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sábado, 16 de agosto de 2025

Cómo mantener el hábito de la reflexión

Persona caminando por un sendero entre árboles al amanecer
Un comienzo en silencio: el camino interior.

Cómo mantener el hábito de la reflexión

Vivimos en un mundo acelerado, lleno de estímulos y cambios constantes. Sin embargo, detenernos a reflexionar no es un lujo, sino una necesidad vital. Esta entrada propone claves sencillas y flexibles para cultivar el hábito de la reflexión en la vida cotidiana.

Introducción

A veces me pregunto qué lugar ocupa hoy la reflexión en nuestra vida. No hablo de un lujo intelectual, sino de ese detenerse un momento para mirar lo que vivimos y darle sentido. Ignacio Ellacuría lo unía a la vida cotidiana desde su teología de la liberación, y San Ignacio de Loyola lo proponía en el discernimiento de cada día.

Sin embargo, nuestro tiempo parece ir en la dirección contraria: globalización, digitalización, inteligencia artificial, miles de estímulos que nos arrastran y apenas nos dejan respirar. Reflexionar se ha convertido en un reto, pero también en una necesidad urgente si no queremos vivir a golpe de reacción.

De ahí surge la idea de una pragmática de la reflexión: no grandes teorías, sino pequeños hábitos que nos ayuden a mantenernos íntegros. Buscar momentos de silencio, escribir, leer, compartir preguntas, conectar con la naturaleza. No se trata de recetas perfectas, sino de recordatorios sencillos de lo que nos mantiene humanos.

Hoy existen distintos caminos: las metodologías de productividad, el mindfulness o la oración. Todos aportan algo, pero quizá el reto sea combinarlos de manera flexible. Y a ellos podemos añadir una cuarta vía: la reflexión en acción. Aprender de lo vivido, dedicar unos minutos al final del día para reconocer lo que hemos aprendido, incluso con ayuda de un diario o de la inteligencia artificial.

Porque, al final, reflexionar no es una carga: es una forma de sostenernos en medio de la rapidez del presente. Un hábito ligero y profundo a la vez, que nos ayuda a seguir construyendo sentido en lo cotidiano.

En la entrada Trazar el camino interior, hablé de la pragmática del camino.


La necesidad de la reflexión

En varias ocasiones me he preguntado qué lugar ocupa la reflexión en nuestra vida diaria. Ignacio Ellacuría, con su teología de la liberación y su insistencia en la realidad histórica, mostró que religión y filosofía podían unirse y que la trascendencia no era algo abstracto, sino una práctica cotidiana. Reflexionar era, en cierto modo, una forma de vivir con sentido.

En este mismo camino, el discernimiento de San Ignacio de Loyola nos recuerda que reflexionar no es un lujo intelectual, sino una forma concreta de examinar los movimientos interiores y de orientar nuestra vida hacia lo esencial.

“Sin reflexión, nuestra vida corre el riesgo de ser solo reacción.”

Hoy, sin embargo, percibo que ese paradigma se debilita. La aceleración de los tiempos, la globalización y la digitalización nos arrastran hacia un ritmo en el que detenerse parece casi imposible. A ello se suma el vértigo del cambio tecnológico, con la teoría del caos como metáfora de un mundo desbordado de estímulos y la inteligencia artificial que multiplica la información y reduce nuestros silencios. En este escenario, la reflexión personal se convierte en un desafío cada vez más complejo.

Una pragmática de la reflexión

De ahí surge la necesidad de una pragmática de la reflexión. No basta con reconocer que pensar nos hace falta: debemos cultivar hábitos que lo hagan posible, aun en medio de la dispersión. Reflexionar es integrar nuestras creencias en la vida diaria, no como un ejercicio esporádico, sino como parte de lo que nos mantiene humanos y nos ayuda a no fragmentarnos.

  • Reservar espacios de silencio y pausa.
  • Usar la tecnología de forma consciente.
  • Recuperar la lectura y la escritura.
  • Compartir nuestras preguntas con otros.
  • Conectar con la naturaleza y lo cotidiano.
“Mantener el hábito de la reflexión es un acto de resistencia y de esperanza.”

La reflexión en tiempos líquidos

En nuestra época aparecen distintas formas de intentar encauzar la reflexión:

  • Productividad: aplicaciones móviles o métodos como el de Covey, que ayudan a organizar la vida pero corren el riesgo de reducir la reflexión a mera gestión.
  • Mindfulness o meditación: centrados en el silencio y el presente, útiles como pausa, aunque a veces sin integrar las preguntas vitales.
  • Oración: tradiciones que orientan la reflexión hacia lo trascendente; enriquecen, aunque a veces limitan la espontaneidad personal.
Infografía: cuatro vías de la reflexión
Cuatro vías de la reflexión: método, silencio, trascendencia y acción.

