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viernes, 11 de septiembre de 2026

Torreciudad desde el Obispado: la historia que empezó antes del gran santuario

Torreciudad desde el Obispado

La historia que empezó antes del gran santuario

Antigua ermita de Torreciudad sobre el embalse
La antigua ermita de Torreciudad, origen de una historia mucho más antigua que el gran santuario actual.

Torreciudad puede contarse desde distintos puntos de partida. En Torreciudad antes de Torreciudad seguimos el camino que, a partir de los años cincuenta, llevó desde la recuperación de la antigua ermita hasta el gran santuario actual. Primero se pensó en restaurar lo que existía, después en levantar una casa para actividades, más tarde una pequeña iglesia y finalmente un gran centro de peregrinación. Pero la misma historia puede recorrerse en sentido contrario.

Cuando aquel proyecto comenzó, Torreciudad no era simplemente una ermita deteriorada esperando que alguien la recuperase. Detrás había siglos de historia religiosa vinculada a la diócesis de Barbastro: una Casa-Santuario, hospedería, bienes, sacerdotes priores y peregrinaciones procedentes de distintos territorios del Alto Aragón.

Vista desde el Obispado, por tanto, la pregunta cambia:
¿Qué ocurrió con aquella antigua realidad mientras nacía y crecía el nuevo Torreciudad?
Una precisión sobre el enfoque
Esta entrada reconstruye la historia desde la perspectiva del Obispado de Barbastro-Monzón. Cuando un mismo documento o acontecimiento admite interpretaciones diferentes, se incorpora también la lectura del Opus Dei para que pueda entenderse dónde se encuentra realmente el desacuerdo.

Torreciudad antes del gran Torreciudad

Durante siglos, la pequeña ermita situada sobre el Cinca formó parte de una realidad religiosa más amplia. Torreciudad estuvo estrechamente relacionado con Bolturina, pero tenía también una organización propia dentro de la diócesis de Barbastro. Un documento de 1794 permite conocer bastante bien aquella estructura. El obispo Agustín de Abbad y Lasierra nombró entonces a José Faro vicario perpetuo de la Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad. La expresión resulta significativa: Casa y Santuario.

No había únicamente una ermita. Existía también una hospedería para atender a quienes llegaban hasta aquel lugar, bienes destinados a su sostenimiento y un sacerdote encargado de su vida religiosa. Los inventarios posteriores muestran incluso la dimensión cotidiana de aquella realidad: camas, alimentos, animales y utensilios domésticos convivían con los objetos destinados al culto. Torreciudad era pequeño, pero no era un lugar sin organización. A comienzos del siglo XX seguía siendo un centro mariano conocido más allá del entorno inmediato. Se celebraban ejercicios espirituales, confesiones y peregrinaciones procedentes de diferentes zonas de la diócesis.

Cuando las fuentes antiguas utilizan la palabra santuario, conviene introducir una precisión: esa denominación histórica y devocional no debe identificarse automáticamente con la figura jurídica de santuario regulada actualmente por el Código de Derecho Canónico.

Mucho antes de existir el gran Torreciudad, aquel lugar ya tenía una identidad religiosa propia dentro de la diócesis de Barbastro.
Antigua ermita de Torreciudad antes de la transformación del paisaje
La antigua ermita de Torreciudad antes de la transformación del paisaje. Durante siglos, este pequeño conjunto fue el centro de una devoción vinculada a la diócesis de Barbastro.

1936: cuando se rompe una continuidad

La Guerra Civil alteró profundamente aquella realidad. El último prior residente, José Muzás Lalueza, tuvo que abandonar Torreciudad en 1936 y posteriormente fue asesinado. La ermita y la casa fueron saqueadas y la propia imagen de la Virgen estuvo en peligro, aunque pudo salvarse. Después de la guerra sobrevivieron la devoción y el cuidado del lugar, pero no volvió a recuperarse de la misma manera la estructura anterior. Ya no encontramos aquella continuidad formada por prior residente, Casa-Santuario, hospedería y vida cotidiana alrededor de la ermita.

La Guerra Civil no dañó solamente unos edificios. Rompió también una forma tradicional de organizar Torreciudad.

1956: recuperar una realidad antigua

Cuando en 1956 personas vinculadas a Josemaría Escrivá volvieron su mirada hacia Torreciudad, encontraron una ermita deteriorada y una antigua estructura religiosa muy debilitada. Pero encontraron también una devoción que había sobrevivido. Aquí comienzan a encontrarse las dos historias. Desde la perspectiva del Opus Dei, 1956 marca el inicio del camino que acabará conduciendo al gran santuario. Desde la perspectiva del Obispado, inicialmente se trataba de recuperar y asegurar el futuro de un antiguo lugar mariano perteneciente a la diócesis. Y conviene recordar algo que hemos podido comprobar al reconstruir la evolución arquitectónica:

En 1956 todavía no existía el proyecto del gran santuario actual.

Lo que existía era una antigua ermita que necesitaba ser recuperada.

1962: poner por escrito aquella recuperación

El 24 de septiembre de 1962 se formalizó mediante escritura pública un acuerdo para la recuperación y conservación de Torreciudad. La diócesis conservaba el dominio directo y mediante un censo enfitéutico se cedía el dominio útil del antiguo conjunto. Entre las condiciones figuraba una que adquiriría mucha importancia décadas después: la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad no debía retirarse de la ermita. Pero debemos situarnos en 1962 y evitar leer aquel documento desde el conflicto actual. Cuando se firma la escritura, el gran santuario todavía no estaba proyectado en la forma que conocemos hoy. El acuerdo se refiere fundamentalmente al Torreciudad que entonces existía.

1963–1967: el proyecto cambia de escala

La transformación no ocurrió de una sola vez. En 1963, Heliodoro Dols recibió inicialmente el encargo de proyectar una pequeña casa destinada a actividades cerca de la antigua ermita. Las dificultades físicas del lugar llevaron a trasladar el proyecto hacia una explanada cercana. Después apareció una pequeña iglesia. En 1966 la documentación habla ya de un «nuevo Santuario». Y hacia 1967 Josemaría Escrivá impulsa una escala mucho mayor: un gran centro capaz de recibir importantes peregrinaciones.

Restaurar la ermita → casa de actividades → pequeña iglesia → nuevo santuario → gran centro de peregrinación

Esta evolución puede seguirse con más detalle en Torreciudad antes de Torreciudad. Vista ahora desde el Obispado, plantea otra cuestión. El acuerdo de 1962 había nacido alrededor de la antigua ermita. El proyecto de finales de los sesenta era ya algo completamente distinto en dimensión y función. A medida que el proyecto cambiaba de escala, también fueron apareciendo nuevos acuerdos y soluciones jurídicas para una realidad que ya no era la misma de 1962.

1966: un documento y dos interpretaciones

El 15 de julio de 1966 se documentó un acuerdo en el que intervino el obispo Jaime Flores y que conocemos actualmente a través de un testimonio notarial expedido el 8 de septiembre de aquel año. El texto es importante. Reconoce que la antigua ermita era insuficiente para atender adecuadamente a los peregrinos y contempla la construcción de un «nuevo Santuario» próximo a ella. Y establece expresamente que en él:

«reciba culto y veneración la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad».

También contempla que la antigua ermita y los terrenos del nuevo santuario constituyan un único recinto. Para el Opus Dei, el significado resulta bastante claro: el obispo conocía y aceptaba el nuevo proyecto y que la imagen recibiera culto allí. El Obispado actual introduce, sin embargo, otra cuestión. El documento hoy conocido es un testimonio notarial que da fe de otro documento privado. Ese original de julio de 1966 no se ha hecho público y la diócesis afirma que no dispone de él. Eso no convierte el testimonio notarial en un documento carente de valor. Pero deja abierta una pregunta que hoy resulta fundamental:

¿Autorizar que la Virgen recibiera culto en el nuevo santuario significaba también autorizar que abandonara definitivamente la antigua ermita?
Torreciudad 1957 y actualidad
Entre estas dos imágenes no cambió solamente el paisaje. Cambió la escala de Torreciudad y también la relación entre la antigua ermita y el nuevo santuario.

1970–1975: se construye el gran Torreciudad

La mayor parte de las obras del nuevo complejo se desarrolló durante el episcopado de Damián Iguacen. En 1973, el nuevo templo quedó configurado canónicamente como oratorio semipúblico de un centro del Opus Dei, con licencia del obispo de Barbastro. Eso significa que el nuevo templo tenía una situación canónica concreta y conocida. Pero no había sido erigido jurídicamente como santuario.

Torreciudad fue conocido y vivido durante décadas como santuario, aunque el nuevo templo hubiera nacido canónicamente como oratorio semipúblico.

Mientras tanto, la diferencia entre los dos espacios se hacía enorme. La antigua ermita seguía existiendo, restaurada, pero unos cientos de metros más arriba estaba naciendo un complejo capaz de recibir a miles de personas. El nuevo Torreciudad no hizo desaparecer físicamente al antiguo. Pero cambió completamente su escala y su centralidad.

1975: ¿dónde debía quedarse la Virgen?

En 1975 el gran proyecto se hizo realidad. El 26 de mayo, Josemaría Escrivá visitó el nuevo Torreciudad prácticamente terminado. Falleció un mes después, el 26 de junio. El 7 de julio comenzó la actividad del nuevo templo. La imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad quedó instalada allí. Desde la perspectiva del Opus Dei, aquello culminaba un proceso desarrollado durante casi veinte años. El testimonio de 1966 recogía expresamente que la Virgen recibiría culto en el nuevo santuario. Pero el actual Obispado reconstruye aquel momento de otra manera.

Según la documentación que ha dado a conocer en 2026, Ambrosio Echebarría, recién llegado a la diócesis, consideró que la permanencia de la imagen en el nuevo templo no contaba con autorización suficiente y reclamó a Florencio Sánchez Bella su regreso a la antigua ermita.

