En la entrada “Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto” miramos Torreciudad desde Barbastro. Ahora quiero hacerlo desde el despoblado de Bolturina para ofrecer otra perspectiva.
La razón está en una fotografía de 1964 que aparece en aquella entrada, cuando empezaba a gestarse la nueva Torreciudad. En ella vemos la imagen restaurada de la Virgen de Torreciudad regresando a su antigua ermita, acompañada por el obispo de Barbastro, Jaime Flores, y por numerosos vecinos. Pero hay un detalle que cambia por completo la forma de mirar aquella escena: la romería parte de Bolturina.
Hoy puede resultar extraño. Quien visita Torreciudad llega normalmente por la carretera que conduce directamente al santuario desde El Grado y Bolturina queda fuera del recorrido habitual. Sólo vuelve a aparecer si llegamos por la carretera de La Puebla de Castro. En 1964 aquellas carreteras todavía no existían y la geografía era muy distinta. Para comprender la antigua Torreciudad hay que volver a mirar los pueblos y caminos que la rodeaban.
Y entre ellos aparece Bolturina.
Bolturina no era sólo un pueblo cercano
Hoy Bolturina aparece como un despoblado y la iglesia de Santa Ana queda casi aislada en el paisaje. Cuesta imaginar que a su alrededor hubo casas, calles, familias, cultivos y una vida cotidiana completa. Bolturina llegó a alcanzar 173 habitantes en 1857 y todavía censaba 61 en 1970. Las fotografías antiguas permiten recuperar la imagen de un pequeño núcleo compacto, con cerca de treinta casas durante buena parte del siglo XX, la iglesia integrada en el pueblo y los campos trabajados a su alrededor.
La cercanía con Torreciudad no era sólo geográfica. Durante siglos, la antigua ermita estuvo vinculada eclesiásticamente al Priorato de Bolturina, y todavía a comienzos del siglo XX la Casa-Santuario y sus tierras aparecen documentadas dentro de esa jurisdicción.
Los documentos del siglo XIX permiten incluso asomarse a una Torreciudad muy distinta de la actual. Aparecen vecinos de Bolturina relacionados con la Casa-Santuario y los inventarios hablan de camas, alimentos, animales y utensilios domésticos propios de una hospedería. La ermita no era únicamente un lugar de devoción: formaba parte de una pequeña economía rural ligada al territorio.
Cuando terminaban las romerías y llegaba el invierno, Torreciudad quedaba prácticamente aislada. Una de las fuentes cuenta que, cuando había prior, éste se trasladaba entonces a Bolturina. Es un detalle pequeño, pero muy revelador: ambos lugares formaban parte de una misma vida cotidiana.
A Torreciudad se llegaba a pie o a caballo
Desde El Grado existía una senda difícil y accidentada, mientras que Bolturina ofrecía una de las rutas utilizadas por quienes viajaban con caballerías. Llegar a Torreciudad no era una ruta sencilla.
La romería de 1964 conserva así mucho más que una celebración religiosa. Conserva un paisaje humano que todavía funcionaba: el pueblo, sus vecinos, la Virgen y el camino hacia la ermita.
Pero aquel mundo estaba a punto de cambiar.
Mientras Bolturina se vaciaba, Torreciudad crecía
La desaparición de Bolturina no puede explicarse por Torreciudad. Forma parte de un proceso de despoblación mucho más amplio que afectó durante aquellas décadas a numerosos pueblos del Somontano, la Ribagorza y el Sobrarbe. En mi propia familia ocurrió algo parecido con Sarsa de Surta, el pueblo donde nació mi padre y que también terminó quedando abandonado.
El camino del abandono: Sarsa de Surta es, en ese sentido, otra parte de la misma historia.
La falta de oportunidades, la mecanización del campo, la marcha hacia Barbastro, Monzón, Zaragoza o Barcelona y los grandes cambios económicos de aquellos años fueron vaciando muchos pequeños núcleos rurales. Al mismo tiempo, las grandes obras que transformaban el territorio —el embalse de El Grado, los nuevos regadíos o la construcción del nuevo santuario de Torreciudad— también generaban empleo y retenían durante un tiempo a parte de aquella población.
