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miércoles, 7 de octubre de 2026

Zaragoza Toulouse Transpirenaica central

499,97 kilómetros. Esa es la distancia que resulta al unir una serie de caminos ya existentes entre Zaragoza y Toulouse, atravesando de sur a norte el Pirineo central.

No se trata de un nuevo GR ni pretendemos demostrar que haya existido históricamente un único camino que comunicara ambas ciudades siguiendo exactamente este recorrido. La propuesta es mucho más sencilla: comprobar qué sucede cuando unimos caminos que ya existen.

Durante los últimos años se han ido recuperando, señalizando y conectando recorridos nacidos con finalidades muy diferentes. La Jorgeada entre Zaragoza y Huesca, los caminos jacobeos que atraviesan la provincia de Huesca, los senderos del Valle de Arán y la TransGarona francesa permiten hoy construir un itinerario que hace unos años resultaba muy difícil de realizar.

Zaragoza, Huesca, Barbastro, Ribagorza, el Puerto de Vielha, el Valle de Arán, Comminges, el Garona y Toulouse.

Un camino entre el valle del Ebro y el valle del Garona y, sobre todo, una posibilidad que merece la pena explorar: una Transpirenaica central de aproximadamente 500 kilómetros.

Recorrido Zaragoza–Toulouse. En azul, el proyecto original Barbastro–Saint-Bertrand; a ambos lados, las posteriores prolongaciones hacia Zaragoza y Toulouse.

Los colores del mapa permiten entender también cómo ha ido creciendo este camino. El tramo azul, entre Barbastro y Saint-Bertrand-de-Comminges, es el núcleo original del proyecto: el recorrido que fuimos investigando y caminando durante ocho años, hasta llegar a Saint-Bertrand en 2024.

Los otros dos colores representan las ampliaciones que hemos añadido después. Hacia el sur, el recorrido puede prolongarse desde Barbastro hasta Huesca y Zaragoza aprovechando la continuidad que hoy proporciona el GR-17 y enlazando finalmente con el GR-234. Hacia el norte, desde Saint-Bertrand, hemos continuado siguiendo el corredor del Garona y la TransGarona hasta Carbonne, para completar después el recorrido hasta Toulouse.

De esta forma, un camino que inicialmente unía Barbastro con Saint-Bertrand ha terminado convirtiéndose, al prolongarlo hacia sus dos extremos, en una línea continua de casi 500 kilómetros entre Zaragoza y Toulouse.

Pero este camino no nació buscando Toulouse. Nació muchos años antes y mucho más cerca de Barbastro.

La historia andada

Cuando comencé Caminos de Barbastro en el año 2012, hace ya más de una década, una de las ideas era intentar comprender la historia recorriendo los caminos. Es lo que muchas veces he llamado la historia andada.

Cuando contemplamos cada pueblo por separado, la historia puede fragmentarse. Los caminos vuelven a unirla: nos ayudan a comprender por qué los pueblos están donde están, cómo se comunicaban, qué pasos utilizaban para atravesar las montañas y qué relaciones existían entre territorios que hoy pertenecen a provincias, comunidades o países diferentes.

Uno de aquellos primeros trabajos fue el Camino de San Ramón, entre Barbastro y Roda de Isábena cuando fue desterrado. Para reconstruirlo no bastaba con conocer la historia de san Ramón o la de las poblaciones por las que pasaba. Había que hacerse una pregunta mucho más sencilla: ¿por dónde se podía ir realmente de un lugar a otro? En aquel momento comenzaban a extenderse las aplicaciones de GPS y, junto con los mapas antiguos, fueron herramientas fundamentales para realizar aquel trabajo.

Aquella pregunta nos llevó hacia Ribagorza. Y desde Ribagorza seguimos hacia el norte: Roda de Isábena, Obarra, Bonansa, el valle de Barrabés, el Hospital de Vielha, el Valle de Arán y finalmente Francia. Cada camino tiene una historia que te lleva a otro camino con otra historia.

De caminarlo solo a Saint-Bertrand

Antes de llevar estos caminos a un grupo había recorrido personalmente muchos de ellos, algunos más de una vez. Pero recorrer un camino solo y conseguir que funcione para un grupo son cosas diferentes.

