1. El mundo de hielo
Cuando el clima marcaba la forma de vivir
Si hoy contemplamos el valle de Pineta, cuesta imaginar que hace unos 40.000 años este mismo lugar estuviera ocupado por un inmenso glaciar.
Los bosques apenas existían y el río Cinca discurría junto a enormes masas de hielo. Desde el macizo de Monte Perdido descendía un glaciar de varios cientos de metros de espesor que modelaba lentamente todo el valle.
Las montañas eran casi las mismas. El paisaje que las rodeaba era completamente distinto.
Hace 1.300 generaciones
Cuando pensamos en 40.000 años solemos imaginar un pasado tan lejano que resulta casi imposible sentirlo como parte de nuestra historia.
Sin embargo, si consideramos una generación cada treinta años, entre aquellos primeros habitantes y nosotros solo han transcurrido unas 1.300 generaciones. Es una larga cadena humana, pero mucho más corta de lo que nuestra imaginación suele creer.
Bastarían poco más de mil historias familiares, transmitidas de padres a hijos, para unir a los primeros habitantes del Somontano con nosotros. Lo más sorprendente es que esa historia comenzó muy cerca de aquí.
Un territorio donde ya vivían personas
Podría parecer que un paisaje dominado por el hielo era incompatible con la presencia humana. Sin embargo, hace unos 40.000 años los neandertales ya habitaban nuestro territorio.
No vivían sobre los glaciares del Pirineo. Habían aprendido a aprovechar los lugares donde el paisaje ofrecía mejores condiciones para sobrevivir. Mientras el hielo dominaba las altas montañas, unos kilómetros más al sur las sierras prepirenaicas proporcionaban abrigo, agua, alimento y refugios naturales.
Es allí donde encontramos algunos de los yacimientos prehistóricos más importantes de Aragón.
La Cueva de los Moros de Gabasa, en la Sierra de la Carrodilla, conserva los restos de los neandertales más antiguos conocidos en Aragón. En el entorno del río Vero se encuentra la Cueva de la Fuente del Trucho, con las únicas pinturas paleolíticas conocidas en nuestra comunidad, y en la misma sierra aparece Alonsé, testimonio de la ocupación humana durante el Magdaleniense.
Estos lugares nos recuerdan que la historia de nuestro territorio comenzó mucho antes de los pueblos, de los caminos o de los puentes. Comenzó cuando pequeños grupos humanos aprendieron a vivir en un paisaje extremadamente duro.
Las cuevas: el primer hogar
Al observar hoy el cañón del río Vero o las paredes calizas de la Sierra de la Carrodilla es fácil fijarse en la belleza del paisaje. Hace 40.000 años, sin embargo, aquellas paredes significaban algo muy distinto.
Eran el hogar de quienes aprendieron a vivir en este territorio.
Muchas de sus cuevas están orientadas hacia el sur. Recibían más horas de sol durante el invierno, quedaban protegidas de los fríos vientos del norte y permitían dominar visualmente el territorio. Desde ellas era posible controlar el paso de los animales, localizar el agua y vigilar los accesos naturales.
No eran simples escondites. Eran hogares cuidadosamente elegidos para sobrevivir.
Resulta emocionante pensar que muchas de esas cuevas siguen hoy exactamente donde las dejaron sus primeros habitantes. Nosotros las contemplamos como parte del patrimonio; ellos las contemplaban como la diferencia entre sobrevivir o no al invierno.
Los primeros caminos
Aquellas personas todavía no construían carreteras ni puentes, pero ya recorrían el territorio.
Seguían los cursos de los ríos, atravesaban collados y utilizaban los pasos naturales que comunicaban el Pirineo con el Somontano. La propia geografía decidía por dónde era posible avanzar.
Muchos de esos pasos naturales seguirían utilizándose durante miles de años y acabarían convirtiéndose en algunos de los caminos históricos que aún recorremos.
Probablemente muchos de aquellos corredores naturales serían utilizados miles de años después por pastores trashumantes, comerciantes, ejércitos y viajeros.
Antes de existir los caminos existían los pasos naturales. Y mucho antes de que alguien los señalizara, ya habían sido recorridos durante miles de años.
Quizá algunos de los itinerarios que hoy seguimos tengan un origen mucho más antiguo de lo que imaginamos.
El paisaje imponía las reglas
Hoy solemos pensar que el ser humano transforma el paisaje. Pero durante la mayor parte de nuestra historia ocurrió justamente lo contrario.
Era el paisaje quien imponía las reglas.
El clima decidía dónde podía crecer un bosque. El hielo determinaba qué valles podían recorrerse. Los animales seguían las estaciones y las personas adaptaban su vida a esas condiciones.
Durante miles de generaciones no fueron las personas quienes dominaron el territorio. Fue el territorio quien marcó la forma de vivir de las personas.
El comienzo de un gran cambio
Ninguno de aquellos habitantes podía imaginar que el mundo en el que vivían estaba empezando a transformarse.
Muy lentamente, a lo largo de miles de años, el clima comenzó a hacerse más cálido. Los glaciares iniciaron su retroceso, los ríos cambiaron su caudal y los bosques avanzaron hacia cotas cada vez más altas.
El paisaje que había condicionado la vida durante decenas de miles de años empezaba a desaparecer.
Su desaparición daría paso a un mundo nuevo. Un mundo en el que aparecerían la agricultura, la ganadería, los primeros poblados estables y muchos de los caminos que todavía hoy recorremos.
Ese será el siguiente paso de nuestro viaje.
📍 Visita recomendada
Si quieres comprender la dimensión que alcanzó el glaciar de Pineta, merece la pena visitar este lugar. Contemplar la gran morrena sobre la que se asienta el embalse permite imaginar el espesor del hielo y entender cómo comenzó la historia del paisaje que hoy conocemos.
🚗 Embalse de Pineta
Se puede llegar fácilmente en coche. El embalse se encuentra sobre la gran morrena dejada por el antiguo glaciar de Pineta. Debajo de ese enorme depósito de piedras y sedimentos se encuentra Bielsa. Es uno de los mejores lugares del Pirineo para comprender la magnitud de las glaciaciones y cómo el hielo modeló todo el valle.
Para seguir descubriendo
La mejor manera de comprender este primer capítulo es visitar algunos de los lugares donde comenzó la historia humana de nuestro territorio.
📍 Centro de Arte Rupestre de Colungo
Un excelente punto de partida para conocer la Prehistoria del Somontano y el arte rupestre del Parque Cultural del Río Vero.
📖 Nuestra Prehistoria
En esta entrada de Caminos de Barbastro encontrarás un recorrido por los principales yacimientos prehistóricos de la zona, como Gabasa, la Fuente del Trucho o Alonsé, acompañado de fotografías y mapas realizados durante mis visitas.
Continúa el viaje por El camino del clima
Este capítulo forma parte de una serie de cinco recorridos para comprender cómo el clima y las personas han construido el paisaje del Pirineo y el Somontano.
📚 Índice de la serie ➜ Capítulo 2 · El Pirineo se abre
Daniel Vallés Turmo
Julio de 2026