Cómo una pequeña ermita terminó convirtiéndose, paso a paso, en el gran santuario actual
Cuando hoy contemplamos Torreciudad resulta fácil pensar que el gran santuario nació como un proyecto perfectamente definido desde el principio. Sin embargo, al reconstruir su historia aparece un proceso bastante más gradual.
Antes hubo una pequeña ermita sobre el Cinca, un recuerdo de infancia de Josemaría Escrivá, una consulta realizada desde Roma en 1956, la restauración de la antigua Torreciudad, un primer proyecto junto a la ermita, un cambio de emplazamiento, una iglesia más pequeña y, finalmente, un santuario preparado para recibir a numerosos peregrinos.
Esta entrada intenta responder a dos preguntas:
¿por qué se eligió precisamente Torreciudad y cómo se llegó, paso a paso, al santuario que vemos hoy?
Para reconstruir ese proceso utilizaremos como hilo conductor un reportaje publicado por Torreciudad en 2024 con motivo del cincuentenario del nuevo templo. Sus imágenes de archivo y los testimonios de quienes participaron o conocieron aquella historia permiten seguir la evolución del proyecto desde dentro. A ese relato añadiremos documentos y otras fuentes que ayudan a ordenar sus diferentes etapas.
1. Antes del nuevo Torreciudad
Antes del gran santuario, Torreciudad era un lugar muy distinto.
Sobre una atalaya rocosa junto al Cinca se encontraban la antigua torre que dio nombre al lugar y una pequeña ermita dedicada a la Virgen. Hasta allí llegaban vecinos, familias y romerías por caminos muy diferentes de los accesos actuales.
Antigua ermita de Torreciudad antes de la construcción del nuevo santuario.
El reportaje conserva fotografías y películas de aquel mundo anterior. Vecinos de la zona recuerdan las romerías, el difícil camino y una relación con la ermita integrada con naturalidad en la vida familiar y religiosa de los pueblos próximos.
También la Virgen tenía entonces una apariencia distinta.
La Virgen de Torreciudad revestida con mantos en la antigua ermita. Ésta fue durante generaciones la imagen contemplada por quienes acudían al pequeño santuario antes de las restauraciones del siglo XX.
Torreciudad, por tanto, no nació en 1975. Mucho antes del nuevo edificio ya existían un lugar, una devoción y una historia.
2. ¿Por qué precisamente Torreciudad?
Para responder a esta pregunta hay que separar dos historias que terminaron encontrándose.
Josemaría Escrivá tenía desde años antes el deseo de dejar construida una iglesia dedicada a la Virgen como agradecimiento por la protección recibida. Pero todavía no había concretado dónde debía estar.
Torreciudad pertenecía, entretanto, a una historia mucho más personal.
Escrivá había estado gravemente enfermo durante su infancia en Barbastro. Tras recuperarse, su madre lo llevó a Torreciudad para dar gracias a la Virgen.
Muchos años después, en 1956, volvió a interesarse por aquel lugar.
Consulta realizada en 1956 para obtener información sobre la ermita de Nuestra Señora de Torreciudad y su situación.
Desde Roma preguntó si existía una ermita denominada Nuestra Señora de Torreciudad, dónde se encontraba y cuál era su estado. La consulta llegó a Barbastro y permitió recuperar información sobre aquel lugar ligado a su infancia.
Documento en el que Josemaría Escrivá relaciona la imagen de Torreciudad con el recuerdo de su enfermedad infantil y la peregrinación realizada con su madre.
En 1956 todavía no tenemos diseñado el gran santuario actual. Tenemos algo mucho más sencillo:
un deseo previo de construir una iglesia mariana y un antiguo lugar de devoción ligado a un recuerdo personal que vuelve a aparecer.
Torreciudad empezaba a convertirse en el lugar donde aquel deseo podía tomar forma.
3. 1956–1964: recuperar primero lo antiguo
Tras la consulta de 1956 comenzaron los contactos que acabarían convirtiendo aquel interés en una actuación concreta.
El 24 de septiembre de 1962 se formalizó en Barbastro un acuerdo mediante censo enfitéutico. La diócesis mantenía la propiedad de la ermita, mientras se establecía un marco para su conservación, restauración y culto.
En 1962 el centro del proyecto seguía siendo la antigua ermita.
Una de las primeras actuaciones fue precisamente la restauración de la imagen. Tras ser intervenida en Talleres de Arte Granda, regresó en mayo de 1964 en una romería desde Bolturina presidida por el obispo Jaime Flores.
Romería de regreso de la Virgen a Torreciudad tras su restauración, mayo de 1964.
La fotografía resulta reveladora: todavía no existe el nuevo santuario. La Virgen regresa a su pequeña ermita rodeada de vecinos y peregrinos.
Pero, mientras se recuperaba aquella Torreciudad antigua, ya comenzaba a proyectarse otra.
4. 1963–1967: un proyecto que fue creciendo
Aquí se encuentra probablemente la parte menos conocida de la historia.
En 1963, Heliodoro Dols recibió el encargo de proyectar una casa de actividades o formación social junto a la antigua ermita.
Heliodoro Dols, arquitecto del nuevo Torreciudad. Su testimonio permite seguir cómo el proyecto fue cambiando de emplazamiento, función y escala.
Era un proyecto considerablemente más pequeño que el conjunto actual.
El problema apareció al intentar hacerlo encajar en el terreno. La ermita ocupaba una estrecha atalaya rocosa y añadir allí habitaciones, servicios y espacios comunes obligaba a alterar excesivamente aquel entorno.
El entorno de la antigua ermita permite comprender las limitaciones físicas del primer emplazamiento.
Se tomó entonces una decisión que cambiaría toda la historia posterior:
El proyecto salió de la antigua ermita y pasó al emplazamiento donde hoy se encuentra el santuario.
Pero ni siquiera entonces apareció inmediatamente el Torreciudad actual.
Dols recuerda una fase intermedia: en el nuevo emplazamiento se pensó inicialmente en un centro de actividades acompañado por una iglesia pequeña. La imagen de la Virgen se trasladaría allí y en la antigua ermita quedaría una representación.
Era otro Torreciudad posible que finalmente tampoco llegó a realizarse de aquella manera.
De una pequeña iglesia a un gran santuario
En 1966, la documentación entre el Obispado y el Patronato ya habla expresamente de la construcción de un nuevo santuario en el que recibiría culto la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad.
La idea había dejado atrás el simple centro de actividades junto a la antigua ermita.
Pero tampoco aquel proyecto tenía todavía necesariamente la escala que conocemos hoy.
En 1967, Heliodoro Dols volvió a tratar el proyecto con Josemaría Escrivá en Roma. El propio arquitecto explicaría posteriormente que el programa fue ampliándose. Escrivá pensaba en un lugar al que acudirían numerosos peregrinos.
«Aquí va a venir mucha gente.»
Hasta la gran explanada, hoy inseparable de nuestra imagen de Torreciudad, surgió como consecuencia de ese aumento de escala.
Cambió el lugar: de construir junto a la antigua ermita a hacerlo en otro emplazamiento cercano.
Cambió la función: de una casa de actividades con una pequeña iglesia a un santuario.
Cambió la escala: de un proyecto relativamente reducido a un gran centro de peregrinación.
El Torreciudad actual no estaba dibujado desde el principio. Fue apareciendo a medida que cambiaba lo que se esperaba que aquel lugar llegara a ser.
5. 1970–1975: construir el nuevo Torreciudad
Durante los años sesenta Dols fue desarrollando un proyecto sometido a numerosas modificaciones. A partir de 1970 comienza la gran fase constructiva que se prolongaría hasta 1975.
El nuevo santuario durante una fase avanzada de las obras.
Las fotografías permiten contemplar algo difícil de imaginar hoy: el enorme santuario cuando todavía era simplemente una obra levantándose sobre el monte.