El 16 de abril de 2016 comenzamos desde Barbastro un proyecto con Montañeros de Aragón de Barbastro y el Centro Excursionista de Ribagorza.

Primera etapa Capella a Roda de Isábena

Primera etapa del proyecto hacia Saint-Bertrand: Capella–Roda de Isábena en 2016.

Durante ocho años fuimos avanzando hacia el norte en 11 excursiones. La experiencia nos obligó a modificar algunos recorridos, buscar alternativas y adaptar etapas. Un sendero puede aparecer perfectamente dibujado sobre un mapa y resultar poco apropiado para un grupo formado por personas de diferentes edades y condiciones físicas. Todavía no estaban señalizados el actual GR-17 ni la Vía Arán-Pirineos.

También nosotros fuimos cambiando. Ocho años son muchos años. Salir de Barbastro, atravesar toda la Ribagorza, cruzar el Pirineo, pasar a Francia, caminar en grupo en otro país. En cada excursión, el punto de salida estaba más lejano.

Finalmente, el 29 de septiembre de 2024, llegamos a Saint-Bertrand-de-Comminges.

Llegada del grupo a Saint-Bertrand-de-Comminges

Saint-Bertrand-de-Comminges, 29 de septiembre de 2024. El final de un camino iniciado ocho años antes.

Camino de San Ramón. Ocho años recorriendo el camino entre Barbastro y Saint-Bertrand-de-Comminges (2016–2024).

Una cosa es dibujar un camino y otra comprobar que se puede caminar.

La experiencia también nos enseñó que no tiene demasiado sentido imponer unas etapas iguales para todos. El GPS permite plantearlo de otra manera: aquí ofrecemos un trazado continuo y cada persona decidirá dónde comienza, dónde termina y cuánto quiere caminar.

El camino es uno; cada uno hace el trozo que quiera.

Lo que ha cambiado desde 2012

Los caminos no han aparecido ahora. Muchos estaban allí cuando comenzamos. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para encontrarlos, seguirlos y descubrir que pueden formar parte de recorridos mucho mayores. El GPS y la cartografía digital han transformado nuestra manera de caminar, pero también ha cambiado el propio territorio.

Se han recuperado senderos, se han homologado grandes recorridos y diferentes proyectos han ido dando continuidad a caminos que antes podían contemplarse por separado.

Entre Zaragoza y Huesca tenemos hoy el GR-234. Desde Huesca podemos continuar por el GR-17 atravesando buena parte de la provincia hasta alcanzar el Hospital de Vielha. Después, la red del GR-211 permite superar el Puerto de Vielha y recorrer el Valle de Arán.

Y al otro lado de la frontera encontramos la TransGarona, que nos permite continuar siguiendo durante buena parte del recorrido el corredor del Garona hacia Toulouse.

Quedan pequeñas costuras, pero las grandes piezas están ya sobre el terreno. Cuando comencé a trabajar con estos caminos en 2012 era difícil imaginar que algún día podríamos construir, aprovechando recorridos señalizados y caminos ya existentes, una ruta prácticamente continua entre Zaragoza y Toulouse.

Pero si miramos un poco más atrás, el cambio resulta todavía mayor. Cuando empecé a hacer montaña, en la década de 1970, caminar era bastante diferente. Encontrábamos mojones y algunas marcas de pintura, pero para orientarnos necesitábamos sobre todo el mapa y la brújula. La extensa red de senderos señalizados que hoy conocemos fue desarrollándose y haciéndose mucho más presente durante las décadas siguientes.

Recuerdo, por ejemplo, que en 1982, cuando con los scouts quisimos ir desde Barbastro hacia Jaca, buena parte del recorrido tuvimos que hacerlo por la carretera nacional. Encontrar y seguir entonces una alternativa continua por caminos como podemos hacer hoy resultaba mucho más difícil.

Por eso, cuando ahora dibujamos sobre un mapa una línea de casi 500 kilómetros entre Zaragoza y Toulouse y descubrimos que podemos recorrerla utilizando en gran medida senderos señalizados, conviene recordar que esta posibilidad es relativamente reciente.

Los caminos no han aparecido ahora. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para unirlos y seguirlos. Ahora queda ver quién quiere caminarlos.

