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sábado, 8 de noviembre de 2025

Camino de la memoria

Camino de la memoria
De las enciclopedias en papel a la memoria digital: cómo ha cambiado nuestra forma de recordar.

“Tomos de la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana, símbolo de la memoria encuadernada y del conocimiento del siglo XX.”
Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana

Recuerdo de pequeño, hacia 1975, la enciclopedia Espasa en la biblioteca, con decenas de tomos. Si necesitabas una información, era allí donde tenías que buscarla. La idea moderna de una enciclopedia universal nació con Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert: La Encyclopédie (1751–1772).

En la Universidad, en la década de los ochenta, aprendí a buscar en archivos especializados y a pedir libros o artículos que llegaban por correo desde otros lugares, incluso del extranjero. La memoria científica se guardaba en las revistas impresas y en las fichas de catálogo.

De la enciclopedia al buscador

Todo cambió con la aparición de Internet y el afianzamiento de Google a partir de 1998. Poco a poco, la memoria empezó a flotar en la nube. En 2001 nació Wikipedia, la gran enciclopedia digital construida colectivamente: un proyecto que democratizó el acceso y la construcción del conocimiento.

He contribuido con varias entradas que consideré importantes. La primera fue la del barbastrense Andrés Martínez Vargas, impulsor de la pediatría en España. La redacté en 2011, y desde entonces muchas personas han seguido ampliándola.

La más reciente es la del también barbastrense Enrique Cancer Lalanne, jurista español y magistrado del Tribunal Supremo en la Sala de lo Contencioso-Administrativo entre 1986 y 2010. La publiqué en octubre de 2025.

Enrique Cancer Lalanne fue un jurista español, magistrado del Tribunal Supremo de España en la Sala de lo Contencioso-Administrativo entre 1986 y 2010, y presidente de la Junta Electoral Central entre 2000 y 2004
Enrique Cancer Lalanne

He creado también una página personal para mantener viva su memoria familiar: Enrique Cáncer Lalanne. Y otra dedicada a mi amigo Esteban Ribera Larroy.

El blog como archivo vital

En 2012 comencé el blog Caminos de Barbastro, inicialmente para recopilar rutas de senderismo. Con el tiempo, se amplió a reflexiones y a la publicación de guías, con el propósito de facilitar su consulta y preservar experiencias compartidas.

La memoria en la nube

Hoy la memoria ya no se guarda en tomos ni en discos duros, sino en servidores distribuidos por todo el mundo. Los centros de datos se han convertido en los nuevos archivos del siglo XXI. Y con la llegada de la inteligencia artificial, la memoria se vuelve dinámica: aprende, se reorganiza y se reescribe constantemente.

No sé qué forma adoptará la memoria histórica en el futuro, ni cómo accederán a ella las nuevas generaciones, ni cual será su percepción. Tampoco sé si la enorme cantidad de información hará que cambie la forma de búsqueda y blogs como Caminos de Barbastro, queden olvidados, así como la memoria que preservan, como es el caso de Enrique Cancer Lalanne.


Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Esta entrada forma parte de otros artículos que se pueden consultar en Reflexiones en el Camino

Daniel Vallés Turmo

Noviembre de 2025

Acceso a guías y rutas (pinchar)






sábado, 16 de agosto de 2025

El camino compartido

El camino compartido

En Caminos de Barbastro los senderos no se recorren en soledad. Este recopilatorio reúne historias de caminos compartidos con familiares, amigos y personas que dejaron huella en nuestra memoria.

En estos años del blog Caminos de Barbastro he escrito sobre caminos compartidos con familiares, amigos y personas relevantes en nuestro entorno. Caminos que nos unen a través de la memoria, la amistad y las vivencias compartidas.

Aquí dejo una selección de esas entradas:

📌 Memoria y tradiciones

👩‍👩‍👧 Personas cercanas y queridas

🌄 Recuerdos compartidos

🌟 Homenajes y recuerdos a quienes marcaron un camino

Cada camino compartido es más que un recorrido: es memoria, compañía y huella en la vida. Estos relatos son pequeños fragmentos de lo que hemos vivido juntos y que forman parte del espíritu de Caminos de Barbastro.
Porque al final, lo que permanece no son los lugares, sino las personas con las que los compartimos.