Un documento todavía no publicado

El Obispado afirma que Ambrosio Echebarría reclamó ya en 1975 el regreso de la Virgen a la antigua ermita. Hasta el momento, la carta original en la que se habría formulado esa reclamación no se ha hecho pública. Por ello, esta entrada atribuye expresamente esta información a la reconstrucción documental ofrecida por la diócesis.

Cuatro documentos, cuatro momentos

1962 · La antigua realidad
Escritura pública del censo enfitéutico sobre el antiguo Torreciudad.
1966 · El nuevo proyecto
Testimonio notarial sobre el nuevo santuario y el culto de la imagen.
1973 · El nuevo templo
Configuración canónica como oratorio semipúblico con licencia episcopal.
1975 · La realidad pastoral
Comienza la actividad del gran Torreciudad y la imagen permanece en él.

Ninguno de estos momentos explica por sí solo toda la situación actual. El desacuerdo surge precisamente al determinar cómo se relacionan entre ellos.

1975–2020: una larga normalidad pastoral

Sería, sin embargo, un error saltar directamente desde aquella posible discrepancia de 1975 hasta el conflicto actual. Entre ambos momentos transcurrieron aproximadamente cuarenta y cinco años. Y durante esas décadas encontramos una relación pastoral ampliamente normalizada. Los obispos de Barbastro acudieron a Torreciudad, presidieron celebraciones y reconocieron públicamente su importancia religiosa. Para peregrinos, medios de comunicación, responsables eclesiásticos y la propia diócesis, Torreciudad era habitualmente el santuario de Torreciudad. Pero jurídicamente el templo seguía teniendo otra configuración.

Durante décadas esa diferencia apenas tuvo consecuencias visibles. El lugar funcionaba, los peregrinos acudían, el Opus Dei desarrollaba allí su actividad y los obispos participaban normalmente en su vida religiosa. La antigua ermita, mientras tanto, había perdido su antigua centralidad. La Virgen original estaba en el nuevo templo. Las grandes celebraciones se desarrollaban allí. Los nuevos accesos conducían fundamentalmente al gran complejo. Sin necesidad de una decisión explícita que la relegara, la antigua ermita había pasado de ser Torreciudad a convertirse en la antigua ermita de Torreciudad.

La aceptación pastoral del nuevo Torreciudad fue muy clara. Eso no demuestra, por sí solo, que todas las cuestiones jurídicas hubieran quedado definitivamente resueltas.

2020: revisar una situación que llevaba décadas funcionando

En 2020, el propio Opus Dei planteó actualizar algunos aspectos jurídicos de Torreciudad. El Obispado reconoce que recibió primero una petición verbal y después una solicitud escrita de novación del marco existente. No había comenzado todavía el conflicto público. En principio se trataba de adaptar una realidad nacida décadas atrás a las circunstancias jurídicas y canónicas actuales. Pero hacerlo obligaba a volver a los documentos: qué seguía significando la escritura de 1962, qué había modificado realmente el acuerdo conocido mediante el testimonio de 1966, cuál era exactamente el estatuto del nuevo templo, qué competencias correspondían a cada parte y qué ocurría con la imagen original.

Lo que comenzó como una actualización jurídica fue sacando a la superficie cuestiones que durante décadas no habían impedido el funcionamiento cotidiano de Torreciudad.

2022–2024: de la negociación al conflicto

En diciembre de 2022, según la cronología difundida posteriormente, la diócesis cuestionó formalmente la continuidad del antiguo censo enfitéutico y reclamó la restitución de la imagen y del antiguo conjunto. Pero aquello no terminó inmediatamente con las conversaciones. Todavía a comienzos de 2023 ambas partes seguían buscando un nuevo marco contractual. El conflicto se hizo público en julio, cuando el obispo nombró un rector diocesano para Torreciudad y el Opus Dei recurrió la decisión ante la Santa Sede.

A partir de entonces comenzaron a avanzar dos planos distintos: por un lado, la vía canónica, relacionada con el estatuto del templo, el rector y la autoridad pastoral; por otro, la vía civil, relacionada con el censo enfitéutico, la ermita y la imagen. Y, aun así, siguieron existiendo intentos de acuerdo. En agosto de 2023, el Opus Dei presentó una propuesta que contemplaba incluso convertir el nuevo templo en santuario diocesano. Eso demuestra que, incluso entonces, el desacuerdo no consistía en decidir si Torreciudad debía seguir existiendo. El problema era cómo regularlo y qué derechos conservaba cada parte.

Finalmente, el 25 de septiembre de 2024, el Obispado anunció que confiaba a la Santa Sede la solución de las diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral del complejo. El 9 de octubre de 2024, el papa Francisco nombró a Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana, comisario pontificio plenipotenciario y delegado de la Santa Sede para Torreciudad.

El conflicto pasa a manos de Roma

El nombramiento de Arellano marca un cambio decisivo. Ya no se trata únicamente de una negociación bilateral entre el Obispado y el Opus Dei: la Santa Sede encomienda a un comisario pontificio plenipotenciario la misión de buscar una solución a sus diferencias sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral de Torreciudad. Desde entonces, ambas partes han manifestado su disposición a colaborar con él y a esperar la resolución de la Santa Sede.

Dos maneras de leer la misma historia

Momento Desde el Obispado Desde el Opus Dei
1962 Se cede el uso de una realidad diocesana conservando derechos y obligaciones sobre la ermita y la imagen. Se establece un marco duradero para recuperar y desarrollar Torreciudad.
1966 Se acepta un nuevo santuario y el culto de la Virgen allí, pero se discute que eso implique su traslado definitivo. Jaime Flores acepta el nuevo santuario y que la imagen reciba allí culto y veneración.
1975–2020 La normalidad pastoral no supone necesariamente que hayan desaparecido todos los derechos anteriores. Casi medio siglo de funcionamiento público y normal confirma la estabilidad de la situación.
2020–2024 La regularización hace aflorar cuestiones jurídicas que seguían pendientes. Una actualización jurídica termina cuestionando una realidad consolidada durante décadas.
Las dos partes comparten buena parte de los hechos. Lo que cambia es el significado jurídico que atribuyen a algunos de ellos.

Junio-julio de 2025: Arellano intenta acercar posiciones

El trabajo de Alejandro Arellano no quedó limitado a su nombramiento. En junio de 2025 comenzaron a circular informaciones según las cuales el comisario pontificio estaba preparando una posible salida para Torreciudad. Algunos medios llegaron a hablar de un principio de acuerdo sobre el gobierno del santuario, el nombramiento del rector y la relación de la imagen original con la antigua ermita.

Sin embargo, el 24 de junio de 2025 el Opus Dei salió públicamente al paso de aquellas informaciones. En un breve comunicado negó que existiera un acuerdo cerrado y precisó que seguía «a la espera de la resolución que proponga el comisario pontificio, Mons. Arellano». El dato es importante: demuestra que en aquel momento ya existía un trabajo de mediación avanzado, pero también que la Prelatura no consideraba aprobada como definitiva ninguna de las soluciones que estaban circulando.

Arellano ya estaba intentando una salida

En junio de 2025 se habló públicamente de una posible fórmula de acuerdo, pero el Opus Dei negó que estuviera cerrada y remitió expresamente a la futura resolución de Arellano. Conviene, por tanto, distinguir entre las soluciones que se estaban estudiando o filtrando y una resolución formal del comisario, que todavía no se había producido.

Una semana después, el 1 de julio de 2025, el Obispado hizo pública su propia propuesta a la Santa Sede. Planteaba que el nuevo Torreciudad, que seguía teniendo jurídicamente la condición de oratorio semipúblico, fuera reconocido como Santuario Internacional directamente dependiente de Roma; que el Opus Dei pudiera designar libremente al rector; que el complejo tuviera independencia económica respecto de la diócesis; y que la imagen original de la Virgen regresara a la antigua ermita.

La propuesta mostraba hasta dónde estaba dispuesto a llegar entonces el Obispado: renunciaba al gobierno ordinario y a cualquier beneficio económico derivado del gran santuario, pero mantenía como cuestión esencial la devolución de la imagen. El Opus Dei respondió que continuaba a disposición del comisario pontificio y a la espera de su resolución.

Este episodio resulta importante porque evita imaginar que entre 2024 y 2026 Arellano permaneció simplemente a la espera. Hubo una mediación activa y se estudiaron fórmulas concretas, pero ninguna quedó consolidada como solución definitiva. Precisamente esa falta de cierre ayudará a entender la escalada pública que se produjo pocas semanas después.

8 de septiembre de 2025: Francisco entra públicamente en el conflicto

Hay un momento anterior a la publicación de las cartas que conviene señalar porque marca una verdadera escalada del conflicto. El 8 de septiembre de 2025, durante la homilía de la Natividad de Nuestra Señora en la catedral de Barbastro, el obispo Ángel Pérez Pueyo hizo pública por primera vez de manera muy directa la intervención personal del papa Francisco en Torreciudad.

Hasta entonces se sabía que la Santa Sede estaba interviniendo y que Alejandro Arellano había sido nombrado comisario pontificio, pero Pérez Pueyo dio un paso más: afirmó que Francisco había apoyado su posición y reveló la existencia de cartas manuscritas del pontífice. Citó la expresión «Ángel, no cedás», de una carta de 2023, y explicó que en otra, fechada el 13 de octubre de 2024, Francisco le había advertido sobre las que denominaba «intrigas mafiosas» en torno al conflicto.

Una escalada decisiva

La homilía del 8 de septiembre de 2025 cambió la dimensión pública del conflicto. Por primera vez el obispo no sólo defendía su interpretación histórica y jurídica, sino que presentaba abiertamente al papa Francisco como respaldo de su posición y cuestionaba que una solución diferente respetara la voluntad del pontífice fallecido. Desde ese momento, el conflicto dejó de ser únicamente una discusión entre el Obispado y el Opus Dei sobre documentos, competencias e imagen: entró también en juego la interpretación de cuál había sido la voluntad de Francisco.