De Zaragoza a Huesca por la Jorgeada

Nuestro recorrido comienza en la plaza del Pilar de Zaragoza. Desde la antigua Caesaraugusta, a orillas del Ebro, comenzamos a caminar hacia el Pirineo.

Lo hacemos siguiendo el GR-234, Camino de la Jorgeada. Su origen está en la Jorgeada de Aragón, la marcha que desde 2002 une cada 23 de abril, Día de Aragón, Zaragoza con la ermita de San Jorge de Huesca.

Con el tiempo aquel recorrido fue señalizado y homologado como sendero de gran recorrido. Nosotros simplemente vamos a darle otro uso: será la primera pieza de nuestro camino hacia Toulouse.

Y resulta curioso que, nada más comenzar, aparezcan ya algunas de las relaciones históricas que encontraremos a lo largo del camino. Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I en 1118, la nueva Iglesia zaragozana solicitó a Roda de Isábena reliquias de San Valero, antiguo obispo y patrón de Zaragoza. En 1121 llegó desde Roda uno de sus brazos, entregado por el propio San Ramón, obispo de Roda-Barbastro. En la conquista de Zaragoza había participado además Gastón IV de Bearne, procedente del otro lado de los Pirineos.

Antes incluso de abandonar Zaragoza, nuestro camino ya comienza a relacionar algunos de los territorios y personajes que volveremos a encontrar más adelante.

Nuestro trazado, incluyendo el pequeño enlace necesario al llegar a Huesca, alcanza aproximadamente 77,5 kilómetros.

Al llegar a Huesca termina el GR-234. Nuestro camino no.

Huesca y Berbegal: sobre una antigua vía romana

Desde Huesca continuamos por el actual GR-17 hacia Pueyo de Fañanás y Berbegal. Pero este camino nos lleva mucho más atrás que el Camino de Santiago.

Por este territorio discurría la antigua vía romana Ilerda–Osca, que comunicaba las actuales Lleida y Huesca y formaba parte de una red viaria mucho mayor que enlazaba Tarraco con el interior de Hispania. En el entorno de Berbegal todavía se conservan restos de aquella calzada. La vía continuaba hacia Pertusa, donde cruzaba el río Alcanadre, antes de dirigirse hacia Osca.

Cuando recorrí esta zona en 2013 para Caminos de Barbastro pude caminar precisamente por uno de esos pequeños tramos conservados junto al Camino de Santa Águeda. Más de dos mil años después, parte de aquel antiguo corredor continúa teniendo la misma función básica: permitirnos caminar entre Berbegal y Huesca. En esta entrada de 2013 contaba aquel recorrido por la antigua carretera de Berbegal.

Con el paso de los siglos cambiaron los viajeros y cambiaron los motivos para recorrerlo. La antigua vía de comunicación romana terminó compartiendo territorio con los caminos medievales. Al pasar por Antillón encontramos, en el exterior de la iglesia, el sepulcro de Sancho de Antillón. Hablaremos de él cuando lleguemos a Muret, casi al final de esta gran ruta.

Hoy el camino procedente de Cataluña, tradicionalmente conocido como Camino de Montserrat o Camino Catalán, alcanza Berbegal y continúa hacia Huesca y posteriormente hacia San Juan de la Peña.

Nosotros volvemos a recorrer este viejo corredor de comunicaciones, pero en sentido contrario: de Huesca a Berbegal.

Cruce de los caminos en Berbegal

Berbegal, punto de encuentro de los caminos que utilizamos para continuar hacia Barbastro y el Pirineo.

Y precisamente en Berbegal encontramos otro itinerario, la Vía Arán-Pirineos, que desciende desde el Pirineo atravesando Ribagorza y Barbastro.

Nosotros hacemos nuevamente el recorrido contrario. Llegamos desde Huesca y giramos hacia Barbastro para comenzar a remontarlo hacia el norte.

En Berbegal no cambia el número del GR: cambia el camino histórico que estamos siguiendo.

El gran eje del GR-17

Desde Berbegal comenzamos a seguir uno de los elementos fundamentales de nuestro recorrido: el GR-17. Pero la historia de este sendero es bastante más compleja de lo que puede parecer al contemplar su trazado actual.

El número GR-17 no nació asociado a la actual Vía Arán-Pirineos. Su origen está en el denominado Sendero Mariano, un proyecto mucho más ambicioso que pretendía comunicar a pie Zaragoza y Lourdes, enlazando algunos de los principales santuarios marianos situados a ambos lados del Pirineo.