Cada vía aporta algo: método, silencio, trascendencia. La clave puede estar en combinarlas de manera flexible.

La cuarta vía: la reflexión en acción

Junto a estas tres vías, propongo una cuarta: la reflexión en acción, inspirada en la idea de un camino intermedio que convierte la vida diaria en ocasión de aprendizaje.

  • Dedicar unos minutos a pensar en lo aprendido tras una tarea personal o profesional.
  • Hacer una breve reflexión diaria sobre lo vivido en áreas como lo personal, lo profesional o lo familiar.
  • Usar un diario o bitácora —incluso con apoyo de la IA— para ordenar lo escrito y visualizar avances.

La ventaja de este método es su flexibilidad: se adapta al ritmo de cada persona y transforma lo vivido en fuente constante de crecimiento.

Manos escribiendo en un cuaderno de notas
Diario o bitácora: un aliado sencillo para revisar lo vivido.

La cuarta vía en la práctica

Para empezar, basta con organizar la reflexión en tres grandes áreas y añadir subáreas según lo necesitemos:

  • Personal → salud, hobbies, bienestar.
  • Profesional → proyectos, aprendizajes, retos.
  • Familiar → hijos, vacaciones, cuidado de los mayores.

Empieza simple —un breve repaso del día— y amplía si te resulta útil. La clave es que la reflexión sea una ayuda, no una carga.

Conclusión

Mantener el hábito de la reflexión no consiste en buscar un sistema perfecto, sino en encontrar un modo flexible y humano de aprender de lo que vivimos cada día. Esa puede ser nuestra manera de sostenernos en medio de la rapidez del presente y de seguir construyendo, paso a paso, un camino interior con sentido.

Amanecer con cita inspiradora sobre la reflexión
“Mantener el hábito de la reflexión no consiste en buscar un sistema perfecto, sino en encontrar un modo flexible y humano de aprender de lo que vivimos cada día.”

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Daniel Vallés Turmo

Agosto de 2025

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sábado, 19 de julio de 2025

La presencia

Hace unas semanas, un familiar de un gran amigo que falleció me compartió algo muy especial: a veces siente que él sigue cerca. Dice que los pájaros se le acercan sin miedo, que percibe una compañía invisible. Que, de alguna forma, sigue a su lado.

Yo no lo niego. De hecho, lo entiendo. Lo reconozco. Cada uno sentimos la ausencia a nuestra manera, pero también —y sobre todo— la presencia.

Con mi amigo compartíamos algo muy profundo, casi inexplicable. Una empatía que nos hacía sentir lo que el otro sentía, aunque no lo dijéramos. A veces bastaba una mirada, una pausa, un silencio. Era una amistad que no necesitaba palabras para saber que el otro estaba ahí. Y eso es justo lo que sigo sintiendo ahora, incluso en su ausencia.

Empatía

No hace falta que sea un momento especial para sentir la presencia. A veces llega como una sutil inspiración, como una idea inesperada o un recuerdo que nos abraza por dentro. Es una manera callada y misteriosa de hacernos sentir cerca de la persona querida que ya no está.

No puedo hablarle ni abrazarlo, pero me inspira constantemente. Es como si hubiera asumido otro papel en mi vida: ya no está físicamente, pero su amor, su forma de ver el mundo, su luz… siguen aquí.

Algo parecido he sentido muchas veces en la montaña. He hecho rutas exigentes en solitario, de noche, en condiciones difíciles. Y, lejos de sentir miedo, sentía que alguien caminaba conmigo. En esos momentos descubrí lo que muchos alpinistas han descrito como el fenómeno del “Tercer Hombre”: una presencia invisible, reconfortante, que aparece en situaciones de soledad extrema o peligro. Es como si el alma, o la fe, o quizá algo más allá de nosotros, despertara esa figura silenciosa que nos cuida.