Mientras Torreciudad cambiaba, también estaba transformándose el territorio que lo rodeaba.
El embalse de El Grado modificó profundamente el antiguo paisaje del Cinca. La ermita que durante siglos había contemplado el río pasó a quedar sobre una gran lámina de agua.
6. Las personas que lo hicieron posible
Trabajadores durante la construcción del nuevo santuario. Las obras reunieron a trabajadores procedentes de diferentes lugares de la comarca y de la provincia.
Una obra de estas dimensiones no se explica sólo por quienes la imaginaron o proyectaron.
El documental dedica una parte importante a los trabajadores y a quienes contribuyeron económicamente. Llegaron obreros de diferentes localidades de la comarca y de la provincia. Sus recuerdos hablan de grúas, andamios, esfuerzo y unas condiciones de trabajo muy distintas de las actuales, pero también del orgullo de haber participado en una obra que permanecería después de ellos.
La financiación ofrece otra dimensión humana. El reportaje recoge aportaciones muy diferentes: dinero obtenido mediante horas extraordinarias, una joya familiar, pequeños ahorros, familias que buscaban donativos o personas que renunciaban a algo propio para contribuir a la construcción.
Entre esos recuerdos aparece incluso el de un trabajador que vendió su Seat 600 y entregó 60.000 pesetas.
El gran santuario fue también el resultado de muchas pequeñas decisiones: trabajar, ahorrar, donar y construir.
7. Dar forma al santuario
Cuando la estructura estaba levantada todavía quedaba definir el carácter interior del templo. Uno de los elementos fundamentales fue el gran retablo.
Heliodoro Dols recuerda que llegó a plantearse la utilización de un retablo antiguo, pero finalmente se optó por realizar uno nuevo. Joan Mayné trabajó en un conjunto de alabastro concebido para narrar escenas religiosas de una manera comprensible y favorecer la oración.
La intención era que Torreciudad no fuese únicamente un edificio monumental. Su arquitectura y su decoración debían responder a la finalidad religiosa para la que había sido construido.
8. 1975: termina la obra, comienza Torreciudad
El 26 de mayo de 1975, Josemaría Escrivá visitó Torreciudad cuando el nuevo santuario estaba prácticamente terminado.
Josemaría Escrivá durante su visita a Torreciudad el 26 de mayo de 1975, con el nuevo santuario prácticamente terminado.
El documental conserva el recuerdo del momento en que se encendieron las luces del templo y pudo contemplar el resultado de un proceso iniciado casi veinte años antes.
Escrivá murió en Roma el 26 de junio de 1975.
El 7 de julio de 1975 estaba previsto el comienzo de la actividad del nuevo templo. Josemaría Escrivá había fallecido apenas once días antes, por lo que aquel inicio quedó inevitablemente marcado por su muerte y por la celebración de una misa funeral.
El nuevo santuario ya terminado y recibiendo visitantes. Tras años de proyectos y obras, comenzaba la vida del Torreciudad que conocemos hoy.
La fotografía nos lleva a un momento completamente diferente del que habíamos visto al comenzar.
Ya no tenemos una obra.
Tenemos un santuario funcionando.
Dos imágenes para comprender el cambio
Yo nací en 1966. Cuando miro la fotografía aérea de Torreciudad de 1957 estoy viendo, por tanto, el paisaje inmediatamente anterior al mundo que he conocido durante toda mi vida.
Después de recorrer casi veinte años de historia, quizá la transformación pueda entenderse mejor mirando simplemente dos fotografías aéreas.
Torreciudad en 1957. El Cinca conserva todavía su antiguo cauce y aún no existen el embalse de El Grado ni el nuevo santuario.
Torreciudad en la actualidad. El embalse, el santuario, las carreteras, los aparcamientos y la vegetación muestran hasta qué punto cambió el paisaje.
Entre ambas imágenes no ha cambiado sólo Torreciudad. Ha cambiado todo el paisaje que lo rodea.
Cincuenta años después
El reportaje que ha servido como hilo conductor de esta entrada fue publicado por Torreciudad en octubre de 2024, cuando se preparaba el cincuentenario del nuevo templo.
Su valor está en las imágenes históricas, pero también en algo mucho más difícil de recuperar mediante documentos: la memoria de quienes participaron o estuvieron cerca de aquella historia.
Es una narración realizada desde el propio Torreciudad. Por eso no pretende ser una mirada externa. Precisamente esa característica la convierte también en una fuente interesante: permite conocer cómo Torreciudad explica sus propios orígenes cincuenta años después.
El reportaje apareció en 2024, cuando el conflicto entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei sobre Torreciudad ya estaba abierto. Ese contexto forma parte inevitablemente de nuestra lectura actual, aunque el documental fue presentado con otro propósito: recuperar la memoria de la construcción ante el cincuentenario del nuevo templo.
Después de todo el recorrido, podemos volver a la pregunta inicial.
El Torreciudad que vemos hoy no nació de una sola decisión ni estuvo dibujado desde el principio. Fue creciendo durante casi veinte años: cambió de lugar, cambió de función y cambió de escala hasta transformar también el paisaje que lo rodeaba.
De cómo nació Torreciudad a lo que ahora debe resolver Roma
Reconstruir cómo fue creciendo el nuevo Torreciudad ayuda también a comprender
el conflicto actual. Los acuerdos se fueron produciendo en momentos distintos,
mientras cambiaban el proyecto, el emplazamiento y la propia escala del conjunto.
Por eso, cincuenta años después de la apertura del nuevo templo, la pregunta ya
no es solamente cómo se construyó Torreciudad, sino cómo deben interpretarse
ahora aquellos acuerdos y qué tiene que decidir la Santa Sede.
Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?
Un recorrido desde los acuerdos de 1962 y 1966 hasta la situación actual:
la imagen de la Virgen, los derechos derivados de aquellos documentos,
la configuración canónica del nuevo templo y las cuestiones que siguen
pendientes de resolución.
Fuentes y documentación
Esta entrada se ha construido principalmente a partir del reportaje publicado por Torreciudad en 2024 y se ha completado con documentación sobre las distintas etapas del proyecto.
Salvo la fotografía de la romería de 1964 y las dos ortofotos comparativas finales, las imágenes utilizadas en esta entrada son fotogramas extraídos del reportaje sobre la construcción del nuevo templo de Torreciudad publicado en 2024. Se han seleccionado para acompañar visualmente las distintas etapas del relato y facilitar la comprensión de cómo fue evolucionando el proyecto.
Torreciudad en Caminos de Barbastro
Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:
Torreciudad
Una primera mirada publicada en Caminos de Barbastro en 2015.
Contenido elaborado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información, análisis de fuentes y edición del texto.
Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen De la ermita sobre el Cinca al santuario junto al embalse
Torreciudad, pasado y presente
Esta entrada comenzó como una mirada a la transformación de Torreciudad:
desde la antigua ermita sobre el río Cinca hasta el gran santuario
construido junto al embalse de El Grado.
El conflicto surgido entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei
terminó incorporando una nueva dimensión a ese recorrido y devolvió al
primer plano la antigua ermita, la talla de Nuestra Señora de los Ángeles
y la relación entre los dos espacios.
Por eso, más que seguir la actualidad día a día, esta entrada intenta
comprender cómo se llegó hasta aquí: el paisaje,
la historia, la Virgen, el santuario y, finalmente, el conflicto que
volvió a ponerlos a todos en relación.
Torreciudad es uno de esos lugares que he conocido siempre y que, sin embargo,
con los años he aprendido a mirar de otra manera. Por mi edad, he conocido el
nuevo santuario prácticamente desde sus comienzos y he podido seguir su
evolución viviendo a apenas media hora. Ya hice una entrada en el blog en el
año 2015,
Torreciudad.
Curiosamente, uno de mis primeros recuerdos de aquel nuevo Torreciudad es muy
cotidiano: el bar que había junto al embalse y que cerró pocos años después.
