El
congosto de Olvena: una frontera vigilada
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| Congosto de Olvena. Siglo IX |
El congosto de Olvena, paso natural entre el Somontano y la Ribagorza, fue durante los siglos IX y X un espacio de defensivo entre al-Ándalus y los territorios cristianos del norte. En un tiempo en el que el control visual del territorio era esencial, los puntos elevados dominaban caminos, ríos y pasos estratégicos.
Las actuales ermitas
de Castro y Lumbierres ocupan precisamente esos lugares
privilegiados. Antes de su cristianización, estos enclaves debieron
de funcionar como puntos de vigilancia musulmana, probablemente
torres o pequeñas fortificaciones destinadas a controlar el tránsito
por el valle y alertar ante posibles incursiones.
La
comunicación se realizaba mediante señales visuales: humo durante
el día, fuego en la noche. Desde Lumbierres se mantiene contacto
visual con El Pueyo de Barbastro y con los sistemas defensivos del
entorno de Graus, lo que demuestra la integración del congosto
dentro de una red más amplia de vigilancia territorial.
Tras
la consolidación cristiana del territorio, muchos de estos antiguos
enclaves defensivos fueron reutilizados simbólicamente mediante la
construcción de ermitas. El espacio militar se transformó en
espacio espiritual, pero el dominio visual y la elección estratégica
del lugar permanecieron.
La recreación histórica que
acompaña esta entrada pretende evocar ese momento de frontera: la
vigilancia constante, la dureza del clima, la tensión ante cualquier
movimiento en el valle. Más que una escena bélica, es una imagen de
control territorial en una época de equilibrio inestable.
Hoy
el visitante puede recorrer estos mismos puntos siguiendo las rutas 8
y 9 de la guía Sierra de la Carrodilla. A Castro se accede en
vehículo; a Lumbierres, en un breve paseo de unos treinta minutos.
El paisaje es el mismo. La historia, silenciosa, sigue ahí.


