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miércoles, 23 de julio de 2025

Una tarde mágica en la pradera: Cómo montar una tienda de campaña con tus hijos y vivir una aventura inolvidable

¿Te imaginas pasar una tarde diferente con tus hijos, llena de emoción, colaboración y aventura, sin salir muy lejos de casa? Montar una tienda de campaña con niños puede convertirse en una experiencia mágica, educativa y llena de recuerdos imborrables. Y lo mejor: ¡no necesitas irte a la montaña para conseguirlo!

Te cuento cómo lo hicimos nosotros con una tienda de campaña tipo Quechua (modelo T4.1), dos hermanos de 6 y 8 años, y una pradera llena de imaginación. Una actividad ideal para una tarde de fin de semana, vacaciones o incluso como mini “rito de iniciación” al mundo de la aventura.

Esta es una tienda grande, pero puedes comprar si no tienes una pequeña que no valen mucho y son suficientes para la experiencia.

Tienda T4.1 de Quechua


🌟 ¿Por qué les encanta a los niños esta actividad?

  • Es una aventura real: Salir de la rutina, montar algo con sus manos, estar al aire libre… lo viven como un campamento de exploradores.

  • Juego simbólico: La tienda se convierte en su casa del árbol, base secreta, castillo, nave espacial… lo que quieran imaginar.

  • Les da autonomía: Participan activamente en la construcción y decoración del espacio.

  • Conexión emocional: Compartes con ellos un momento íntimo, sin pantallas ni prisas.


🎒 Preparativos sencillos

¿Qué necesitas?

  • Una tienda de campaña (nosotros usamos la Quechua T4.1, ideal para 4 personas).

  • Dos o más niños con ganas de explorar (6 a 10 años es la edad perfecta).

  • Un prado o jardín donde puedan desplegar la tienda con seguridad.

  • Sacos de dormir o mantas.

  • Linterna o luz LED.

  • Pequeños elementos para personalizar (peluches, dibujos, cuerda, “tesoros”).


🗺️ La actividad paso a paso: “Misión Explorador”

1. Ambientación: la misión secreta

Haz que la experiencia empiece desde el principio. Dales un rol: “Explorador/a” con su nombre. Pueden llevar una pulsera de lana o una tarjeta de misión.

🗣️ “Hoy tenemos una misión muy importante: montar nuestra base secreta en esta pradera. ¡Solo los mejores exploradores son elegidos!”


2. Montaje de la tienda como reto de equipo

Divide el montaje en fases para hacerlo divertido y colaborativo:

  1. Encontrar el lugar perfecto: plano, con sombra si hace calor.

  2. Extender la base: ellos ayudan a desenrollar la tienda.

  3. Montar las varillas: les encantará sostener las piezas mientras tú encajas.

  4. Levantar la tienda y fijarla: pueden colocar las piquetas o usar piedras como peso.

💡 Consejo: Si es su primera vez, deja que experimenten, incluso si tardáis más. Lo importante es el proceso, no la perfección. En You Tube puedes encontrar videos para montar la tienda si es complicada.


3. Personalización y juego simbólico

Una vez dentro, dales libertad para decorarla a su gusto. Colocan sus sacos, una linterna, dibujos... ¡y la imaginación hace el resto!

Ideas dentro de la tienda:

  • Cuentacuentos con linterna.

  • Dibujar la bandera del campamento.

  • Juego de roles: “Estamos en la jungla, ¿qué animales escuchamos?”


4. Mini aventura: búsqueda del tesoro

Prepara una pequeña búsqueda con pistas en la pradera. Pueden buscar:

  • Una hoja especial.

  • Un palo en forma de letra.

  • Un pequeño objeto escondido.

🎯 Objetivo: Añadir emoción y movimiento al juego.


5. Cierre emotivo: medalla de explorador

Termina con un diploma o medalla simbólica por haber completado la misión. Puedes entregar una hoja con su nombre que diga:

🎖️ “Por haber montado con valentía su primera base de campamento, se nombra a [Nombre] Explorador/a Oficial del Campamento Pradera.”


🧡 Conclusión

Esta actividad no solo entretiene: fomenta la colaboración, la autonomía, la creatividad y el vínculo afectivo. Los niños no necesitan grandes pantallas ni juguetes sofisticados para ser felices. Solo un poco de aventura, atención y libertad para imaginar.

