Mostrando entradas con la etiqueta Caminos históricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Caminos históricos. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2026

Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino

Antiguo Santuario de Torreciudad visto desde el camino de La Puebla de Castro
Antiguo Santuario de Torreciudad y torre de señales, vistos desde el camino de La Puebla de Castro una vez pasadas las Serrafinas. Fotografía: Pedro Bardají Suárez. Fuente: «Torreciudad: la vida cotidiana en los dos últimos siglos» .

En la entrada “Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto” miramos Torreciudad desde Barbastro. Ahora quiero hacerlo desde el despoblado de Bolturina para ofrecer otra perspectiva.

La razón está en una fotografía de 1964 que aparece en aquella entrada, cuando empezaba a gestarse la nueva Torreciudad. En ella vemos la imagen restaurada de la Virgen de Torreciudad regresando a su antigua ermita, acompañada por el obispo de Barbastro, Jaime Flores, y por numerosos vecinos. Pero hay un detalle que cambia por completo la forma de mirar aquella escena: la romería parte de Bolturina.

Hoy puede resultar extraño. Quien visita Torreciudad llega normalmente por la carretera que conduce directamente al santuario desde El Grado y Bolturina queda fuera del recorrido habitual. Sólo vuelve a aparecer si llegamos por la carretera de La Puebla de Castro. En 1964 aquellas carreteras todavía no existían y la geografía era muy distinta. Para comprender la antigua Torreciudad hay que volver a mirar los pueblos y caminos que la rodeaban.

Y entre ellos aparece Bolturina.

Bolturina no era sólo un pueblo cercano

Hoy Bolturina aparece como un despoblado y la iglesia de Santa Ana queda casi aislada en el paisaje. Cuesta imaginar que a su alrededor hubo casas, calles, familias, cultivos y una vida cotidiana completa. Bolturina llegó a alcanzar 173 habitantes en 1857 y todavía censaba 61 en 1970. Las fotografías antiguas permiten recuperar la imagen de un pequeño núcleo compacto, con cerca de treinta casas durante buena parte del siglo XX, la iglesia integrada en el pueblo y los campos trabajados a su alrededor.

Vista antigua del pueblo de Bolturina
Estado actual de Bolturina con la iglesia de Santa Ana
La iglesia de Santa Ana permite reconocer el antiguo núcleo. Antes formaba parte del pueblo; hoy permanece sola.

La cercanía con Torreciudad no era sólo geográfica. Durante siglos, la antigua ermita estuvo vinculada eclesiásticamente al Priorato de Bolturina, y todavía a comienzos del siglo XX la Casa-Santuario y sus tierras aparecen documentadas dentro de esa jurisdicción.

Los documentos del siglo XIX permiten incluso asomarse a una Torreciudad muy distinta de la actual. Aparecen vecinos de Bolturina relacionados con la Casa-Santuario y los inventarios hablan de camas, alimentos, animales y utensilios domésticos propios de una hospedería. La ermita no era únicamente un lugar de devoción: formaba parte de una pequeña economía rural ligada al territorio.

Cuando terminaban las romerías y llegaba el invierno, Torreciudad quedaba prácticamente aislada. Una de las fuentes cuenta que, cuando había prior, éste se trasladaba entonces a Bolturina. Es un detalle pequeño, pero muy revelador: ambos lugares formaban parte de una misma vida cotidiana.

A Torreciudad se llegaba a pie o a caballo

Desde El Grado existía una senda difícil y accidentada, mientras que Bolturina ofrecía una de las rutas utilizadas por quienes viajaban con caballerías. Llegar a Torreciudad no era una ruta sencilla.

Mapa antiguo de los caminos entre Bolturina y Torreciudad
Mapa actual del entorno de Bolturina y Torreciudad
La relación entre Bolturina y Torreciudad se entendía a través de una red de caminos anterior a la carretera moderna.

La romería de 1964 conserva así mucho más que una celebración religiosa. Conserva un paisaje humano que todavía funcionaba: el pueblo, sus vecinos, la Virgen y el camino hacia la ermita.

Pero aquel mundo estaba a punto de cambiar.

Mientras Bolturina se vaciaba, Torreciudad crecía

La desaparición de Bolturina no puede explicarse por Torreciudad. Forma parte de un proceso de despoblación mucho más amplio que afectó durante aquellas décadas a numerosos pueblos del Somontano, la Ribagorza y el Sobrarbe. En mi propia familia ocurrió algo parecido con Sarsa de Surta, el pueblo donde nació mi padre y que también terminó quedando abandonado.

El camino del abandono: Sarsa de Surta es, en ese sentido, otra parte de la misma historia.

La falta de oportunidades, la mecanización del campo, la marcha hacia Barbastro, Monzón, Zaragoza o Barcelona y los grandes cambios económicos de aquellos años fueron vaciando muchos pequeños núcleos rurales. Al mismo tiempo, las grandes obras que transformaban el territorio —el embalse de El Grado, los nuevos regadíos o la construcción del nuevo santuario de Torreciudad— también generaban empleo y retenían durante un tiempo a parte de aquella población.

Por eso quizá la imagen más justa no sea buscar una relación de causa y efecto, sino observar dos procesos que sucedían casi al mismo tiempo: mientras Bolturina perdía habitantes, Torreciudad ganaba visitantes.

Ortofoto antigua del núcleo de Bolturina
Ortofoto actual del antiguo núcleo de Bolturina
La comparación aérea permite reconocer el antiguo núcleo de Bolturina y comprobar hasta qué punto ha cambiado el paisaje.