Por eso quizá la imagen más justa no sea buscar una relación de causa y efecto, sino observar dos procesos que sucedían casi al mismo tiempo: mientras Bolturina perdía habitantes, Torreciudad ganaba visitantes.
Las fotografías aéreas permiten distinguir además dos momentos diferentes. Primero se produjo el abandono progresivo del pueblo. Después llegó su desaparición física.
Diversas fuentes señalan que buena parte de las propiedades fueron adquiridas durante aquellos años por sociedades o entidades vinculadas al entorno patrimonial de Torreciudad. Cuando el pueblo quedó deshabitado, muchas viviendas fueron derribadas o dinamitadas. Sobre las razones concretas aparecen versiones diferentes: unas hablan de seguridad ante el estado de las construcciones y otras recogen testimonios según los cuales también se pretendía evitar la ocupación de las casas abandonadas.
Con las fuentes que he podido localizar no parece prudente ir mucho más lejos. Lo que sí puede comprobarse en las fotografías y ortofotos es el resultado: allí donde había existido un pequeño pueblo compacto quedó finalmente la iglesia de Santa Ana sola en el paisaje. El pueblo había desaparecido físicamente.
Cuando cambió el camino
La transformación decisiva no fue únicamente la construcción del nuevo santuario. También cambió la manera de llegar hasta él.
Durante siglos, Torreciudad había estado unido a su entorno por caminos que obligaban a pasar por los pueblos, seguir el relieve y adaptarse a una geografía difícil. Bolturina era una de esas puertas de acceso. La llegada formaba parte del propio viaje.
La construcción de las nuevas carreteras alteró por completo esa relación. Torreciudad pasó a estar conectado directamente con una red viaria pensada para otro volumen de visitantes y para una forma de acceso muy distinta. El nuevo acceso quedó articulado principalmente desde El Grado, mientras Bolturina quedaba fuera del recorrido habitual.
La nueva carretera no sólo cambió el acceso a Torreciudad. Cambió también su relación con los pueblos que lo rodeaban.
El antiguo esquema podría resumirse de una forma sencilla: pueblo, camino y ermita. El nuevo era diferente: carretera, aparcamiento y santuario.
Bolturina dejó de estar en el recorrido habitual de quienes llegaban a Torreciudad. Poco a poco, también dejó de estar en la mirada.
La historia anterior seguía existiendo, pero había dejado de ser visible para la mayoría de quienes llegaban a Torreciudad.
Recuperar Bolturina
Sin embargo, Bolturina no ha desaparecido de la memoria.
En los últimos años antiguos vecinos, descendientes y personas vinculadas al lugar han comenzado a recuperar fotografías, recuerdos, nombres y espacios. La Asociación Amigos de Bolturina, creada en 2019, ha impulsado trabajos de limpieza y recuperación del entorno de la iglesia de Santa Ana, el cementerio y la fuente.
En 2021 varias jornadas de trabajo permitieron volver a acondicionar algunos de esos lugares. El lema utilizado entonces resumía bien el sentido de la iniciativa: “Tras más de 40 años de silencio, Bolturina renace”.
Después llegaron también exposiciones y encuentros destinados a recuperar la memoria del pueblo. En 2022 se organizó la muestra Recordando Bolturina, con fotografías y recuerdos de antiguos habitantes y descendientes.
Y en 2024 el Museo Diocesano Barbastro-Monzón acogió la exposición De Bolturina a Torreciudad, el peregrinar de una Virgen , que recuperaba precisamente algunos de los vínculos históricos entre ambos lugares.
Recuperar Bolturina no significa necesariamente reconstruir el pueblo tal como fue. Significa también recuperar los nombres, las fotografías, las historias familiares, los caminos y la función que aquel lugar tuvo dentro de su territorio.
Devolver el nombre a las casas
Pero a la imagen del antiguo pueblo le faltaba algo fundamental: los nombres de sus casas.