Por encima de edificios e instituciones, lo que siempre permaneció fue un
paisaje excepcional.
Tiene además para mí una dimensión personal. Mi madre,
Amparo Turmo Barrabés, fue llevada siendo niña hasta
Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad después de
recuperarse de una caída. Aquella historia familiar hizo que este lugar nunca
me resultara indiferente.
Después llegó el paisaje. He llegado tres veces a pie desde
Barbastro hasta Torreciudad, una de ellas corriendo. Son kilómetros recorridos
por Costean, El Grado, el Cinca y las laderas que rodean el santuario. Es un
territorio que conozco también desde los pies.
Recuerdo especialmente aquella carrera de 1985. Después de recorrer más de una
media maratón desde Barbastro, llegamos con ropa deportiva y no nos permitieron
siquiera acceder a la explanada porque nuestra indumentaria no se consideró
decorosa. El santuario quedó allí, a cientos de metros, frente a nosotros.
En 1985 llegamos corriendo y no pudimos entrar; hoy llegar corriendo forma
parte de la propia historia de Torreciudad.
Durante muchos años practiqué además piragüismo en el embalse de El Grado. En
una lámina de agua de casi veinte kilómetros de longitud, la silueta de
Torreciudad era una referencia inconfundible. Desde la piragua aparecía sobre
las laderas como un punto de orientación. También así he aprendido a conocer
este paisaje: desde el camino y desde el agua.
Durante aquellos años en los que conocía bien el embalse desde la piragua
llegué incluso a proponer a Torreciudad una pequeña iniciativa que me parecía
muy ligada al lugar: que cada 16 de julio, festividad de la Virgen del
Carmen, una imagen llegara hasta Torreciudad por las aguas del embalse.
La idea no llegó entonces a desarrollarse, pero recuerdo que me parecía una
forma muy hermosa de unir el paisaje, el agua y la devoción popular.
En otros proyectos tuve más fortuna. El Obispado de Barbastro-Monzón sí acogió
años después la propuesta del Camino de San Ramón, una
iniciativa que desde Caminos de Barbastro y con el imprescindible apoyo de Montañeros de Aragón de Barbastro y el Centro Excursionista de Ribagorza, permitió movilizar a muchas
personas alrededor de los antiguos caminos de estas tierras. Eran también
otros tiempos, y quizá otra forma de relacionarnos con el territorio y con las
instituciones.
Durante mucho tiempo, como probablemente le ocurre a casi todo el que llega,
mi mirada se dirigía principalmente hacia el gran santuario, mientras la
pequeña ermita permanecía abajo, casi como un resto de todo lo anterior. Con
los años me ha sucedido justamente lo contrario: cada vez me interesan más
aquella pequeña ermita, la torre medieval, Nuestra Señora de los Ángeles y el
paisaje que existió antes de que el río Cinca se convirtiera en embalse.
Quizá porque Torreciudad permite contemplar algo más que la historia de un
santuario: cómo cambian un paisaje, una sociedad y nuestra propia
manera de mirar un lugar.
El mismo lugar, dos paisajes.
El antiguo Torreciudad sobre el valle del Cinca y el paisaje actual,
transformado por el embalse de El Grado y la construcción del nuevo
santuario. La fotografía histórica ha sido coloreada para facilitar
la comparación.
Antes de ser santuario, Torreciudad fue una torre
El propio nombre nos lleva mucho más atrás que el actual edificio. La torre
medieval ocupa una posición privilegiada sobre el corredor del Cinca. Desde
allí se podía controlar el paso por el valle y mantener contacto visual con
otros puntos elevados.
Al estudiar recientemente otras fortalezas del Cinca, como el
castillo de Artasona,
he empezado también a mirar Torreciudad desde esa perspectiva. Desde Artasona
se distingue Torreciudad. No sabemos hasta qué punto aquellas posiciones
formaron una red organizada de comunicación, pero su relación visual permite
comprender que no eran lugares aislados.
Antes de ser un lugar al que acudir, Torreciudad fue un lugar desde el que mirar.
Con el paso de los siglos aquella función defensiva perdió importancia. Sin
embargo, junto a la torre permaneció un pequeño edificio que acabaría teniendo
una vida mucho más larga: la ermita.
Al visitar hoy la antigua ermita me sorprende que apenas encontremos una
explicación sobre aquella torre que, en realidad, dio nombre a
Torreciudad. Se trata de una construcción medieval documentada ya en
el siglo XI, situada en una posición estratégica sobre el valle del Cinca,
cuando esta zona formaba parte de la frontera entre los territorios cristianos
y musulmanes. Desde aquí se vigilaban el valle y los caminos en una época en
la que lugares próximos como Graus y El Grado todavía no habían pasado
definitivamente a manos cristianas.
No haría falta una gran intervención para recuperar esta parte de la historia.
Un sencillo panel interpretativo junto a los restos de la torre permitiría
explicar su función defensiva, su relación con el valle del Cinca y, sobre
todo, algo tan elemental como por qué este lugar se llama
Torreciudad. La ermita explica la historia religiosa del lugar; la
torre permitiría recordar la historia anterior sobre la que aquella devoción
acabó asentándose.
Dos torres separadas por siglos.
En primer plano, los restos de la torre medieval que dio nombre a
Torreciudad; al fondo, la torre del santuario construido en el siglo XX.
La imagen permite reunir en una misma mirada dos momentos muy distintos
de la historia del lugar.
Nuestra Señora de los Ángeles
Hoy utilizamos casi siempre la expresión Virgen de Torreciudad,
pero durante siglos la advocación fue más precisa:
Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad. Las antiguas
espéculas de peregrino todavía conservan ese nombre.
Espécula medieval de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad.
Aquellas pequeñas insignias permiten acercarnos a un Torreciudad muy diferente
del actual. Sobre las espéculas y las antiguas insignias de peregrinación ya
escribí hace años en
Caminos de Barbastro.
Las familias llegaban desde los pueblos próximos para pedir ayuda, agradecer
una curación o cumplir una promesa. Entre las tradiciones asociadas a Nuestra
Señora de los Ángeles tuvo especial importancia la presentación y protección
de los niños. Y eso permite comprender dos pequeñas historias separadas por
casi treinta años.
Dos niños llevados a la Virgen
En 1904 una familia de Barbastro llevó hasta aquella pequeña ermita a un niño
de unos dos años después de que se recuperara de una grave enfermedad. Se
llamaba Josemaría Escrivá de Balaguer. Su madre había
prometido llevarlo a Torreciudad si sanaba. Décadas después, aquel niño
impulsaría la construcción del gran santuario que hoy conocemos.
En 1932 otra familia llevó hasta el mismo lugar a una niña procedente de Merli
después de recuperarse de una caída. Era mi madre,
Amparo Turmo Barrabés.
Son dos historias particulares, pero pertenecen a algo mucho más amplio: una
religiosidad popular en la que las familias acudían hasta Nuestra Señora de los
Ángeles para poner a sus hijos bajo su protección o agradecer su recuperación.
Antes de que Torreciudad recibiera peregrinos de todo el mundo,
recibía a las familias de estos valles.
La misma Virgen, dos maneras de verla
También ha cambiado ante nuestros ojos la manera de contemplar a la
Virgen. No se trata solamente del lugar en el que se encuentra, sino
también de la forma en que la imagen ha sido presentada y venerada a lo largo
del tiempo.
La misma imagen, dos maneras de contemplarla. Durante generaciones,
Nuestra Señora de los Ángeles apareció cubierta por vestidos, manto y
corona; actualmente se muestra la talla románica restaurada.
Durante generaciones la talla románica permaneció cubierta por vestidos,
manto y corona. Ésa fue la imagen que contemplaron muchos de quienes llegaron
hasta la antigua ermita. Con su restauración volvió a quedar visible la
escultura, pero también cambió notablemente el aspecto con el que hoy la
conocemos.