Las fotografías aéreas permiten distinguir además dos momentos diferentes. Primero se produjo el abandono progresivo del pueblo. Después llegó su desaparición física.

Diversas fuentes señalan que buena parte de las propiedades fueron adquiridas durante aquellos años por sociedades o entidades vinculadas al entorno patrimonial de Torreciudad. Cuando el pueblo quedó deshabitado, muchas viviendas fueron derribadas o dinamitadas. Sobre las razones concretas aparecen versiones diferentes: unas hablan de seguridad ante el estado de las construcciones y otras recogen testimonios según los cuales también se pretendía evitar la ocupación de las casas abandonadas.

Con las fuentes que he podido localizar no parece prudente ir mucho más lejos. Lo que sí puede comprobarse en las fotografías y ortofotos es el resultado: allí donde había existido un pequeño pueblo compacto quedó finalmente la iglesia de Santa Ana sola en el paisaje. El pueblo había desaparecido físicamente.

Cuando cambió el camino

La transformación decisiva no fue únicamente la construcción del nuevo santuario. También cambió la manera de llegar hasta él.

Durante siglos, Torreciudad había estado unido a su entorno por caminos que obligaban a pasar por los pueblos, seguir el relieve y adaptarse a una geografía difícil. Bolturina era una de esas puertas de acceso. La llegada formaba parte del propio viaje.

La construcción de las nuevas carreteras alteró por completo esa relación. Torreciudad pasó a estar conectado directamente con una red viaria pensada para otro volumen de visitantes y para una forma de acceso muy distinta. El nuevo acceso quedó articulado principalmente desde El Grado, mientras Bolturina quedaba fuera del recorrido habitual.

La nueva carretera no sólo cambió el acceso a Torreciudad. Cambió también su relación con los pueblos que lo rodeaban.

El antiguo esquema podría resumirse de una forma sencilla: pueblo, camino y ermita. El nuevo era diferente: carretera, aparcamiento y santuario.

Bolturina dejó de estar en el recorrido habitual de quienes llegaban a Torreciudad. Poco a poco, también dejó de estar en la mirada.

La historia anterior seguía existiendo, pero había dejado de ser visible para la mayoría de quienes llegaban a Torreciudad.

Recuperar Bolturina

Sin embargo, Bolturina no ha desaparecido de la memoria.

En los últimos años antiguos vecinos, descendientes y personas vinculadas al lugar han comenzado a recuperar fotografías, recuerdos, nombres y espacios. La Asociación Amigos de Bolturina, creada en 2019, ha impulsado trabajos de limpieza y recuperación del entorno de la iglesia de Santa Ana, el cementerio y la fuente.

En 2021 varias jornadas de trabajo permitieron volver a acondicionar algunos de esos lugares. El lema utilizado entonces resumía bien el sentido de la iniciativa: “Tras más de 40 años de silencio, Bolturina renace”.

Después llegaron también exposiciones y encuentros destinados a recuperar la memoria del pueblo. En 2022 se organizó la muestra Recordando Bolturina, con fotografías y recuerdos de antiguos habitantes y descendientes.

Y en 2024 el Museo Diocesano Barbastro-Monzón acogió la exposición De Bolturina a Torreciudad, el peregrinar de una Virgen , que recuperaba precisamente algunos de los vínculos históricos entre ambos lugares.

Recuperar Bolturina no significa necesariamente reconstruir el pueblo tal como fue. Significa también recuperar los nombres, las fotografías, las historias familiares, los caminos y la función que aquel lugar tuvo dentro de su territorio.

Devolver el nombre a las casas

Pero a la imagen del antiguo pueblo le faltaba algo fundamental: los nombres de sus casas.

A raíz de la publicación de esta entrada comenzaron a llegar recuerdos de descendientes y personas vinculadas a Bolturina. Aparecieron nombres como Casa Fuster, Casa Miranda, Casa Sánchez, Casa Juanico, Casa Obis, Casa El Royo o Casa Layo, acompañados en algunos casos por recuerdos muy precisos sobre su ubicación y sobre las familias que habían vivido en ellas.

Aquellas aportaciones permitieron empezar a devolver nombres a un pueblo que hoy prácticamente ha desaparecido del paisaje. Pero faltaba una base que permitiera situarlos con mayor precisión.

Esa base apareció en el plano parcelario de Bolturina de 1976, que conserva la estructura de buena parte del caserío, sus calles, parcelas y edificios en los últimos años de vida del pueblo.

El contacto con Amigos de Bolturina, asociación que desde hace años trabaja en la recuperación de la memoria del pueblo, permitió dar un paso más. Desde la asociación me pusieron en contacto con José Antonio Castarlenas, conocedor de la ubicación y los nombres de las antiguas casas de Bolturina.

Gracias a la información que me ha facilitado ha sido posible situar sobre el plano las casas y algunos de los espacios principales del antiguo núcleo. El resultado permite mirar hoy Bolturina de una manera muy distinta: donde actualmente apenas reconocemos la iglesia de Santa Ana, vuelven a aparecer las casas, las calles y los nombres de quienes formaron aquel pueblo.

Plano parcelario de Bolturina de 1976 con la localización de las antiguas casas
Localización de las antiguas casas de Bolturina sobre el plano parcelario de 1976. Identificación y ubicación de las casas facilitadas por José Antonio Castarlenas. El plano de 1976 no recoge necesariamente todas las antiguas construcciones, ya que para entonces algunas casas estaban caídas o parcialmente derruidas.

