martes, 1 de septiembre de 2026

Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen

Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
De la ermita sobre el Cinca al santuario junto al embalse

Torreciudad es uno de esos lugares que he conocido siempre y que, sin embargo, con los años he aprendido a mirar de otra manera. Por mi edad, he conocido el nuevo santuario prácticamente desde sus comienzos y he podido seguir su evolución viviendo a apenas media hora. Ya hice una entrada en el blog en el año 2015, Torreciudad.

Curiosamente, uno de mis primeros recuerdos de aquel nuevo Torreciudad es muy cotidiano: el bar que había junto al embalse y que cerró pocos años después. Por encima de edificios e instituciones, lo que siempre permaneció fue un paisaje excepcional.

Tiene además para mí una dimensión personal. Mi madre, Amparo Turmo Barrabés, fue llevada siendo niña hasta Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad después de recuperarse de una caída. Aquella historia familiar hizo que este lugar nunca me resultara indiferente.

Después llegó el paisaje. He llegado tres veces andando desde Barbastro hasta Torreciudad, una de ellas corriendo. Son kilómetros recorridos por Costean, El Grado, el Cinca y las laderas que rodean el santuario. Es un territorio que conozco también desde los pies.

Recuerdo especialmente aquella carrera de 1985. Después de recorrer más de una media maratón, llegamos con ropa deportiva y no nos permitieron siquiera acceder a la explanada porque nuestra indumentaria no se consideró decorosa. El santuario quedó allí, a cientos de metros, frente a nosotros. No recuerdo si bajamos después hasta la antigua ermita; supongo que allí habríamos podido entrar. Vista hoy, aquella pequeña anécdota también habla de otra época.

Durante muchos años practiqué además piragüismo en el embalse de El Grado. En una lámina de agua de casi veinte kilómetros de longitud, la silueta de Torreciudad era una referencia inconfundible. Desde la piragua aparecía sobre las laderas como un punto de orientación. También así he aprendido a conocer este paisaje: desde el camino y desde el agua.

Durante mucho tiempo, como probablemente le ocurre a casi todo el que llega, mi mirada se dirigía principalmente hacia el gran santuario, mientras la pequeña ermita permanecía abajo, casi como un resto de todo lo anterior. Con los años me ha sucedido justamente lo contrario: cada vez me interesan más aquella pequeña ermita, la torre medieval, Nuestra Señora de los Ángeles y el paisaje que existió antes de que el río Cinca se convirtiera en embalse.

Quizá porque Torreciudad permite contemplar algo más que la historia de un santuario: cómo cambian un paisaje, una sociedad y nuestra propia manera de mirar un lugar.

Transformación del paisaje de Torreciudad, del antiguo valle del Cinca al paisaje actual con el embalse y el nuevo santuario
El mismo lugar, dos paisajes. El antiguo Torreciudad sobre el valle del Cinca y el paisaje actual, transformado por el embalse de El Grado y la construcción del nuevo santuario. La fotografía histórica ha sido coloreada para facilitar la comparación.

Antes de ser santuario, Torreciudad fue una torre

El propio nombre nos lleva mucho más atrás que el actual edificio. La torre medieval ocupa una posición privilegiada sobre el corredor del Cinca. Desde allí se podía controlar el paso por el valle y mantener contacto visual con otros puntos elevados.

Al estudiar recientemente otras fortalezas del Cinca, como el castillo de Artasona, he empezado también a mirar Torreciudad desde esa perspectiva. Desde Artasona se distingue Torreciudad. No sabemos hasta qué punto aquellas posiciones formaron una red organizada de comunicación, pero su relación visual permite comprender que no eran lugares aislados.

Antes de ser un lugar al que acudir, Torreciudad fue un lugar desde el que mirar.

Con el paso de los siglos aquella función defensiva perdió importancia. Sin embargo, junto a la torre permaneció un pequeño edificio que acabaría teniendo una vida mucho más larga: la ermita.

Nuestra Señora de los Ángeles

Hoy utilizamos casi siempre la expresión Virgen de Torreciudad, pero durante siglos la advocación fue más precisa: Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad. Las antiguas espéculas de peregrino todavía conservan ese nombre.

