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Trazar el camino interior |
- 🛤 Cómo comenzar —o continuar— ese viaje interior
- ❓¿Realmente existe un camino interior?
- 📍 Rastrear el camino recorrido
- 🧶 Mi camino recorrido
- 🧭 La importancia de ser consciente de este camino interior
- 🛠 Herramientas para reconocer el camino recorrido
- 🧭 El destino de nuestro camino
- 🧭 Calibrar la brújula interior
- 🌿 Mis 7 lugares de reposo
No sé si la expresión “el camino interior” es una reminiscencia de mis creencias católicas o si es algo que podría entender cualquier persona. Tal vez se ha ido interiorizando en la sociedad con lo que Maslow llamó la autorrealización en su pirámide de la motivación. O quizás es un constructo que crea nuestra mente para no entrar en disonancia consigo misma.
O tal vez sea el camino que recorremos cuando el andar de la vida nos va empujando, poco a poco, a tomar consciencia de nuestra identidad. Ese momento en que surge una necesidad genuina de transitar un trayecto propio, íntimo, que nos lleva —inevitablemente— a la introspección.
Tampoco sé si es fruto del desarrollo intelectual tras una vida dedicada al estudio, a la escritura y a la reflexión sobre la realidad. Y me pregunto si, en cambio, quienes no han transitado ese tipo de recorrido vital perciben este “camino interior” de otro modo —o quizás no lo perciben en absoluto—.
El caso es que, tras muchos años dedicado al senderismo y a proponer cientos de rutas en este blog, siento ahora la necesidad de explorar este otro camino. Me viene a la mente la imagen de los ascetas que se retiraban del mundo para comenzar su búsqueda interior. Así surgieron, por ejemplo, los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.
Sin embargo, no siento la necesidad de una “meditación contemplativa”. Ya en mi juventud opté por la “meditación en acción” que proponía Chögyam Trungpa Rinpoche con su tercera vía. En mis miles de horas de senderismo ya he experimentado el silencio de la meditación, y ese silencio se ha ido integrando hasta convertirse en una parte esencial de mi personalidad.
🛤 Cómo comenzar —o continuar— ese viaje interior
Creo que hace años que comencé ese viaje, pero a mis 59 me gustaría ahora conocer mejor su recorrido… y su destino. Y también, en la medida de lo posible, acompañar con mis palabras a quienes se encuentren con la misma inquietud.
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Comenzar ese viaje interior |
Siempre me ha gustado empezar desde la experiencia y desde el presente, para no crear mundos imaginarios. Hace una semana comencé un nuevo trabajo, muy distinto al anterior en contenido, aunque similar en propósito: en ambos casos se trata de ayudar a las personas de forma gratuita desde el ámbito público.
Como todo comienzo en una nueva área de conocimiento, estos días están suponiendo una gran dedicación mental: adquirir nuevos saberes, adaptarme a formas de trabajo diferentes y asimilar rutinas que me son ajenas. Lo hago desde la serenidad, pero muchos días llego a casa cansado, porque hay un trabajo intelectual intenso que exige mucha atención.
Me ha sorprendido comenzar este nuevo camino desde la serenidad, sin sentir ansiedad alguna. Y es precisamente esto lo que me ha llevado a escribir esta reflexión sobre el camino interior.
❓¿Realmente existe un camino interior?
Desde mi formación filosófica, no puedo evitar comenzar por la duda: ¿realmente existe un camino interior, tal como lo he planteado en la introducción? Podría acudir a la bibliografía especializada, pero sé que correría el riesgo de contaminarme con lo que se escribió en otros momentos históricos y desde las circunstancias particulares de otras personas.
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Encrucijada en la niebla |
El espíritu de este blog, sin embargo, siempre ha sido otro: ayudar a la reflexión en los términos que propusieron filósofos como Michel de Montaigne y Erich Fromm, y ejercitar nuestra propia libertad de pensamiento.
La psicología habla del diálogo interior como un proceso cognitivo, mientras que la religión se refiere a la espiritualidad como una relación con un ser superior. Así, nos encontramos con discursos interiores de distinta naturaleza, y me pregunto si realmente son compatibles entre sí.
Vemos que hay, al menos, un discurso interior, aunque surja desde diferentes enfoques. ¿Pero eso implica que exista un camino interior? ¿O, como decía el poeta Antonio Machado:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.