Aquel día las cartas todavía no se publicaron íntegramente. Pérez Pueyo habló de ellas, citó algunos de sus pasajes y manifestó que estaba dispuesto a mostrarlas. La existencia de esos documentos quedó así incorporada al debate público, pero su contenido completo seguía sin poder ser examinado directamente.

3 de septiembre de 2026: las cartas salen a la luz

Casi un año después, el 3 de septiembre de 2026, El País publicó las dos cartas manuscritas hasta entonces inéditas que Francisco había enviado a Ángel Pérez Pueyo durante el conflicto. La revelación permitió comprobar directamente aquello que el obispo había adelantado en su homilía del año anterior.

La carta del 13 de julio de 2023 contenía la expresión «¡No cedás!». La del 13 de octubre de 2024 mostraba igualmente que Francisco conocía de primera mano la tensión existente y seguía personalmente la evolución de Torreciudad.

Del anuncio de las cartas a su publicación

8 de septiembre de 2025: Pérez Pueyo revela públicamente que Francisco le había escrito y cita algunos de sus mensajes.

3 de septiembre de 2026: las cartas se publican y pueden ser conocidas directamente.

La primera fecha marca la escalada pública del conflicto; la segunda modifica de nuevo el relato porque permite comprobar documentalmente el respaldo personal de Francisco al obispo.

Las cartas no resolvían jurídicamente la disputa ni demostraban por sí solas que todas las tesis del Obispado fueran correctas. Pero sí hacían visible algo que hasta entonces sólo conocíamos por las declaraciones del propio Pérez Pueyo: Francisco había respaldado personalmente al obispo y había seguido directamente el conflicto. Su publicación reforzó, por tanto, la posición del Obispado en el terreno del relato público y modificó la forma en que muchos observadores interpretaron la intervención de Roma.

La reacción fue inmediata. Ese mismo 3 de septiembre, el Opus Dei defendió públicamente que el traslado de la imagen al nuevo templo había contado con la aceptación del obispo Jaime Flores y volvió a apoyarse en la documentación de 1966. La publicación de las cartas, por tanto, no cerró la discusión: añadió una nueva capa al conflicto, porque a los documentos históricos de 1962, 1966 y 1973 se incorporaba ahora una pregunta distinta: qué peso debía tener la voluntad expresada por Francisco en una controversia que todavía esperaba una resolución definitiva de la Santa Sede.

Jaime Flores en Torreciudad en 1964 y Ángel Pérez Pueyo en 2026 ante la antigua ermita
1964–2026: dos obispos ante la misma ermita. A la izquierda, Jaime Flores durante el regreso de la Virgen restaurada a Torreciudad en 1964. A la derecha, Ángel Pérez Pueyo durante la romería del 5 de septiembre de 2026. Sesenta y dos años separan ambas escenas, pero la antigua ermita sigue siendo el punto de encuentro.

5 de septiembre de 2026: la Virgen vuelve por un día a la ermita

Dos días después de la publicación de las cartas de Francisco se produjo otro momento significativo. El 5 de septiembre de 2026, con motivo de la 47.ª Romería de las Vírgenes de Ribagorza y Sobrarbe, la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles regresó por un día a la antigua ermita. El traslado desde su camarín en el nuevo templo había sido solicitado por el obispo y autorizado por el comisario pontificio, Alejandro Arellano.

La jornada comenzó precisamente en la ermita, donde la Virgen recibió a las distintas advocaciones marianas. Después, la celebración continuó en el santuario moderno. Esa secuencia tenía una fuerte carga simbólica: durante unas horas, los dos Torreciudad quedaban unidos en una misma celebración, primero en la pequeña ermita histórica y después en el gran templo construido en el siglo XX.

La homilía de Ángel Pérez Pueyo resultó especialmente importante porque introdujo un tono diferente al de los días más duros del conflicto. El obispo reconoció expresamente el bien realizado en Torreciudad durante décadas: habló de confesiones, conversiones, vocaciones, familias que habían recuperado la fe y personas que habían encontrado a Jesucristo de la mano de María. La propia información diocesana destacó su agradecimiento por «todo el bien realizado por la Prelatura del Opus Dei en Torreciudad a lo largo de los años».

Reconocer el bien y pedir integración

El núcleo de la homilía no fue negar la obra realizada por el Opus Dei, sino situarla dentro de una relación eclesial más amplia. Pérez Pueyo expresó su deseo de que Torreciudad siguiera siendo un gran foco de evangelización y pastoral familiar, pero «plenamente integrado en la diócesis». Esa fórmula resume bastante bien la posición episcopal que aparece al final de todo este proceso: continuidad de la misión de Torreciudad, sí; pero integrada en la Iglesia particular de Barbastro-Monzón.

Ese matiz es importante porque evita reducir la posición del Obispado a una reclamación patrimonial o a la ubicación de la Virgen. En la homilía del 5 de septiembre aparece con claridad una cuestión de fondo que atraviesa todo el conflicto: cómo encajar el gran Torreciudad dentro de la estructura diocesana sin borrar la identidad y la labor pastoral desarrolladas allí por el Opus Dei.

2026: el conflicto termina concentrándose en la Virgen

A medida que avanzaba la mediación, la posición del Obispado fue quedando cada vez más concentrada en un punto. La diócesis aceptaba que el gran Torreciudad pudiera convertirse en santuario internacional dependiente de la Santa Sede, que el Opus Dei mantuviera allí su misión pastoral e incluso que pudiera designar al rector. También manifestó su disposición a renunciar al gobierno del nuevo complejo, a compensaciones económicas y a cualquier responsabilidad sobre sus bienes y cuentas.

La condición que Pérez Pueyo presentó como irrenunciable era otra: la imagen original de Nuestra Señora de Torreciudad debía regresar a la antigua ermita. De esta manera, un conflicto que había comenzado alrededor de contratos, estatuto canónico, rector, competencias y propiedad fue reduciéndose progresivamente hasta quedar simbolizado en la ubicación habitual de la Virgen.

Esta evolución se produce siempre dentro del marco abierto por Arellano. Las propuestas de 2025 y 2026 no sustituyen su intervención: forman parte precisamente del escenario que el comisario pontificio debe ordenar y sobre el que la Santa Sede tendrá que pronunciarse.

Dos posiciones ya muy definidas

En septiembre de 2026 las dos partes han expuesto públicamente sus argumentos esenciales. El Opus Dei sostiene que los acuerdos de 1962 y 1966 legitiman la permanencia de la imagen en el nuevo templo. El Obispado de Barbastro-Monzón considera que ninguno de esos documentos acredita una cesión permanente del derecho a disponer de la talla.

Ambas partes remiten ahora, desde posiciones distintas, a la resolución de la Santa Sede.

De unir dos Torreciudad a volver a distinguirlos

Aquí aparece una curiosa paradoja histórica. En 1966 se intentaba integrar la antigua ermita y el nuevo santuario dentro de una misma realidad. Sesenta años después, la propuesta episcopal vuelve a distinguirlos. Arriba, un gran santuario internacional, con su enorme capacidad pastoral y vinculado a la misión desarrollada por el Opus Dei. Abajo, la antigua ermita diocesana, que recuperaría la presencia habitual de la imagen original.

En 1966 se intentó hacer de los dos Torreciudad una unidad. En 2026 el Obispado propone reconocer nuevamente sus diferencias.
Antigua ermita y santuario moderno de Torreciudad
Los dos Torreciudad en una misma imagen: la antigua ermita y el gran santuario. Dos espacios de escala muy diferente que forman parte de una misma historia.

Dos Torreciudad, una historia compartida

En Torreciudad antes de Torreciudad vimos cómo una pequeña ermita terminó dando origen, paso a paso, a un gran centro de peregrinación. Vista desde el Obispado, la misma historia plantea una pregunta diferente:

¿Qué ocurrió durante aquella transformación con la antigua ermita, con su Virgen y con los derechos que la diócesis considera que conservó sobre el lugar del que había partido todo?

Las dos historias no se excluyen. Sin Josemaría Escrivá difícilmente existiría el Torreciudad moderno. Sin la antigua ermita, su Virgen y los siglos de devoción anteriores, tampoco habría existido el proyecto que Escrivá decidió impulsar. El gran Torreciudad no apareció de una sola vez ni nació de un único documento. Fue creciendo mediante decisiones sucesivas: acuerdos civiles, autorizaciones canónicas, proyectos arquitectónicos y una práctica pastoral consolidada durante décadas.

El problema de Torreciudad no nace de que faltara todo marco jurídico, sino precisamente de lo contrario: existen varios marcos nacidos en momentos distintos y no todos producen hoy la misma interpretación.

Vista desde el Opus Dei, esta historia explica cómo la antigua ermita dio origen a un gran santuario. Vista desde el Obispado, plantea otra pregunta:

¿Qué debía conservar aquella ermita después de haber dado origen a algo mucho mayor que ella?

Quizá ahí siga estando, setenta años después, una de las claves para entender Torreciudad.

¿Dónde está hoy el conflicto?

Desde octubre de 2024 la búsqueda de una solución está encomendada por la Santa Sede a Alejandro Arellano Cedillo, comisario pontificio plenipotenciario para Torreciudad. En septiembre de 2026 no se ha hecho pública una resolución definitiva. La publicación de las cartas de Francisco el 3 de septiembre cambió de forma importante la percepción pública del conflicto, pero no sustituyó la decisión pendiente. El problema ya no depende solamente de que el Obispado y el Opus Dei alcancen por sí solos un acuerdo: está encauzado a través de la intervención de la Santa Sede y del comisario nombrado para buscar una solución.

¿Qué tiene que decidir ahora Roma?