Pero todavía quedaba un paso más.

El plano de 1976 permite saber cómo se distribuían las casas y poner nombre a muchas de ellas. Al trasladar esa información sobre la ortofoto actual podemos volver a situar el antiguo caserío en el paisaje.

El resultado es especialmente llamativo porque hoy, al observar Bolturina desde el aire, prácticamente sólo reconocemos la iglesia de Santa Ana. Al superponer la antigua trama del pueblo, las casas y las calles vuelven a ocupar su lugar en el mapa.

Antiguo caserío de Bolturina situado sobre la ortofoto actual
Bolturina vuelve al mapa. Superposición aproximada del antiguo caserío sobre la ortofoto actual, realizada a partir del plano parcelario de 1976 y de la identificación de las casas facilitada por José Antonio Castarlenas. La iglesia de Santa Ana sirve como uno de los principales puntos de referencia. La numeración corresponde a las casas y espacios identificados en el plano anterior. La reconstrucción tiene una finalidad orientativa y no pretende una precisión catastral.

Pero quizá la transformación se comprenda todavía mejor viendo ambas imágenes sobre el mismo paisaje. Al hacer aparecer y desaparecer el antiguo caserío se percibe de forma inmediata la dimensión del pueblo que ocupaba este lugar.

Animación de Bolturina mostrando el paisaje actual y la ubicación del antiguo caserío
Bolturina aparece y desaparece sobre el paisaje actual. La animación permite apreciar la extensión que ocupaba el antiguo caserío alrededor de la iglesia de Santa Ana.
Las casas desaparecieron físicamente, pero ahora podemos volver a colocarlas sobre el paisaje.

Devolver también la imagen a las casas

Situar las antiguas casas sobre el mapa permite recuperar la forma de Bolturina. Pero todavía podría darse un paso más: recuperar también su memoria fotográfica.

Muchas familias conservarán probablemente fotografías en las que aparecen sus casas, las calles, las eras o pequeños rincones del pueblo. Algunas quizá fueron tomadas expresamente delante de una vivienda; en otras, la casa aparecerá simplemente al fondo de una celebración, una romería, una reunión familiar o una escena de la vida cotidiana.

Ahora que conocemos aproximadamente la situación de muchas de las casas, esas fotografías podrían volver a colocarse en su lugar. Casa Fuster, Casa Miranda, Casa Sánchez, Casa Juanico, Casa Layo... dejarían de ser solamente nombres y números sobre un plano y recuperarían también una imagen.

Sería una forma de construir, poco a poco, una memoria visual de Bolturina casa por casa.

Y ese trabajo ha comenzado.

Las fotografías antiguas nos han permitido reconocer algunas de aquellas casas y, además, volver a situarnos en las antiguas calles de Bolturina.

→ Bolturina: volver a caminar sus calles

¿Conservas fotografías antiguas de Bolturina?

Si alguna persona vinculada a Bolturina conserva fotografías antiguas en las que pueda reconocerse una casa, una calle o cualquier otro lugar del pueblo y desea compartirlas para incorporarlas a esta memoria, puede ponerse en contacto conmigo a través de Caminos de Barbastro.

No importa que la fotografía no sea perfecta ni que inicialmente no sepamos exactamente qué lugar aparece en ella. A veces una imagen, un nombre y el recuerdo de varias personas son suficientes para devolver al mapa una pequeña parte de un pueblo desaparecido.

Una primera imagen: Casa Ballarín

Esta fotografía permite comprobar lo que podría aportar esa memoria visual de Bolturina casa por casa. Fue tomada hacia 1980, cuando el antiguo caserío de Bolturina ya había desaparecido prácticamente por completo.

En primer término aparecen la iglesia de Santa Ana y, a su izquierda, Casa Ballarín, identificada con el número 24 en el plano que hemos reconstruido. Según la fuente que reproduce la fotografía, en 1980 eran los dos edificios que todavía permanecían en pie. Al fondo puede verse Secastilla.

Casa Ballarín y la iglesia de Santa Ana de Bolturina en 1980, con Secastilla al fondo
Casa Ballarín (n.º 24) y la iglesia de Santa Ana en 1980. Al fondo, Secastilla. Fotografía: Manolo Estaún. Publicada en el libro Secastilla. Recuerdos y vivencias. Fuente: «Un paseo virtual por Bolturina» .

Una fotografía como ésta permite dar un paso más: pasar del número y el nombre sobre el plano a la imagen real de una de las casas y a su posición dentro del paisaje.

El plano devuelve así nombres concretos a lo que hoy es difícil reconocer sobre el terreno: Ignacio, Franco, Llorenz, Fuster, Miranda, Sierra, Layo, El Royo, Sesa, Juan, Barri, Salinas, Mora, Costa, Juanico, Vicén, Pera, Patricio, Sánchez, Joaquín, Ballarín, Obis, Antón, Sastre, Tejedor, Abadía, Salamero, Andrés, Llanas y Ferrero, además de espacios como la iglesia, el cementerio, las escuelas y el horno.

No son únicamente nombres sobre un plano. Detrás de muchos de ellos aparecen las historias que han ido llegando durante estos días: la casa de los abuelos, el lugar donde nació un padre, los veranos de infancia, la escuela, los vecinos o los caminos por los que se entraba y salía del pueblo.

Recuperar Bolturina significa también esto: volver a colocar sobre el mapa las casas que desaparecieron físicamente y conservar los nombres con los que las conocieron quienes vivieron allí.

