamente terminado. Falleció un mes después, el 26 de junio. El 7 de julio comenzó la actividad del nuevo templo. La imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad quedó instalada allí. Desde la perspectiva del Opus Dei, aquello culminaba un proceso desarrollado durante casi veinte años. El testimonio de 1966 recogía expresamente que la Virgen recibiría culto en el nuevo santuario. Pero el actual Obispado reconstruye aquel momento de otra manera.

Según la documentación que ha dado a conocer en 2026, Ambrosio Echebarría, recién llegado a la diócesis, consideró que la permanencia de la imagen en el nuevo templo no contaba con autorización suficiente y reclamó a Florencio Sánchez Bella su regreso a la antigua ermita.

Un documento todavía no publicado

El Obispado afirma que Ambrosio Echebarría reclamó ya en 1975 el regreso de la Virgen a la antigua ermita. Hasta el momento, la carta original en la que se habría formulado esa reclamación no se ha hecho pública. Por ello, esta entrada atribuye expresamente esta información a la reconstrucción documental ofrecida por la diócesis.

Cuatro documentos, cuatro momentos

1962 · La antigua realidad
Escritura pública del censo enfitéutico sobre el antiguo Torreciudad.
1966 · El nuevo proyecto
Testimonio notarial sobre el nuevo santuario y el culto de la imagen.
1973 · El nuevo templo
Configuración canónica como oratorio semipúblico con licencia episcopal.
1975 · La realidad pastoral
Comienza la actividad del gran Torreciudad y la imagen permanece en él.

Ninguno de estos momentos explica por sí solo toda la situación actual. El desacuerdo surge precisamente al determinar cómo se relacionan entre ellos.

1975–2020: una larga normalidad pastoral

Sería, sin embargo, un error saltar directamente desde aquella posible discrepancia de 1975 hasta el conflicto actual. Entre ambos momentos transcurrieron aproximadamente cuarenta y cinco años. Y durante esas décadas encontramos una relación pastoral ampliamente normalizada. Los obispos de Barbastro acudieron a Torreciudad, presidieron celebraciones y reconocieron públicamente su importancia religiosa. Para peregrinos, medios de comunicación, responsables eclesiásticos y la propia diócesis, Torreciudad era habitualmente el santuario de Torreciudad. Pero jurídicamente el templo seguía teniendo otra configuración.

Durante décadas esa diferencia apenas tuvo consecuencias visibles. El lugar funcionaba, los peregrinos acudían, el Opus Dei desarrollaba allí su actividad y los obispos participaban normalmente en su vida religiosa. La antigua ermita, mientras tanto, había perdido su antigua centralidad. La Virgen original estaba en el nuevo templo. Las grandes celebraciones se desarrollaban allí. Los nuevos accesos conducían fundamentalmente al gran complejo. Sin necesidad de una decisión explícita que la relegara, la antigua ermita había pasado de ser Torreciudad a convertirse en la antigua ermita de Torreciudad.

La aceptación pastoral del nuevo Torreciudad fue muy clara. Eso no demuestra, por sí solo, que todas las cuestiones jurídicas hubieran quedado definitivamente resueltas.

2020: revisar una situación que llevaba décadas funcionando

En 2020, el propio Opus Dei planteó actualizar algunos aspectos jurídicos de Torreciudad. El Obispado reconoce que recibió primero una petición verbal y después una solicitud escrita de novación del marco existente. No había comenzado todavía el conflicto público. En principio se trataba de adaptar una realidad nacida décadas atrás a las circunstancias jurídicas y canónicas actuales. Pero hacerlo obligaba a volver a los documentos: qué seguía significando la escritura de 1962, qué había modificado realmente el acuerdo conocido mediante el testimonio de 1966, cuál era exactamente el estatuto del nuevo templo, qué competencias correspondían a cada parte y qué ocurría con la imagen original.

Lo que comenzó como una actualización jurídica fue sacando a la superficie cuestiones que durante décadas no habían impedido el funcionamiento cotidiano de Torreciudad.