Espécula medieval de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad
Espécula medieval de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad.

Aquellas pequeñas insignias permiten acercarnos a un Torreciudad muy diferente del actual. Sobre las espéculas y las antiguas insignias de peregrinación ya escribí hace años en Caminos de Barbastro.

Las familias llegaban desde los pueblos próximos para pedir ayuda, agradecer una curación o cumplir una promesa. Entre las tradiciones asociadas a Nuestra Señora de los Ángeles tuvo especial importancia la presentación y protección de los niños. Y eso permite comprender dos pequeñas historias separadas por casi treinta años.

Dos niños llevados a la Virgen

En 1904 una familia de Barbastro llevó hasta aquella pequeña ermita a un niño de unos dos años después de que se recuperara de una grave enfermedad. Se llamaba Josemaría Escrivá de Balaguer. Su madre había prometido llevarlo a Torreciudad si sanaba. Décadas después, aquel niño impulsaría la construcción del gran santuario que hoy conocemos.

En 1932 otra familia llevó hasta el mismo lugar a una niña procedente de Merli después de recuperarse de una caída. Era mi madre, Amparo Turmo Barrabés.

Son dos historias particulares, pero pertenecen a algo mucho más amplio: una religiosidad popular en la que las familias acudían hasta Nuestra Señora de los Ángeles para poner a sus hijos bajo su protección o agradecer su recuperación.

Antes de que Torreciudad recibiera peregrinos de todo el mundo, recibía a las familias de estos valles.

La misma Virgen, dos maneras de verla

También la propia Virgen ha cambiado ante nuestros ojos.

Cambio en la forma de presentar Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad
La misma imagen, dos maneras de contemplarla. Durante generaciones, Nuestra Señora de los Ángeles apareció cubierta por vestidos, manto y corona; actualmente se muestra la talla románica restaurada.

Durante generaciones la talla románica permaneció cubierta por vestidos, manto y corona. Ésa fue la imagen que contemplaron quienes llegaron hasta la antigua ermita. Después de su restauración, la talla pasó a mostrarse con un aspecto completamente diferente, dejando visible la escultura románica que actualmente preside el gran retablo del nuevo santuario.

Es la misma imagen y, sin embargo, cuando observo esta transformación tengo una sensación parecida a la que producen los dos paisajes de Torreciudad: parecen pertenecer a mundos diferentes.

1969-1975: cuando cambió la escala

Durante siglos la ermita estuvo sobre el río Cinca, no sobre un embalse. El agua corría por el fondo del valle, entre gleras y laderas, bajo la torre y la ermita. En 1969 se terminó la presa de El Grado y aquel paisaje cambió profundamente con la creación del nuevo embalse. Solamente seis años después, en 1975, abrió al culto el nuevo santuario de Torreciudad.

En muy poco tiempo cambiaron simultáneamente el paisaje y la arquitectura. El río se convirtió en embalse y la pequeña ermita pasó a convivir con un enorme santuario preparado para recibir grandes peregrinaciones.

La antigua ermita pertenecía al paisaje del río.
El nuevo santuario pertenece al paisaje del embalse.

Presa y santuario son obras completamente diferentes, pero ambas pertenecen a unos años caracterizados por la confianza en las grandes construcciones y en la capacidad humana para transformar el territorio. Una gran obra modificó el Cinca; la otra modificó para siempre la imagen de Torreciudad.

La importancia del agua en este paisaje se hizo especialmente visible durante el gran vaciado del embalse de El Grado en 2025. Al descender extraordinariamente su nivel, el paisaje contemplado desde Torreciudad se volvió áspero y casi irreconocible, muy alejado de la imagen serena y atractiva que ofrece el embalse cuando está lleno.

Embalse de El Grado con el nivel muy bajo visto desde Torreciudad en 2025
Torreciudad durante el gran descenso del embalse de El Grado en 2025. Al retirarse el agua reaparece parte del relieve que el embalse oculta habitualmente.

Aquella experiencia acabaría relacionándome también, de una manera inesperada, con la historia de Torreciudad.