Volver a Bolturina

El 16 de septiembre de 2026 he vuelto a Bolturina después de realizar este trabajo de reconstrucción sobre los mapas. Quería comprobar sobre el terreno cuánto quedaba todavía de aquel pueblo que acabábamos de volver a situar sobre la ortofoto.

La impresión ha sido incluso más fuerte que la que transmiten las imágenes aéreas. El tramo final de la pista presenta baches y bastante vegetación, por lo que no lo considero adecuado para un turismo convencional. Y al llegar al antiguo núcleo, la vegetación cubre prácticamente todo y apenas pueden reconocerse los restos de los antiguos muros. En muchos lugares sólo se perciben acumulaciones de piedra y superficies aplanadas allí donde estuvieron las casas.

Sobre el terreno, la sensación de desaparición física de Bolturina es todavía mayor que sobre el mapa.

Para quien quiera comprender cómo fue el antiguo pueblo, las fotografías, los planos y las ortofotos reunidos en esta entrada permiten leer hoy el caserío mejor de lo que puede hacerse caminando entre sus restos.

Hay, sin embargo, algo que todavía atraviesa Bolturina y le devuelve vida: el GR 17. El sendero pasa por la parte meridional del antiguo núcleo y conduce al caminante junto a la iglesia de Santa Ana. Durante unos minutos, Bolturina vuelve a ser un lugar de paso.

Sendero GR 17 atravesando el antiguo núcleo de Bolturina junto a la iglesia de Santa Ana
El GR 17 atraviesa la parte meridional del antiguo núcleo de Bolturina. Al fondo, la iglesia de Santa Ana. Fotografía: Daniel Vallés Turmo, 16 de septiembre de 2026.

Lo que encontrará quien llegue hoy a Bolturina

Al recorrer el antiguo pueblo resulta muy difícil reconocer sobre el terreno dónde estuvieron sus casas. En ese paisaje adquieren especial importancia los cuatro paneles instalados por Amigos de Bolturina y el Ayuntamiento de Secastilla. Son, en buena medida, la guía que permite al visitante reconstruir mentalmente el pueblo que ya no puede ver.

Los paneles recuerdan la historia de Bolturina, la vida cotidiana de sus habitantes, la iglesia de Santa Ana y la fuente y el lavadero. Los reproduzco aquí porque forman parte de lo que encontrará quien llegue actualmente al antiguo pueblo.

Panel informativo sobre la historia de Bolturina
Historia de Bolturina.
Panel informativo sobre el día a día en Bolturina
El día a día en Bolturina.
Panel informativo sobre la iglesia de Santa Ana de Bolturina
Iglesia de Santa Ana.
Panel informativo sobre la fuente y el lavadero de Bolturina
Fuente y lavadero de Bolturina.
Paneles instalados por Amigos de Bolturina y el Ayuntamiento de Secastilla para recuperar y transmitir la memoria del antiguo pueblo.

Hoy cuesta encontrar las casas de Bolturina sobre el terreno. Estos paneles, el sendero GR 17 y la iglesia de Santa Ana son los principales elementos que ayudan al visitante a comprender que bajo la vegetación hubo hasta hace pocas décadas un pueblo lleno de vida.

Cuando casi han desaparecido las piedras, conservar las fotografías, los nombres y los recuerdos deja de ser solamente un ejercicio de memoria: se convierte en una forma de conservar el pueblo.

Volver a caminar la historia

Hoy todavía es posible acercarse a esa antigua geografía de una forma distinta a la habitual. El GR 17 atraviesa La Puebla de Castro, Ubiergo y Bolturina antes de llegar al Santuario de Torreciudad y continuar hacia El Grado.

No podemos afirmar que el sendero actual reproduzca metro a metro los caminos utilizados durante siglos, pero sí recupera, al menos en parte, su lógica: llegar a Torreciudad atravesando el territorio y pasando por algunos de los lugares que formaban parte de su antigua geografía humana.

GR 17: La Puebla de Castro – Ubiergo – Bolturina – Santuario de Torreciudad – El Grado

Quien hoy llega andando por este camino contempla Torreciudad de una manera muy diferente a quien llega directamente en coche. Aparecen el relieve, las distancias, los barrancos, los antiguos pueblos y esa sensación de aproximarse poco a poco a un lugar que durante siglos estuvo mucho más aislado.

Y vuelve a aparecer Bolturina. Durante siglos fue uno de los lugares desde los que se entendía y se alcanzaba Torreciudad. Después perdió habitantes, desaparecieron sus casas y la nueva carretera dejó el antiguo pueblo fuera del recorrido habitual. Pero la historia no desapareció con las casas. Permanece en los documentos, en las fotografías, en la iglesia de Santa Ana, en los recuerdos de quienes nacieron allí o descendieron de sus habitantes y también en los caminos que todavía atraviesan este paisaje.

Para comprender del todo Torreciudad, hay que volver a mirar el camino que venía de Bolturina.


Fuentes y más información

Antonio Torres Rausa, Torreciudad: propiedad y patrimonio en los siglos pasados .

Antonio Torres Rausa, Torreciudad: la vida cotidiana en los dos últimos siglos .

Constantino Ánchel, La primera romería de san Josemaría a la Virgen de Torreciudad .

Museo Diocesano Barbastro-Monzón, De Bolturina a Torreciudad, el peregrinar de una Virgen .

Diario del AltoAragón, La ilusión ya marca la rehabilitación del núcleo deshabitado de Bolturina .

Senderos Turísticos de Aragón, GR 17: La Puebla de Castro – Ubiergo – Bolturina – Santuario de Torreciudad – El Grado .