De aquel proyecto llegó a consolidarse especialmente el tramo entre Barbastro y Torreciudad. En 1997 fue abierto y señalizado como GR-17 y todavía hoy continúa utilizándose para la tradicional romería a pie desde Barbastro al santuario: unos 24 kilómetros pasando por Costean y El Grado.

Con el paso de los años el GR-17 fue adquiriendo una dimensión diferente. Para darle continuidad se aprovecharon caminos y senderos que ya existían, junto con otros recorridos que fueron recuperados o señalizados.

Entre Berbegal y Barbastro se utilizó parte del trazado del GR-45. Desde Barbastro hacia Torreciudad se mantuvo el antiguo Sendero Mariano y, a partir de allí, el GR-17 fue prolongándose hacia Ribagorza, enlazando caminos ya señalizados, antiguos caminos tradicionales y nuevos trazados.

Finalmente, aquel número nacido para el Sendero Mariano forma parte hoy de la Vía Arán-Pirineos, que podemos seguir desde Berbegal hacia Barbastro, Torreciudad, La Puebla de Castro, Graus, Capella, Roda de Isábena, Obarra, Bonansa, Vilaller y el Hospital de Vielha.

Esta evolución resulta especialmente interesante para nuestro proyecto. El GR-17 tampoco es un único camino nacido de una vez. Es el resultado de haber ido uniendo caminos anteriores hasta conseguir una gran continuidad territorial.

Su configuración actual como Vía Arán-Pirineos podría hacernos pensar que estamos ante un camino utilizado fundamentalmente por peregrinos. La realidad que hemos podido comprobar parece bastante diferente.

Las consultas realizadas en Berbegal no mostraron un tránsito significativo de peregrinos procedentes de la Vía Arán-Pirineos. Y en octubre de 2026, desde la Oficina de Turismo de Vielha nos confirmaban que durante estos años apenas algunas personas habían preguntado por este Camino de Santiago. Tampoco hemos encontrado estadísticas públicas que permitan cuantificar ese tránsito.

Pero sería un error valorar el GR-17 únicamente por el número de peregrinos. Su gran aportación ha sido conseguir dar continuidad mediante una misma señalización a una enorme cantidad de kilómetros de caminos a través de la provincia de Huesca y del Pirineo central.

No hace falta ser peregrino para utilizar esa infraestructura. Y nosotros somos un buen ejemplo. El Camino de Santiago proporciona aquí la estructura. Nosotros la utilizamos para dirigirnos hacia Toulouse.

Barbastro: donde comenzó buena parte de esta historia

Cuando llegamos a Barbastro el recorrido adquiere para este blog un significado diferente. Aquí comenzó buena parte de la historia que estamos contando.

Barbastro fue una importante población de la frontera andalusí. En 1064 tuvo lugar la conocida Cruzada de Barbastro, una temprana expedición militar cristiana de carácter internacional. La ocupación fue breve y la conquista definitiva de la ciudad por Pedro I llegaría en 1100.

Muchos siglos después, nuestro interés por estos caminos comenzó de una forma bastante más sencilla: queríamos reconstruir el Camino de San Ramón entre Barbastro y Roda de Isábena.

Aquella investigación nos obligó a salir de los documentos y mirar el territorio. Durante cuatro años tuvimos que encontrar caminos, recorrerlos y comprobar cuáles continuaban existiendo, cuando todavía no existía el actual trazado del GR-17. Parte de aquellos caminos coincidiría posteriormente con el trazado del actual GR-17.

Sin saberlo, estábamos empezando a recorrer una pequeña parte de estos 500 kilómetros. Actualmente aquel camino continúa por Torreciudad, La Puebla de Castro, Graus y Capella hasta alcanzar Roda de Isábena.

Roda de Isábena: un hombre que nos lleva hasta Toulouse

Roda de Isábena fue durante la Edad Media una importante sede episcopal. Y aquí aparece uno de los personajes que mejor explica lo que significa este camino: San Ramón de Roda.

Roda de Isábena y su entorno

Roda de Isábena, en el camino hacia el Pirineo.