Después de recorrer esta historia desde la antigua ermita hasta el conflicto actual, queda una última pregunta: ¿qué tiene que resolver realmente Roma?

Este vídeo intenta ordenar la cuestión a partir de sus principales etapas: los acuerdos de 1962 y 1966, la evolución del proyecto, la configuración canónica del nuevo templo y la situación abierta desde 2020.

Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?

La cuestión ya no es simplemente quién es propietario de la imagen. El problema es cómo deben interpretarse conjuntamente los acuerdos históricos, qué derechos siguen vigentes sobre su uso, custodia y ubicación y qué configuración jurídica debe tener Torreciudad en adelante.

Para seguir recorriendo Torreciudad

Torreciudad antes de Torreciudad
Cómo una pequeña ermita terminó convirtiéndose, paso a paso, en el gran santuario actual.

Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
La transformación del lugar desde la antigua ermita sobre el Cinca hasta el actual santuario junto al embalse.

Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto
La relación de Josemaría Escrivá con Barbastro y el papel del Obispado en una historia mucho más antigua que la disputa actual.

Torreciudad: una solución para que nadie tenga que desaparecer
Una propuesta personal para intentar compatibilizar el futuro del gran santuario con la recuperación de la antigua ermita.

Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino
La antigua relación de Torreciudad con Bolturina y con un territorio transformado después por el embalse y las nuevas carreteras.

Fuentes y documentación

Para reconstruir esta historia se han utilizado documentos históricos, fuentes del Obispado de Barbastro-Monzón y del Opus Dei, así como documentos y comunicaciones publicados durante el conflicto. No todos los textos tienen la misma naturaleza jurídica ni el mismo valor probatorio.

El antiguo Torreciudad

Resulta especialmente útil la documentación sobre el nombramiento de José Faro en 1794, donde aparece la expresión «Casa y Santuario de Nuestra Señora de Torreciudad», junto con información sobre la residencia del sacerdote, bienes y rentas vinculados al lugar. Se han utilizado también documentación histórica sobre los antiguos priores, la Casa-Santuario y la hospedería, información patrimonial de SIPCA y estudios sobre José Muzás Lalueza y los acontecimientos de 1936.

De la recuperación de la ermita al nuevo Torreciudad

Para el periodo iniciado en 1956 se han utilizado las reconstrucciones históricas publicadas por Torreciudad y el Opus Dei, la escritura pública de 24 de septiembre de 1962 y el testimonio notarial de 8 de septiembre de 1966, relativo al acuerdo fechado el 15 de julio de aquel año. La evolución arquitectónica del proyecto entre 1963 y 1975 puede seguirse también mediante el documental dedicado a la construcción del nuevo Torreciudad.

El nuevo templo y el conflicto contemporáneo

Para el estatuto del templo y el conflicto posterior se han contrastado las comunicaciones oficiales del Obispado de Barbastro-Monzón, las explicaciones jurídicas publicadas por el Opus Dei, la documentación relativa al nombramiento del rector, las propuestas de regularización y la intervención de la Santa Sede.

Enlaces principales consultados

Sobre la documentación de 1975

La reconstrucción realizada por el Obispado en 2026 menciona una carta del obispo Ambrosio Echebarría a Florencio Sánchez Bella reclamando el regreso de la imagen. Al cierre de esta entrada no he localizado la publicación del documento original, por lo que cualquier referencia a su contenido se atribuye expresamente a la versión ofrecida por la diócesis.

Daniel Vallés Turmo

Septiembre de 2026

Acceso a guías y rutas (pinchar)




Torreciudad antes de Torreciudad: cómo nació el gran santuario actual

Torreciudad antes de Torreciudad

Cómo una pequeña ermita terminó convirtiéndose, paso a paso, en el gran santuario actual

Cuando hoy contemplamos Torreciudad resulta fácil pensar que el gran santuario nació como un proyecto perfectamente definido desde el principio. Sin embargo, al reconstruir su historia aparece un proceso bastante más gradual.

Antes hubo una pequeña ermita sobre el Cinca, un recuerdo de infancia de Josemaría Escrivá, una consulta realizada desde Roma en 1956, la restauración de la antigua Torreciudad, un primer proyecto junto a la ermita, un cambio de emplazamiento, una iglesia más pequeña y, finalmente, un santuario preparado para recibir a numerosos peregrinos.

Esta entrada intenta responder a dos preguntas: ¿por qué se eligió precisamente Torreciudad y cómo se llegó, paso a paso, al santuario que vemos hoy?

Para reconstruir ese proceso utilizaremos como hilo conductor un reportaje publicado por Torreciudad en 2024 con motivo del cincuentenario del nuevo templo. Sus imágenes de archivo y los testimonios de quienes participaron o conocieron aquella historia permiten seguir la evolución del proyecto desde dentro. A ese relato añadiremos documentos y otras fuentes que ayudan a ordenar sus diferentes etapas.

1. Antes del nuevo Torreciudad

Antes del gran santuario, Torreciudad era un lugar muy distinto.

Sobre una atalaya rocosa junto al Cinca se encontraban la antigua torre que dio nombre al lugar y una pequeña ermita dedicada a la Virgen. Hasta allí llegaban vecinos, familias y romerías por caminos muy diferentes de los accesos actuales.

Antigua ermita de Torreciudad
Antigua ermita de Torreciudad antes de la construcción del nuevo santuario.

El reportaje conserva fotografías y películas de aquel mundo anterior. Vecinos de la zona recuerdan las romerías, el difícil camino y una relación con la ermita integrada con naturalidad en la vida familiar y religiosa de los pueblos próximos.

También la Virgen tenía entonces una apariencia distinta.

Virgen de Torreciudad revestida con mantos
La Virgen de Torreciudad revestida con mantos en la antigua ermita. Ésta fue durante generaciones la imagen contemplada por quienes acudían al pequeño santuario antes de las restauraciones del siglo XX.

Torreciudad, por tanto, no nació en 1975. Mucho antes del nuevo edificio ya existían un lugar, una devoción y una historia.

2. ¿Por qué precisamente Torreciudad?

Para responder a esta pregunta hay que separar dos historias que terminaron encontrándose.

Josemaría Escrivá tenía desde años antes el deseo de dejar construida una iglesia dedicada a la Virgen como agradecimiento por la protección recibida. Pero todavía no había concretado dónde debía estar.

Torreciudad pertenecía, entretanto, a una historia mucho más personal.

Escrivá había estado gravemente enfermo durante su infancia en Barbastro. Tras recuperarse, su madre lo llevó a Torreciudad para dar gracias a la Virgen.

Muchos años después, en 1956, volvió a interesarse por aquel lugar.

Consulta de 1956 sobre la ermita de Torreciudad
Consulta realizada en 1956 para obtener información sobre la ermita de Nuestra Señora de Torreciudad y su situación.

Desde Roma preguntó si existía una ermita denominada Nuestra Señora de Torreciudad, dónde se encontraba y cuál era su estado. La consulta llegó a Barbastro y permitió recuperar información sobre aquel lugar ligado a su infancia.

Postal de la Virgen de Torreciudad con anotación de Josemaría Escrivá
Documento en el que Josemaría Escrivá relaciona la imagen de Torreciudad con el recuerdo de su enfermedad infantil y la peregrinación realizada con su madre.

En 1956 todavía no tenemos diseñado el gran santuario actual. Tenemos algo mucho más sencillo: un deseo previo de construir una iglesia mariana y un antiguo lugar de devoción ligado a un recuerdo personal que vuelve a aparecer.

Torreciudad empezaba a convertirse en el lugar donde aquel deseo podía tomar forma.

3. 1956–1964: recuperar primero lo antiguo

Tras la consulta de 1956 comenzaron los contactos que acabarían convirtiendo aquel interés en una actuación concreta.

El 24 de septiembre de 1962 se formalizó en Barbastro un acuerdo mediante censo enfitéutico. La diócesis mantenía la propiedad de la ermita, mientras se establecía un marco para su conservación, restauración y culto.

En 1962 el centro del proyecto seguía siendo la antigua ermita.

Una de las primeras actuaciones fue precisamente la restauración de la imagen. Tras ser intervenida en Talleres de Arte Granda, regresó en mayo de 1964 en una romería desde Bolturina presidida por el obispo Jaime Flores.

Romería de Torreciudad de 1964
Romería de regreso de la Virgen a Torreciudad tras su restauración, mayo de 1964.

La fotografía resulta reveladora: todavía no existe el nuevo santuario. La Virgen regresa a su pequeña ermita rodeada de vecinos y peregrinos.

Pero, mientras se recuperaba aquella Torreciudad antigua, ya comenzaba a proyectarse otra.

4. 1963–1967: un proyecto que fue creciendo

Aquí se encuentra probablemente la parte menos conocida de la historia.

En 1963, Heliodoro Dols recibió el encargo de proyectar una casa de actividades o formación social junto a la antigua ermita.

Heliodoro Dols, arquitecto de Torreciudad
Heliodoro Dols, arquitecto del nuevo Torreciudad. Su testimonio permite seguir cómo el proyecto fue cambiando de emplazamiento, función y escala.

Era un proyecto considerablemente más pequeño que el conjunto actual.

El problema apareció al intentar hacerlo encajar en el terreno. La ermita ocupaba una estrecha atalaya rocosa y añadir allí habitaciones, servicios y espacios comunes obligaba a alterar excesivamente aquel entorno.

Entorno de la antigua ermita de Torreciudad
El entorno de la antigua ermita permite comprender las limitaciones físicas del primer emplazamiento.

Se tomó entonces una decisión que cambiaría toda la historia posterior:

El proyecto salió de la antigua ermita y pasó al emplazamiento donde hoy se encuentra el santuario.

Pero ni siquiera entonces apareció inmediatamente el Torreciudad actual.

Dols recuerda una fase intermedia: en el nuevo emplazamiento se pensó inicialmente en un centro de actividades acompañado por una iglesia pequeña. La imagen de la Virgen se trasladaría allí y en la antigua ermita quedaría una representación.