2022–2024: de la negociación al conflicto

En diciembre de 2022, según la cronología difundida posteriormente, la diócesis cuestionó formalmente la continuidad del antiguo censo enfitéutico y reclamó la restitución de la imagen y del antiguo conjunto. Pero aquello no terminó inmediatamente con las conversaciones. Todavía a comienzos de 2023 ambas partes seguían buscando un nuevo marco contractual. El conflicto se hizo público en julio, cuando el obispo nombró un rector diocesano para Torreciudad y el Opus Dei recurrió la decisión ante la Santa Sede.

A partir de entonces comenzaron a avanzar dos planos distintos: por un lado, la vía canónica, relacionada con el estatuto del templo, el rector y la autoridad pastoral; por otro, la vía civil, relacionada con el censo enfitéutico, la ermita y la imagen. Y, aun así, siguieron existiendo intentos de acuerdo. En agosto de 2023, el Opus Dei presentó una propuesta que contemplaba incluso convertir el nuevo templo en santuario diocesano. Eso demuestra que, incluso entonces, el desacuerdo no consistía en decidir si Torreciudad debía seguir existiendo. El problema era cómo regularlo y qué derechos conservaba cada parte.

Finalmente, el 25 de septiembre de 2024, el Obispado anunció que confiaba a la Santa Sede la solución de las diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral del complejo. El 9 de octubre de 2024, el papa Francisco nombró a Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana, comisario pontificio plenipotenciario y delegado de la Santa Sede para Torreciudad.

El conflicto pasa a manos de Roma

El nombramiento de Arellano marca un cambio decisivo. Ya no se trata únicamente de una negociación bilateral entre el Obispado y el Opus Dei: la Santa Sede encomienda a un comisario pontificio plenipotenciario la misión de buscar una solución a sus diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral de Torreciudad. Desde entonces, ambas partes han manifestado su disposición a colaborar con él y a esperar la resolución de la Santa Sede.

Dos maneras de leer la misma historia

Momento Desde el Obispado Desde el Opus Dei
1962 Se cede el uso de una realidad diocesana conservando derechos y obligaciones sobre la ermita y la imagen. Se establece un marco duradero para recuperar y desarrollar Torreciudad.
1966 Se acepta un nuevo santuario y el culto de la Virgen allí, pero se discute que eso implique su traslado definitivo. Jaime Flores acepta el nuevo santuario y que la imagen reciba allí culto y veneración.
1975–2020 La normalidad pastoral no supone necesariamente que hayan desaparecido todos los derechos anteriores. Casi medio siglo de funcionamiento público y normal confirma la estabilidad de la situación.
2020–2024 La regularización hace aflorar cuestiones jurídicas que seguían pendientes. Una actualización jurídica termina cuestionando una realidad consolidada durante décadas.
Las dos partes comparten buena parte de los hechos. Lo que cambia es el significado jurídico que atribuyen a algunos de ellos.

Junio-julio de 2025: Arellano intenta acercar posiciones

El trabajo de Alejandro Arellano no quedó limitado a su nombramiento. En junio de 2025 comenzaron a circular informaciones según las cuales el comisario pontificio estaba preparando una posible salida para Torreciudad. Algunos medios llegaron a hablar de un principio de acuerdo sobre el gobierno del santuario, el nombramiento del rector y la relación de la imagen original con la antigua ermita.

Sin embargo, el 24 de junio de 2025 el Opus Dei salió públicamente al paso de aquellas informaciones. En un breve comunicado negó que existiera un acuerdo cerrado y precisó que seguía «a la espera de la resolución que proponga el comisario pontificio, Mons. Arellano». El dato es importante: demuestra que en aquel momento ya existía un trabajo de mediación avanzado, pero también que la Prelatura no consideraba aprobada como definitiva ninguna de las soluciones que estaban circulando.