Mi mirada también ha cambiado

Mi relación con Torreciudad ha evolucionado igualmente. Durante muchos años el gran santuario ocupó para mí el primer plano y la antigua ermita permanecía casi como algo residual. Ahora me ocurre lo contrario.

Durante décadas, ésta ha sido probablemente una de las imágenes más características del nuevo Torreciudad: el santuario lleno, la gran explanada ocupada por miles de peregrinos y el embalse como fondo paisajístico. En momentos así se comprende mejor la escala con la que fue concebido.

Gran peregrinación en la explanada del santuario de Torreciudad
El nuevo Torreciudad en una gran concentración de peregrinos. La explanada y el santuario muestran aquí la escala para la que fueron concebidos.

Lo percibí de una manera completamente diferente este último invierno. Fui a Torreciudad un martes de febrero y prácticamente estaba solo. Había regresado con una intención muy personal: agradecer que una caída de cabeza que había sufrido mientras preparaba aquella entrada sobre el vaciado del embalse de El Grado hubiera quedado, afortunadamente, en nada. Resultaba curioso pensar que, muchos años después de que mi madre hubiera sido llevada allí tras recuperarse de una caída, yo regresaba también después de otra caída para dar gracias.

Pedí permiso para acercarme al camarín y después me senté en la primera fila del templo. Delante de mí había un enorme santuario completamente vacío. El espacio que en las grandes concentraciones podía acoger a miles de personas era ahora prácticamente sólo para mí. Sin peregrinaciones, autocares ni grandes grupos, percibí de una manera especialmente clara la escala del lugar. La enorme explanada y los edificios concebidos para recibir a miles de personas me resultaban desproporcionados para un único visitante.

Más que proximidad o recogimiento, sentí cierta inquietud. Es un espacio pensado para la multitud y, cuando la multitud desaparece, su monumentalidad pesa.

No permanecí mucho tiempo allí. Bajé después hasta la antigua ermita y la sensación fue completamente diferente. El espacio era reducido, próximo y silencioso. Volví a encontrar el recogimiento que estaba buscando y una escala que personalmente siento mucho más cercana a la espiritualidad.

Una sola persona basta para que aquel pequeño espacio tenga sentido.

Pero había algo que siempre me ha producido una sensación extraña. En el lugar donde durante siglos estuvo Nuestra Señora de los Ángeles ya no había ninguna talla, sino una pintura. De alguna manera, aquel día me encontré con dos vacíos diferentes:

El gran santuario estaba vacío de personas.
La pequeña ermita estaba vacía de su Virgen.

Quizá fue entonces cuando comprendí con mayor claridad cuánto había cambiado también mi propia manera de mirar Torreciudad.

Esto no ha modificado mi valoración de Josemaría Escrivá desde otra perspectiva. Como barbastense siempre me ha impresionado que una persona nacida en una ciudad pequeña como Barbastro fuera capaz de imprimir a sus proyectos un dinamismo que acabaría alcanzando una dimensión internacional. 

Se puede estar más cerca o más lejos del Opus Dei, y en estas tierras siempre ha habido tanto seguidores como detractores, pero resulta difícil no reconocer la extraordinaria capacidad de iniciativa de su fundador. Torreciudad es probablemente una de sus manifestaciones más visibles.

Los recelos que durante años despertó el santuario llegaron a generar toda clase de rumores y leyendas. Resulta muy ilustrativo el blog Secretos de Torreciudad, creado por José Alfonso Arregui, entonces responsable de comunicación del santuario, precisamente para explicar y desmontar muchos de aquellos rumores.

Mi relación con este lugar nunca ha sido, por tanto, simplemente de adhesión o rechazo. Torreciudad forma parte de mi paisaje, de mi historia familiar y de mis propios caminos, y mi manera de verlo también ha cambiado conmigo.

Mi relación con este lugar nunca ha sido, por tanto, simplemente de adhesión o rechazo. Torreciudad forma parte de mi paisaje, de mi historia familiar y de mis propios caminos, y mi manera de verlo también ha cambiado conmigo.