Era otro Torreciudad posible que finalmente tampoco llegó a realizarse de aquella manera.

De una pequeña iglesia a un gran santuario

En 1966, la documentación entre el Obispado y el Patronato ya habla expresamente de la construcción de un nuevo santuario en el que recibiría culto la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad.

La idea había dejado atrás el simple centro de actividades junto a la antigua ermita.

Pero tampoco aquel proyecto tenía todavía necesariamente la escala que conocemos hoy.

En 1967, Heliodoro Dols volvió a tratar el proyecto con Josemaría Escrivá en Roma. El propio arquitecto explicaría posteriormente que el programa fue ampliándose. Escrivá pensaba en un lugar al que acudirían numerosos peregrinos.

«Aquí va a venir mucha gente.»

Hasta la gran explanada, hoy inseparable de nuestra imagen de Torreciudad, surgió como consecuencia de ese aumento de escala.

Cambió el lugar: de construir junto a la antigua ermita a hacerlo en otro emplazamiento cercano.

Cambió la función: de una casa de actividades con una pequeña iglesia a un santuario.

Cambió la escala: de un proyecto relativamente reducido a un gran centro de peregrinación.

El Torreciudad actual no estaba dibujado desde el principio. Fue apareciendo a medida que cambiaba lo que se esperaba que aquel lugar llegara a ser.

5. 1970–1975: construir el nuevo Torreciudad

Durante los años sesenta Dols fue desarrollando un proyecto sometido a numerosas modificaciones. A partir de 1970 comienza la gran fase constructiva que se prolongaría hasta 1975.

Santuario de Torreciudad en construcción
El nuevo santuario durante una fase avanzada de las obras.

Las fotografías permiten contemplar algo difícil de imaginar hoy: el enorme santuario cuando todavía era simplemente una obra levantándose sobre el monte.

Mientras Torreciudad cambiaba, también estaba transformándose el territorio que lo rodeaba.

El embalse de El Grado modificó profundamente el antiguo paisaje del Cinca. La ermita que durante siglos había contemplado el río pasó a quedar sobre una gran lámina de agua.

6. Las personas que lo hicieron posible

Trabajadores durante la construcción de Torreciudad
Trabajadores durante la construcción del nuevo santuario. Las obras reunieron a trabajadores procedentes de diferentes lugares de la comarca y de la provincia.

Una obra de estas dimensiones no se explica sólo por quienes la imaginaron o proyectaron.

El documental dedica una parte importante a los trabajadores y a quienes contribuyeron económicamente. Llegaron obreros de diferentes localidades de la comarca y de la provincia. Sus recuerdos hablan de grúas, andamios, esfuerzo y unas condiciones de trabajo muy distintas de las actuales, pero también del orgullo de haber participado en una obra que permanecería después de ellos.

La financiación ofrece otra dimensión humana. El reportaje recoge aportaciones muy diferentes: dinero obtenido mediante horas extraordinarias, una joya familiar, pequeños ahorros, familias que buscaban donativos o personas que renunciaban a algo propio para contribuir a la construcción.

Entre esos recuerdos aparece incluso el de un trabajador que vendió su Seat 600 y entregó 60.000 pesetas.

El gran santuario fue también el resultado de muchas pequeñas decisiones: trabajar, ahorrar, donar y construir.

7. Dar forma al santuario

Cuando la estructura estaba levantada todavía quedaba definir el carácter interior del templo. Uno de los elementos fundamentales fue el gran retablo.

Heliodoro Dols recuerda que llegó a plantearse la utilización de un retablo antiguo, pero finalmente se optó por realizar uno nuevo. Joan Mayné trabajó en un conjunto de alabastro concebido para narrar escenas religiosas de una manera comprensible y favorecer la oración.

La intención era que Torreciudad no fuese únicamente un edificio monumental. Su arquitectura y su decoración debían responder a la finalidad religiosa para la que había sido construido.

8. 1975: termina la obra, comienza Torreciudad

El 26 de mayo de 1975, Josemaría Escrivá visitó Torreciudad cuando el nuevo santuario estaba prácticamente terminado.

Josemaría Escrivá en Torreciudad en mayo de 1975
Josemaría Escrivá durante su visita a Torreciudad el 26 de mayo de 1975, con el nuevo santuario prácticamente terminado.

El documental conserva el recuerdo del momento en que se encendieron las luces del templo y pudo contemplar el resultado de un proceso iniciado casi veinte años antes.

Escrivá murió en Roma el 26 de junio de 1975.

El 7 de julio de 1975 estaba previsto el comienzo de la actividad del nuevo templo. Josemaría Escrivá había fallecido apenas once días antes, por lo que aquel inicio quedó inevitablemente marcado por su muerte y por la celebración de una misa funeral.

Torreciudad terminado y recibiendo visitantes
El nuevo santuario ya terminado y recibiendo visitantes. Tras años de proyectos y obras, comenzaba la vida del Torreciudad que conocemos hoy.

La fotografía nos lleva a un momento completamente diferente del que habíamos visto al comenzar.

Ya no tenemos una obra.

Tenemos un santuario funcionando.

Dos imágenes para comprender el cambio

Yo nací en 1966. Cuando miro la fotografía aérea de Torreciudad de 1957 estoy viendo, por tanto, el paisaje inmediatamente anterior al mundo que he conocido durante toda mi vida.

Después de recorrer casi veinte años de historia, quizá la transformación pueda entenderse mejor mirando simplemente dos fotografías aéreas.

Torreciudad en la ortofoto de 1957
Torreciudad en 1957. El Cinca conserva todavía su antiguo cauce y aún no existen el embalse de El Grado ni el nuevo santuario.
Torreciudad en la actualidad
Torreciudad en la actualidad. El embalse, el santuario, las carreteras, los aparcamientos y la vegetación muestran hasta qué punto cambió el paisaje.
Entre ambas imágenes no ha cambiado sólo Torreciudad. Ha cambiado todo el paisaje que lo rodea.

Cincuenta años después

El reportaje que ha servido como hilo conductor de esta entrada fue publicado por Torreciudad en octubre de 2024, cuando se preparaba el cincuentenario del nuevo templo.

Su valor está en las imágenes históricas, pero también en algo mucho más difícil de recuperar mediante documentos: la memoria de quienes participaron o estuvieron cerca de aquella historia.

Es una narración realizada desde el propio Torreciudad. Por eso no pretende ser una mirada externa. Precisamente esa característica la convierte también en una fuente interesante: permite conocer cómo Torreciudad explica sus propios orígenes cincuenta años después.

El reportaje apareció en 2024, cuando el conflicto entre el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei sobre Torreciudad ya estaba abierto. Ese contexto forma parte inevitablemente de nuestra lectura actual, aunque el documental fue presentado con otro propósito: recuperar la memoria de la construcción ante el cincuentenario del nuevo templo.

Después de todo el recorrido, podemos volver a la pregunta inicial.

El Torreciudad que vemos hoy no nació de una sola decisión ni estuvo dibujado desde el principio. Fue creciendo durante casi veinte años: cambió de lugar, cambió de función y cambió de escala hasta transformar también el paisaje que lo rodeaba.

De cómo nació Torreciudad a lo que ahora debe resolver Roma

Reconstruir cómo fue creciendo el nuevo Torreciudad ayuda también a comprender el conflicto actual. Los acuerdos se fueron produciendo en momentos distintos, mientras cambiaban el proyecto, el emplazamiento y la propia escala del conjunto.

Por eso, cincuenta años después de la apertura del nuevo templo, la pregunta ya no es solamente cómo se construyó Torreciudad, sino cómo deben interpretarse ahora aquellos acuerdos y qué tiene que decidir la Santa Sede.

Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?

Un recorrido desde los acuerdos de 1962 y 1966 hasta la situación actual: la imagen de la Virgen, los derechos derivados de aquellos documentos, la configuración canónica del nuevo templo y las cuestiones que siguen pendientes de resolución.

Fuentes y documentación

Esta entrada se ha construido principalmente a partir del reportaje publicado por Torreciudad en 2024 y se ha completado con documentación sobre las distintas etapas del proyecto.

Salvo la fotografía de la romería de 1964 y las dos ortofotos comparativas finales, las imágenes utilizadas en esta entrada son fotogramas extraídos del reportaje sobre la construcción del nuevo templo de Torreciudad publicado en 2024. Se han seleccionado para acompañar visualmente las distintas etapas del relato y facilitar la comprensión de cómo fue evolucionando el proyecto.

Torreciudad en Caminos de Barbastro

Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:


Contenido elaborado por el autor con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información, análisis de fuentes y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo

Caminos de Barbastro

Septiembre de 2026

Acceso a guías y rutas

lunes, 7 de septiembre de 2026

Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto

Torreciudad y Barbastro: una historia compartida antes del conflicto

Una historia que también es la mía

Nací en Barbastro en 1966. Hasta hace poco nunca había pensado demasiado en esa coincidencia, pero mientras yo comenzaba mi vida estaba empezando también a tomar forma el Torreciudad moderno.

Mi relación con aquel lugar viene, además, de mucho antes de que yo pudiera conocerlo. Mi madre sufrió de niña un accidente gravísimo: cayó desde unos cinco metros de altura y estuvo a punto de morir. Después la llevaron a Torreciudad y durante toda su vida conservó un profundo agradecimiento a la Virgen. Esa historia formó parte de mi infancia y por eso la Virgen de Torreciudad nunca fue para mí simplemente una imagen religiosa situada en un santuario cercano. Desde niño estuvo unida a una memoria familiar de agradecimiento. Siempre llevaba una medalla de la Virgen pegada a su corazón. Como no había de Torreciudad, llevaba una del Pilar, como muchas mujeres de su generación.