Antes y después de la restauración
Una fotografía tomada durante la romería de Torreciudad de
1967 permite observar con especial claridad aquel cambio.
La talla conservaba entonces una policromía muy visible: azules, rojizos,
tonos claros y algunos detalles dorados cubrían los vestidos de la Virgen y
del Niño.
Nuestra Señora de los Ángeles durante la romería de Torreciudad de 1967.
La fotografía permite apreciar la policromía que conservaba la talla antes
de adquirir su aspecto dorado actual.
Fotografía: Eugenio Cama Permisán. Fuente:
La Puebla de Castro.
El contraste con su aspecto actual es muy llamativo. La estructura de la
escultura es la misma, pero la presencia dominante del oro modifica
profundamente nuestra percepción de la imagen.
La misma talla en dos momentos de su historia.
Aspecto de Nuestra Señora de los Ángeles durante la romería de 1967
y presentación actual después de las restauraciones del siglo XX.
Fotografía de 1967: Eugenio Cama Permisán. Fuente:
La Puebla de Castro.
El propio Opus Dei explica este proceso en un vídeo dedicado a la historia de
la talla. Se realizó una primera intervención de consolidación en 1964 y,
posteriormente, una nueva restauración en torno a 1970. Fue en esta segunda
intervención cuando se incorporó una lámina de pan de oro,
que dio a buena parte de la escultura el aspecto con el que hoy se contempla
en el nuevo santuario.
El vídeo resulta especialmente interesante porque muestra también imágenes
antiguas de la ermita y de la propia Virgen antes de aquella transformación.
Permite comprobar que no sólo cambió el lugar en el que se veneraba la
imagen: también cambió profundamente la manera de presentarla ante
los peregrinos.
Vídeo del Opus Dei sobre la historia y restauración de la talla de la
Virgen de Torreciudad. Incluye imágenes antiguas de la ermita y de la
propia imagen antes de su aspecto actual.
Es la misma imagen y, sin embargo, cuando observo esta transformación tengo
una sensación parecida a la que producen los dos paisajes de Torreciudad:
parecen pertenecer a mundos diferentes.
La Virgen en los dos espacios
Al recorrer el mismo día, uno detrás de otro, la antigua ermita y el nuevo
santuario, me llamó especialmente la atención que Nuestra Señora de los
Ángeles parece hablar en cada lugar un lenguaje diferente.
En la ermita continúa muy presente la representación tradicional de la Virgen
vestida, coronada y rodeada de ángeles, la forma en que fue
contemplada durante generaciones por las familias que llegaban hasta
Torreciudad. En el nuevo santuario, en cambio, la talla románica restaurada
aparece sin aquellos vestidos y ocupa el centro de un enorme retablo.
Nuestra Señora de los Ángeles en la antigua ermita:
vestida, coronada y acompañada por ángeles.
La talla románica en el gran retablo del nuevo santuario.
La misma Virgen presentada de una forma completamente diferente.
No es únicamente una diferencia estética. Los dos espacios parecen responder
también a dos maneras distintas de vivir Torreciudad. La ermita invita a una
relación próxima, individual o familiar. El nuevo santuario fue concebido
desde su origen para las grandes peregrinaciones y para recibir a muchas
personas.
Y al contemplar la talla dentro del enorme retablo se comprende mejor también
su transformación. La imagen románica mide apenas 84 centímetros
y, vista desde la nave, ocupa un espacio diminuto dentro de una arquitectura
de dimensiones monumentales. El dorado hace que destaque sobre un retablo
deliberadamente oscuro y que la mirada del visitante se dirija inmediatamente
hacia ella. En ese contexto, el pan de oro no parece solamente una decisión
de restauración: cumple también una función iconográfica y visual,
convirtiendo a la pequeña talla en el centro luminoso de todo el
santuario.
La percepción cambia mucho cuando contemplamos la imagen fuera de ese marco.
Aislada, el dorado resulta mucho más llamativo y hace difícil imaginar la
policromía azul, rojiza y clara que todavía conservaba en las fotografías de
1967. También aquí conviene mirar aquella intervención con los criterios de
su época. A comienzos de los años setenta se estaba creando un gran santuario
y se buscaba una imagen capaz de presidir visualmente aquel espacio. Con los
criterios actuales de conservación del patrimonio, una intervención que
modificara de forma tan intensa la apariencia de una talla románica sería
mucho más difícil de justificar.
No son simplemente una ermita pequeña y un santuario grande.
Son dos espacios concebidos para experiencias diferentes.
1969-1975: cuando cambió la escala
Durante siglos la ermita estuvo sobre el río Cinca, no sobre un embalse. El
agua corría por el fondo del valle, entre gleras y laderas, bajo la torre y la
ermita. En 1969 se terminó la presa de El Grado y aquel paisaje cambió
profundamente con la creación del nuevo embalse. Solamente seis años después,
en 1975, abrió al culto el nuevo santuario de Torreciudad.
En muy poco tiempo cambiaron simultáneamente el paisaje y la arquitectura. El
río se convirtió en embalse y la pequeña ermita pasó a convivir con un enorme
santuario preparado para recibir grandes peregrinaciones.
La antigua ermita pertenecía al paisaje del río.
El nuevo santuario pertenece al paisaje del embalse.
Presa y santuario son obras completamente diferentes, pero ambas pertenecen a
unos años caracterizados por la confianza en las grandes construcciones y en
la capacidad humana para transformar el territorio. Una gran obra modificó el
Cinca; la otra modificó para siempre la imagen de Torreciudad.
La escala al acercarse
Las fotografías aéreas y las cifras permiten medir Torreciudad, pero caminar
hacia el santuario permite percibir su tamaño de otra manera. Desde la entrada
del recinto el edificio todavía aparece integrado en el paisaje. Conforme nos
acercamos, va ocupando cada vez una parte mayor de nuestra mirada hasta que su
volumen acaba dominando por completo el espacio.
Acercamiento al santuario desde la entrada del recinto.
El paisaje va desapareciendo progresivamente mientras el edificio ocupa
cada vez una parte mayor del campo visual.
Esta sucesión ayuda a comprender algo que las cifras por sí solas no muestran.
El nuevo Torreciudad fue concebido para hacerse presente en el paisaje y para
recibir grandes concentraciones. Su monumentalidad no es accidental:
forma parte del propio concepto del santuario.
La escala vista desde el aire
Visto desde el aire se comprende todavía mejor la magnitud de aquella
transformación. Una medición aproximada sobre la ortofoto actual muestra que
el conjunto de Torreciudad se extiende a lo largo de
unos 500 metros y que la zona ocupada por el santuario,
edificios, explanadas, aparcamientos, jardines y accesos ronda las
5,3 hectáreas.
Medición orientativa sobre ortofoto actual. El conjunto alcanza
aproximadamente medio kilómetro de longitud.
Medición orientativa sobre ortofoto: aproximadamente 5,3 hectáreas
ocupadas por el conjunto. No representa una delimitación oficial de la
propiedad.
La información catastral aporta otra referencia para comprender esa escala.
El edificio del santuario propiamente dicho figura con
7.555 m² construidos, mientras que
la otra gran unidad catastral del conjunto figura con
16.616 m² construidos. Entre ambas unidades principales se superan
los 24.000 m² construidos.
Una comparación cercana
Cada día, al ir al trabajo, veo la catedral de Barbastro y siempre me ha
parecido un edificio enorme. Por eso me ha sorprendido especialmente comparar
sus dimensiones con las de Torreciudad. Según la información catastral, la
catedral de Barbastro cuenta con 2.986 m² construidos,
mientras que solamente el edificio religioso del nuevo santuario de
Torreciudad alcanza los 7.555 m².
Es decir, el santuario de Torreciudad tiene aproximadamente
dos veces y media la superficie construida de la catedral de
Barbastro.