Arellano ya estaba intentando una salida

En junio de 2025 se habló públicamente de una posible fórmula de acuerdo, pero el Opus Dei negó que estuviera cerrada y remitió expresamente a la futura resolución de Arellano. Conviene, por tanto, distinguir entre las soluciones que se estaban estudiando o filtrando y una resolución formal del comisario, que todavía no se había producido.

Una semana después, el 1 de julio de 2025, el Obispado hizo pública su propia propuesta a la Santa Sede. Planteaba que el nuevo Torreciudad, que seguía teniendo jurídicamente la condición de oratorio semipúblico, fuera reconocido como Santuario Internacional directamente dependiente de Roma; que el Opus Dei pudiera designar libremente al rector; que el complejo tuviera independencia económica respecto de la diócesis; y que la imagen original de la Virgen regresara a la antigua ermita.

La propuesta mostraba hasta dónde estaba dispuesto a llegar entonces el Obispado: renunciaba al gobierno ordinario y a cualquier beneficio económico derivado del gran santuario, pero mantenía como cuestión esencial la devolución de la imagen. El Opus Dei respondió que continuaba a disposición del comisario pontificio y a la espera de su resolución.

Este episodio resulta importante porque evita imaginar que entre 2024 y 2026 Arellano permaneció simplemente a la espera. Hubo una mediación activa y se estudiaron fórmulas concretas, pero ninguna quedó consolidada como solución definitiva. Precisamente esa falta de cierre ayudará a entender la escalada pública que se produjo pocas semanas después.

8 de septiembre de 2025: Francisco entra públicamente en el conflicto

Hay un momento anterior a la publicación de las cartas que conviene señalar porque marca una verdadera escalada del conflicto. El 8 de septiembre de 2025, durante la homilía de la Natividad de Nuestra Señora en la catedral de Barbastro, el obispo Ángel Pérez Pueyo hizo pública por primera vez de manera muy directa la intervención personal del papa Francisco en Torreciudad.

Hasta entonces se sabía que la Santa Sede estaba interviniendo y que Alejandro Arellano había sido nombrado comisario pontificio, pero Pérez Pueyo dio un paso más: afirmó que Francisco había apoyado su posición y reveló la existencia de cartas manuscritas del pontífice. Citó la expresión «Ángel, no cedás», de una carta de 2023, y explicó que en otra, fechada el 13 de octubre de 2024, Francisco le había advertido sobre las que denominaba «intrigas mafiosas» en torno al conflicto.

Una escalada decisiva

La homilía del 8 de septiembre de 2025 cambió la dimensión pública del conflicto. Por primera vez el obispo no sólo defendía su interpretación histórica y jurídica, sino que presentaba abiertamente al papa Francisco como respaldo de su posición y cuestionaba que una solución diferente respetara la voluntad del pontífice fallecido. Desde ese momento, el conflicto dejó de ser únicamente una discusión entre el Obispado y el Opus Dei sobre documentos, competencias e imagen: entró también en juego la interpretación de cuál había sido la voluntad de Francisco.

Aquel día las cartas todavía no se publicaron íntegramente. Pérez Pueyo habló de ellas, citó algunos de sus pasajes y manifestó que estaba dispuesto a mostrarlas. La existencia de esos documentos quedó así incorporada al debate público, pero su contenido completo seguía sin poder ser examinado directamente.

3 de septiembre de 2026: las cartas salen a la luz

Casi un año después, el 3 de septiembre de 2026, El País publicó las dos cartas manuscritas hasta entonces inéditas que Francisco había enviado a Ángel Pérez Pueyo durante el conflicto. La revelación permitió comprobar directamente aquello que el obispo había adelantado en su homilía del año anterior.

La carta del 13 de julio de 2023 contenía la expresión «¡No cedás!». La del 13 de octubre de 2024 mostraba igualmente que Francisco conocía de primera mano la tensión existente y seguía personalmente la evolución de Torreciudad.

Del anuncio de las cartas a su publicación

8 de septiembre de 2025: Pérez Pueyo revela públicamente que Francisco le había escrito y cita algunos de sus mensajes.

3 de septiembre de 2026: las cartas se publican y pueden ser conocidas directamente.