¿Te animas a intentarlo?

Te puede interesar la entrada: Ruta en coche al Castillo de Fantova: historia, paisaje y frontera medieval.

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción asistida.

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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sábado, 19 de julio de 2025

La serenidad: ese refugio silencioso en la tormenta del duelo

Hace poco perdí a uno de mis mejores amigos. En medio de ese dolor enorme, encontré una figura que me sorprendió y me calmó: alguien que encarna la serenidad.

Cuando el mar está revuelto y la tormenta no parece tener fin, él permanece tranquilo, como quien sabe que después de la marea alta, inevitablemente, llegará la baja mar y la calma. No es indiferencia ni frialdad, sino una quietud profunda, una paz que no se agita con cada ola de emoción.

Esperando el fin de la tormenta

En el duelo, esa serenidad es un regalo. No es la presencia ruidosa ni la constante actividad. Es más bien la presencia que escucha sin prisa, que no impone soluciones ni palabras vacías, sino que está atenta, dispuesta a sostener sin necesidad de llenar silencios. Esa persona mira a la realidad de frente, sin negarla ni dramatizarla, y eso ayuda a quien está perdido en la marea de su tristeza.

Me gusta pensar en ella como una hoja de cálculo en espera. En calma absoluta, sin estrés, hasta que llega el momento de introducir la fórmula. Y entonces, responde con precisión y claridad, sin prisas, sin urgencias. Así es la serenidad: una paciencia activa, una fuerza silenciosa.

Recuerdo a una amiga que trabajó para Médicos Sin Fronteras durante la tragedia de Ruanda en 1993. Su labor era la logística, asegurarse de que los recursos llegaran a donde tenían que estar, en medio del caos y la tragedia. No podía dejarse llevar por las noticias dramáticas ni por el sufrimiento que la rodeaba. Su competencia principal: la serenidad. Esa calma interior le permitió hacer su trabajo de forma eficiente, sin perder el foco, incluso cuando el mundo parecía desmoronarse. Se llama Ana.

Sabemos que esta persona no se va a ir, que estará ahí cuando el dolor no deje dormir, cuando las preguntas vuelvan a surgir. Esa certeza es la raíz misma de su serenidad. No se deja arrastrar por los vientos cambiantes del día a día ni por el vaivén de emociones que a veces parece incontrolable.

Es un refugio humano, imperfecto pero real, que no intenta borrar el dolor sino acompañarlo con calma y presencia.

En medio de la tormenta, la serenidad es ese espacio donde el alma puede respirar. No es un estado inalcanzable, sino una cualidad que todos podemos cultivar, especialmente cuando acompañamos a quienes sufren.

Fuerte oleaje

Valoremos a quienes, con su calma paciente, nos sostienen sin juicio, sin prisa, sin ruido. Porque en la serenidad reside la fuerza para enfrentar lo inevitable y la luz para seguir adelante.

Que aprendamos a ser esa presencia serena, ese refugio silencioso, ese faro en la oscuridad. Porque, al final, la serenidad no solo calma el mar, sino que también nos ayuda a navegarlo.

Es esa presencia silenciosa que habita el tiempo sin prisa, como un susurro que se queda en el aire esperando ser escuchado. Permanece firme, pero no rígida; serena, pero no distante. Su calma es un abrazo invisible que sostiene sin asfixiar, un faro que no brilla para el día, sino para la noche más oscura.

No se adelanta a las tormentas, ni se deja arrastrar por la prisa del viento. Sabe que hay momentos que solo el alma reconoce, y con paciencia infinita, espera el instante en que su luz sea necesaria para guiar, para calmar, para sanar.

Es la pausa en medio del caos, el refugio donde se puede descansar sin miedo. Una fuerza profunda que no necesita gritar para hacerse sentir, porque su poder reside en la quietud, en la entrega silenciosa y en el amor que no exige nada, solo está.

Farol

Es como un farol antiguo colgado en la esquina de una calle tranquila, apagado durante el día bajo la claridad del sol. Su luz no se impone ni se adelanta, simplemente espera, paciente y silencioso.

Cuando el crepúsculo cae y la noche extiende su manto, el farol se enciende lentamente, proyectando una luz cálida y constante que no deslumbra, pero sí guía.