A raíz de la publicación de esta entrada comenzaron a llegar recuerdos de descendientes y personas vinculadas a Bolturina. Aparecieron nombres como Casa Fuster, Casa Miranda, Casa Sánchez, Casa Juanico, Casa Obis, Casa El Royo o Casa Layo, acompañados en algunos casos por recuerdos muy precisos sobre su ubicación y sobre las familias que habían vivido en ellas.
Aquellas aportaciones permitieron empezar a devolver nombres a un pueblo que hoy prácticamente ha desaparecido del paisaje. Pero faltaba una base que permitiera situarlos con mayor precisión.
Esa base apareció en el plano parcelario de Bolturina de 1976, que conserva la estructura de buena parte del caserío, sus calles, parcelas y edificios en los últimos años de vida del pueblo.
El contacto con Amigos de Bolturina, asociación que desde hace años trabaja en la recuperación de la memoria del pueblo, permitió dar un paso más. Desde la asociación me pusieron en contacto con José Antonio Castarlenas, conocedor de la ubicación y los nombres de las antiguas casas de Bolturina.
Gracias a la información que me ha facilitado ha sido posible situar sobre el plano las casas y algunos de los espacios principales del antiguo núcleo. El resultado permite mirar hoy Bolturina de una manera muy distinta: donde actualmente apenas reconocemos la iglesia de Santa Ana, vuelven a aparecer las casas, las calles y los nombres de quienes formaron aquel pueblo.
Pero todavía quedaba un paso más.
El plano de 1976 permite saber cómo se distribuían las casas y poner nombre a muchas de ellas. Al trasladar esa información sobre la ortofoto actual podemos volver a situar el antiguo caserío en el paisaje.
El resultado es especialmente llamativo porque hoy, al observar Bolturina desde el aire, prácticamente sólo reconocemos la iglesia de Santa Ana. Al superponer la antigua trama del pueblo, las casas y las calles vuelven a ocupar su lugar en el mapa.
Pero quizá la transformación se comprenda todavía mejor viendo ambas imágenes sobre el mismo paisaje. Al hacer aparecer y desaparecer el antiguo caserío se percibe de forma inmediata la dimensión del pueblo que ocupaba este lugar.
Devolver también la imagen a las casas
Situar las antiguas casas sobre el mapa permite recuperar la forma de Bolturina. Pero todavía podría darse un paso más: recuperar también su memoria fotográfica.
Muchas familias conservarán probablemente fotografías en las que aparecen sus casas, las calles, las eras o pequeños rincones del pueblo. Algunas quizá fueron tomadas expresamente delante de una vivienda; en otras, la casa aparecerá simplemente al fondo de una celebración, una romería, una reunión familiar o una escena de la vida cotidiana.
Ahora que conocemos aproximadamente la situación de muchas de las casas, esas fotografías podrían volver a colocarse en su lugar. Casa Fuster, Casa Miranda, Casa Sánchez, Casa Juanico, Casa Layo... dejarían de ser solamente nombres y números sobre un plano y recuperarían también una imagen.
Sería una forma de construir, poco a poco, una memoria visual de Bolturina casa por casa.
Y ese trabajo ha comenzado.
Las fotografías antiguas nos han permitido reconocer algunas de aquellas casas y, además, volver a situarnos en las antiguas calles de Bolturina.
¿Conservas fotografías antiguas de Bolturina?
Si alguna persona vinculada a Bolturina conserva fotografías antiguas en las que pueda reconocerse una casa, una calle o cualquier otro lugar del pueblo y desea compartirlas para incorporarlas a esta memoria, puede ponerse en contacto conmigo a través de Caminos de Barbastro.
No importa que la fotografía no sea perfecta ni que inicialmente no sepamos exactamente qué lugar aparece en ella. A veces una imagen, un nombre y el recuerdo de varias personas son suficientes para devolver al mapa una pequeña parte de un pueblo desaparecido.
Una primera imagen: Casa Ballarín
Esta fotografía permite comprobar lo que podría aportar esa memoria visual de Bolturina casa por casa. Fue tomada hacia 1980, cuando el antiguo caserío de Bolturina ya había desaparecido prácticamente por completo.