José Antonio Castarlenas. Información sobre los nombres y la localización de las antiguas casas de Bolturina, facilitada al autor en septiembre de 2026.

Amigos de Bolturina. Información y documentación sobre los trabajos de recuperación de la memoria del antiguo pueblo de Bolturina.


Cómo acercarse a Bolturina

Bolturina se encuentra junto a la carretera que une Torreciudad con La Puebla de Castro. A unos 3,3 kilómetros de Torreciudad hay que abandonar la carretera y tomar la pista que conduce hacia el antiguo núcleo. En mi visita del 16 de septiembre de 2026, el tramo final presentaba baches y bastante vegetación, por lo que no recomiendo recorrerlo con un turismo convencional. La opción más prudente es realizar a pie el último tramo desde la carretera, teniendo en cuenta el estado del camino y las condiciones del momento. Para facilitar la localización, he preparado la ruta en Google Maps:

Torreciudad en Caminos de Barbastro

Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:

Contenido elaborado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información, análisis cartográfico y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo

Septiembre de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)




jueves, 16 de julio de 2026

Las barcas de maroma del río Cinca: historia de los antiguos pasos entre dos orillas

Las barcas de maroma del río Cinca: historia de los antiguos pasos entre dos orillas

Los puentes que existieron antes de los puentes

Durante siglos, cruzar el río Cinca fue una de las mayores dificultades para quienes recorrían los caminos del Alto Aragón. Antes de que existieran los puentes de piedra y, más tarde, los metálicos, el paso de personas, caballerías y mercancías dependía de un sistema tan sencillo como eficaz: las barcas de maroma.

Estas embarcaciones permanecían sujetas a un cable tendido entre ambas orillas y aprovechaban la fuerza de la corriente para desplazarse de un lado al otro del río. Allí donde levantar un puente resultaba demasiado costoso o técnicamente imposible, la barca se convertía en un elemento esencial de las comunicaciones.

Al igual que ocurría con los puentes, su explotación constituía un derecho concedido por la autoridad del momento. Los viajeros debían abonar un pontazgo para realizar el cruce, mientras el barquero se encargaba del mantenimiento de la embarcación y del servicio diario.

Con la construcción de nuevos puentes durante los siglos XIX y XX, estas barcas fueron desapareciendo poco a poco. Hoy apenas sobreviven algunos documentos, fotografías y topónimos que recuerdan su existencia. Sin embargo, durante muchos siglos formaron parte del paisaje cotidiano del río Cinca.

¿Cómo funcionaba una barca de maroma?

Gráfico explicativo del funcionamiento de una barca de maroma.
La corriente empujaba la embarcación lateralmente mientras el cable impedía que fuera arrastrada río abajo.

La barca permanecía unida mediante un aro o polea a un cable tendido entre ambas orillas. El barquero orientaba ligeramente la embarcación respecto a la corriente y era precisamente la fuerza del agua la que la hacía desplazarse transversalmente hacia la otra margen.

Como el cable impedía que fuese arrastrada río abajo, el movimiento se producía de forma controlada. Mediante una pértiga o un timón, el barquero regulaba el ángulo de la barca para realizar el viaje en uno u otro sentido sin necesidad de remar.

Era un sistema sencillo, económico y sorprendentemente eficaz, utilizado durante siglos en numerosos ríos europeos.

Un recorrido por las barcas del río Cinca

Aunque probablemente existieron muchas más, la documentación conservada permite localizar varias barcas de maroma a lo largo del río. Siguiendo el curso del Cinca desde el Pirineo hacia el sur encontramos algunos de los pasos más importantes.

Ligüerre

La primera barca conocida se encontraba a la salida del congosto del Entremón.

Aparece representada en la cartografía de principios del siglo XX y, gracias al fotógrafo y pirineísta Lucien Briet, conservamos una magnífica imagen de la embarcación todavía en funcionamiento. La fotografía constituye uno de los mejores testimonios gráficos de este sistema tradicional de paso en el Pirineo.

Barca de maroma de Ligüerre fotografiada por Lucien Briet a comienzos del siglo XX.
Barca de maroma de Ligüerre, a la salida del congosto del Entremón. Fotografía de Lucien Briet.

Abizanda

En las actuales Casas de la Barca existió otro importante paso sobre el Cinca, que estuvo funcionando durante dieciséis generaciones hasta la expropiación motivada por la construcción del embalse de El Grado.

También aparece señalado en los mapas antiguos. Durante décadas comunicó ambas orillas y, después de desaparecer la barca, el paso fue sustituido por un cajón suspendido de un cable.

Antigua barca de paso de las Casas de la Barca, en Abizanda.
La antigua barca de paso de las Casas de la Barca.
Cajón suspendido que sustituyó a la barca de Abizanda.
El cajón suspendido que continuó comunicando ambas orillas después de desaparecer la barca.

Más información en la entrada Las Casas de la Barca.

El Grado

Mucho antes del puente metálico inaugurado en 1865 existió aquí una barca de maroma.

La construcción del puente transformó definitivamente las comunicaciones para cruzar el río Cinca hacia la Ribagorza. Durante más de un siglo, esta carretera fue el principal itinerario entre Barbastro y Graus, hasta que en la década de 1970 se abrió el paso por el congosto de Olvena.

Más información en la entrada De Barbastro a Graus: tres caminos, tres épocas.

Estada

Antes del actual puente de Las Pilas, el paso del Cinca se realizaba mediante otra barca de maroma.