Quizá, más que buscar un camino, lo estamos trazando.
📍 Rastrear el camino recorrido
Desde mi experiencia trazando rutas para que otras personas puedan seguirlas con GPS, me planteo ahora cómo podríamos rastrear nuestro propio camino interior. ¿Sería como hacer una biografía? ¿O tal vez un currículum? ¿Un listado de las competencias que hemos ido adquiriendo?
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Rastrear el camino recorrido |
En cualquier caso, es necesario clarificar cómo queremos plasmar ese camino recorrido, con el objetivo de que nos sirva para seguir avanzando. Tal vez se trate, simplemente, de responder a las clásicas preguntas trascendentales: ¿de dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Aquí me encuentro con una duda, desde el punto de vista intelectual: ¿desde dónde partimos al mirar nuestro camino? Porque, según el instrumento con el que observemos la realidad, encontraremos una versión u otra de ella. De ahí que se desarrollara el método científico: para acotar esa subjetividad y construir un conocimiento más verificable.
Así, parece evidente que no hay una sola forma de trazar ese camino interior, y que su forma dependerá de muchos factores: la cultura, la personalidad, las creencias… Por eso, voy a partir desde mi experiencia personal.
Uno de mis filósofos de cabecera es Ignacio Ellacuría, continuador de la obra de Xavier Zubiri. En su obra póstuma Filosofía de la realidad histórica, expone con claridad su pensamiento. Tenía muy presente que "la realidad y la verdad han de hacerse y descubrirse, y que han de hacerse y descubrirse en la complejidad colectiva y sucesiva de la historia, de la humanidad".
🧶 Mi camino recorrido
En la entrada de este blog titulada Vivir otras vidas, hago un repaso reflexivo de mi biografía, estructurándola en distintas etapas que llamo “vidas”. Ya en esa decisión hay una postura epistemológica: elegir una forma determinada de organizar el camino recorrido. Otra persona, desde otra mirada o sensibilidad, podría haberlo hecho de manera muy distinta.
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Recuerdos sobre la mesa |
Quizás tomé esa decisión influido por mi experiencia diseñando rutas, en las que uno va de un lugar a otro como si cerrara distintas etapas. Esta metodología encaja con mi postulado filosófico de que nuestra vida forma parte de la realidad histórica, y que es precisamente esa dimensión la que le otorga trascendencia a nuestra existencia.
Así, mi camino recorrido lo he propuesto como una sucesión de etapas vitales, cada una con sus aprendizajes y sentidos. En este marco, el camino interior no sería algo externo o separado, sino el trayecto que estamos recorriendo, con plena conciencia. Y ahí entran en juego las distintas herramientas que cada uno puede emplear, según su cultura o creencias: ya sea la psicología, la filosofía o la religión.
🧭 La importancia de ser consciente de este camino interior
En un momento de realidad histórica acelerada, donde conviven la teoría del caos y la posverdad, más que nunca se hace necesaria una brújula interior. Una guía propia que nos permita no dejarnos arrastrar por los múltiples mensajes que recibimos a través de diversos canales de comunicación, muchos de ellos cargados de intenciones claras por parte de quienes los difunden.
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Brújula en mano al atardecer |
Voy a ejemplificarlo con un caso concreto. En España llevamos décadas escuchando el mensaje de que “no vamos a cobrar las pensiones”. Este discurso, repetido sistemáticamente, ha calado profundamente en la población, independientemente de su nivel de formación. La consecuencia es que muchas personas adoptan decisiones —a menudo vitales— en función de esa creencia, sin haberla sometido a una reflexión crítica o haber contrastado su fundamento real.
Al llegar a este punto, veo con claridad la necesidad de tomar conciencia del camino recorrido. Solo desde ahí —desde nuestra propia experiencia de la existencia— podremos contrastar la información que nos llega y decidir con mayor libertad. Esa conciencia es, quizá, el primer paso para no vivir a la deriva.
🛠 Herramientas para reconocer el camino recorrido
En este apartado quiero recopilar algunas herramientas que pueden resultar útiles para que cada persona pueda empezar a tomar conciencia del camino que ha recorrido hasta ahora:
- Escribir una biografía personal. No tiene que ser extensa ni detallada, sino un intento de poner en palabras quiénes hemos sido, en qué momentos clave, y cómo hemos cambiado.
