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sábado, 19 de julio de 2025

La presencia

Hace unas semanas, un familiar de un gran amigo que falleció me compartió algo muy especial: a veces siente que él sigue cerca. Dice que los pájaros se le acercan sin miedo, que percibe una compañía invisible. Que, de alguna forma, sigue a su lado.

Yo no lo niego. De hecho, lo entiendo. Lo reconozco. Cada uno sentimos la ausencia a nuestra manera, pero también —y sobre todo— la presencia.

Con mi amigo compartíamos algo muy profundo, casi inexplicable. Una empatía que nos hacía sentir lo que el otro sentía, aunque no lo dijéramos. A veces bastaba una mirada, una pausa, un silencio. Era una amistad que no necesitaba palabras para saber que el otro estaba ahí. Y eso es justo lo que sigo sintiendo ahora, incluso en su ausencia.

Empatía

No hace falta que sea un momento especial para sentir la presencia. A veces llega como una sutil inspiración, como una idea inesperada o un recuerdo que nos abraza por dentro. Es una manera callada y misteriosa de hacernos sentir cerca de la persona querida que ya no está.

No puedo hablarle ni abrazarlo, pero me inspira constantemente. Es como si hubiera asumido otro papel en mi vida: ya no está físicamente, pero su amor, su forma de ver el mundo, su luz… siguen aquí.

Algo parecido he sentido muchas veces en la montaña. He hecho rutas exigentes en solitario, de noche, en condiciones difíciles. Y, lejos de sentir miedo, sentía que alguien caminaba conmigo. En esos momentos descubrí lo que muchos alpinistas han descrito como el fenómeno del “Tercer Hombre”: una presencia invisible, reconfortante, que aparece en situaciones de soledad extrema o peligro. Es como si el alma, o la fe, o quizá algo más allá de nosotros, despertara esa figura silenciosa que nos cuida.

El tercer hombre

Recuerdo también el testimonio del explorador polar Ernest Shackleton, uno de los hombres más valientes que ha pisado la Antártida. En su expedición fallida al Polo Sur, tras el hundimiento del Endurance, él y dos de sus hombres cruzaron la isla Georgia del Sur caminando durante 36 horas sin descanso, en medio del frío, la nieve y el agotamiento. Más tarde escribió:

“Durante aquel largo y rudo viaje de treinta y seis horas sobre las montañas y glaciares de Georgia del Sur, a menudo me pareció que éramos cuatro, no tres.”
— Ernest Shackleton, South (1919)

No fue una alucinación, ni una fantasía. Era una presencia real para ellos, aunque invisible. Un cuarto caminante, un protector silencioso.

Hay un capitel románico en el cementerio de Barbastro que representa la resurrección de Cristo. En él debería haber dos ángeles sobre el sepulcro, pero falta uno. Siempre que lo contemplo, pienso: ese ángel que falta es el mío. El que no se ve, pero acompaña.

El ángel de la guardia se ha ido del capitel

La Presencia es eso: una forma de amor que ya no tiene cuerpo, pero permanece con nosotros. Nos inspira, nos anima, nos salva sin que lo sepamos.

“No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.”
— Juan 14,18

El ángel que se ha ido es nuestra guardia

Quizá la fe, el recuerdo, el amor compartido —o la suma de todo eso— se transforma en Presencia. En ese acompañar invisible que, cuando es verdadero, nunca se pierde.

Y también es cierto que estamos en una dimensión distinta. Y como todo lo sutil, esa presencia se va diluyendo con el tiempo, como los rayos del sol en el poniente. Pero mientras dure, es un regalo. Y cuando se apaga, deja una huella de luz que siempre sabremos reconocer.

Atardecer

“Quisiera que mis pensamientos volvieran a ti, como esta luz del sol poniente.”
— Rabindranath Tagore

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 Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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viernes, 18 de julio de 2025

El último kilómetro: la vida que le queda al comercio tradicional

Al caminar por las calles de nuestras ciudades, cada vez es más frecuente ver repartidores cargados de paquetes o personas que recogen sus pedidos en puntos de entrega automatizados. El comercio ha cambiado. La forma de comprar —y de relacionarnos con nuestro entorno— también.

En esta nueva ecuación que combina eficiencia, privacidad y sostenibilidad, se está redibujando el mapa del consumo. Ya no siempre esperamos el paquete en casa. A menudo somos nosotros quienes damos ese último paso: el último kilómetro. Un trayecto breve, pero cargado de significado.

Amazon Locker

Mientras los gigantes digitales consolidan su poder logístico, aparecen dark stores —almacenes sin acceso al público que preparan pedidos online—, invisibilizando el comercio de calle. Algunas ciudades como Barcelona han comenzado a poner freno a este modelo: en 2023 prohibió estos espacios en su centro urbano, en defensa del comercio de proximidad y la vida vecinal. Porque acabaría con las tiendas de barrio de alimentación.

Dark Store

Sin embargo, en muchas otras localidades, el reto no está en prohibir, sino en reimaginar. Es aquí donde emergen casos como el de Almacenes Somontano, en Barbastro:

Una empresa de toda la vida, dedicada a la venta de piensos, semillas, plantero, aves de corral, material ganadero y fitosanitarios, que ha sabido sumar a su actividad una función moderna y estratégica: ser punto de recogida de Amazon en la ciudad.

Este giro no solo le permite mantener la actividad y atraer nuevo público, sino que también reconecta a los vecinos con un comercio que ya conocían, dándole una nueva razón para visitarlo. El último kilómetro, en este caso, no se convierte en un obstáculo, sino en una oportunidad: la recogida de un paquete se convierte en un gesto de comunidad, una excusa para una conversación, un vistazo a la tienda.

Almacenes Somontano de Barbastro

Según datos de la consultora NERA, el comercio electrónico en España representó el 7 % del comercio minorista en 2022, y sigue creciendo. Pero también muestra que las pymes que se han digitalizado no solo sobreviven: muchas mejoran sus ventas físicas. 

Lejos de excluirse, lo digital y lo local pueden coexistir, si se integran con inteligencia. Es papel de las administraciones públicas a ayudarles en esa digitalización que sea real y traiga ventas para sostener el negocio. No subvenciones a consultoras que implantan soluciones para todos que no ayudan a nadie, salvo a ellas mismas.

Y nosotros, ¿Qué papel jugamos como consumidores?

En última instancia, el futuro del comercio tradicional no solo depende de normativas, plataformas o estrategias logísticas. Depende también de nuestras decisiones cotidianas.

Cada vez que elegimos dónde comprar —aunque sea un simple paquete para recoger—, estamos contribuyendo a diseñar la ciudad en la que queremos vivir:
  • ¿Una ciudad de escaparates cerrados y aceras ocupadas por furgonetas? 
  • ¿O una ciudad con comercios vivos, donde el último kilómetro no es solo un tramo logístico, sino un espacio de vínculo, identidad y confianza?
Comprando en un comercio tradicional. Fuente

Apostar por el comercio local no es un acto nostálgico: es una elección de futuro. Como consumidores, tenemos en nuestras manos la posibilidad de darle vida a ese último kilómetro. No solo como espacio físico, sino como la última frontera de lo cercano, lo humano y lo compartido.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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