La documentación histórica demuestra la importancia de este embarcadero, utilizado tanto en tiempos de paz como durante las guerras carlistas y la Guerra Civil.

A partir de fotografías antiguas y del relieve conservado en la orilla he realizado una recreación del lugar donde probablemente permanecía amarrada la embarcación. El pequeño espigón rocoso situado junto al embarcadero habría servido como refugio natural durante las grandes crecidas del río.

Recreación histórica de la barca de maroma de Estada en el río Cinca.
Recreación del antiguo paso de barca de Estada, junto al lugar donde después se construiría el puente de Las Pilas.

Durante la expedición carlista de 1837, el cruce del Cinca se convirtió en una operación dramática. El 4 de junio, dos barcas de sirga comenzaron a transportar tropas y bagajes mientras otros soldados intentaban vadear o atravesar a nado la corriente.

Recreación del paso del río Cinca por las tropas carlistas el 4 de junio de 1837.
Recreación del paso del Cinca por las tropas carlistas el 4 de junio de 1837.

Más información en la entrada De Barbastro a Graus: tres caminos, tres épocas.

La barca de Olvena, en el río Ésera

Aunque pertenece al río Ésera, merece un lugar en este recorrido porque constituye uno de los documentos gráficos más valiosos conservados sobre este tipo de embarcaciones en torno al río Cinca.

La fotografía permite observar una barca preparada para transportar caballerías y muestra con gran claridad el gran pórtico rectangular de madera por el que discurría el cable de maroma, un detalle constructivo que ayuda a comprender el funcionamiento de estas embarcaciones.

Barca de maroma de Olvena en el río Ésera con caballerías y viajeros.
Barca de Olvena en el río Ésera. La imagen permite observar el transporte de caballerías y el pórtico de madera de la maroma.

Fonz

Entre Barbastro y Fonz existió otra barca de paso cuyo recuerdo ha llegado hasta nuestros días en el nombre del Camino de la Barca, que conducía directamente al embarcadero.

Más información en la entrada Camino de la Barca.

Castejón del Puente

Antes de levantarse el puente renacentista del siglo XVI, también existió aquí una barca que permitía salvar el río. El paso mediante embarcación continuó utilizándose después de la desaparición de aquel puente histórico.

Más información en la entrada Puente de Castejón del Puente.

Albalate del Cinca

La existencia de estas embarcaciones se remonta, al menos, a la Edad Media.

Un documento fechado el 30 de mayo de 1227 menciona expresamente una barca para atravesar el río Cinca, lo que demuestra la antigüedad de este sistema de paso.

Un patrimonio casi olvidado

Las barcas de maroma desaparecieron conforme se construyeron nuevos puentes y mejoraron las carreteras. Con ellas desapareció también un oficio, el del barquero, y una forma de entender las comunicaciones adaptada al propio río.

Hoy cruzamos el Cinca en apenas unos segundos sin detenernos a pensar que, durante siglos, el viaje dependía de una sencilla embarcación de madera, de un cable tendido entre las dos orillas y de la habilidad de quien conocía cada remolino y cada crecida del río.

Las fotografías, los mapas antiguos y los documentos conservados permiten recuperar una parte de esa historia. Son el recuerdo de unos puentes flotantes que hicieron posible la comunicación entre pueblos mucho antes de que el hierro y el hormigón dominaran el paisaje.


Algunas imágenes han sido restauradas o recreadas digitalmente para facilitar la comprensión histórica de los lugares representados.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)

domingo, 5 de julio de 2026

De Barbastro a Graus: tres caminos, tres épocas

De Barbastro a Graus: tres caminos, tres épocas
Cómo el Cinca condicionó durante siglos la comunicación entre el Somontano y la Ribagorza

Tramo conservado del puente de Las Pilas de 1912 en el área del Batán.

Todavía se conserva un tramo del puente metálico de Las Pilas, construido en 1912 para sustituir la antigua barca de Estada. Este puente resume perfectamente cómo fueron cambiando las comunicaciones entre Barbastro y Graus durante el siglo XX.

Los tres grandes trazados históricos entre Barbastro y Graus: el camino antiguo, la carretera del siglo XIX y la carretera actual por el Congosto de Olvena.

Cada uno de estos recorridos responde a una época distinta y refleja la evolución de las infraestructuras para superar el río Cinca.

Durante siglos, el mayor obstáculo para viajar de Barbastro a Graus no era la distancia, sino el río Cinca. Cada generación encontró una forma distinta de cruzarlo: primero mediante vados y barcas, después con grandes puentes metálicos y, finalmente, con la carretera moderna que atraviesa el Congosto de Olvena.

La historia de este camino puede resumirse en tres grandes etapas. El antiguo camino podía recorrerse andando en unas cuatro leguas, según el Madoz. La carretera construida a partir de 1863 redujo el viaje a unas dos horas. Hoy, con el trazado actual por el Congosto de Olvena, el recorrido se realiza en apenas media hora.

El camino antiguo: vados y barcas

Antes de existir las carreteras modernas, el camino de Barbastro a Graus seguía un trazado muy diferente al actual. Desde Barbastro se buscaban los pasos naturales del Cinca, como los vados de Cofita o Figueruelas, que solo podían utilizarse cuando el caudal lo permitía.

Más al norte, el paso del Cinca se realizaba mediante la barca de Estada, situada en la zona de Las Pilas. Después, para continuar hacia Graus, era necesario salvar también el río Ésera mediante la barca de Olvena. Desde allí el camino seguía hacia La Puebla de Castro, donde se encontraba la antigua ciudad romana de Labitolosa, antes de llegar finalmente a Graus.