Para hacerse una idea de la escala:
Catedral de Barbastro: 2.986 m² construidos
Santuario de Torreciudad: 7.555 m² construidos
Otra gran unidad catastral del conjunto: 16.616 m² construidos
Longitud aproximada del conjunto: 500 metros
Superficie ocupada aproximada: 5,3 hectáreas
No se trató, por tanto, únicamente de construir un gran templo, sino de crear
un amplio conjunto capaz de recibir peregrinaciones, familias y grupos de muy
diversa procedencia.
También en este aspecto Torreciudad es una obra muy vinculada a su tiempo.
Cuando fue proyectado y construido todavía no existía en España el actual
marco de evaluación ambiental y paisajística. Hoy una actuación semejante,
por su extensión y por encontrarse en una ladera especialmente visible sobre
un embalse, tendría que someterse a unos controles ambientales y paisajísticos
mucho más exigentes. No podemos saber cuál sería el resultado, pero
difícilmente podría plantearse hoy de la misma manera.
La importancia del agua en este paisaje se hizo especialmente visible durante
el
gran descenso del nivel del embalse de El Grado en 2025.
Al descender extraordinariamente su nivel, el paisaje contemplado desde
Torreciudad se volvió áspero y casi irreconocible, muy alejado de la imagen
serena que ofrece el embalse cuando está lleno.
Torreciudad durante el gran descenso del embalse de El Grado en 2025.
Al retirarse el agua reaparece parte del relieve que el embalse oculta
habitualmente.
Un rincón olvidado del nuevo Torreciudad
Hay también un pequeño lugar que forma parte de mis primeros recuerdos de
Torreciudad. Cuando era niño recuerdo el bar del antiguo
Merendero, situado poco antes de llegar al santuario.
Décadas después he vuelto hasta allí y me ha sorprendido encontrar el edificio
completamente abandonado y vandalizado, en fuerte contraste con el cuidado
del resto del entorno.
La paradoja es que desde este lugar se obtiene una de las perspectivas que
más me gustan de Torreciudad. Desde aquí pueden contemplarse en una misma
mirada la antigua ermita, la torre medieval, el nuevo santuario y el paisaje
del embalse. Precisamente desde este edificio abandonado hice una de las
fotografías que mejor me ha permitido comprender la relación entre los dos
Torreciudad.
El antiguo Merendero de Torreciudad, hoy abandonado y vandalizado.
Su estado contrasta con el cuidado del resto del entorno. Desde este lugar
se obtiene además una magnífica perspectiva de la antigua ermita y del
nuevo santuario.
Actualmente existe un proyecto para recuperar este edificio y convertirlo en
alojamiento para familias y peregrinos, una iniciativa de la que informó
Diario del AltoAragón.
Quizá dentro de unos años este rincón vuelva a formar parte de la vida de
Torreciudad.
Mi mirada también ha cambiado
Mi relación con Torreciudad ha evolucionado igualmente. Durante muchos años el
gran santuario ocupó para mí el primer plano y la antigua ermita permanecía
casi como algo residual. Ahora me ocurre lo contrario, aunque también he
aprendido a comprender mejor la función diferente de ambos espacios.
Durante décadas, ésta ha sido probablemente una de las imágenes más
características del nuevo Torreciudad: el santuario lleno, la gran explanada
ocupada por miles de peregrinos y el embalse como fondo paisajístico. En
momentos así se comprende mejor la escala con la que fue concebido.
El nuevo Torreciudad en una gran concentración de peregrinos.
La explanada y el santuario muestran aquí la escala para la que fueron
concebidos.
Lo percibí de una manera completamente diferente este último invierno. Fui a
Torreciudad un martes de febrero y prácticamente estaba solo. Había regresado
con una intención muy personal: agradecer que una caída de cabeza que había
sufrido mientras preparaba aquella entrada sobre el descenso del nivel del
embalse de El Grado hubiera quedado, afortunadamente, en nada. Resultaba
curioso pensar que, muchos años después de que mi madre hubiera sido llevada
allí tras recuperarse de una caída, yo regresaba también después de otra
caída para dar gracias.
Pedí permiso para acercarme al camarín y después me senté en la primera fila
del templo. Delante de mí había un enorme santuario prácticamente vacío. El
espacio que en las grandes concentraciones podía acoger a miles de personas
era ahora casi sólo para mí.
Aquel día, más que proximidad o recogimiento, sentí cierta inquietud. Era una
experiencia muy personal: un espacio concebido para reunir a muchas personas
se encontraba prácticamente vacío y su monumentalidad se hacía especialmente
perceptible.
Después, al volver a Torreciudad y recorrer de nuevo con calma la antigua
ermita y el nuevo santuario, comprendí mejor algo que entonces no había
valorado suficientemente. La monumentalidad del nuevo templo no es
accidental, sino que responde a la función para la que fue concebido.
El santuario cobra especialmente sentido cuando recibe peregrinaciones,
familias y grandes celebraciones. La antigua ermita responde a otra escala y
a otra experiencia religiosa.
Cuando bajé hasta la antigua ermita la sensación fue completamente diferente.
El espacio era reducido, próximo y silencioso. Allí encontré un tipo de
recogimiento que personalmente siento más próximo.
Una sola persona basta para que aquel pequeño espacio tenga sentido.
Pero había algo que siempre me había producido una sensación extraña. En el
lugar donde durante siglos estuvo Nuestra Señora de los Ángeles ya no había
ninguna talla, sino una pintura. De alguna manera, aquel día me encontré con
dos situaciones completamente diferentes:
El gran santuario estaba vacío de personas.
La pequeña ermita estaba vacía de su Virgen.
Quizá fue entonces cuando comprendí con mayor claridad cuánto había cambiado
también mi propia manera de mirar Torreciudad.
Con independencia de la relación que cada persona pueda tener con el Opus Dei,
resulta difícil no reconocer la extraordinaria capacidad de iniciativa de
Josemaría Escrivá. Desde una ciudad pequeña como Barbastro impulsó proyectos
que acabarían alcanzando una dimensión internacional, y Torreciudad es
probablemente una de sus manifestaciones más visibles.
Tampoco puede olvidarse el impacto económico y turístico que Torreciudad ha
tenido durante estos cincuenta años en su entorno, especialmente en el
Somontano y en poblaciones como Barbastro y El Grado. Un
estudio elaborado en 2024 por la Cámara de Comercio e
Industria de Huesca estimó en 97,4 millones de euros anuales
su impacto económico directo, indirecto e inducido, calculado
fundamentalmente para la provincia de Huesca y, en algunos efectos, para el
conjunto de Aragón. El propio estudio destaca además la especial repercusión
turística y territorial de Torreciudad en el Somontano y su contribución al
conocimiento de Barbastro y de otras poblaciones del entorno.
Los recelos que durante años despertó el santuario llegaron a generar toda
clase de rumores y leyendas. Resulta muy ilustrativo el blog
Secretos de Torreciudad,
creado por José Alfonso Arregui, entonces responsable de comunicación del
santuario, precisamente para explicar y desmontar muchos de aquellos rumores.
Mi relación con este lugar nunca ha sido, por tanto, simplemente de adhesión o
rechazo. Torreciudad forma parte de mi paisaje, de mi historia familiar y de
mis propios caminos, y mi manera de verlo también ha cambiado conmigo.
La antigua ermita después del traslado de la talla
Cuando la talla original fue trasladada al nuevo santuario, la antigua ermita
cambió también de función. El retablo permanece, pero en el lugar que durante
siglos ocupó Nuestra Señora de los Ángeles encontramos actualmente una
pintura de la Virgen.
Interior actual de la antigua ermita. Una pintura ocupa el lugar de la
talla original.
Siempre me ha llamado la atención esta solución. Precisamente porque éste fue
durante siglos el lugar de la imagen, me pregunto si una réplica de la talla
no ayudaría a conservar visualmente esa relación histórica. Permitiría
comprender mejor el sentido original de la ermita sin necesidad de mantener
allí expuesta de forma permanente una imagen románica de tanto valor.