San Josemaría Escrivá y la Virgen del Pilar en la iglesia de San Josemaría de Barbastro
San Josemaría Escrivá y la Virgen del Pilar. Relieve de la iglesia de San Josemaría de Barbastro. La presencia del Pilar recuerda una devoción profundamente arraigada en Aragón y también muy vinculada a la vida de Josemaría Escrivá. Esa misma devoción formó parte de mi historia familiar: mi madre llevaba siempre una medalla de la Virgen junto al corazón y, como no tenía una de Torreciudad, llevó durante años una del Pilar.

He crecido también viendo Torreciudad formar parte del paisaje de mi tierra. Durante mi infancia se construyó el nuevo santuario; durante mi juventud comenzó a consolidarse y durante mi vida adulta terminó convirtiéndose en una realidad conocida mucho más allá de nuestra comarca. Ahora, cuando el Obispado de Barbastro-Monzón y el Opus Dei mantienen un conflicto que ha llegado hasta Roma, me he hecho una pregunta bastante sencilla: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, que es la que se hacen la mayoría de sus paisanos atónitos.

No tengo vinculación con el santuario. Lo cuento únicamente para explicar desde dónde escribo: no desde una pertenencia institucional, sino como barbastrense que intenta comprender la historia de su propia tierra desde hace muchos años.

Y al empezar a reconstruirla me he encontrado una y otra vez con otro barbastrense: Josemaría Escrivá, aunque su reconocimiento haga que no sea fácil referirse a él como paisano.

Hay dos hechos que, puestos uno junto al otro, resultan especialmente llamativos. Sin Josemaría Escrivá no existiría el Torreciudad moderno que conocemos hoy. Y aunque no podemos saber qué habría ocurrido con el Obispado de Barbastro sin su intervención, sí sabemos que trabajó en diferentes momentos para defender su continuidad.

El hombre que hizo posible el Torreciudad moderno fue también uno de los barbastrenses que trabajaron para que su ciudad conservara su Obispado.

Torreciudad, Barbastro y Josemaría Escrivá: la historia antes del conflicto

Josemaría Escrivá, un barbastrense

Josemaría Escrivá nació en Barbastro el 9 de enero de 1902. Aquí pasó su infancia, recibió su primera formación y estudió en los Escolapios. Su familia formaba parte de la vida cotidiana de aquella pequeña ciudad de comienzos del siglo XX hasta que una grave crisis económica provocó su marcha a Logroño en 1915, cuando tenía trece años.

Escolapios de Barbastro a comienzos del siglo XX
Escolapios de Barbastro a comienzos del siglo XX. Josemaría Escrivá estudió en este colegio desde niño. No aparece en esta fotografía, pero sí nos acerca al ambiente escolar de la ciudad en la que pasó su infancia. Imagen coloreada y mejorada digitalmente.

Muchas décadas después yo también estudiaría en los Escolapios de Barbastro. Es una pequeña coincidencia, separada por generaciones, pero que me ayuda a mirar esta historia desde una cercanía especial.

Podría haber sucedido lo que ocurre tantas veces cuando una familia abandona una ciudad pequeña: que aquella etapa quedara simplemente atrás. Sin embargo, décadas después, cuando Escrivá se había convertido ya en fundador del Opus Dei y vivía lejos de Barbastro, seguía expresando públicamente un fuerte vínculo con su ciudad natal.

En una entrevista de 1969 afirmó: «Me interesa, y mucho, todo lo que se refiere a Barbastro». Explicó además que eran pocas las personas de su tierra que conocían hasta qué punto ponía su cariño y sus esfuerzos cuando podía hacer algo por la ciudad. Dos años después, en una carta dirigida al alcalde, escribió una frase todavía más sencilla: «Soy muy barbastrino».

Estas palabras podrían interpretarse únicamente como recuerdos afectivos de la infancia, pero adquieren otra dimensión cuando comprobamos que ese afecto se tradujo también en actuaciones concretas. Y una de las primeras tuvo que ver precisamente con aquello que hoy vuelve a aparecer en el centro de esta historia: el Obispado de Barbastro.

Cuando Barbastro temió perder su Obispado

La existencia del Obispado de Barbastro no fue siempre tan segura como puede parecernos hoy. Su historia atravesó numerosas dificultades y el Concordato de 1851 llegó a contemplar la supresión de la diócesis. Durante décadas Barbastro vivió una situación provisional, gobernada mediante administradores apostólicos.

Para una ciudad pequeña, conservar una sede episcopal tenía entonces una importancia que iba mucho más allá de lo estrictamente religioso. Formaba parte de su identidad, de su historia y también de su posición dentro del territorio.

Barbastro y Huesca: una larga disputa por la centralidad

A lo largo de los siglos, Barbastro vivió repetidamente la pérdida, defensa o recuperación de su sede episcopal y, en el siglo XIX, también compitió con Huesca por la capitalidad provincial. Ese pasado ayuda a comprender por qué el Obispado forma parte de la memoria histórica de la ciudad.

1100 · Barbastro inicia su sede episcopal
Tras la conquista cristiana, la sede de Roda se traslada a Barbastro, que adquiere un importante peso eclesiástico.

1116 · Conflicto con Huesca
San Ramón es desplazado en el contexto del enfrentamiento territorial con el obispo de Huesca. Comienza una larga disputa por territorios y derechos eclesiásticos.

1149 · Barbastro pierde la sede
La sede de Roda-Barbastro es trasladada a Lérida. Barbastro queda durante siglos sin obispado propio.

1571 · Recuperación del Obispado
Después de siglos de reivindicaciones, Pío V restablece la diócesis de Barbastro.

1829–1833 · Barbastro y Huesca disputan la capitalidad
Las dos ciudades compiten por la capitalidad del Alto Aragón. La reorganización provincial de 1833 consolida finalmente a Huesca como capital de la provincia.

1851 · El Obispado vuelve a estar amenazado
El Concordato de 1851 contempla la supresión de la diócesis de Barbastro. La ciudad queda durante décadas sin obispo residencial.

Siglo XX · Una nueva defensa del Obispado
Barbastro vuelve a movilizarse para conservar su sede episcopal tras la guerra civil. En esas gestiones participará también Josemaría Escrivá.

Una constante histórica: durante siglos Barbastro vivió repetidamente la pérdida, amenaza y recuperación de su sede episcopal y, más tarde, la disputa por su peso institucional frente a Huesca. Esta historia ayuda a entender por qué la continuidad del Obispado adquirió también una dimensión identitaria para la ciudad.

En los años cuarenta, tras la guerra civil, volvieron a existir temores sobre el futuro de la diócesis. Autoridades y representantes de Barbastro realizaron gestiones en Madrid y ante la Nunciatura para defender su continuidad. Entre quienes participaron en ellas estuvo Josemaría Escrivá cuando tenía 41 años.

No estuvo solo, y conviene dejarlo claro. Hubo una movilización de responsables municipales, miembros del Cabildo y otras personas relacionadas con Barbastro. Pero sabemos que la intervención de Escrivá fue considerada importante por sus propios contemporáneos. En 1947 el Ayuntamiento de Barbastro lo nombró Hijo Predilecto de la ciudad, y en la propia propuesta municipal se recordaban expresamente sus gestiones para evitar la desaparición de la diócesis.

Josemaría Escrivá, Hijo Predilecto de Barbastro
Josemaría Escrivá, Hijo Predilecto de Barbastro. El Ayuntamiento le concedió esta distinción en 1947, recordando expresamente en la propuesta municipal sus gestiones en defensa de la continuidad de la diócesis.

Me parece un dato especialmente interesante porque no estamos ante una interpretación elaborada muchas décadas después, sino ante el recuerdo que dejó en la propia ciudad aquella intervención.

Por eso podemos afirmar con bastante seguridad que, cuando Barbastro temió por la continuidad de su Obispado, Escrivá ayudó a defenderlo. No podemos saber qué habría ocurrido sin él ni sería correcto atribuirle en solitario la supervivencia de la diócesis. Pero tampoco parece razonable borrar aquella intervención de nuestra historia.

Y lo más significativo es que no ocurrió una sola vez. Aproximadamente dos décadas más tarde volvieron a circular noticias sobre una posible desaparición de la diócesis de Barbastro. La situación de Escrivá era entonces completamente distinta: vivía en Roma y el Opus Dei había adquirido ya una dimensión internacional.

Sin embargo, cuando volvió a plantearse el futuro de la diócesis de su ciudad natal, intervino nuevamente. Según la documentación biográfica conservada, hizo llegar a Pablo VI en 1966 un escrito en el que exponía razones históricas, sociales y pastorales y terminaba pidiendo expresamente que no se suprimiera la diócesis de Barbastro.

Este segundo episodio me parece incluso más significativo que el primero. Demuestra que la defensa del Obispado no fue solamente una actuación circunstancial de juventud. Dos décadas después continuaba preocupado por la misma cuestión.

Y aquí la cronología se vuelve especialmente interesante porque, mientras Escrivá defendía nuevamente la continuidad del Obispado, estaba tomando forma también el proyecto del nuevo Torreciudad. Para Escrivá, conservar el Obispado de Barbastro e impulsar Torreciudad no eran proyectos incompatibles, ni parece que lo fuera por la otra parte.

Romería de Torreciudad de 1964 con el obispo Jaime Flores
Romería a Torreciudad, 3 de mayo de 1964. La imagen de la Virgen regresaba a la antigua ermita después de una primera restauración realizada en Madrid. La peregrinación desde Bolturina estuvo presidida por el obispo de Barbastro, Jaime Flores, que pocos años después participaría también en los acuerdos para la construcción del nuevo santuario.

Mientras se defendía el Obispado, nacía otro Torreciudad

Yo nací en 1966. Cuando miro la fotografía aérea de Torreciudad de 1957 estoy viendo, por tanto, el paisaje inmediatamente anterior al mundo que he conocido durante toda mi vida.