Antes de convertirse en obispo de Roda-Barbastro, Ramón había estado vinculado a Saint-Sernin de Toulouse, donde llegó a ser prior.

Su biografía demuestra algo mucho más sencillo: Toulouse, el Pirineo, Roda y Barbastro estaban relacionados.

Dejamos aquí a san Ramón. Lo volveremos a encontrar al final del camino.

Obarra y la entrada en la montaña

Desde Roda seguimos remontando el valle del Isábena hasta Obarra, donde el monasterio aparece en un lugar en el que resulta difícil separar la historia de la geografía.

El valle se estrecha, las montañas comienzan a imponerse y seguimos ascendiendo hacia Bonansa.

Estamos entrando definitivamente en el Pirineo.

Km 250: el corazón del camino

En las proximidades del Alto de Bonansa alcanzamos prácticamente la mitad del recorrido: unos 250 kilómetros desde Zaragoza y otros 250 hasta Toulouse.

Alto de Bonansa

Alto de Bonansa, prácticamente en el centro de los 500 kilómetros.

La coincidencia resulta especialmente significativa porque en 2014 ya había dedicado una entrada a este territorio con un título que ahora adquiere un nuevo significado: «Corazón Ribagorza».

Estamos en el entorno del bosque de Pegá, cerca del lugar donde estuvo el antiguo castillo de Pegá del Condado de Ribagorza y rodeados de algunos de los paisajes que mejor representan la montaña ribagorzana.

No escogimos Bonansa para conseguir que las distancias coincidieran. Primero construimos el camino y después lo medimos. Fue entonces cuando descubrimos dónde estaba su centro.

No elegimos el Alto de Bonansa para que fuera el corazón del recorrido. El camino colocó su corazón aquí.

Atravesar el Pirineo

Desde Bonansa continuamos hacia Vilaller y remontamos el valle de Barrabés hasta alcanzar el Hospital de Vielha. Aquí termina para nosotros el largo recorrido del GR-17.

Pero el camino continúa. Y ahora se enfrenta al obstáculo geográfico más importante de todo el recorrido.

Desde el Hospital tomamos el GR-211.5, que asciende por el antiguo camino del Puerto de Vielha hasta superar los 2.400 metros de altitud.

Puerto de Vielha visto desde Ribagorza

El Puerto de Vielha visto desde la vertiente ribagorzana.

Probablemente sea este el lugar donde mejor puede entenderse qué significaba antiguamente atravesar los Pirineos. Hoy una carretera y un túnel permiten pasar de una vertiente a otra en pocos minutos. Durante siglos el viajero tenía que ascender hasta el puerto y enfrentarse a la nieve, al frío y a unas condiciones meteorológicas que podían impedir el paso. En la entrada Pasar el Puerto explico lo que significaba hacer esta travesía.

La propia existencia del Hospital de Vielha recuerda aquella necesidad de refugio y asistencia junto al camino. Por eso nuestra Transpirenaica no atraviesa simplemente la montaña. Pasa por encima de ella.

Descendemos después hacia Vielha y encontramos algo que simplificará enormemente los siguientes kilómetros: el Garona.

Hasta Vielha el problema era atravesar la montaña. A partir de Vielha, el Garona nos enseñará el camino.

Siguiendo el Garona hacia Francia

Desde Vielha seguimos inicialmente el GR-211.1 hasta Era Bordeta y después el GR-211 hacia Pontaut. Las marcas de la Vía Arán-Pirineos continúan acompañándonos, aunque nosotros seguimos el Camino de Santiago en sentido contrario al peregrino.

El Garona se dirige hacia Francia y nosotros simplemente seguimos su dirección. Vielha, Bossòst, Les... El propio valle crea ahora el corredor.

Al llegar a Pontaut encontramos una de las pocas pequeñas costuras del recorrido. Apenas poco más de un kilómetro. Entre Pontaut y Pont de Rei no seguimos actualmente un GR ni podemos considerar ese tramo como parte de la TransGarona. Existe, sin embargo, un sendero local actualmente limpio y marcado con señales amarillas que permite alcanzar la frontera.

Es un enlace pequeño, pero importante: permite que las redes de senderos situadas a ambos lados puedan tocarse.

Llegamos a Pont de Rei. Cruzamos de España a Francia.

Y seguimos caminando.