El tercer hombre

Recuerdo también el testimonio del explorador polar Ernest Shackleton, uno de los hombres más valientes que ha pisado la Antártida. En su expedición fallida al Polo Sur, tras el hundimiento del Endurance, él y dos de sus hombres cruzaron la isla Georgia del Sur caminando durante 36 horas sin descanso, en medio del frío, la nieve y el agotamiento. Más tarde escribió:

“Durante aquel largo y rudo viaje de treinta y seis horas sobre las montañas y glaciares de Georgia del Sur, a menudo me pareció que éramos cuatro, no tres.”
Ernest Shackleton, South (1919)

No fue una alucinación, ni una fantasía. Era una presencia real para ellos, aunque invisible. Un cuarto caminante, un protector silencioso.

Hay un capitel románico en el cementerio de Barbastro que representa la resurrección de Cristo. En él debería haber dos ángeles sobre el sepulcro, pero falta uno. Siempre que lo contemplo, pienso: ese ángel que falta es el mío. El que no se ve, pero acompaña.

El ángel de la guardia se ha ido del capitel

La Presencia es eso: una forma de amor que ya no tiene cuerpo, pero permanece con nosotros. Nos inspira, nos anima, nos salva sin que lo sepamos.

“No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.”
Juan 14,18

El ángel que se ha ido es nuestra guardia

Quizá la fe, el recuerdo, el amor compartido —o la suma de todo eso— se transforma en Presencia. En ese acompañar invisible que, cuando es verdadero, nunca se pierde.

Y también es cierto que estamos en una dimensión distinta. Y como todo lo sutil, esa presencia se va diluyendo con el tiempo, como los rayos del sol en el poniente. Pero mientras dure, es un regalo. Y cuando se apaga, deja una huella de luz que siempre sabremos reconocer.

Atardecer

Quisiera que mis pensamientos volvieran a ti, como esta luz del sol poniente.”
— Rabindranath Tagore

Puedes leer también las entradas: 

Sostener la autoestima en la tormenta 

 Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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jueves, 9 de septiembre de 2021

El Pueyo. Para relajar la mente

El senderismo tiene un efecto de relajación mental al tratarse de una actividad física que dura un largo tiempo y realizarse en un medio natural. En el blog Caminos de Barbastro se pueden descargar 26 de guías de senderismo en la provincia de Huesca.

También, se puede andar por un parque urbano haciendo un paseo diario saludable. Ver Paseos saludables de Barbastro.

En El Pueyo de Barbastro, por sus características extraordinarias de mirador en todas las direcciones, es posible hacer ejercicios de relajación mental.

DESCARGAR GUÍA (Pinchar enlace)

En esta guía de describen distintos ejercicios que ayudan a la relajación mental.4

Al Monasterio de El Pueyo se accede por una carretera desde el kilómetro 164 de la nacional 240. Cuenta con aparcamiento, iglesia, bancos, fuente, servicios y máquinas de bebidas.

La “pantallización” (el estar continuamente atentos al teléfono móvil) favorece la dispersión de la mente con la consecuente incapacidad para concentrarnos y relajarnos.

De aquí la necesidad de ejercitar tanto la concentración como la relajación de la mente. El llamado “mindfulness

En el proceso de relajación mental vamos a recorrer 3 etapas:

  1. Concentrar la mente

    En esta etapa llevaremos los pensamientos a concentrarse en una tarea específica.

  2. Relajar la mente

    Tras un tiempo de concentración, dejaremos que la mente se relaje contemplando. En este caso no nos importa que la mente se disperse con otros pensamientos.

    Se puede hacer sentado o andando.

  1. Meditación

    El estado de meditación busca dejar que los pensamientos fluyan sin darles importancia. Es un proceso de adaptación paulatina.

    Nos sentamos con la espalda respaldada y las manos relajadas sobre la pantorrillas. Enfocamos nuestra atención en una respiración profunda pero sosegada, enumerando cada una de ellas

    Con la ayuda de la “cuenta atrás” del teléfono móvil podemos ir aumentando el tiempo. Podemos comenzar por un minuto.

    No se trata de avanzar rápido, sino poco a poco sin forzar.

    Una cuarta etapa nos ayudaría a gestionar mejor los pensamientos.

  1. Reflexionar

    Generar opinión propia sobre un tema encontrándonos en un estado de serenidad sin establecimiento de prejuicios ni crispación.

Se pueden ejercitar todos estos aspectos o centrarse únicamente en la concentración y la relajación.

La incorporación de la meditación y la reflexión posibilitan un mayor beneficio dado que utilizamos técnicas cognitivas que nos van a ser útiles para la gestión de nuestros pensamientos en la vida cotidiana.

Estos ejercicios se podrían hacer en otro lugar siguiendo pautas similares.

Daniel Vallés Turmo

Acceder a entradas y guías del blog (pinchar enlace)