La antigua ermita y la devoción a la Virgen estaban allí desde hacía siglos. Eso es importante recordarlo porque Josemaría Escrivá no creó Torreciudad ni creó su devoción. Pero prácticamente todo lo que hoy asociamos al lugar todavía no existía.

Ortofoto de Torreciudad en 1957
Torreciudad en 1957. La antigua ermita y su devoción ya existían, pero todavía no estaban el embalse de El Grado, el nuevo santuario ni las infraestructuras que posteriormente transformarían este paisaje. La línea azul señala el espacio donde décadas después se desarrollaría el nuevo santuario.

Esta transformación forma parte de un cambio mucho más amplio del paisaje del Cinca. La construcción de embalses, la extensión de los regadíos y las nuevas infraestructuras modificaron profundamente este territorio durante la segunda mitad del siglo XX. Sobre estos cambios ya reflexioné en El paisaje que estamos construyendo.

El Cinca discurría por su antiguo cauce, no existía el embalse de El Grado y el acceso se realizaba mediante los caminos tradicionales. La ermita se encontraba en un paraje apartado, mantenido durante generaciones por una devoción fundamentalmente local y comarcal, pero sin las comunicaciones ni las infraestructuras que después permitirían convertirlo en un gran centro de peregrinación.

Sin embargo, aquel aislamiento no significa que Torreciudad fuera un lugar olvidado. Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de mediados del siglo XIX, menciona ya el santuario de Torreciudad, situado aproximadamente a media hora de Bolturina. Señala que contaba con hospedería, que estaba atendido por un sacerdote prior y que se sostenía con las limosnas de los fieles. Lo presenta, además, como un santuario de antigua tradición.

Torreciudad no era, por tanto, un lugar de paso. Era un lugar al que había que ir expresamente y cuyo acceso exigía esfuerzo. Mi madre me contó que, cuando la llevaron siendo niña, caminaron durante toda la noche.

Mapa histórico del acceso a Torreciudad desde Bolturina
Torreciudad antes de las nuevas comunicaciones. El mapa permite apreciar el aislamiento del lugar y los caminos que comunicaban la antigua ermita con Bolturina y otras poblaciones próximas. El Cinca discurría todavía por su cauce natural.

La primera gran transformación física del territorio no llegó de la mano del Opus Dei, sino del Estado. La construcción de la presa y del embalse de El Grado modificó profundamente este tramo del Cinca y obligó a construir nuevas infraestructuras. Entre ellas estuvo el camino de servicio por la margen izquierda del embalse desde la presa hasta Torreciudad, cuya adjudicación aparece publicada en el Boletín Oficial del Estado en diciembre de 1967.

Es importante precisar esto. No fue el Opus Dei quien construyó aquella carretera como una actuación propia. Sin embargo, el nuevo acceso vinculado a las obras del embalse cambió completamente las posibilidades del lugar precisamente cuando estaba empezando a desarrollarse el proyecto del nuevo santuario.

El arquitecto Heliodoro Dols había comenzado a trabajar en el proyecto en los años sesenta. La idea inicial fue evolucionando hasta adquirir una dimensión mucho mayor y las grandes obras se desarrollaron fundamentalmente durante la primera mitad de los años setenta.

Construcción del santuario de Torreciudad
Construcción del nuevo santuario de Torreciudad en los años setenta. En pocos años aquel terreno junto al embalse se transformó en el gran centro de peregrinación que abrió sus puertas en 1975.

Los testimonios de algunos trabajadores recuerdan un terreno seco, pedregoso y sin explanar, muy diferente del entorno que conocemos actualmente. En las obras participaron también trabajadores de localidades próximas, de modo que la construcción comenzó a establecer una relación laboral directa con la comarca.

El nuevo santuario abrió en 1975. Yo tenía entonces nueve años. Quizá por eso, para los barbastrenses de mi generación, resulta tan fácil tener la sensación de que aquel gran edificio siempre estuvo allí. Sin embargo, habían transcurrido menos de veinte años entre la fotografía aérea de 1957 y la aparición del nuevo Torreciudad.

El Cinca se había convertido en embalse, había aparecido una carretera, se había construido un enorme santuario y una devoción tradicional de carácter fundamentalmente local comenzaba a proyectarse internacionalmente.

Ortofoto actual de Torreciudad
Torreciudad en la actualidad. El embalse, el santuario, las carreteras, los aparcamientos y la vegetación muestran hasta qué punto cambió el paisaje en unas pocas décadas.
La primera imagen muestra el paisaje anterior a mi nacimiento. La segunda, el paisaje que se fue construyendo durante mi vida.

La forma más exacta de expresarlo, creo, es ésta: Escrivá no creó Torreciudad; transformó la escala de Torreciudad.

Mucho más que un santuario

Hay otro aspecto que hoy resulta fácil olvidar. El proyecto concebido alrededor de Torreciudad no consistía únicamente en construir una iglesia. Ya en 1969, antes de que comenzaran las grandes obras del santuario, Escrivá hablaba de un centro de formación rural destinado a promover actividades sociales y educativas en la comarca.

Aquella idea acabaría materializándose en la Escuela Familiar Agraria El Poblado, que comenzó a funcionar a comienzos de los años setenta. Durante décadas desarrolló formación profesional vinculada especialmente al medio rural y posteriormente otras actividades relacionadas con el empleo.

Con el tiempo fueron apareciendo también alojamientos, residencias y otras instalaciones. La antigua Hostería El Tozal funcionó durante años y su edificio ha comenzado recientemente una nueva etapa como albergue. A ello se sumaron distintas casas utilizadas por grupos y actividades y la cercana urbanización El Tozal.

El Poblado, la antigua Hostería y la urbanización El Tozal
Mucho más que un santuario. En el entorno de la presa y de Torreciudad fueron apareciendo El Poblado, la antigua Hostería y la urbanización El Tozal, junto con otras instalaciones relacionadas con las actividades desarrolladas en la zona.

Cuando se observa el conjunto resulta evidente que el proyecto acabó siendo bastante más que un edificio religioso. Formación, alojamientos, viviendas, carreteras, servicios y actividades generaron una presencia continuada de personas en un territorio que unas décadas antes era muy difícil de alcanzar.

Esa preocupación por el entorno aparece incluso en algunos detalles del proyecto. El arquitecto Heliodoro Dols recordaba que Escrivá pidió que determinados servicios comerciales no se instalaran dentro del propio santuario porque quería que esas necesidades pudieran beneficiar también a las poblaciones próximas.

Eso encaja con algo que Escrivá había expresado ya en 1969: su deseo de que Torreciudad ayudara a que Barbastro y su comarca fueran más conocidas y estimadas y pudiera proporcionar también un impulso económico al territorio.

Una percepción muy arraigada en Barbastro

Durante décadas existió en Barbastro una percepción difícil de demostrar documentalmente, pero muy presente en la memoria colectiva de la ciudad. En los años del desarrollismo franquista, cuando algunos ministros y altos cargos vinculados al Opus Dei ocupaban puestos relevantes en la Administración, muchas personas relacionaban determinadas inversiones realizadas en Barbastro con la influencia de Josemaría Escrivá y con su vínculo con su ciudad natal.

Obras como la canalización del río Vero, el desarrollo del polígono industrial, nuevas infraestructuras o determinadas actuaciones públicas eran interpretadas a veces desde esa idea: que «don Josemaría cuidaba de Barbastro» y que su posición y sus relaciones podían favorecer a la ciudad.

No he encontrado documentación que permita atribuir directamente esas obras a una intervención de Escrivá o del Opus Dei, y por tanto no sería correcto presentarlo como un hecho histórico demostrado. Pero la existencia de esa percepción sí forma parte de la historia social de Barbastro y ayuda a comprender la relación que durante décadas muchos barbastrenses mantuvieron con su figura.

Más que una afirmación sobre quién consiguió cada obra, es el recuerdo de una sensación: la de que un barbastrense que había alcanzado una enorme proyección fuera de la ciudad seguía pendiente, de alguna manera, de lo que ocurría en ella.

No sabemos hasta qué punto se cumplieron todas aquellas expectativas y sería absurdo atribuir a Torreciudad el posterior desarrollo de Barbastro. Pero sí podemos afirmar algo bastante más sencillo: antes de que el santuario existiera, Escrivá ya estaba pensando en los efectos que podía tener sobre su ciudad natal y su comarca.

Entrearcos: dejar algo vivo en Barbastro

En la plaza del Mercado, sobre el solar de la casa natal de Josemaría Escrivá, se construyó en 1977 el Centro Cultural Entrearcos, proyectado por Heliodoro Dols.

Escrivá había expresado que no quería que aquel lugar se convirtiera simplemente en un recuerdo sobre su persona, sino en un espacio vivo de formación y actividad abierto a los barbastrenses. Durante décadas Entrearcos ha acogido iniciativas culturales, sociales y formativas y ha servido también de puente entre Barbastro y quienes llegaban a Torreciudad.

Cincuenta años de relación con Barbastro

Una vez construido el santuario, Torreciudad dejó de ser un proyecto y comenzó a formar parte de la vida habitual del territorio. Durante décadas llegaron peregrinos, grupos organizados, familias y visitantes de numerosos países. Algunos acudían únicamente al santuario; otros conocían también Barbastro y otros lugares del Somontano, Sobrarbe y Ribagorza.

Para quienes vivimos aquí, aquella presencia terminó normalizándose. Los autobuses, las peregrinaciones, los visitantes extranjeros y las celebraciones multitudinarias pasaron a formar parte del paisaje habitual. También lo hicieron trabajadores, proveedores y empresas de la zona relacionadas de una forma u otra con las actividades desarrolladas allí.