Saint-Bertrand: donde antes terminaba el camino

Al otro lado de la frontera podemos continuar siguiendo el corredor del Garona y enlazar con la TransGarona. Se trata de una ruta concebida principalmente como itinerario ciclable, aunque también puede recorrerse a pie. Hemos optado por seguirla en lugar de buscar la continuidad a través de diferentes GR porque ofrece un trazado más directo, fácil de seguir y con menos kilómetros. Nuestro objetivo no es hacer el recorrido más montañero, sino encontrar una línea continua y sencilla que nos permita avanzar hacia Toulouse.

El paisaje cambia, pero el río sigue marcando la dirección. Desde la frontera avanzamos por Fos, Arlos y Saint-Béat, siguiendo el valle del Garona. Después pasamos por Marignac y Chaum y continuamos hacia Loures-Barousse, ya muy cerca de Saint-Bertrand-de-Comminges.

Es un tramo muy diferente al que acabamos de recorrer en el Puerto de Vielha. Las grandes alturas han quedado atrás y ahora el camino aprovecha el corredor natural del Garona, enlazando las poblaciones que se suceden a lo largo del valle.

Camino ciclable entre Pont de Chaum y Saint-Bertrand-de-Comminges

Camino ciclable entre Pont de Chaum y Saint-Bertrand-de-Comminges.

Así alcanzamos Saint-Bertrand-de-Comminges, un lugar que tiene un significado especial en la historia de este proyecto.

Camino hacia Saint-Bertrand-de-Comminges

El camino hacia Saint-Bertrand-de-Comminges.

Durante ocho años este había sido nuestro objetivo. Cuando llegamos el 29 de septiembre de 2024, allí terminaba el camino que habíamos comenzado en Barbastro.

En 2024 aquí terminaba nuestro camino. En 2026, Saint-Bertrand se convierte en un lugar de paso.

A los pies de la población encontramos los restos de Lugdunum Convenarum, la ciudad romana que precedió al posterior centro episcopal medieval.

Venimos de atravesar Roda de Isábena, otra antigua sede episcopal al sur de las montañas. Una vez más, caminar nos invita a contemplar conjuntamente territorios que nuestros mapas actuales muestran separados.

Pero esta vez no terminamos aquí. Seguimos el Garona hacia el norte.

Saint-Gaudens: una relación que sigue viva

No tardamos demasiado en encontrar otro lugar directamente relacionado con Barbastro: Saint-Gaudens. Cuando llegamos a Francia con el grupo pensamos en prolongar el proyecto con otra etapa hasta aquí, pero después de ocho años comprendimos que había llegado el momento de terminarlo en Saint-Bertrand.

Barbastro y Saint-Gaudens están hermanadas desde 1963. Después de buscar durante el recorrido antiguas relaciones entre ambas vertientes, encontramos aquí una relación contemporánea que continúa uniéndolas.

Seguimos después hacia Carbonne. En 2026, la TransGarona señalizada llega hasta este entorno. El proyecto tiene como objetivo continuar hasta Toulouse, pero esa conexión todavía no está completada. A partir de aquí nuestro recorrido continúa utilizando caminos y vías existentes hacia Muret y Toulouse.

Muret: Aragón y Occitania

En 1213 tuvo lugar aquí la batalla de Muret. Pedro II de Aragón murió combatiendo junto a sus aliados occitanos frente a las fuerzas de Simón de Montfort.

Muret representó un punto de inflexión fundamental para la influencia de la Corona de Aragón al norte de los Pirineos. La derrota puso fin a buena parte de las aspiraciones aragonesas en Occitania y, durante el reinado de su hijo Jaime I el Conquistador, la expansión de la Corona se orientaría principalmente hacia el Mediterráneo y el levante peninsular, con las conquistas de Mallorca y Valencia.

Y aquí el camino vuelve a recordarnos algo que habíamos encontrado muchos kilómetros antes. Al pasar por Antillón, entre Berbegal y Huesca, vimos en el exterior de su iglesia el sepulcro atribuido al Señor de Antillón, muerto en la batalla de Muret junto a Pedro II y Rodrigo de Lizana. La tradición relaciona la situación exterior de estos sepulcros con la excomunión de quienes habían combatido apoyando a los señores occitanos frente a la cruzada albigense.