El camino antiguo hacia Graus obligaba a cruzar el Cinca por la barca de Estada y el Ésera por la barca de Olvena.

El Cinca, un río difícil de cruzar

Hoy resulta difícil imaginar hasta qué punto el Cinca condicionaba la vida cotidiana. Durante siglos fue una auténtica frontera natural. Los puentes eran escasos, caros de construir y muy vulnerables ante las riadas.

En la antigüedad se utilizaron sobre todo vados naturales. Más tarde fueron apareciendo barcas de paso, imprescindibles para comunicar pueblos, caminos y zonas de comercio. Pero cuando el río bajaba crecido, ni los vados ni las barcas garantizaban el paso.

En la zona de Barbastro conocemos pasos históricos como Cofita, Figueruelas o Castejón del Puente. En este último lugar todavía se conservan restos de un puente del siglo XVI, que tuvo una vida difícil por las avenidas del río.

Es un asunto que he tratado ya en la entrada Cruzar el Cinca.

Un territorio organizado alrededor del río

Durante siglos, muchas comunicaciones importantes discurrían por la margen izquierda del Cinca, donde no era necesario cruzarlo. Por allí pasaban antiguos caminos que comunicaban Tolous, cerca de Monzón, con Ariestolas, Estada y la zona de Labitolosa desde la época romana. Ver entrada Circular Labitolosa.

También a principios del siglo XX la primera línea de automóviles hacia Graus llegaba desde Binéfar, evitando el cruce directo del Cinca desde Barbastro. Esta circunstancia explica la fuerte relación histórica de la Ribagorza con las comarcas del Cinca y La Litera.

En 1661, en Fraga había un puente de madera, impracticable con las riadas, y el siguiente puente para poder cruzar el Cinca era el de Mediano, el llamado puente del Diablo. En su transcurso únicamente había vados y barcas, con las que no se podía cruzar el río cuando estaba crecido.

Recreación del antiguo puente de Castejón del Puente, uno de los intentos históricos de asegurar el paso sobre el Cinca.

Traté la situación de estas ruinas en la entrada Puente de Castejón del Puente.

La carretera de 1863 por El Grado

La gran transformación llegó en el siglo XIX con la construcción de las carreteras modernas. En 1863 se puso en servicio la carretera de Barbastro a Graus cruzando el Cinca por El Grado y continuando hacia La Puebla de Castro.

Los puentes de hierro permitieron crear estructuras resistentes sin tener que colocar pilares en el cauce principal del río. Hasta entonces había resultado muy difícil construir puentes permanentes sobre el Cinca, ya que las riadas destruían con frecuencia las estructuras tradicionales.

Este nuevo trazado era más largo que el antiguo camino directo, pero ofrecía una ventaja decisiva: permitía un paso más seguro y regular. El viaje dejaba de depender tanto de las barcas, de los vados y del estado del río.

A partir de ese momento, el itinerario por El Grado se convirtió en la vía principal para comunicar Barbastro con Graus. Durante más de un siglo, esta fue la carretera habitual hacia la Ribagorza.

Puente de El Grado sobre el río Cinca, 1867.

He hecho una imagen recreada para poder comparar con la actual vista desde la construcción de la presa en 1969.

Entorno puente de El Grado 1865 y 1869

La barca de Estada y el puente de Las Pilas

Aunque la carretera principal pasaba por El Grado, el antiguo paso de Estada continuó teniendo importancia. Allí funcionaba la barca de Las Pilas, utilizada para cruzar el Cinca en el camino más directo hacia la zona de Olvena y Graus.

Esta situación cambió con la construcción del puente metálico de Las Pilas, que permitió sustituir definitivamente la barca. El puente se terminó en 1912 y supuso un avance importante para las comunicaciones locales.

Aunque la carretera principal continuó pasando por El Grado, el nuevo puente facilitó enormemente los desplazamientos de la zona y puso fin al histórico servicio de la barca. En la imagen vemos el espigón donde se refugiaba la barca cuando había riadas.

Construcción del puente metálico de Las Pilas, que sustituyó la antigua barca de paso de Estada.

La presa de El Grado ha cambiado totalmente el estado del río Cinca, ya que ha dejado de ser un río vivo. Es un asunto que he tratado en la entrada Cómo ha ido muriendo el río Cinca. Hoy hay mucha vegetación que impide ver cómo era este lugar. Al lado del área del Batán podemos ver las puertas de una acequia que coinciden con el lugar donde está la grúa de la fotografía.

Compuerta junto a la antigua situación de la barca de Estada.

La barca de Olvena

Además del Cinca, el camino antiguo debía salvar también el río Ésera. Para ello se utilizaba la barca de Olvena, situada cerca de la desembocadura del Ésera en el Cinca.

La imagen de la barca permite comprender muy bien cómo eran estos pasos fluviales. Personas, caballerías y mercancías debían cruzar en pequeñas embarcaciones, en un paisaje que hoy ha cambiado profundamente por las carreteras, los puentes y los embalses.

La barca funcionó durante siglos y desapareció cuando los nuevos puentes hicieron innecesario este sistema tradicional de paso.

Barca de Olvena, hacia comienzos del siglo XX. Antes de los puentes modernos, las barcas eran esenciales para cruzar el Cinca y el Ésera.

Desde el área de servicio antes de llegar a Olvena podemos ver el lugar donde se encontraba este paso de barca.