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2025

Acceso a guías y rutas (pinchar)



domingo, 3 de agosto de 2025

Mi tía Teresa

Ha fallecido mi tía María Teresa Turmo Barrabés, la menor de los siete hermanos de mi madre Amparo, a los 93 años de edad. Con su marcha se cierra una generación: era la última de los hermanos en dejarnos.

Nació en Labuerda, en Casa Barbero. Su padre, Antonio Turmo Turmo, se dedicó al transporte de mercancías, como ya conté en la entrada La tartana de Turmo. 

Siguiendo los pasos de su hermana Margarita —que se formó en Graus—, Teresa bajó a Barbastro a aprender el oficio de peluquera. Aprendió en una peluquería en la calle San Ramón y vivió en la calle San Hipólito. Allí conoció a su marido, Ramón, que trabajaba en Transportes Viñola. En la entrada El camión del Peix explico cómo era el oficio de transportista en aquella época.

Más tarde, se trasladaron a Santa Coloma de Gramenet junto a Barcelona. Teresa abrió una peluquería y Ramón trabajó durante años transportando mercancías a la planta de SEAT en la Zona Franca. De niño, recuerdo haber estado en su casa: esos recuerdos quedan grabados con especial nitidez. También recuerdo ir con ellos a la boda de algún primo.

Al jubilarse, decidieron ir a vivir a Jaca, tierra natal de Ramón. Allí compraron una casa en la que vivieron hasta el fallecimiento de él. En los últimos años, Teresa estuvo en una residencia en Almudévar.

En 1995, las cuatro hermanas que aún vivían se reunieron en Jaca. Tengo una foto de ese encuentro que guarda un valor muy especial. De izquierda a derecha: mi madre Amparo, Margarita, Consuelo y María Teresa.

Las cuatro hermanas Turmo Barrabés en Jaca

Con su marcha, no solo despedimos a una tía, sino también a un vínculo directo con un modo de vida que ya casi ha desaparecido: el de las casas con nombre propio, los oficios transmitidos entre hermanas, los transportes por carretera hechos a pulso y los reencuentros familiares en pueblos con historia. Se nos va una generación que supo vivir con sencillez, trabajo y dignidad. Queda su memoria, que somos nosotros quienes debemos conservar.

Dedicado a mi tía Teresa, por su fortaleza, su constancia y su capacidad para empezar de nuevo. Como todos sus hermanos, supo salir de casa, buscarse la vida, trabajar con sus manos y construir un futuro desde cero. Nos enseñaron, sin grandes discursos, lo esencial: que con tesón, esfuerzo y dignidad se puede salir adelante. Esa herencia silenciosa es hoy un faro para los que venimos detrás. Gracias, tía Teresa.

Epílogo: De la montaña a la ciudad, una mujer de su tiempo


Con la muerte de Teresa se cierra también una generación. Nacida en 1931, fue parte de aquellos niños que abrieron los ojos durante la Segunda República y que vivieron su infancia entre sobresaltos, privaciones y silencios impuestos por la Guerra Civil.

Como tantas mujeres de su época, creció en un mundo de trabajo, obediencia y fe, en una casa donde el pan se ganaba con las manos y el respeto se aprendía desde pequeños. Pero la vida la llevó más lejos. Desde la montaña de Labuerda emigró a Santa Coloma de Gramenet, como tantos aragoneses que buscaron en Cataluña un futuro menos duro. Allí, entre calles de cemento, Teresa echó raíces nuevas sin arrancar las antiguas.

Fue parte de esa generación callada que levantó barrios, familias y esperanzas, sin pedir nada a cambio. Mujeres que no salían en los periódicos, pero que sostenían el mundo.

A su manera, Teresa fue testigo de un siglo entero: desde la tartana de su padre hasta el AVE, desde las misas en latín hasta las videollamadas. Vivió muchos cambios, pero siempre con una forma discreta y firme de estar.