La conexión con Barbastro no era automática. Un visitante podía llegar a Torreciudad y marcharse sin entrar en la ciudad. Por eso fueron apareciendo iniciativas destinadas precisamente a tender ese puente. Una de las más conocidas fue la Ruta de San Josemaría por Barbastro, que permitía recorrer los lugares relacionados con su infancia. Junto al componente religioso existía también una finalidad turística evidente: conseguir que una parte de quienes llegaban a Torreciudad conocieran Barbastro, visitaran su patrimonio y utilizaran sus establecimientos.

En estas iniciativas participaron personas vinculadas a Torreciudad, asociaciones empresariales y el Ayuntamiento a lo largo de etapas políticas diferentes. Por eso me parece adecuado hablar de una relación durante muchos años más territorial que partidista.

Incluso en mayo de 2025, cuando el conflicto entre el Obispado y el Opus Dei estaba ya abierto, el Ayuntamiento de Barbastro conmemoró los cincuenta años de la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad a Josemaría Escrivá. Participaron responsables institucionales y antiguos alcaldes de diferentes etapas. Aquel acto demuestra que Escrivá continuaba formando parte de la memoria cívica de Barbastro incluso cuando la controversia de Torreciudad estaba ya sobre la mesa.

En 2024 la Cámara de Comercio de Huesca realizó, por encargo del Patronato de Torreciudad, un estudio sobre el impacto socioeconómico del santuario. El trabajo estimaba una media aproximada de 180.900 visitantes anuales y calculaba un impacto económico total cercano a los 97 millones de euros, sumando efectos directos, indirectos e inducidos en la provincia de Huesca y otras zonas de Aragón.

Conviene precisar que esa cifra no significa que Torreciudad deje 97 millones de euros en Barbastro. El estudio utiliza una metodología económica más amplia y, además, fue encargado por el propio Patronato. Pero resulta interesante desde el punto de vista histórico que, más de cincuenta años después de que Escrivá hablara de un posible impulso económico para su comarca, una institución empresarial tratara precisamente de medir esa repercusión.

De la convivencia al conflicto

Precisamente por todo lo anterior, para muchos barbastrenses resulta extraño contemplar ahora al Obispado de Barbastro-Monzón y al Opus Dei como dos partes enfrentadas.

La explicación jurídica es compleja y ya la he tratado con mayor detalle en otras entradas. Para comprender esta historia basta recordar que los acuerdos fundamentales se remontan a 1962 y 1966, cuando el Torreciudad moderno todavía estaba naciendo. Después llegaron el santuario de 1975 y cincuenta años de crecimiento y actividad. La realidad terminó siendo muchísimo mayor que la existente cuando se redactaron aquellos documentos.

A partir de 2020 se intentó actualizar el marco jurídico. Las posiciones del Obispado y del Opus Dei fueron alejándose hasta que el desacuerdo se hizo público en 2023 y finalmente llegó a Roma. En octubre de 2024 la Santa Sede nombró a Alejandro Arellano Cedillo, decano de la Rota Romana, para intervenir en la cuestión.

En septiembre de 2026 continuamos pendientes de una solución definitiva.

Una de las cosas que más me ha ayudado a comprender el conflicto es asumir que las dos partes miran momentos diferentes de una misma historia. El Obispado mira la antigua ermita, la imagen de la Virgen, la devoción secular y sus derechos históricos. El Opus Dei mira el santuario construido a partir de Escrivá, cincuenta años de actividad y toda una realidad religiosa y material levantada alrededor de aquella antigua devoción.

Jaime Flores en Torreciudad en 1964 y Ángel Pérez Pueyo en 2026 ante la antigua ermita
1964–2026: dos obispos ante la misma ermita. A la izquierda, Jaime Flores durante el regreso de la Virgen restaurada a Torreciudad en 1964. A la derecha, Ángel Pérez Pueyo durante la romería de septiembre de 2026. Sesenta y dos años separan ambas escenas, pero el arco de la antigua ermita sigue siendo el mismo.
La ermita permanece. Lo que ha cambiado es todo lo que se ha construido alrededor de ella, física e institucionalmente.

Ambas historias existen, y la Virgen de Torreciudad está en las dos.

Lo pude percibir de una forma especialmente clara durante la romería del pasado 5 de septiembre. La imagen estuvo unas horas en la antigua ermita y después regresó al nuevo santuario. La distancia física entre ambos lugares es pequeña, pero aquel recorrido parecía condensar siglos de historia. En la ermita está el origen; en el santuario están los últimos cincuenta años.

Y para mí hay además una historia todavía más sencilla: es la Virgen de la que mi madre habló siempre con agradecimiento después del gravísimo accidente que sufrió siendo niña. Por eso me cuesta contemplarla únicamente como una pieza dentro de un litigio.

Una historia que también es nuestra

Después de recorrer todo este camino termino regresando al punto desde el que empecé: Josemaría Escrivá como barbastrense.

En los años cuarenta intervino en las gestiones destinadas a defender la continuidad del Obispado. Décadas después volvió a intervenir ante Roma cuando nuevamente se temió por su futuro. Y simultáneamente estaba impulsando el nuevo Torreciudad. No parece que él viera ninguna contradicción entre ambas cosas: quería que continuara el Obispado de su ciudad y quería que Torreciudad creciera.

1. Sin Josemaría Escrivá no existiría el Torreciudad moderno.
La antigua ermita, la Virgen y la devoción son anteriores a él, pero el gran santuario y la transformación territorial que conocemos fueron posibles por su iniciativa.

2. Escrivá intervino repetidamente para defender la continuidad del Obispado de Barbastro.
No podemos saber qué habría sucedido sin él, porque hubo otras personas implicadas y la decisión final correspondía a Roma. Pero sí sabemos que participó en esas gestiones y que la propia ciudad reconoció tempranamente su importancia.

La paradoja de 2026 resulta difícil de ignorar: el hombre que hizo posible el Torreciudad moderno fue también uno de los barbastrenses que trabajaron para conservar el Obispado con el que ahora existe el conflicto.

He escrito esta entrada como barbastrense. Mi vida ha transcurrido prácticamente en paralelo a la del Torreciudad moderno y mi relación con su Virgen empezó con una historia familiar que escuché desde niño. Tampoco mi recorrido cristiano me sitúa dentro de una única sensibilidad de la Iglesia. Quizá por todo ello me interesa más intentar comprender esta historia que colocarme en uno de sus bandos.

No sé cuál será finalmente la solución que establezca Roma, y tampoco era ése el propósito de estas páginas. Lo que quería recuperar era algo anterior al conflicto: cómo era Torreciudad, cómo se transformó, qué papel tuvo Josemaría Escrivá, qué relación quiso mantener con Barbastro y cómo todo aquello terminó incorporándose durante medio siglo a la vida de nuestra comarca.

Porque antes de convertirse en un conflicto, Torreciudad fue durante mucho tiempo una historia compartida.

Y ahora, ¿qué tiene que decidir Roma?

Después de reconstruir esta historia compartida entre Torreciudad, Barbastro, Josemaría Escrivá y el Obispado, queda la cuestión que sigue abierta: ¿qué debe resolver ahora la Santa Sede?

El conflicto actual no consiste simplemente en determinar quién es propietario de la imagen de la Virgen. Ambas partes reconocen la titularidad diocesana. La cuestión está en cómo deben interpretarse los acuerdos históricos, qué derechos siguen vigentes sobre su uso, custodia y ubicación y qué configuración jurídica debe tener Torreciudad en adelante.

Torreciudad: ¿qué tiene que decidir Roma?

Un recorrido por los acuerdos de 1962 y 1966, la evolución del nuevo Torreciudad, su configuración canónica y las cuestiones que siguen pendientes de resolución.

Torreciudad forma parte de la historia de Barbastro.
Representa una de las grandes realizaciones impulsadas por un barbastrense, Josemaría Escrivá, cuya iniciativa transformó una antigua devoción local en un santuario de proyección internacional.

El Obispado también forma parte de la historia de Barbastro.
Durante siglos la ciudad defendió su continuidad porque la sede episcopal representaba no solo una realidad religiosa, sino también una parte esencial de su identidad y de su lugar dentro del territorio.

Quizá por eso resulta tan difícil aceptar que ambas realidades puedan aparecer hoy enfrentadas. Para muchos barbastrenses, las dos forman parte de una misma historia colectiva y ninguna debería construirse contra la otra.

Para saber más sobre el conflicto actual

Esta entrada intenta explicar la historia anterior al conflicto. Para profundizar en la situación actual pueden resultar útiles estas otras dos entradas de Caminos de Barbastro:

Torreciudad: dos paisajes y una misma Virgen
Una aproximación documental y territorial a la antigua ermita, el nuevo santuario y la situación de la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad.

Torreciudad: una solución para que nadie tenga que desaparecer
Una reflexión a partir de la romería del 5 de septiembre de 2026 y sobre la posibilidad de encontrar una solución en la que puedan continuar las distintas realidades vinculadas a Torreciudad.

Fuentes y documentación

Para preparar esta entrada he procurado diferenciar los documentos oficiales, las fuentes institucionales del Obispado, del Opus Dei y de Torreciudad, y los estudios realizados por otras entidades. Cuando una información procede de una institución directamente relacionada con una de las partes del conflicto, conviene tener presente esa procedencia.

Continuar la historia:
En la siguiente entrada cambiamos el punto de vista y miramos Torreciudad desde uno de los pueblos que históricamente estuvo más unido a la antigua ermita: Bolturina y Torreciudad: cuando cambió el camino .

Esta entrada recoge una reflexión personal acompañada de documentación histórica y fuentes públicas. Su propósito no es resolver el conflicto jurídico existente en torno a Torreciudad, sino aportar contexto histórico y territorial desde la perspectiva de un barbastrense.

Torreciudad en Caminos de Barbastro

Una serie de entradas para recorrer la historia, el paisaje y el conflicto actual de Torreciudad:

Daniel Vallés Turmo
Caminos de Barbastro

Entrada elaborada a partir de documentación histórica, fuentes públicas y experiencia personal, con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la búsqueda, contraste, organización y revisión de la información.