La primera fecha marca la escalada pública del conflicto; la segunda modifica de nuevo el relato porque permite comprobar documentalmente el respaldo personal de Francisco al obispo.

Las cartas no resolvían jurídicamente la disputa ni demostraban por sí solas que todas las tesis del Obispado fueran correctas. Pero sí hacían visible algo que hasta entonces sólo conocíamos por las declaraciones del propio Pérez Pueyo: Francisco había respaldado personalmente al obispo y había seguido directamente el conflicto. Su publicación reforzó, por tanto, la posición del Obispado en el terreno del relato público y modificó la forma en que muchos observadores interpretaron la intervención de Roma.

La reacción fue inmediata. Ese mismo 3 de septiembre, el Opus Dei defendió públicamente que el traslado de la imagen al nuevo templo había contado con la aceptación del obispo Jaime Flores y volvió a apoyarse en la documentación de 1966. La publicación de las cartas, por tanto, no cerró la discusión: añadió una nueva capa al conflicto, porque a los documentos históricos de 1962, 1966 y 1973 se incorporaba ahora una pregunta distinta: qué peso debía tener la voluntad expresada por Francisco en una controversia que todavía esperaba una resolución definitiva de la Santa Sede.

Jaime Flores en Torreciudad en 1964 y Ángel Pérez Pueyo en 2026 ante la antigua ermita
1964–2026: dos obispos ante la misma ermita. A la izquierda, Jaime Flores durante el regreso de la Virgen restaurada a Torreciudad en 1964. A la derecha, Ángel Pérez Pueyo durante la romería del 5 de septiembre de 2026. Sesenta y dos años separan ambas escenas, pero la antigua ermita sigue siendo el punto de encuentro.

5 de septiembre de 2026: la Virgen vuelve por un día a la ermita

Dos días después de la publicación de las cartas de Francisco se produjo otro momento significativo. El 5 de septiembre de 2026, con motivo de la 47.ª Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles regresó por un día a la antigua ermita. El traslado desde su camarín en el nuevo templo había sido solicitado por el obispo y autorizado por el comisario pontificio, Alejandro Arellano.

La jornada comenzó precisamente en la ermita, donde la Virgen recibió a las distintas advocaciones marianas. Después, la celebración continuó en el santuario moderno. Esa secuencia tenía una fuerte carga simbólica: durante unas horas, los dos Torreciudad quedaban unidos en una misma celebración, primero en la pequeña ermita histórica y después en el gran templo construido en el siglo XX.

La homilía de Ángel Pérez Pueyo resultó especialmente importante porque introdujo un tono diferente al de los días más duros del conflicto. El obispo reconoció expresamente el bien realizado en Torreciudad durante décadas: habló de confesiones, conversiones, vocaciones, familias que habían recuperado la fe y personas que habían encontrado a Jesucristo de la mano de María. La propia información diocesana destacó su agradecimiento por «todo el bien realizado por la Prelatura del Opus Dei en Torreciudad a lo largo de los años».

Reconocer el bien y pedir integración

El núcleo de la homilía no fue negar la obra realizada por el Opus Dei, sino situarla dentro de una relación eclesial más amplia. Pérez Pueyo expresó su deseo de que Torreciudad siguiera siendo un gran foco de evangelización y pastoral familiar, pero «plenamente integrado en la diócesis». Esa fórmula resume bastante bien la posición episcopal que aparece al final de todo este proceso: continuidad de la misión de Torreciudad, sí; pero integrada en la Iglesia particular de Barbastro-Monzón.

Ese matiz es importante porque evita reducir la posición del Obispado a una reclamación patrimonial o a la ubicación de la Virgen. En la homilía del 5 de septiembre aparece con claridad una cuestión de fondo que atraviesa todo el conflicto: cómo encajar el gran Torreciudad dentro de la estructura diocesana sin borrar la identidad y la labor pastoral desarrolladas allí por el Opus Dei.