Situación de la barca de Olvena.

La carretera actual por el Congosto de Olvena

La última gran transformación llegó en la segunda mitad del siglo XX, cuando la carretera pasó a utilizar el trazado actual por el Congosto de Olvena.

Este nuevo recorrido permitió acortar notablemente el viaje entre Barbastro y Graus. En cierto modo, la carretera moderna recuperó el sentido del antiguo camino directo, aunque sustituyendo los pasos de barca por puentes, túneles y obras de ingeniería mucho más seguras.

Lo que durante siglos fue un trayecto condicionado por ríos, barcas y rodeos, hoy se realiza en apenas media hora.

Ver entrada Congosto de Olvena para conocer este entorno.

Un camino que explica el territorio

La evolución del camino de Barbastro a Graus muestra cómo las infraestructuras transforman el territorio. Cada puente, cada barca y cada carretera modificaron los recorridos, acercaron pueblos y cambiaron la importancia de algunos lugares.

El camino antiguo nos habla de un tiempo en que el río mandaba. La carretera de 1863 refleja la voluntad de comunicar de forma estable Barbastro con la Ribagorza. Y la carretera actual por el Congosto de Olvena muestra cómo la ingeniería terminó venciendo una dificultad que había condicionado durante siglos la vida de esta zona.

Cada puente sustituyó a una barca y cada nueva carretera cambió la vida de los pueblos por los que pasaba. Por eso, cuando hoy viajamos de Barbastro a Graus en apenas media hora, recorremos en realidad más de dos mil años de historia de las comunicaciones.

Visita con el coche

Muchos viajeros recorren hoy esta carretera sin imaginar que, bajo su trazado, todavía permanecen las huellas de caminos, barcas y puentes que durante siglos hicieron posible la comunicación entre el Somontano y la Ribagorza.

Podemos ver el lugar donde se encontraban las barcas de Olvena y Estada parando en el área del Batán (1) y en el área de Olvena (2), situadas en el mapa adjunto.

Situación de las barcas en el mapa actual.

Las imágenes históricas han sido restauradas y coloreadas digitalmente para facilitar su interpretación. El color es una recreación aproximada basada en los elementos visibles de las fotografías originales.

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)




jueves, 3 de octubre de 2013

Cabañera a Castejón de Puente

Las Chesas de Barbastro es una formación de colinas de yesos que atraviesa su término por el sur, coincide con la Cabañera que iba a Castejón de Puente.

El camino que se propone es la ruta aérea desde la Torre Bielsa a la Torre Galafones que posibilita un continua vista tanto del Pirineo como del sur del Somontano y el valle del Cinca. .

Límite término de Barbastro en Las Chesas

Se plantea una ruta circular desde Barbastro de 23.5 kilómetros. Se puede consultar y descargar el track en wikiloc: Ruta de las Chesas de Barbastro.

Ruta de Las Chesas de Barbastro

Nos acercamos a la Torre Bielsa siguiendo el antiguo Camino de Berbegal. Justo en su collado, en la vertiente sur, nos encontramos el edificio que dispone de un manantial que en 1920 se comercializó su agua como medicinal con la marca Chesalta. 

En el post Agua y Vino de las Chesas del blog Hacerse y Rehacerse  cuento la historia de este proyecto empresarial.

Manantial Agua de Chesalta

La cabañera viene por la loma de las Chesas pasando junto a la Torre Solano

Torre Solano

 y después por la Torre Sipán.

Cabañera junto a la casa llamada Sipán

Siguiendo la ruta en dirección Este nos encontramos con la Torre Bielsa a pocos metros. Es un edificio de estilo modernista que podemos ver cuando pasamos por la autovía.

Torre Bielsa

La ruta continua en dirección Este por la parte elevada a través de una pista que sube y baja entre cereales  hasta encontramos una carretera que cruzamos junto a una cruz. 

Cabañera desde Torre Bielsa a Escolapios

El paisaje cambia mucho si la foto se hace en la primavera

Cabañera de Castejón en primavera

A unos 100 metros se encuentran las ruinas de lo que hasta hace pocos años era la Torre de los Escolapios. Se trataba de un edificio de grandes dimensiones que contaba con oratorio y grandes bodegas.

Ruinas donde estaba la Torre de los Escolapios

Seguimos la ruta hacia la Torre Galafones (que ya vemos en el horizonte) siguiendo la Cañada Real a Castejón del Puente atravesando campos de almendros primero y después viñas.

Torre Galafones

La Cañada Real a Castejón de Puente, antes de llegar a la pista que entra en los viñedos de la Torre Galafones, sigue la loma de las Chesas para cruzar la carretera de Selgua en dirección a Castejón del Puente.

Para hacer la ruta circular de vuelta a Barbastro, Descendemos por la carretera de Selgua en dirección Norte para girar a la derecha. Es una zona de viñedos y bodegas. A la derecha vemos en un alto Bodega Meler. Siguiendo la carretera nos encontramos con Bodega Laus y después, junto al Cinca, la futurista Bodega Irius.

Bodega Irius

Atravesamos la nacional 240 y entramos en sus viñedos pasando a mano izquierda del edificio en dirección Nordeste. Al final nos encontramos con las ruinas del Hospital templario de San Juste con excelentes vistas.

Hospital Templario de San Juste

Bajamos de las Almunias por una pista paralela a la carretera junto a la Torre Pepín para girar a la derecha y cruzar el río Vero. Volvemos a Barbastro por la carretera de la Boquera.


Daniel Vallés Turmo, octubre de 2013