Habíamos visto el recuerdo de Muret en Antillón antes de atravesar los Pirineos. Ahora estamos en el lugar donde ocurrió aquella batalla.

Y Toulouse está ya muy cerca.

Toulouse: volvemos a encontrar a San Ramón

Después de 499,97 kilómetros, llegamos a Toulouse.

Basílica de Saint-Sernin de Toulouse

Basílica de Saint-Sernin de Toulouse. Foto: Didier Descouens / Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0.

Podríamos detenernos en la antigua Tolosa romana, en la capital del reino visigodo de Toulouse o en la importancia de la ciudad durante la Edad Media.

Pero nuestro camino nos lleva a un lugar concreto: Saint-Sernin.

Aquí vuelve a aparecer alguien a quien dejamos en Roda de Isábena: San Ramón.

Antes de convertirse en obispo de Roda-Barbastro había sido prior de Saint-Sernin.

Después de 500 kilómetros regresamos así a la idea con la que habíamos comenzado: la historia andada.

Cuando estudiamos cada lugar por separado podemos terminar viendo historias separadas. Cuando caminamos entre ellos empezamos a descubrir sus relaciones.


Una Transpirenaica central

Ahora que hemos llegado a Toulouse podemos volver mentalmente al mapa con el que comenzábamos esta entrada.

499,97 kilómetros. Al principio era solamente una cifra. Después de construir el recorrido sabemos lo que contiene.

Zaragoza y el valle del Ebro, Huesca, Barbastro, Ribagorza, el Puerto de Vielha, el Valle de Arán, Comminges, el Garona y Toulouse.

Todo ello puede recorrerse como un único camino que atraviesa de sur a norte el Pirineo central.

Podemos llamarlo una Transpirenaica central. No es un nuevo GR ni pretende sustituir a ninguno de los caminos que la hacen posible. Al contrario: existe gracias a ellos.

El GR-234 nos lleva de Zaragoza a Huesca. El GR-17 proporciona una gran continuidad hasta el Hospital de Vielha. El GR-211 y sus variantes permiten atravesar el Puerto de Vielha y recorrer el Valle de Arán. Un pequeño sendero local resuelve actualmente la conexión hasta la frontera y, en Francia, la TransGarona nos permite continuar durante buena parte del recorrido hacia Toulouse.

Cada una de estas piezas nació independientemente. Nosotros simplemente las hemos unido y hemos recorrido una parte importante de ellas. Y al hacerlo aparece algo que ninguna muestra por separado: un gran corredor peatonal entre el valle del Ebro y el valle del Garona.

Hay además algo profundamente europeo en esta continuidad. Algunos de los proyectos que utilizamos nacieron precisamente con la voluntad de conectar territorios separados por la frontera. La Vía Arán-Pirineos permite avanzar desde el sur hacia el corazón de la cordillera y la TransGarona nació como un proyecto transfronterizo entre el Valle de Arán y la Haute-Garonne para prolongar esa conexión hacia Toulouse.

Vistos por separado son proyectos diferentes. Contemplados sobre el mapa, forman parte de una misma continuidad territorial a través del Pirineo central.

Quizá lo que necesitemos sea empezar a contemplarlo como un conjunto, mejorar las pequeñas discontinuidades y conseguir que cada territorio sepa que su tramo puede formar parte de algo mucho mayor.

Quizá el siguiente paso no sea crear otro camino, sino descubrir que el camino ya existe.

Los caminos se mantienen caminándolos

Pero existe una diferencia importante entre dibujar un camino y conseguir que permanezca.

La vegetación crece, las señales desaparecen y una pequeña interrupción puede acabar haciendo desaparecer un recorrido si nadie vuelve a utilizarlo.

Por eso no basta con señalizar. Los caminos necesitan caminantes.

A lo largo de estos 500 kilómetros encontramos situaciones muy diferentes. El GR-234 cuenta con la fuerza de la Jorgeada: cada 23 de abril numerosos caminantes vuelven a recorrer el camino entre Zaragoza y Huesca.

Entre Huesca y Berbegal encontramos también el trabajo de las asociaciones vinculadas al Camino de Santiago.