En primer término aparecen la iglesia de Santa Ana y, a su izquierda, Casa Ballarín, identificada con el número 24 en el plano que hemos reconstruido. Según la fuente que reproduce la fotografía, en 1980 eran los dos edificios que todavía permanecían en pie. Al fondo puede verse Secastilla.
Una fotografía como ésta permite dar un paso más: pasar del número y el nombre sobre el plano a la imagen real de una de las casas y a su posición dentro del paisaje.
El plano devuelve así nombres concretos a lo que hoy es difícil reconocer sobre el terreno: Ignacio, Franco, Llorenz, Fuster, Miranda, Sierra, Layo, El Royo, Sesa, Juan, Barri, Salinas, Mora, Costa, Juanico, Vicén, Pera, Patricio, Sánchez, Joaquín, Ballarín, Obis, Antón, Sastre, Tejedor, Abadía, Salamero, Andrés, Llanas y Ferrero, además de espacios como la iglesia, el cementerio, las escuelas y el horno.
No son únicamente nombres sobre un plano. Detrás de muchos de ellos aparecen las historias que han ido llegando durante estos días: la casa de los abuelos, el lugar donde nació un padre, los veranos de infancia, la escuela, los vecinos o los caminos por los que se entraba y salía del pueblo.
Recuperar Bolturina significa también esto: volver a colocar sobre el mapa las casas que desaparecieron físicamente y conservar los nombres con los que las conocieron quienes vivieron allí.
Volver a Bolturina
El 16 de septiembre de 2026 he vuelto a Bolturina después de realizar este trabajo de reconstrucción sobre los mapas. Quería comprobar sobre el terreno cuánto quedaba todavía de aquel pueblo que acabábamos de volver a situar sobre la ortofoto.
La impresión ha sido incluso más fuerte que la que transmiten las imágenes aéreas. El tramo final de la pista presenta baches y bastante vegetación, por lo que no lo considero adecuado para un turismo convencional. Y al llegar al antiguo núcleo, la vegetación cubre prácticamente todo y apenas pueden reconocerse los restos de los antiguos muros. En muchos lugares sólo se perciben acumulaciones de piedra y superficies aplanadas allí donde estuvieron las casas.
Sobre el terreno, la sensación de desaparición física de Bolturina es todavía mayor que sobre el mapa.
Para quien quiera comprender cómo fue el antiguo pueblo, las fotografías, los planos y las ortofotos reunidos en esta entrada permiten leer hoy el caserío mejor de lo que puede hacerse caminando entre sus restos.
Hay, sin embargo, algo que todavía atraviesa Bolturina y le devuelve vida: el GR 17. El sendero pasa por la parte meridional del antiguo núcleo y conduce al caminante junto a la iglesia de Santa Ana. Durante unos minutos, Bolturina vuelve a ser un lugar de paso.
Lo que encontrará quien llegue hoy a Bolturina
Al recorrer el antiguo pueblo resulta muy difícil reconocer sobre el terreno dónde estuvieron sus casas. En ese paisaje adquieren especial importancia los cuatro paneles instalados por Amigos de Bolturina y el Ayuntamiento de Secastilla. Son, en buena medida, la guía que permite al visitante reconstruir mentalmente el pueblo que ya no puede ver.
Los paneles recuerdan la historia de Bolturina, la vida cotidiana de sus habitantes, la iglesia de Santa Ana y la fuente y el lavadero. Los reproduzco aquí porque forman parte de lo que encontrará quien llegue actualmente al antiguo pueblo.
Hoy cuesta encontrar las casas de Bolturina sobre el terreno. Estos paneles, el sendero GR 17 y la iglesia de Santa Ana son los principales elementos que ayudan al visitante a comprender que bajo la vegetación hubo hasta hace pocas décadas un pueblo lleno de vida.
Cuando casi han desaparecido las piedras, conservar las fotografías, los nombres y los recuerdos deja de ser solamente un ejercicio de memoria: se convierte en una forma de conservar el pueblo.
Volver a caminar la historia
Hoy todavía es posible acercarse a esa antigua geografía de una forma distinta a la habitual. El GR 17 atraviesa La Puebla de Castro, Ubiergo y Bolturina antes de llegar al Santuario de Torreciudad y continuar hacia El Grado.