Y quizá esa réplica ni siquiera tendría que reproducir el aspecto dorado con
el que hoy contemplamos la talla en el nuevo santuario. Podría recuperar,
de forma interpretativa, la imagen policromada que conocieron quienes
acudían a la antigua ermita antes de las restauraciones del siglo XX.
De esa manera, los dos espacios quedarían también diferenciados visualmente:
el santuario conservaría la presentación actual de la talla original y la
ermita ayudaría a comprender cómo fue contemplada durante generaciones.
Una posible interpretación para la antigua ermita.
Simulación realizada a partir del retablo actual, colocando en él una
reproducción de la talla inspirada en la policromía visible antes de las
restauraciones del siglo XX. No pretende ser una reconstrucción histórica
exacta, sino mostrar cómo una réplica podría recuperar visualmente la
relación entre la ermita y Nuestra Señora de los Ángeles.
Sería, evidentemente, sólo una posibilidad. Pero permitiría que la ermita y el
nuevo santuario no aparecieran como dos espacios en competencia, sino como
dos momentos diferentes de la historia de una misma devoción.
El conflicto devuelve la mirada a la ermita
Durante medio siglo el nuevo santuario pasó inevitablemente a ocupar el
primer plano de Torreciudad, mientras la antigua ermita quedó en una posición
mucho más discreta. Al mismo tiempo, el nombre de Torreciudad quedó
estrechamente identificado con el Opus Dei y con el gran proyecto mariano
desarrollado desde la década de 1970.
El conflicto surgido entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei
tuvo, sin embargo, una consecuencia inesperada:
devolvió al primer plano la antigua ermita, la talla románica y la
pregunta sobre la relación entre los dos Torreciudad.
La controversia no gira únicamente alrededor de quién es propietario de la
imagen. También afecta a la interpretación de los acuerdos históricos,
a la situación jurídica y pastoral del santuario moderno y, sobre todo,
a una cuestión muy visible:
dónde debe permanecer habitualmente Nuestra Señora de los Ángeles
de Torreciudad.
La Diócesis de Barbastro-Monzón defiende el regreso estable de la talla
original a la antigua ermita. El Opus Dei reconoce que la propiedad de la
imagen corresponde a la diócesis, pero sostiene que los acuerdos de
1962 y 1966 amparan su culto, custodia y permanencia en
el santuario moderno.
Roma intervino en 2024 mediante el nombramiento de
Alejandro Arellano como comisario pontificio para intentar
encauzar una solución. Desde entonces, el conflicto ha combinado cuestiones
históricas, jurídicas, pastorales y simbólicas que no siempre resulta fácil
separar.
La ermita y el santuario no tienen por qué competir.
Son dos maneras distintas de entender y vivir Torreciudad.
🧭 Para situarse: las cuatro claves del conflicto
La imagen.
La talla románica de Nuestra Señora de los Ángeles pertenece a la diócesis,
pero desde 1975 preside el retablo del santuario moderno.
Los acuerdos históricos.
La escritura de 1962 y el acuerdo documentado en 1966 son interpretados
de forma diferente por las partes, especialmente en lo relativo al uso,
custodia y ubicación de la imagen.
La organización de Torreciudad.
La diócesis reclama una integración institucional más clara, mientras
el Opus Dei defiende la continuidad de la misión y del modelo desarrollado
durante medio siglo.
La solución.
Desde 2024 la Santa Sede interviene mediante un comisario pontificio.
El conflicto continúa abierto y no existe todavía una solución definitiva
conocida.
🎥 ¿Qué tiene que decidir Roma?
Antes de seguir con la escalada pública de septiembre de 2026 conviene separar
el ruido informativo de las cuestiones que realmente siguen pendientes.
Este vídeo intenta ordenar el problema a partir de los acuerdos de
1962 y 1966, la evolución del nuevo Torreciudad,
su configuración canónica y las posiciones actuales del
Obispado de Barbastro-Monzón y del Opus Dei.
Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?
La cuestión no es simplemente quién es propietario de la imagen,
sino cómo deben interpretarse los acuerdos históricos, qué derechos
siguen vigentes sobre su uso, custodia y ubicación y qué configuración
jurídica debe tener Torreciudad en adelante.
Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?
🎥 La guerra de los seis días
Entre el 31 de agosto y el 5 de septiembre de 2026,
el conflicto de Torreciudad alcanzó uno de sus momentos de mayor exposición
pública. En apenas seis días se sucedieron comunicados, documentos,
titulares nacionales y, finalmente, la romería en la que la talla original
regresó temporalmente junto a la antigua ermita.
Este vídeo recoge aquella breve escalada y el cambio de tono que pude
observar personalmente en Torreciudad el 5 de septiembre.
Torreciudad: la guerra de los seis días · 31 de agosto–5 de septiembre de 2026
¿Puede existir una solución para los dos Torreciudad?
Después de recorrer la historia del lugar, revisar los documentos y asistir
a la romería del 5 de septiembre, la pregunta que me quedó ya no fue solamente
quién tenía razón en el conflicto.
Me interesó más otra cuestión:
¿es posible reparar el desequilibrio histórico de la antigua ermita
sin debilitar para ello el santuario moderno?
La siguiente matriz intenta representar ese problema. No pretende resolver
la cuestión jurídica, sino observar qué ocurre con cada espacio según las
distintas soluciones posibles.
Una matriz para pensar las soluciones.
No pretende determinar quién tiene razón jurídica, sino observar qué
ocurre con la antigua ermita y con el templo moderno en cada escenario.
Pulsando sobre la imagen puede verse a mayor tamaño.
En este esquema, «ganar» no significa quedarse con la talla,
sino que cada espacio conserve o recupere una función propia, reconocible
y sostenible.
La antigua ermita representa el origen histórico de la devoción.
El santuario moderno concentra desde hace medio siglo la talla original,
el gran retablo, las peregrinaciones y una infraestructura construida
alrededor de esa misma devoción.
El problema aparece cuando fortalecer uno exige necesariamente debilitar
el otro. Por eso quizá la cuestión no sea volver a 1962 ni mantener sin
cambios la situación creada desde 1975, sino encontrar un nuevo equilibrio.
La ermita debe volver a ser necesaria sin que el santuario deje de serlo.
Más allá de declaraciones y titulares, buena parte del conflicto de
Torreciudad puede entenderse a partir de unos pocos documentos
fundamentales.
1. Escritura pública de 24 de septiembre de 1962
Otorgada en Barbastro ante el notario Luis F. Alós Bobadilla.
Regula mediante un contrato de censo enfitéutico la relación jurídica
sobre la antigua ermita y sus dependencias. También contiene disposiciones
relativas a la conservación y al culto de la imagen de Nuestra Señora
de Torreciudad.
Un testimonio notarial recoge el acuerdo entre el obispo
Jaime Flores Martín y los promotores de Torreciudad
para la construcción del nuevo santuario, contemplando que la imagen
de Nuestra Señora de Torreciudad recibiera allí culto y veneración.
3. Cartas del papa Francisco al obispo de Barbastro-Monzón
Las cartas dadas a conocer en septiembre de 2026 documentan el respaldo
personal de Francisco a Ángel Pérez Pueyo y muestran hasta qué punto
el conflicto había llegado directamente al Papa.
Estos cánones regulan determinados aspectos relativos a rectores de
iglesias y fueron invocados por el Obispado en el conflicto sobre el
nombramiento del rector de Torreciudad. La cuestión discutida es
precisamente si el santuario moderno está jurídicamente sometido a
este régimen.
Para interpretar estos documentos:
no tienen la misma naturaleza ni responden exactamente a la misma
cuestión. La escritura de 1962 y el acuerdo documentado en 1966
forman parte de los antecedentes históricos y jurídicos de Torreciudad.