La ermita que quedó sin su imagen

Cuando la talla original fue trasladada al nuevo santuario, la antigua ermita perdió aquello que durante siglos había ocupado su centro. El retablo permanece, pero en el lugar de Nuestra Señora de los Ángeles encontramos actualmente una pintura de la Virgen.

Interior actual de la antigua ermita de Torreciudad con una pintura de la Virgen
Interior actual de la antigua ermita. Una pintura ocupa el lugar de la talla original.

Siempre me ha resultado extraña esta solución, no porque la ermita haya dejado de tener valor, sino precisamente porque éste fue durante siglos el lugar de la imagen. Aquí llegaron las familias, aquí presentaban a sus niños y aquí dieron gracias quienes creían haber recibido su ayuda. El edificio permanece, el retablo permanece y también permanece la memoria, pero falta la talla alrededor de la cual todo aquello adquirió sentido.

Muchas veces me he preguntado por qué no se colocó allí al menos una réplica de la imagen. Habría permitido conservar visualmente la relación histórica entre aquel pequeño espacio y la Virgen para la que fue santuario.

Cuando vuelve lo pequeño

Durante medio siglo el gran santuario eclipsó inevitablemente a la pequeña ermita. También Torreciudad quedó estrechamente identificado con el Opus Dei. Esa relación produjo durante décadas adhesiones muy fuertes y también importantes recelos en estas tierras.

Hoy la sociedad es diferente. La secularización ha disminuido el peso social de muchas de aquellas divisiones y también ha cambiado la forma en que buena parte de la población se relaciona con la religión. Sin embargo, las recientes discrepancias entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei han producido una paradoja inesperada: han vuelto a colocar en primer plano precisamente aquello que parecía haber quedado relegado, la antigua ermita y Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad.

El 31 de agosto de 2026, pocos días antes de la romería, el obispo de Barbastro-Monzón hizo pública su petición de que la talla permanezca definitivamente en la antigua ermita. El comunicado elevó notablemente un conflicto que en pocas horas alcanzó repercusión nacional.

Más allá de las posiciones de cada parte, resulta significativo que, después de cincuenta años mirando hacia el gran edificio de arriba, la mirada haya vuelto hacia el pequeño santuario situado abajo. Quizá también haya cambiado nuestra sensibilidad. La enorme explanada y la monumentalidad del nuevo Torreciudad pertenecen a una época en la que la religión tenía una presencia pública mucho mayor y las grandes peregrinaciones constituían una de sus formas de expresión. Frente a ello, la pequeña ermita ofrece silencio, proximidad y memoria.

No sé si una forma es mejor que otra, pero personalmente, con los años, cada vez encuentro más sentido en la segunda.

Tal vez la fe no necesite siempre hacerse grande para permanecer.

El conflicto de Torreciudad, paso a paso

Una cronología abierta de unos acontecimientos todavía en desarrollo.

1962 — El acuerdo inicial

La diócesis de Barbastro y el Opus Dei establecen el acuerdo mediante el cual la antigua ermita de Torreciudad y la imagen quedan vinculadas al proyecto de conservación del lugar y promoción de su culto.

1966 — La Virgen y el nuevo santuario

Un testimonio notarial recoge el acuerdo entre el obispo Jaime Flores y los promotores de Torreciudad para construir el nuevo santuario con la condición expresa de que en él recibiera culto y veneración la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad.

1975 — Apertura del nuevo Torreciudad

La talla románica restaurada pasa a presidir el retablo del nuevo santuario. La antigua ermita permanece como lugar histórico de la devoción, pero sin la imagen original.

2023 — El conflicto se hace público

Las diferencias entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei sobre la situación jurídica y pastoral de Torreciudad pasan al primer plano público tras el nombramiento de un rector por parte del obispo.

9 de octubre de 2024 — Roma interviene

El papa Francisco nombra a Alejandro Arellano comisario pontificio plenipotenciario para estudiar y encauzar la situación de Torreciudad.

Septiembre de 2026: semanas decisivas

Finales de agosto — Regreso temporal autorizado

Alejandro Arellano autoriza que la talla original vuelva durante unas horas a la antigua ermita con motivo de la Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe. Para la procesión posterior se utilizará la imagen peregrina.