No podemos afirmar que el sendero actual reproduzca metro a metro los caminos utilizados durante siglos, pero sí recupera, al menos en parte, su lógica: llegar a Torreciudad atravesando el territorio y pasando por algunos de los lugares que formaban parte de su antigua geografía humana.
GR 17: La Puebla de Castro – Ubiergo – Bolturina – Santuario de Torreciudad – El Grado
Quien hoy llega andando por este camino contempla Torreciudad de una manera muy diferente a quien llega directamente en coche. Aparecen el relieve, las distancias, los barrancos, los antiguos pueblos y esa sensación de aproximarse poco a poco a un lugar que durante siglos estuvo mucho más aislado.
Y vuelve a aparecer Bolturina. Durante siglos fue uno de los lugares desde los que se entendía y se alcanzaba Torreciudad. Después perdió habitantes, desaparecieron sus casas y la nueva carretera dejó el antiguo pueblo fuera del recorrido habitual. Pero la historia no desapareció con las casas. Permanece en los documentos, en las fotografías, en la iglesia de Santa Ana, en los recuerdos de quienes nacieron allí o descendieron de sus habitantes y también en los caminos que todavía atraviesan este paisaje.
Para comprender del todo Torreciudad, hay que volver a mirar el camino que venía de Bolturina.
Fuentes y más información
Antonio Torres Rausa, Torreciudad: propiedad y patrimonio en los siglos pasados .
Antonio Torres Rausa, Torreciudad: la vida cotidiana en los dos últimos siglos .
Constantino Ánchel, La primera romería de san Josemaría a la Virgen de Torreciudad .
Museo Diocesano Barbastro-Monzón, De Bolturina a Torreciudad, el peregrinar de una Virgen .
Diario del AltoAragón, La ilusión ya marca la rehabilitación del núcleo deshabitado de Bolturina .
Senderos Turísticos de Aragón, GR 17: La Puebla de Castro – Ubiergo – Bolturina – Santuario de Torreciudad – El Grado .
José Antonio Castarlenas. Información sobre los nombres y la localización de las antiguas casas de Bolturina, facilitada al autor en septiembre de 2026.
Amigos de Bolturina. Información y documentación sobre los trabajos de recuperación de la memoria del antiguo pueblo de Bolturina.
Cómo acercarse a Bolturina
Bolturina se encuentra junto a la carretera que une Torreciudad con La Puebla de Castro. A unos 3,3 kilómetros de Torreciudad hay que abandonar la carretera y tomar la pista que conduce hacia el antiguo núcleo. En mi visita del 16 de septiembre de 2026, el tramo final presentaba baches y bastante vegetación, por lo que no recomiendo recorrerlo con un turismo convencional. La opción más prudente es realizar a pie el último tramo desde la carretera, teniendo en cuenta el estado del camino y las condiciones del momento. Para facilitar la localización, he preparado la ruta en Google Maps:
Torreciudad en Caminos de Barbastro
Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:
-
Torreciudad
Una primera mirada publicada en Caminos de Barbastro en 2015. -
Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
De la antigua ermita sobre el Cinca al gran santuario junto al embalse. -
Torreciudad desde el Obispado: la historia que empezó antes del gran santuario
La antigua ermita, la Virgen y el nuevo santuario vistos desde la historia y la posición del Obispado de Barbastro-Monzón. -
Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto
Los vínculos históricos entre Torreciudad, Barbastro y la diócesis. -
Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino
Los pueblos, caminos y relaciones humanas que rodeaban a la antigua Torreciudad. -
Bolturina: volver a caminar sus calles
Las antiguas casas y calles de Bolturina recuperadas a través del plano, las fotografías y la memoria de sus familias. -
Torreciudad y Barbastro: un camino de restitución, reconciliación y futuro
Una reflexión sobre el conflicto y la búsqueda de una salida compartida. -
Torreciudad: una solución para que nadie tenga que desaparecer
Una reflexión sobre una posible salida al conflicto preservando las distintas realidades de Torreciudad.
Contenido elaborado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información, análisis cartográfico y edición del texto.
Daniel Vallés Turmo
Septiembre de 2026
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