Con ella se va un tiempo que ya no vuelve, pero también queda su rastro: en quienes la quisieron, en las historias que aún se cuentan, y en ese modo tranquilo, digno, suyo, de ser.


Entradas de la familia:

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Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2025

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miércoles, 16 de julio de 2025

De vuelta a la carretera sin rencor

El 28 de julio me incorporo de nuevo al trabajo. No como quien vuelve al punto de partida, sino como quien retoma el rumbo con otra mirada. Con nueva energía, con la mochila más ligera y el corazón un poco más entero.

Esta vez, la canción que me acompaña es On the Road Again, de Willie Nelson (Pinchar para escuchar la canción en YouTube). Suena optimista, libre, casi celebratoria. Tiene ese aire de quien se sube al coche con la ventanilla bajada y el viento en la cara. Una melodía que invita a seguir, a reencontrarse con lo cotidiano como si fuera nuevo. Me gusta pensar que la vida también tiene esos compases alegres que nos empujan hacia adelante.

De nuevo en la carretera

Pero no siempre fue así.

Hace años, cuando salía de un momento difícil, la canción que me sostenía era otra: 1.000 pedazos, de Christina y los Subterráneos (Pinchar para escuchar la canción en YouTube). Aquella melodía no animaba a correr, sino a respirar. Me acompañaba en la reconstrucción, en el duelo silencioso. Me enseñó que a veces hay que tocar fondo para poder nadar hacia la superficie. Era una canción que no pedía nada, solo estar. Y eso era suficiente.

Corazón en pedazos

Hoy, ya sin rencor, miro hacia atrás con respeto. Agradezco aquellas etapas difíciles que me enseñaron a escucharme, a parar, a recomenzar. Las heridas ya no duelen, solo cuentan.

Y ahora, con el motor en marcha y la música sonando, vuelvo a la carretera. Con la certeza de que no se vuelve igual, pero sí más sabio. Más agradecido. Más libre.

Nos vemos en el camino.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

martes, 15 de julio de 2025

Circular a Barrosa con Esteban: una travesía, una amistad, un homenaje

Hoy vuelvo a circular hacia el valle de Barrosa. Pero esta vez, Esteban no va detrás ni delante: camina conmigo en otro tiempo y otra dimensión. Pero, nos encontraremos.

Un tiempo sin ruido, pero con memoria ...

Valle de Barrosa

Fue hace muchos años, cuando aún no había móviles que capturaran cada instante, cuando hicimos una ruta que quedó grabada no en una pantalla, sino en nuestras almas. Subimos al Puerto Viejo de Bielsa para dar la vuelta por el circo de Barrosa.

Íbamos Esteban y yo, con las piernas firmes y los corazones abiertos de la juventud, cuando todo está por ocurrir. Él todavía estaba soltero y no había comenzado con su experiencia en montaña. Así que confiaba en mí, como lo hizo siempre.

Madrugamos y tomamos un café en Parzán. Dejamos el coche en el aparcamiento de la cara sur del túnel de Bielsa. Empezábamos una ruta de 9 horas, 20 kilómetros y 1.385 metros de desnivel acumulado que nos llevó todo el día. Un verdadero día de alta montaña.

Viendo el aparcamiento subiendo la morrena

Tuvimos que subir la morrena del valle para llegar a la zona de praderas que nos dirigía al Puerto Viejo de Bielsa.

Con Esteban apenas hablábamos cuando íbamos de excursión. Nos encontrábamos muy bien en silencio. Entonces yo me encontraba fuerte y tenía ya mucha experiencia en montaña. No había GPS, la señalización eran mojones de piedras y nos guiábamos con brújula y con los mapas Alpina cuando había confusión en la ruta.

Ese día iba yo delante, aunque en la vida muchas veces él fue el que iba delante para abrirme un camino que yo no conseguía ver y él sí. Su formación de ingeniero le hacía muy pragmático en la toma de decisiones. O era parte de su personalidad.

Llegando al Puerto Viejo de Bielsa

Esta fotografía del Puerto de Bielsa la hice años después en un día de ventisca.