Esa luz es calma y refugio, un pequeño fuego que resiste la oscuridad sin prisa, ofreciendo esperanza y claridad justo en el momento en que más se necesita.

Así es esa persona serena: un farol que no brilla para llamar la atención, sino para sostener el camino de quienes se pierden en la noche.

Puedes leer también las entradas: 

 Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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La presencia

Hace unas semanas, un familiar de un gran amigo que falleció me compartió algo muy especial: a veces siente que él sigue cerca. Dice que los pájaros se le acercan sin miedo, que percibe una compañía invisible. Que, de alguna forma, sigue a su lado.

Yo no lo niego. De hecho, lo entiendo. Lo reconozco. Cada uno sentimos la ausencia a nuestra manera, pero también —y sobre todo— la presencia.

Con mi amigo compartíamos algo muy profundo, casi inexplicable. Una empatía que nos hacía sentir lo que el otro sentía, aunque no lo dijéramos. A veces bastaba una mirada, una pausa, un silencio. Era una amistad que no necesitaba palabras para saber que el otro estaba ahí. Y eso es justo lo que sigo sintiendo ahora, incluso en su ausencia.

Empatía

No hace falta que sea un momento especial para sentir la presencia. A veces llega como una sutil inspiración, como una idea inesperada o un recuerdo que nos abraza por dentro. Es una manera callada y misteriosa de hacernos sentir cerca de la persona querida que ya no está.

No puedo hablarle ni abrazarlo, pero me inspira constantemente. Es como si hubiera asumido otro papel en mi vida: ya no está físicamente, pero su amor, su forma de ver el mundo, su luz… siguen aquí.

Algo parecido he sentido muchas veces en la montaña. He hecho rutas exigentes en solitario, de noche, en condiciones difíciles. Y, lejos de sentir miedo, sentía que alguien caminaba conmigo. En esos momentos descubrí lo que muchos alpinistas han descrito como el fenómeno del “Tercer Hombre”: una presencia invisible, reconfortante, que aparece en situaciones de soledad extrema o peligro. Es como si el alma, o la fe, o quizá algo más allá de nosotros, despertara esa figura silenciosa que nos cuida.

El tercer hombre

Recuerdo también el testimonio del explorador polar Ernest Shackleton, uno de los hombres más valientes que ha pisado la Antártida. En su expedición fallida al Polo Sur, tras el hundimiento del Endurance, él y dos de sus hombres cruzaron la isla Georgia del Sur caminando durante 36 horas sin descanso, en medio del frío, la nieve y el agotamiento. Más tarde escribió:

“Durante aquel largo y rudo viaje de treinta y seis horas sobre las montañas y glaciares de Georgia del Sur, a menudo me pareció que éramos cuatro, no tres.”
Ernest Shackleton, South (1919)

No fue una alucinación, ni una fantasía. Era una presencia real para ellos, aunque invisible. Un cuarto caminante, un protector silencioso.

Hay un capitel románico en el cementerio de Barbastro que representa la resurrección de Cristo. En él debería haber dos ángeles sobre el sepulcro, pero falta uno. Siempre que lo contemplo, pienso: ese ángel que falta es el mío. El que no se ve, pero acompaña.

El ángel de la guardia se ha ido del capitel

La Presencia es eso: una forma de amor que ya no tiene cuerpo, pero permanece con nosotros. Nos inspira, nos anima, nos salva sin que lo sepamos.

“No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.”
Juan 14,18

El ángel que se ha ido es nuestra guardia

Quizá la fe, el recuerdo, el amor compartido —o la suma de todo eso— se transforma en Presencia. En ese acompañar invisible que, cuando es verdadero, nunca se pierde.

Y también es cierto que estamos en una dimensión distinta. Y como todo lo sutil, esa presencia se va diluyendo con el tiempo, como los rayos del sol en el poniente. Pero mientras dure, es un regalo. Y cuando se apaga, deja una huella de luz que siempre sabremos reconocer.

Atardecer

Quisiera que mis pensamientos volvieran a ti, como esta luz del sol poniente.”
— Rabindranath Tagore

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Sostener la autoestima en la tormenta 

 Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025

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miércoles, 16 de julio de 2025

Barbastro, lugares para reflexionar

En el año 2009 me dejó mi madre, tras trece años de cuidarla. Tuve que hacer el duelo, y en ese proceso descubrí que Barbastro cuenta con varios lugares que invitan a la reflexión.