- Identificar las etapas vividas. Pensar en qué momentos se produjeron rupturas, giros, comienzos o cierres, y cómo los percibimos ahora.
- Analizar esas etapas. En mi entrada Vivir otras vidas, utilicé la metodología del círculo de calidad —Planificar, Hacer, Verificar y Ajustar— como una forma de lectura reflexiva de la vida. Pero podrían usarse otras metodologías que se adapten mejor a nuestra forma de pensar o sentir.
No se trata de llegar de inmediato a grandes claridades. Lo importante es empezar a ser conscientes, a observar sin juicio. Poco a poco iremos puliendo lo que emerja.
🧭 El destino de nuestro camino
Una vez que hemos identificado el camino recorrido —o al menos una parte de él—, llega una nueva fase: preguntarnos en qué punto del camino nos encontramos y si es posible vislumbrar cuál podría ser la próxima etapa.
Este ejercicio no es sencillo, y no deberíamos angustiarnos si no lo vemos con claridad. Se trata, más bien, de tomar conciencia de que estamos atravesando una etapa, y que, como en todo camino, habrá otra después.
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Contemplando el horizonte |
La verdad es que los seres humanos no somos especialmente buenos anticipando el futuro. Estamos más preparados para resolver los problemas del presente. Pero aun así, detenernos a observar dónde estamos nos puede ayudar a caminar con mayor intención y atención.
Ya hemos comentado que este destino no es igual para todas las personas, pues depende de sus circunstancias —como ya señaló el filósofo Ortega y Gasset—. Nunca caigamos en la trampa de compararnos con los demás: esa comparación casi siempre desemboca en la envidia, y la envidia no es una buena compañera de viaje.
🧭 Calibrar la brújula interior
No quiero cerrar esta reflexión dejando una sensación de subjetivismo que nos vuelva vulnerables ante lo que nos sucede. Nuestra forma de actuar, aunque a menudo no lo parezca, está guiada por numerosos automatismos de los que no siempre somos conscientes.
Podríamos decir que, a lo largo de la vida, vamos construyendo una brújula interior que nos orienta. Pero como toda brújula, necesita calibrarse de vez en cuando: revisar sus referencias, cuestionar sus giros, afinar su sensibilidad. Ese ejercicio no es sólo personal, sino también histórico, cultural y, en muchos casos, colectivo.
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Calibrando la brújula interior |
¿Cómo calibramos esa brújula interior? Pues dependerá de cada uno. Cuando estudiaba en ESADE, con los jesuitas, nos decían que la realidad no es ni blanca ni negra, pero que, al llegar a casa, nos laváramos las manos. Con esto querían decir que nuestro círculo más íntimo —la familia, los afectos, el hogar— es donde esa brújula se contrasta, se reordena y se limpia.
En mi caso, tengo algunos lugares de reposo donde calibro esa brújula. En el blog expongo siete de ellos. El primero es Capella. Son espacios que me invitan a la reflexión por distintos motivos. Cada persona, claro está, tiene los suyos.
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Herramientas para comenzar tu camino interior |
🌿 Mis 7 lugares de reposo
Son espacios donde mi brújula interior se calma y se orienta. Lugares a los que vuelvo una y otra vez, cada uno con su propio silencio y belleza.
- 1️⃣ Capella — El inicio de muchos caminos y un lugar donde respirar la historia.
- 2️⃣ El Pueyo de Barbastro — Mirador sereno donde la vista se funde con el horizonte.
- 3️⃣ Embalse de Pineta — Agua y montaña en un abrazo de calma.
- 4️⃣ Ermita de las Terrazas — Silencio que se asoma al valle desde lo alto.
- 5️⃣ Ermita del Pilar — Lugar de recogimiento entre campos y cielos abiertos.
- 6️⃣ Tella — Pueblo de piedra y aire puro, guardián del Pirineo.
- 7️⃣ Obarra — Un rincón donde la historia y la naturaleza dialogan en paz.
En la entrada Cómo mantener el hábito de la reflexión se trata la pragmática de la reflexión.
Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.
Daniel Vallés Turmo
Agosto de 2025
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