2026: el conflicto termina concentrándose en la Virgen

A medida que avanzaba la mediación, la posición del Obispado fue quedando cada vez más concentrada en un punto. La diócesis aceptaba que el gran Torreciudad pudiera convertirse en santuario internacional dependiente de la Santa Sede, que el Opus Dei mantuviera allí su misión pastoral e incluso que pudiera designar al rector. También manifestó su disposición a renunciar al gobierno del nuevo complejo, a compensaciones económicas y a cualquier responsabilidad sobre sus bienes y cuentas.

La condición que Pérez Pueyo presentó como irrenunciable era otra: la imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad debía regresar a la antigua ermita. De esta manera, un conflicto que había comenzado alrededor de contratos, estatuto canónico, rector, competencias y propiedad fue reduciéndose progresivamente hasta quedar simbolizado en la ubicación habitual de la Virgen.

Esta evolución se produce siempre dentro del marco abierto por Arellano. Las propuestas de 2025 y 2026 no sustituyen su intervención: forman parte precisamente del escenario que el comisario pontificio debe ordenar y sobre el que la Santa Sede tendrá que pronunciarse.

Dos posiciones ya muy definidas

En septiembre de 2026 las dos partes han expuesto públicamente sus argumentos esenciales. El Opus Dei sostiene que los acuerdos de 1962 y 1966 legitiman la permanencia de la imagen en el nuevo templo. El Obispado de Barbastro-Monzón considera que ninguno de esos documentos acredita una cesión permanente del derecho a disponer de la talla.

Ambas partes remiten ahora, desde posiciones distintas, a la resolución de la Santa Sede.

De unir dos Torreciudad a volver a distinguirlos

Aquí aparece una curiosa paradoja histórica. En 1966 se intentaba integrar la antigua ermita y el nuevo santuario dentro de una misma realidad. Sesenta años después, la propuesta episcopal vuelve a distinguirlos. Arriba, un gran santuario internacional, con su enorme capacidad pastoral y vinculado a la misión desarrollada por el Opus Dei. Abajo, la antigua ermita diocesana, que recuperaría la presencia habitual de la imagen original.

En 1966 se intentó hacer de los dos Torreciudad una unidad. En 2026 el Obispado propone reconocer nuevamente sus diferencias.
Antigua ermita y santuario moderno de Torreciudad
Los dos Torreciudad en una misma imagen: la antigua ermita y el gran santuario. Dos espacios de escala muy diferente que forman parte de una misma historia.

Dos Torreciudad, una historia compartida

En Torreciudad antes de Torreciudad vimos cómo una pequeña ermita terminó dando origen, paso a paso, a un gran centro de peregrinación. Vista desde el Obispado, la misma historia plantea una pregunta diferente:

¿Qué ocurrió durante aquella transformación con la antigua ermita, con su Virgen y con los derechos que la diócesis considera que conservó sobre el lugar del que había partido todo?

Las dos historias no se excluyen. Sin Josemaría Escrivá difícilmente existiría el Torreciudad moderno. Sin la antigua ermita, su Virgen y los siglos de devoción anteriores, tampoco habría existido el proyecto que Escrivá decidió impulsar. El gran Torreciudad no apareció de una sola vez ni nació de un único documento. Fue creciendo mediante decisiones sucesivas: acuerdos civiles, autorizaciones canónicas, proyectos arquitectónicos y una práctica pastoral consolidada durante décadas.

El problema de Torreciudad no nace de que faltara todo marco jurídico, sino precisamente de lo contrario: existen varios marcos nacidos en momentos distintos y no todos producen hoy la misma interpretación.

Vista desde el Opus Dei, esta historia explica cómo la antigua ermita dio origen a un gran santuario. Vista desde el Obispado, plantea otra pregunta:

¿Qué debía conservar aquella ermita después de haber dado origen a algo mucho mayor que ella?

Quizá ahí siga estando, setenta años después, una de las claves para entender Torreciudad.

¿Dónde está hoy el conflicto?