Lo primero que hice fue adoptar a “Pequeñajo”, un peluche que convertí en símbolo de su recuerdo. A día de hoy, sigue teniendo su lugar.

Pequeñajo

El Pueyo.

Sin duda, El Pueyo es el lugar que lleva a muchos barbastrenses —y vecinos de la comarca— a la reflexión. Su templo, junto con el paisaje que lo rodea en todas direcciones, lo convierte en un espacio único. He pasado muchas horas allí, buscando calma y sentido.

En su momento escribí un pequeño libro titulado El Pueyo, con el propósito de relajar la mente.

El Pueyo

📜 AnécdotaPedro Casaldáliga , poeta y reconocido obispo claretiano vinculado a la teología de la liberación en Brasil, recuerda su paso por el Monasterio del Pueyo en su libro de 1975 Yo creo en la Justicia y en la Esperanza

Medio año después, en 1961 —después de tres años de ministerio en Barcelona—, con el billete de la Iberia ya sacado para regresar a la Guinea, me llegó «el destino », en viraje redondo, de Prefecto del Seminario Claretiano de Barbastro. Había de coger la Renfe, la «Burreta» en el último tramo del trayecto, y pasaría a ser el responsable de los seminaristas claretianos de Humanidades superiores, en aquel rincón de Huesca, casi en la falda del Pirineo Aragonés, al socaire de «El Pueyo» de los olivares y los almendros de Nuestra Señora, bajo las sombras aún presentes de los cincuenta y tantos mártires hermanos del 36...


La Catedral.

La catedral de Barbastro impacta por su techo estrellado, que surge de las columnas como si se tratara de una palma abierta. Invita a mirar hacia arriba, hacia el cielo. También aquí he pasado muchas horas contemplando en silencio.

Estrellado de la catedral de Barbastro

📜 AnécdotaAntoni Gaudí visitó la catedral de Barbastro para inspirarse en la creación de la Sagrada Familia, especialmente por su techo basado en formas naturales, como palmas que se abren hacia la luz.

En una capilla de encuentra el Pantocrator de Vio que nos hace retornar al siglo XII por su majestuosidad. Está en un espacio cerrado y silencioso, con una atmósfera muy especial.

Pantocrator de Vio

Cementerio

En el cementerio se encuentra la portada de la iglesia de Santa Fé que estaba en el actual barrio de San Juan, junto al río Vero. En ella destaca un capitel dedicado a la Resurrección de Jesús donde falta uno de los ángeles sentados sobre la tumba. Como se encuentra junto a mi casa, suelo ir con frecuencia y miro este capitel.

Capitel Iglesia de Santa Fé

 📜 Anécdota: La iglesia de Santa Fe se hizo sobre las ruinas de la segunda mezquita de Barbastro. Tiene este nombre porque es la Virgen al que está dedicado el monasterio francés de Conques que financió la reconquista de la ciudad.


El río Vero.

Junto a la pasarela peatonal que conecta con el barrio de San Juan hay un sendero que nos acerca a la parte no canalizada del río Vero. Es un rincón en pleno corazón de Barbastro donde uno se siente en plena naturaleza. Se oye el rumor del agua y el canto de los pájaros.

Cascada en el río Vero en Barbastro

 📜 AnécdotaLa cascada que aparece en la fotografía está justo en el lugar donde, de niños, íbamos a bañarnos. Había una poza y la llamábamos La Mininguera.


Reflexionar en Barbastro

Cada uno de estos lugares ha sido, en momentos distintos de mi vida, un refugio. No solo para recordar, sino para reencontrarme conmigo mismo, para hacer las paces con el pasado y mirar hacia adelante con serenidad. Barbastro no solo es mi ciudad: es un espacio lleno de rincones donde el alma encuentra silencio, consuelo y sentido.

Si alguna vez necesitas parar, respirar o simplemente estar contigo mismo, quizás alguno de estos sitios también te acompañe. Porque hay ciudades que se viven... y otras que, como Barbastro, también se sienten.

“La contemplación es un grito silencioso de amor.”
— Pedro Casaldáliga

Daniel Vallés Turmo

Julio de 2025