Las cartas de Francisco documentan el respaldo y la intervención
personal del Papa en el conflicto contemporáneo. El Código de Derecho
Canónico aporta el marco normativo general. Su alcance concreto en
Torreciudad forma parte precisamente de la controversia.
🧭 El conflicto de Torreciudad, en siete hitos
1962 — El acuerdo inicial
La diócesis de Barbastro y los promotores vinculados al Opus Dei
formalizan mediante escritura pública la relación jurídica sobre la
antigua ermita de Torreciudad y la conservación del culto a la Virgen.
1966 — El nuevo santuario
Un acuerdo posterior contempla la construcción del nuevo santuario
y que la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad reciba allí culto
y veneración.
1975 — La talla pasa al nuevo templo
Con la apertura del santuario moderno, la talla románica restaurada
pasa a presidir su gran retablo. La antigua ermita conserva su valor
histórico, pero deja de ser el centro principal de la devoción.
2023 — El conflicto se hace público
Las diferencias entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei
sobre la situación jurídica y pastoral de Torreciudad pasan al primer
plano público.
2024 — Interviene la Santa Sede
El papa Francisco nombra a Alejandro Arellano comisario pontificio
para estudiar la situación y buscar una salida al conflicto.
2025 — El desacuerdo sobre la solución futura
Se hacen públicas propuestas diferentes sobre el futuro de Torreciudad.
Ese mismo año, el obispo Ángel Pérez Pueyo revela en una homilía el
respaldo personal que había recibido del papa Francisco.
31 de agosto–5 de septiembre de 2026 — La gran escalada pública
El obispo reclama el regreso permanente de la talla a la antigua ermita,
se publican las cartas manuscritas de Francisco, el Opus Dei responde
defendiendo los acuerdos históricos y, finalmente, la imagen regresa
temporalmente junto a la ermita durante la romería del 5 de septiembre.
La jornada termina con un tono mucho más conciliador que el de los días
anteriores, aunque el conflicto de fondo permanece abierto.
📰 También se disputa el relato
Seguir el conflicto de Torreciudad durante aquellos días permitió observar
algo que normalmente sólo percibimos con distancia:
los hechos y su interpretación se construyen al mismo tiempo.
Los mismos documentos podían conducir a lecturas muy diferentes. Las cartas
de Francisco reforzaban el relato de un obispo respaldado personalmente por
el Papa. Los acuerdos de 1962 y 1966 permitían al Opus Dei presentar su
posición como una defensa de compromisos históricos y no como una retención
ilegítima de la talla. Y la forma de conducir públicamente el conflicto
terminó convirtiéndose también en objeto de debate.
Para ordenar esas distintas narraciones elaboré este esquema. No pretende
describir cómo son realmente las personas o las instituciones, sino
cómo pueden aparecer representadas según qué hechos se seleccionan
y cómo se cuentan.
Un mapa provisional de los relatos.
El esquema no pretende describir cómo son realmente las personas o las
instituciones, sino cómo pueden ser presentadas según
los hechos que se seleccionan, el orden en que se cuentan y las fuentes
que se utilizan.
De esta combinación surgen cuatro grandes formas de contar el conflicto:
un relato favorable al Opus Dei, un
relato favorable al obispo, un
conflicto duro en el que ambos aparecen mal situados y
un relato conciliador, capaz de reconocer al mismo tiempo
la aportación realizada por Torreciudad y la difícil situación en la que
puede haber terminado el obispo.
Este mapa permite entender mejor lo que ocurre cuando observamos después
los titulares, los vídeos o las informaciones de distintos medios.
Los hechos pueden ser los mismos, pero su selección y su
interpretación pueden situar al lector en lugares muy diferentes del
cuadrante.
Mientras sigo estos acontecimientos me resulta cada vez más evidente que no
sólo estamos asistiendo a una disputa jurídica, pastoral o institucional.
También estamos viendo cómo se construye el relato con el que
probablemente será recordado este conflicto.
Hay además otra dificultad: no recibimos la información desde
una posición neutral. En las conversaciones sobre Torreciudad he
comprobado cómo unos mismos documentos pueden reforzar opiniones muy
diferentes. Con frecuencia tendemos a interpretar cada nueva información
desde la posición que ya teníamos previamente.
Quizá sea uno de los grandes problemas de una sociedad cada vez más
polarizada. Cuando una cuestión acaba dividiéndose en dos posiciones,
resulta difícil moverse de una a otra: buscamos argumentos que confirmen
lo que pensamos y prestamos menos atención a aquellos que podrían
obligarnos a revisarlo.
Por eso, en esta entrada intento hacer justamente el ejercicio contrario:
volver a los documentos, escuchar las distintas explicaciones y
estar dispuesto a modificar la interpretación cuando aparecen nuevos
datos. No siempre es fácil. Pero quizá comprender una historia
exija precisamente eso.
La reacción en las redes sociales ofrece otro ejemplo interesante. En los
comentarios a la publicación de El País sobre las cartas de Francisco
aparecen posiciones prácticamente opuestas: unos ven en ellas una confirmación
de sus críticas al Opus Dei; otros cuestionan a Francisco, al obispo o al
propio periódico; algunos dudan incluso de la autenticidad o de la oportunidad
de publicar las cartas, mientras otros consideran que lo verdaderamente
importante sigue siendo determinar qué dicen el derecho y los acuerdos
históricos. No son una muestra representativa, pero sí ilustran hasta
qué punto una misma noticia puede ser recibida desde posiciones previas muy
diferentes.
Quizá por eso la polarización resulta tan difícil de romper. Una información
nueva que podría obligarnos a revisar nuestra posición termina muchas veces
utilizándose para reforzarla. No sólo elegimos entre relatos
diferentes: en ocasiones escogemos el relato que mejor encaja con lo que
ya pensábamos.
El relato también se mueve
Para observar esa evolución estoy siguiendo siempre la misma búsqueda en
Google y valorando las noticias que aparecen destacadas. El resultado se
representa sobre el cuadrante anterior:
no indica quién tiene razón, sino hacia qué relato se desplaza
en cada momento la información más visible.
Evolución del relato mediático sobre Torreciudad.
Cada punto representa una fotografía aproximada del encuadre predominante
en las noticias destacadas de Google en ese momento. No indica quién tiene
razón, sino qué relato adquiere mayor visibilidad. El mapa se irá
actualizando a medida que cambie el primer plano informativo, manteniendo
los puntos anteriores como referencia de la evolución.
De esta combinación surgen cuatro grandes formas de contar el conflicto:
un relato favorable al Opus Dei, un
relato favorable al obispo, un
conflicto duro en el que ambos aparecen deteriorados y
un relato conciliador, capaz de reconocer al mismo tiempo
las razones y aportaciones de cada parte.
Durante los primeros días de septiembre de 2026 el encuadre fue cambiando.
La publicación de las cartas de Francisco desplazó inicialmente la atención
hacia el respaldo al obispo. La respuesta documental del Opus Dei devolvió
después el protagonismo a los acuerdos históricos. Y, tras la romería del
5 de septiembre, una parte de la opinión publicada comenzó a valorar no sólo
las posiciones institucionales, sino también la forma en que Ángel
Pérez Pueyo había conducido públicamente el conflicto.
El resultado fue un relato cada vez más fragmentado. No apareció una única
interpretación dominante, sino varias narraciones que convivían y competían
entre sí.
La historia no sólo se hace con lo que ocurre.
También con la manera en que cada época decide contarlo.
5 de septiembre de 2026: el regreso
El 5 de septiembre volví a Torreciudad para asistir a la
47.ª Romería de Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe.
Después de tantos días siguiendo documentos, declaraciones y noticias,
quería observar también lo que ocurría sobre el terreno.
La Virgen junto a la antigua ermita
Llegué hacia las nueve y media de la mañana. Junto a la antigua ermita
estaban terminando de preparar el espacio para recibir a
Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad.