Desde octubre de 2024 la búsqueda de una solución está encomendada por la Santa Sede a Alejandro Arellano Cedillo, comisario pontificio plenipotenciario para Torreciudad. En septiembre de 2026 no se ha hecho pública una resolución definitiva. La publicación de las cartas de Francisco el 3 de septiembre cambió de forma importante la percepción pública del conflicto, pero no sustituyó la decisión pendiente. El problema ya no depende solamente de que el Obispado y el Opus Dei alcancen por sí solos un acuerdo: está encauzado a través de la intervención de la Santa Sede y del comisario nombrado para buscar una solución.

¿Qué tiene que decidir ahora Roma?

Después de recorrer esta historia desde la antigua ermita hasta el conflicto actual, queda una última pregunta: ¿qué tiene que resolver realmente Roma?

Este vídeo intenta ordenar la cuestión a partir de sus principales etapas: los acuerdos de 1962 y 1966, la evolución del proyecto, la configuración canónica del nuevo templo y la situación abierta desde 2020.

Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?

La cuestión ya no es simplemente quién es propietario de la imagen. El problema es cómo deben interpretarse conjuntamente los acuerdos históricos, qué derechos siguen vigentes sobre su uso, custodia y ubicación y qué configuración jurídica debe tener Torreciudad en adelante.

Para seguir recorriendo Torreciudad

Torreciudad antes de Torreciudad
Cómo una pequeña ermita terminó convirtiéndose, paso a paso, en el gran santuario actual.

Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
La transformación del lugar desde la antigua ermita sobre el Cinca hasta el actual santuario junto al embalse.

Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto
La relación de Josemaría Escrivá con Barbastro y el papel del Obispado en una historia mucho más antigua que la disputa actual.

Torreciudad: una solución para que nadie tenga que desaparecer
Una propuesta personal para intentar compatibilizar el futuro del gran santuario con la recuperación de la antigua ermita.

Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino
La antigua relación de Torreciudad con Bolturina y con un territorio transformado después por el embalse y las nuevas carreteras.

Fuentes y documentación

Para reconstruir esta historia se han utilizado documentos históricos, fuentes del Obispado de Barbastro-Monzón y del Opus Dei, así como documentos y comunicaciones publicados durante el conflicto. No todos los textos tienen la misma naturaleza jurídica ni el mismo valor probatorio.

El antiguo Torreciudad

Resulta especialmente útil la documentación sobre el nombramiento de José Faro en 1794, donde aparece la expresión «Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad», junto con información sobre la residencia del sacerdote, bienes y rentas vinculados al lugar. Se han utilizado también documentación histórica sobre los antiguos priores, la Casa-Santuario y la hospedería, información patrimonial de SIPCA y estudios sobre José Muzás Lalueza y los acontecimientos de 1936.

De la recuperación de la ermita al nuevo Torreciudad

Para el periodo iniciado en 1956 se han utilizado las reconstrucciones históricas publicadas por Torreciudad y el Opus Dei, la escritura pública de 24 de septiembre de 1962 y el testimonio notarial de 8 de septiembre de 1966, relativo al acuerdo fechado el 15 de julio de aquel año. La evolución arquitectónica del proyecto entre 1963 y 1975 puede seguirse también mediante el documental dedicado a la construcción del nuevo Torreciudad.

El nuevo templo y el conflicto contemporáneo

Para el estatuto del templo y el conflicto posterior se han contrastado las comunicaciones oficiales del Obispado de Barbastro-Monzón, las explicaciones jurídicas publicadas por el Opus Dei, la documentación relativa al nombramiento del rector, las propuestas de regularización y la intervención de la Santa Sede.

Enlaces principales consultados

Sobre la documentación de 1975

La reconstrucción realizada por el Obispado en 2026 menciona una carta del obispo Ambrosio Echebarría a Florencio Sánchez Bella reclamando el regreso de la imagen. Al cierre de esta entrada no he localizado la publicación del documento original, por lo que cualquier referencia a su contenido se atribuye expresamente a la versión ofrecida por la diócesis.

Daniel Vallés Turmo

Septiembre de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)