El GR-17 hacia el Hospital de Vielha plantea un reto diferente. Su uso específicamente jacobeo parece actualmente muy reducido, pero medir su valor únicamente por el número de peregrinos sería olvidar su aportación principal: ha conseguido unir mediante una misma señalización muchos kilómetros de caminos a través del Pirineo central.

Ahora hay que conseguir que esos caminos tengan uso, pero también que su señalización pueda convivir con los demás usos del territorio. Buena parte del recorrido aprovecha pistas agrícolas y forestales que continúan cumpliendo su función. El paso de maquinaria, el ensanchamiento de una pista o las labores de mantenimiento pueden hacer desaparecer una señal o dejar un poste fuera de su lugar. Un camino de largo recorrido necesita también un mantenimiento continuado.

Señalización caída del GR-17 a la entrada de Barbastro

Señalización caída del GR-17 a la entrada de Barbastro. Señalizar un camino es solo el principio: después hay que mantenerlo.

Y esto plantea otra cuestión. Durante las últimas décadas hemos creado y señalizado numerosos senderos, muchas veces con la intención de fomentar el turismo y dar a conocer el territorio. Pero cada nueva ruta que señalizamos genera también una necesidad de mantenimiento para el futuro. Incluso países con una gran tradición senderista, como Suiza, comienzan a plantearse el coste y la dificultad de mantener redes de caminos cada vez más extensas.

Quizá por eso no siempre sea necesario crear una nueva ruta y añadir otra señalización al territorio. Puede ser más sostenible conservar mejor los caminos que ya tenemos, conectarlos entre sí y encontrar nuevos usos para ellos. Esa es también la idea de esta Transpirenaica central: no crear otros 500 kilómetros de senderos, sino descubrir la continuidad que ya ofrecen los existentes.

Y ese uso no tiene por qué ser siempre el mismo. Un tramo puede mantenerse porque forma parte de una romería; otro porque coincide con un camino local o con el Camino de San Ramón. En el Pirineo aparecerán senderistas y montañeros. En el Valle de Arán existe una importante actividad excursionista y en Francia la TransGarona incorpora también otros usos recreativos.

Distintas personas pueden recorrer los mismos caminos por razones completamente diferentes.

Una gran ruta puede permanecer gracias a muchos pequeños usos.

El camino continúa

Presentar un recorrido de 500 kilómetros puede producir inmediatamente una reacción: «Yo no puedo hacer eso». Pero no es esa la propuesta. No estamos planteando una prueba deportiva ni una peregrinación con etapas establecidas. Hemos construido una línea continua.

Cada persona puede apropiarse de la parte que quiera. Puede caminar una mañana cerca de su pueblo, hacer Huesca–Berbegal, recorrer el Camino de San Ramón, conocer Obarra y Bonansa, atravesar el Puerto de Vielha o caminar junto al Garona.

También puede decidir algún día unir todos esos recorridos y llegar desde Zaragoza hasta Toulouse. Todas esas formas de caminar son válidas. Lo importante es tener una visión general del camino y comprender que los lugares que atravesamos forman parte de una historia compartida.

Cuando empezamos hace años desde Barbastro no sabíamos que algún día llegaríamos a Saint-Bertrand. Cuando alcanzamos Saint-Bertrand en 2024, aquel lugar todavía era nuestro final. Ahora sabemos que podíamos seguir.

Y al unir todos aquellos caminos apareció una última sorpresa:

499,97 kilómetros. Casi exactamente 500.

No sé si algún día este recorrido tendrá un nombre oficial, una señalización propia o algún tipo de reconocimiento. Tampoco es necesario para empezar a caminarlo. Lo importante es comprender que durante siglos la historia también caminó por estos caminos y que nosotros podemos seguir haciéndolo ahora.

Recorrido completo en Wikiloc

El recorrido completo Zaragoza–Toulouse puede consultarse en Wikiloc. El trazado reúne en una única línea los aproximadamente 500 kilómetros de esta Transpirenaica central.

VER EL RECORRIDO COMPLETO ZARAGOZA–TOULOUSE EN WIKILOC

El camino ya está ahí.

El camino es uno; cada uno hace el trozo que quiera.

Un camino permanece mientras alguien siga caminándolo.

Contenido desarrollado por el autor con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la documentación, contraste de información y edición del texto.

Daniel Vallés Turmo
Caminos de Barbastro
Octubre de 2026

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