31 de agosto — El comunicado del obispo

Ángel Pérez Pueyo pide públicamente que la imagen permanezca definitivamente en la antigua ermita. La diócesis se muestra dispuesta a renunciar a otras pretensiones sobre el nuevo santuario, pero no a la talla, y el obispo llega a plantear que pondría su cargo a disposición antes que aceptar una solución que privase a la diócesis de ella.

1 de septiembre — El documento de 1966 vuelve al debate

La prensa recupera el testimonio notarial de 1966 en el que la construcción del nuevo santuario aparece expresamente vinculada a que la Virgen recibiera allí culto y veneración. El documento se convierte en una pieza importante del debate sobre el origen del actual santuario.

5 de septiembre — Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe

La talla original regresará por unas horas a la antigua ermita, más de medio siglo después de su traslado al nuevo santuario. Este apartado se actualizará después de la jornada.

8 de septiembre — Fiestas de Barbastro

Las palabras del obispo durante una de las principales celebraciones religiosas de las fiestas de Barbastro tendrán especial interés en medio del conflicto abierto.

12 de septiembre — Jornada Mariana de la Familia

Alejandro Arellano, comisario pontificio para Torreciudad, presidirá una de las grandes celebraciones anuales del nuevo santuario.

Esta cronología se irá actualizando a medida que se produzcan nuevos acontecimientos.

5 de septiembre de 2026: el regreso

Esta historia todavía no ha terminado. El próximo 5 de septiembre, con motivo de la Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, la talla original de Nuestra Señora de los Ángeles volverá durante unas horas a la antigua ermita, más de medio siglo después de su traslado al nuevo santuario.

El paisaje que encontrará será diferente. Debajo ya no discurrirá aquel río Cinca de las antiguas fotografías y la propia talla tampoco tendrá el aspecto con el que fue contemplada durante generaciones, cubierta por sus vestidos y su manto. Pero será la misma imagen nuevamente dentro del mismo pequeño espacio.

Cartel de la Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe del 5 de septiembre de 2026
Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe. 5 de septiembre de 2026.
Esta entrada continuará después del 5 de septiembre.

Estaré ese día en Torreciudad. Prefiero no anticipar qué significará el regreso. Quiero ver dónde colocan la talla, observar el ambiente y volver a mirar la pequeña ermita con Nuestra Señora de los Ángeles dentro.

Después incorporaré aquí las fotografías y las impresiones de aquella jornada.

Llegar todavía caminando

Hay algo que, pese a todos estos cambios, permanece: todavía podemos llegar caminando. El recorrido entre Barbastro, El Grado y Torreciudad está hoy mucho mejor señalizado y forma parte del GR 17 Vía Arán-Pirineos.

Desde Barbastro se puede seguir hasta El Grado por el trazado del GR 17 y continuar hacia Torreciudad por el tramo que enlaza El Grado con La Puebla de Castro. Puede consultarse más información en GR 17 - Senderos Turísticos de Aragón.

No se trata sólo de otra forma de llegar al santuario. Caminar permite comprender las distancias, atravesar lentamente el paisaje y aproximarse a Torreciudad de una manera parecida a como lo hicieron durante generaciones quienes acudieron hasta Nuestra Señora de los Ángeles.

Después de hablar de torres, presas, grandes santuarios, conflictos e instituciones, me gusta terminar de la forma más sencilla.

Caminando.

Durante siglos ésa fue la manera de llegar hasta la pequeña ermita. Y quizá recorrer hoy esos caminos siga siendo una de las mejores formas de devolver a Torreciudad su verdadera escala.


Esta entrada ha sido escrita a partir de la experiencia personal del autor y de fuentes históricas y documentales. La fotografía histórica utilizada en la comparación del paisaje de Torreciudad ha sido coloreada digitalmente para facilitar su interpretación y comparación con la imagen actual. La entrada será actualizada después de la romería del 5 de septiembre de 2026.

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Daniel Vallés Turmo

Septiembre de 2026

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