Con Esteban subimos en verano, con un día plácido. Precisamente Esteban conseguía aplacar tus ventiscas y darte luz para continuar el camino. Conforme aplacaba los vientos, encontrabas el sosiego.

Tras llegar al Puerto Viejo era necesario crestear (sin señalización) hacia el Puerto de Barrosa. Aquí Esteban tuvo que confiar en mí, aunque no lo viera claro. Yo tampoco había hecho la ruta anteriormente, pero era un "explorador" y me manejaba bien.

Cuando se trataba de explorar, siempre confió en mí a lo largo de su vida. Éramos complementarios: pragmatismo y exploración. Quizás por eso fuimos tan buenos amigos. Yo exploraba; él confiaba. Así funcionábamos. Yo me metía en problemas, él me daba soluciones.


Hacia el collado de Barrosa

Esos cuatro kilómetros de crestear fueron uno de los momentos más bonitos del día, por el paisaje a 2.700 metros de altura con un horizonte amplio.

Esteban tenía la capacidad para ver ese horizonte a largo plazo. Yo me movía mejor en las tácticas a corto plazo.


Ibones de Barrosa

Esta fotografía de alta montaña de los ibones de Barrosa me recuerda su capacidad para otear el horizonte, que tan bien supo hacer como esposo y padre. 

Si me quedo con una imagen dónde recordarle, es en esa larga cresta sin sendero, con un horizonte infinito, caminando en silencio absorbidos por el paisaje durante casi 2 horas, muy cerca de ese cielo donde ahora está. Tras esas dos horas de silencio y altura, el sendero nos llevó al Puerto de Barrosa.

Puerto de Barrosa

Llegamos al Puerto de Barrosa. Era momento de descender.

Conforme contemplábamos el Circo de Barrosa y los picos de La Munia (más de 3 mil metros), recordamos aquel primer campamento juntos en Pineta, por el año 1978, cuando los pioneros tuvieron un accidente bajando de ese pico.

Fue una noche temerosa. Pero éramos un grupo muy compacto. Precisamente lo que Esteban lograba crear con facilidad: unidad y armonía. Donde estaba él, se formaba un hogar.


Circo de Barrosa

Tomamos un bocado junto a la cabaña de pastores, ya junto al barranco. Entonces sólo tomamos un bocadillo. Después, Esteban ha sido un gran anfitrión para todas las personas que acogía en su casa.

Esteban era acogida. Y eso hacía que se abrieran los corazones.

Cabaña de Barrosa

Descendimos por el valle junto al barranco de Barrosa. Hoy sé que somos agua del mismo río y que un día nos encontraremos en el mismo mar. Entonces, sólo escuchábamos el bullicioso surgir del agua descendiendo con rapidez.

Como creyentes, un día nos juntaremos y seguiremos la ruta.


Barranco de Barrosa

Y llegamos a los restos de las Minas de Parzán, donde trabajaron mis abuelos maternos. Hoy la maleza cubre la estación del teleférico que llevaba el mineral a Francia.

Con Esteban disfrutábamos hablando de obras de ingeniería. Se juntaba mi ilusión y su conocimiento.


Restos del teleférico

Hoy apenas queda nada de lo que fue un gran centro de minería en la segunda decena del siglo XX.

Fotografía antigua de las Minas de Parzán

Una vez pasada la mina, llegamos a Las Bordas de Parzán. Toca seguir la carretera unos 3 kilómetros para recoger el coche.

Bordas de Parzán

Como toda excursión montañera, finaliza con una cerveza. Esta vez en Bielsa, donde comentamos las sensaciones del día, como tantas otra veces hicimos con las de nuestras vidas y lo seguiremos haciendo a lo largo de la vida que me queda en esta dimensión diferente donde seguimos juntos.

Si alguien quiere repetir esta ruta, puede conseguir el trazado en GPS que hicimos en Wikiloc.

Mapa de la ruta

Dedicado a su esposa e hijos, para que les siga guiando el camino.
Y cuando vuelva a pasear por Barrosa, sé que él volverá a caminar conmigo, como siempre lo hizo.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025