La talla románica había sido colocada bajo el pequeño porche exterior,
delante de la puerta de la ermita, sobre un pedestal adornado con flores.
Nuestra Señora de los Ángeles junto a la antigua ermita.
Torreciudad, 5 de septiembre de 2026.
De cerca, la imagen aparecía especialmente resplandeciente. Me detuve también
en uno de sus pequeños detalles: el libro que sostiene en su mano.
Detalle de la talla de Nuestra Señora de los Ángeles.
Un camarín vacío
Cuando se abrió el santuario moderno subí hasta el templo.
Allí encontré la segunda imagen que quería documentar:
el camarín central del gran retablo estaba vacío.
El camarín del retablo permaneció vacío mientras la talla estaba junto
a la antigua ermita.
Durante unas horas podían contemplarse así, casi simultáneamente,
las dos consecuencias del traslado: abajo, la talla junto al lugar donde
había sido venerada históricamente; arriba, vacío el espacio que ocupa
habitualmente desde la apertura del nuevo templo.
La romería junto a la ermita
Poco a poco fueron llegando las distintas advocaciones marianas procedentes
de pueblos de Ribagorza y Sobrarbe. El espacio situado delante de la ermita,
relativamente pequeño, se fue llenando de peregrinos.
Antes del comienzo del acto, el obispo de Barbastro-Monzón rezó en la ermita.
Después comenzaron los saludos y la celebración exterior.
La romería reunida junto a la antigua ermita de Torreciudad.
Entre los momentos más significativos estuvieron el gesto del obispo al
besar la talla y la presentación de un manto confeccionado con las cintas
aportadas por las distintas advocaciones presentes en la romería.
Una procesión sin la talla original
Cuando comenzó la procesión hacia el santuario moderno se produjo uno de los
detalles que más me sorprendieron:
la talla románica no subió en procesión.
Tampoco lo hizo la imagen peregrina de Nuestra Señora de Torreciudad.
Mientras los peregrinos comenzaban a subir, la talla original fue retirada
delante de la ermita, protegida cuidadosamente y trasladada en automóvil
hasta el santuario moderno.
Preparación de la talla para su traslado desde la ermita.
De nuevo en el santuario
Antes de comenzar la misa, la talla no había sido recolocada en el camarín.
Quedó situada junto al altar mientras el espacio central del retablo
permanecía vacío.
La talla junto al altar. Al fondo puede verse todavía vacío el camarín
que ocupa habitualmente en el retablo.
Un resumen en imágenes de la jornada del 5 de septiembre
La homilía del obispo: una llamada a la comunión
Durante la eucaristía, el obispo de Barbastro-Monzón,
Ángel Pérez Pueyo, pronunció una homilía bajo el lema
«Una Madre, muchas advocaciones, una sola familia».
Después de la tensión de los días anteriores, el tono resultó
especialmente significativo.
Pérez Pueyo reivindicó el valor de la antigua ermita y de la religiosidad
popular, recordando la relación histórica de las familias de estos valles
con Nuestra Señora de los Ángeles.
Al mismo tiempo, reconoció expresamente el bien realizado por el
Opus Dei durante los últimos cincuenta años y manifestó
su deseo de que pudiera continuar desarrollando su misión en Torreciudad,
aunque plenamente integrado en la diócesis.
«Que nadie tenga que desaparecer para que todos podamos vivir,
amar y servir».
La frase resume bien el cambio de tono de aquella jornada. Las posiciones
de fondo no habían desaparecido, pero el conflicto dejó momentáneamente
de presentarse como una lucha entre dos realidades incompatibles.
Lo que me hizo pensar la jornada
Asistí a la romería intentando observar más que tomar partido.
La impresión que me quedó fue la de una
distancia contenida: no hubo enfrentamientos ni gestos
abiertamente hostiles, pero sí sensibilidades diferentes compartiendo
la misma celebración y procurando mantener la comunión.
Aquella jornada me ayudó también a comprender que el problema de Torreciudad
no puede reducirse únicamente a decidir dónde debe estar la talla.
Detrás aparecen cuestiones más amplias sobre autoridad, gobierno,
pertenencia, responsabilidad y futuro.
Torreciudad no puede funcionar como una realidad ajena a la Iglesia
particular en cuyo territorio se encuentra. Pero integrar tampoco debería
significar absorber. El reto parece estar precisamente en
integrar sin borrar identidades y conservar una misión propia
sin convertirse en una realidad aislada.
Dos paisajes y una misma Virgen
Cuando empecé a preparar esta entrada quería comprender mejor cómo había
cambiado Torreciudad desde aquel pequeño santuario sobre el Cinca hasta
el gran conjunto que conocemos hoy.
Al hacerlo descubrí que el cambio había sido mucho mayor de lo que imaginaba.
Cambió el paisaje con la construcción del embalse de El Grado. Cambió la
imagen de la Virgen después de sus restauraciones. Cambió la escala de la
devoción con la construcción del nuevo santuario. Y cambió también nuestra
forma de mirar la antigua ermita, que durante décadas había quedado casi
oculta detrás del Torreciudad moderno.
El conflicto de 2026 volvió a unir todas esas capas de la historia.
La antigua ermita recuperó protagonismo, la talla románica regresó durante
unas horas al lugar en el que había recibido culto durante siglos y volvió
a hacerse visible algo que quizá habíamos olvidado:
Torreciudad no empezó en 1975.
Pero tampoco puede entenderse el Torreciudad actual sin lo sucedido desde
entonces. El santuario moderno, sus peregrinaciones, sus visitantes y el
paisaje creado alrededor del embalse forman ya parte de medio siglo de
historia.
Quizá por eso hablar de dos Torreciudad sea sólo una manera de intentar
comprenderlos. En realidad son dos paisajes, dos escalas y dos momentos
de una misma historia alrededor de una misma Virgen.
Después de conocer mejor esa historia, me resulta difícil imaginar una
solución en la que para recuperar una parte de Torreciudad sea necesario
hacer desaparecer la otra.
Para seguir recorriendo la historia de Torreciudad
Si quieres profundizar en la relación histórica entre Torreciudad,
san Josemaría Escrivá y Barbastro:
Hay algo que, pese a todos estos cambios, permanece:
todavía podemos llegar caminando. El recorrido entre
Barbastro, El Grado y Torreciudad está hoy mucho mejor señalizado y forma
parte del GR 17 Vía Arán-Pirineos.
Desde Barbastro se puede seguir hasta El Grado por el trazado del GR 17 y
continuar hacia Torreciudad por el tramo que enlaza El Grado con La Puebla de
Castro. Puede consultarse más información en
GR 17 - Senderos Turísticos de Aragón.
No se trata sólo de otra forma de llegar al santuario. Caminar permite
comprender las distancias, atravesar lentamente el paisaje y aproximarse a
Torreciudad de una manera parecida a como lo hicieron durante generaciones
quienes acudieron hasta Nuestra Señora de los Ángeles.
Después de hablar de torres, presas, grandes santuarios, conflictos e
instituciones, me gusta terminar de la forma más sencilla.
Caminando.
Durante siglos ésa fue la manera de llegar hasta la pequeña ermita. Y quizá
recorrer hoy esos caminos siga siendo una de las mejores formas de devolver a
Torreciudad su verdadera escala.
Torreciudad en Caminos de Barbastro
Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:
Torreciudad
Una primera mirada publicada en Caminos de Barbastro en 2015.
Esta entrada ha sido escrita a partir de la experiencia personal del autor,
de la observación directa de la Romería de Vírgenes del 5 de septiembre de
2026 y de fuentes históricas, documentales y periodísticas. La fotografía
histórica utilizada en la comparación del paisaje de Torreciudad ha sido
coloreada digitalmente para facilitar su interpretación y comparación con
la imagen actual. El conflicto permanece abierto, pero esta versión de la entrada busca ofrecer
una lectura de conjunto y no un seguimiento diario de la actualidad.
Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de redacción
asistida.